• En Bajo Chiquito, una localidad indígena a la que llegan exhaustos los migrantes tras atravesar la jungla panameña, la noticia de que la frontera estadounidense está cerrada aún es un “rumor” 

Los migrantes venezolanos se debaten entre seguir hacia Estados Unidos o emprender un nuevo viaje hacia otro destino. “Ya no (quiero ir a EE UU). Ya no es secreto que está todo cerrado y por mi parte quisiera devolverme”, comentó a EFE Carlos Figueroa, de 28 años de edad, desde un albergue panameño en una zona de la selva del Darién junto a miles de migrantes y tras enterarse que EE UU cerró sus fronteras terrestres a todos los venezolanos que lleguen por tierra.

“Eso es guerra psicológica”, le interrumpe otro migrante en la estación de recepción migratoria de San Vicente, uno de los dos albergues humanitarios que mantiene Panamá, al que llegan los transeúntes tras finalizar la ruta por la selva. 

Figueroa considera que ya no existe “el sueño americano” tras el programa migratorio que anunció el gobierno de Joe Biden el 12 de octubre.

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“La frontera está cerrada. Todo el mundo ha visto las redes sociales. No hay peor ciego que el que no quiere ver. No vale la pena invertir lo poco que uno tiene para quedarse en México varado”, lamentó el venezolano.

El gobierno de Estados Unidos anunció la semana pasada un programa que expulsará de manera inmediata a quienes crucen por tierra la frontera con México. La medida llega en un momento donde al menos 150.000 venezolanos entraron a territorio estadounidense a través de la frontera con México durante el año 2021.

Facilidades para volver a Venezuela 

Cientos de migrantes exigen acuerdos para facilitar su retorno a su país de origen, pues muchos viajan con pocos recursos y con niños menores de edad. 

“Estamos intentando hablar con migración. Yo por mi parte dije que tengo mi dinero. Que nos brinden la facilidad de un vuelo para volver a Venezuela o yo tengo papeles en Perú. Lo que quiero es salir de aquí, mi familia está desesperada y preocupada”, relató Figueroa.

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Grupos de venezolanos han solicitado al gobierno mexicano que los deporten a su país de origen, o a lo más cercano a Colombia. “No nos brindan las herramientas, yo pago mi pasaje, pero me dicen que tengo que pagar una multa de 1.000 dólares para poder salir por haber ingresado de manera ilegal”, contó Figueroa.

Es un “rumor”

En Bajo Chiquito, una localidad panameña e indígena a la que llegan exhaustos los migrantes tras atravesar el Tapón del Darién, la reciente noticia aún es un “rumor”.

“¿Señorita, eso es verdad?, ¿Qué ha dicho el presidente Biden? ¿Ya no podemos pasar?”, pregunta casi una decena de venezolanos a EFE.

Los rostros se desfiguraban y la ansiedad se dejaba ver con el temblor de las manos, mientras tartamudeando intentaban formular la pregunta que tanto pánico provoca: no saben si ha merecido la pena cruzar durante varios días para llegar a EE UU.

No hay señal de telecomunicaciones en Bajo Chiquito, por tanto, no hay forma de verificar la noticia. El Servicio Nacional de Fronteras (Senafront), la fuerza de seguridad militarizada especializada que custodia los límites de Panamá, tampoco brinda información.

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A Bajo Chiquito, llegan una media 1.500 migrantes diarios, pero hay días que superan los 2.000, según cuenta a EFE el Senafront. En lo que va de año 187.644 personas han atravesado la jungla panameña.

La mayoría (más del 70 %) son venezolanos, pero también hay procedentes de Haití, Bangladesh, India, Somalia, Colombia y hasta de Filipinas, según datos facilitados por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Este número representa una cifra récord en todo el continente. 

Con información de EFE

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