• Panagiotis Sideris, un migrante venezolano con ascendencia griega, obtuvo su clasificación para participar en el programa gracias a una de las comidas más sencillas que se preparan en Venezuela: empanadas de jamón, queso y carne molida

El sabor venezolano se extiende por las capitales y algunas de las ciudades más importantes del mundo. Ya es normal ver hallacas en España, algunos pabellones en Alemania y arepa de reina pepiada en Italia. Las comidas más tradicionales de Venezuela han migrado junto a los millones de venezolanos que comparten su cultura con las personas de los países que los reciben.

En el caso de Panagiotis Sideris, un migrante venezolano oriundo de Acarigua, estado Portuguesa, quien quería llevar un típico plato venezolano hasta las cocinas de MasterChef Grecia.

Allí logró entrar al concurso culinario, a principios de enero de 2021, gracias a la elaboración de empanadas con distintos sabores. El jurado lo calificó como uno de los mejores platillos que hayan probado y de manera unánime le otorgaron su cupo como participante.

Es el segundo venezolano que participa en este programa.

Dejar atrás todo lo que tenía en Venezuela

Sideris emigró de Venezuela en el año 2018 luego de que su hijo enfermó y su familia no consiguió los medicamentos para mejorar su condición.

Él y su familia se marcharon dejando atrás el negocio familiar que había heredado de sus padres, quienes empezaron su vida en Venezuela huyendo de la guerra. Tenía una tienda de artículos y ropa para bebé en Acarigua, pero decidieron que lo mejor era migrar por miedo a que su hijo volviera a enfermar. Viajó con su esposa e hijo.

El mayor reto, comenta para El Diario, era que su familia no supiera el idioma. Él era el único que sabía hablar griego y, una vez en Atenas, empezó a trabajar en un call center.

Foto: Panagiotis Sideris

Desde el año 2018 trabajaba en una compañía vendiendo contratos de corriente. Todos los días tomaba el Metro para trasladarse hacia su sitio de trabajo, que queda a una hora de distancia de donde vive, y era allí donde pasaba la mayor parte del tiempo.

La cocina no estaba en sus planes. Pero un día el venezolano se enteró de la convocatoria de MasterChef por la televisión. Cualquiera podía participar y aunque al principio estaba indeciso, su familia lo alentó para que llenara el formulario para entrar en el programa.

El proceso comenzó el año 2021 y Sideris no tenía muchas esperanzas, pues pensaba que su historia no iba a ser elegida entre más de 5.000 solicitudes. Solo 200 personas fueron seleccionadas.

En enero me llaman y me dicen que había quedado seleccionado para la siguiente fase. No lo podía creer. Mi familia se contentó mucho. Allí te avisan que tienes que asistir a una entrevista donde estás con 10 chefs y psicólogos que te preguntan qué sabes cocinar y que no, además de indagar un poco más sobre tu historia”, explicó.

Una vez que concluye la entrevista, ningún participante sabe si ha quedado finalmente seleccionado para participar en el programa. El venezolano esperó la llamada durante días. Fue hasta el día 20 que su teléfono sonó. Había pasado los filtros y ahora era el turno de finalmente preparar algo para los jueces.

Su oportunidad ante los jueces

A Panagiotis Sideris le pidieron que llevara un plato frío desde su casa. Por su mente valoró muchas opciones de comidas venezolanas, pero sabía que debía impresionar a los jueces si quería entrar en el programa.

Se decidió por un platillo de mariscos: “Vuelve a la vida” o “Rompe colchón”, muy conocido en Venezuela.

Foto: MasterChef Grecia

Lo preparó en una copa boca ancha, de una manera muy sencilla y tradicional, acompañado con unos chips de plátano, rindiendo así honores a su memoria gustativa por las visitas a las costas venezolanas.

Los elogios por su platillo se convirtieron en un “Sí” para la tercera y decisiva fase de la audición. En ese último filtro es donde entregan el delantal blanco como boleto y firma para entrar en el programa. Para esa oportunidad, Sideris debía someterse a la presión de preparar la comida frente a los jueces en 30 minutos.

“Uno piensa que es mucho tiempo, pero realmente cuando estás frente a las cámaras, con las luces, frente a los jueces y te atacan los nervios, esos minutos se van volando. Éramos 200 personas cocinando simultáneamente”, afirmó el venezolano.

Justo antes de la prueba, Sideris decidió que lo mejor era elaborar unas empanadas. Descartó preparar una sopa fosforera debido al límite de tiempo. Fue así como, en 10 minutos preparó la masa, cocinó la carne molida, además de picar el queso y el jamón. También preparó una salsa guasacaca y una natilla como acompañante.

Sideris confiesa que en Grecia no hay quesos venezolanos, por lo que pensó que esto podría ser una limitante para llegar al punto de sazón tradicional que buscaba. Para la preparación de la empanada de jamón y queso utilizó el tipo gouda y cruzó los dedos.

Foto: MasterChef Grecia

El venezolano también recuerda que, debido a la presión del momento, no se dio cuenta de que al momento de apagar la sartén de la carne molida, también había apagado la hornilla en la cual estaba calentando el aceite.

Eso ocasionó que las primeras empanadas que cocinó no tuvieran ese toque crocante y característico de la cocina venezolana. Allí perdió algunos minutos y solo pudo presentar tres empanadas.

Sin embargo, la reacción de los jueces fue algo que nunca se imaginó:

Foto: MasterChef Grecia
Ellos vienen de uno en uno. Pero en mi caso, uno de ellos vino y llamó a los otros de una vez. Les dijo que vinieran a probar la exquisitez que había preparado. Luego se estaban peleando para ver quién se comía las empanadas más rápido junto con las salsas. Fue un honor y una satisfacción muy grande para mí”.

Al plato de Sidoris lo valoraron como uno de los mejores platos típicos del mundo que han pasado por las cocinas de MasterChef Grecia. Uno de los jueces fue el encargado de ponerle el delantal blanco al venezolano. “Fue una emoción demasiado grande representar a mi país con unas empanadas”, agregó.

Foto: MasterChef Grecia

Ahora, independientemente de lo que pase dentro del programa, Sidoris considera que ya logró una meta. Confiesa que aprendió a cocinar sobre la marcha, en una suerte de ensayo y error junto a sus padres y amigos en las reuniones familiares.

Recuerda que su mayor influencia es la cocina de su mamá.

Una familia en MasterChef Grecia

Hace tres años la cocinera venezolana Dilimar Gallardo también tuvo la oportunidad de participar en MasterChef Grecia.

En el año 2017 sorprendió al jurado de la competencia al preparar unas arepas “bien resueltas”.

Gallardo es sobrina de Panagiotis Sideris y confiesa que es un orgullo que dos miembros de la familia pudieran clasificar al programa. La joven venezolana le comentó al jurado que, para ese momento, llegó de vacaciones a Grecia y conoció a su esposo, con quien se estableció en el país europeo.

Al mismo tiempo, Dilimar detalló que aprendió el dominio del idioma en cuatro meses, luego de ser felicitada por su léxico.

Tu comida hizo que me dieran ganas de viajar a tu país”, expresaron los miembros del jurado de esa edición del programa entonces al quedar enamorados del sabor de la arepa y los ingredientes que se encontraban en su interior.

La preparación de las arepas le permitió a Dilimar ganar su delantal de MasterChef y avanzar a la siguiente ronda, aunque no pudo quedar campeona de esta competencia.

Actualmente Sideris pidió un permiso especial en su trabajo para poder participar en MasterChef. Debe grabar dos días a la semana y convivir con los otros concursantes.

Confiesa que le gustaría, tras esta experiencia, emprender un negocio de empanadas, así como también iniciar estudios de cocina. Menciona que seguirá aprendiendo por sus propios medios todo lo que pueda para llegar hasta la final de la competencia. Por ahora se define como “el señor que sabe hacer empanadas”.

Foto: MasterChef Grecia

Su sueño a largo plazo es retornar al país.

Por eso no deja de conmoverse y emocionarse cuando habla de su experiencia en el programa y deja colar algún recuerdo de su infancia. Tras su vida como migrante solo puede dar gracias por lo que ha vivido.

“Lo más satisfactorio ha sido el amor recibido en cada lugar, poder desarrollar una carrera y ganarme el respeto de la gente”, dice mientras anhela reencontrarse en Caracas con el resto de su familia, a quienes no ve desde al menos cuatro años.

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