• Una encuesta realizada por Latinobarómetro en 17 de los 18 países de la región encontró que la población cada vez apoya menos la democracia y se inclina hacia la indiferencia política o la simpatía por el autoritarismo. Esto coincide con una crisis de una clase política desgastada, que ya no genera confianza por el auge de la corrupción y el personalismo

Latinoamérica enfrenta lo que podría ser un nuevo periodo oscuro en su historia. Desde hace años, la inestabilidad política y económica en varios países ha provocado un debilitamiento de una institucionalidad democrática ya frágil, abriendo la puerta a populismos, autoritarismos y sus fenómenos híbridos del siglo XXI. Incluso en países con una tradición de estabilidad, el descontento crece entre sus ciudadanos.

Desde 1995, la corporación Latinobarómetro, con base en Chile, ha estudiado este fenómeno con su informe anual sobre el desarrollo de la democracia en la región. Se desarrolla a partir de una encuesta con muestras representativas de los 18 países latinoamericanos. 

Este año se realizaron 19.205 entrevistas en 17 países. La única excepción fue Nicaragua, donde no se pudo hacer trabajo de campo al no poder garantizar la seguridad del equipo con la dictadura de Daniel Ortega. En el caso de Venezuela, aunque no hubo problemas de tipo político, la organización sí reconoció limitaciones de movilidad por la falta de gasolina y fallas de electricidad y telecomunicaciones.

Latinobarómetro advirtió que desde hace años la región atraviesa una recesión democrática, en gran parte impulsada por la crisis de representatividad de las élites políticas, y la pérdida de confianza de la población en su sistema actual. Aunque desde 2018 los indicadores no han mostrado variaciones, los resultados de este año 2023 tampoco se muestran alentadores.

Perdieron la fe

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Foto: Jose Daniel Ramos @danielj2511

En su encuesta, la organización encontró que para 2023, solo el 48 % de los latinoamericanos apoyan la democracia como sistema de gobierno. Esto representa una disminución de 15 puntos porcentuales respecto al 63 % que se registraba en 2010. Señala que en la actualidad, 16 de los 18 países de la región se consideran democracias, en muchos casos imperfectas. Para la organización, Venezuela y Nicaragua son dictaduras, mientras Cuba no forma parte del estudio.

”El autoritarismo se ha ido validando en la medida que no se le condena ni se sabe bien cuál es el umbral donde un país deja de ser democrático”, señala.

Acota que 2010 fue uno de los años en los que hubo más apoyo popular hacia la democracia, aunque a partir de allí fue en declive. Curiosamente la pandemia de covid-19, lejos de acentuar este problema, lo detuvo, por lo que entre 2020 y 2023 los porcentajes se han mantenido similares. El país donde se perdió la fe en la democracia durante este periodo fue Venezuela, con una caída de 12 puntos, seguido por Costa Rica con 11, mientras México y Guatemala perdieron 8 puntos.

En cambio, los países donde el apoyo a la democracia creció en los últimos tres años fueron Panamá (+11 puntos), Argentina (+7), Brasil (+6) y Colombia (+5). En el caso de El Salvador, con 0 puntos de diferencia, no hubo cambios en la percepción sobre la democracia durante el gobierno de Nayib Bukele.

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Apoyo al autoritarismo

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Fotografía de archivo fechada el 1 de noviembre de 2022 donde se observa al presidente de venezuela, Nicolás Maduro, junto al presidente de Colombia, Gustavo Petro, en Caracas (Venezuela). EFE/Miguel Gutiérrez

Debido al pasado de Latinoamérica con las dictaduras militares del siglo XX, pensar que un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático en ciertas circunstancias era una opinión minoritaria en la población. Sin embargo, desde 2020 este porcentaje pasó de 13 % a 17 % este año, aunque sin llegar al pico de 19 % que se registró en el año 2001.

Latinobarómetro indicó que el apoyo al autoritarismo creció en todos los países consultados, con excepción de Panamá. Esta forma de pensar aumentó considerablemente en México, donde pasó del 22 % al 33 % de los consultados. Le siguió República Dominicana, con un aumento del 13 % al 21 %. 

En cambio, el estudio resaltó que Venezuela (13 %), Honduras (12 %) y Uruguay (9 %) son los países que menos apoyan un sistema autoritario. Esto pese a que, como se vio en el indicador anterior, Venezuela tampoco parece inclinarse últimamente a defender la democracia.

Indiferentes

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Seguidores del expresidente Jair Bolsonaro protestan contra el resultado de las elecciones en Brasil. Foto: EFE/ Antonio Lacerda

Otro factor que estudió Latinobarómetro fue la indiferencia de los consultados al régimen político de su país. Advirtió que el promedio regional de desinterés fue del 28 %, uno de los picos más altos en la historia reciente de la región, y que se ha mantenido estable desde 2018. Aunque había caído a 16 % en 2010, a partir de ese año la tendencia fue en alza.

El estudio encontró que la indiferencia hacia el sistema político aumentó en 12 países, aunque el cambio fue mayor en Costa Rica y Guatemala, que presentaron variaciones del 10 %. La organización expresó su preocupación por el caso particular de Costa Rica, considerada como una de las democracias más estables de Centroamérica, y cuyos indicadores actuales la sitúan en la categoría de “democracia en problemas”.

Venezuela se ubica en el tercer lugar de los países con mayor indiferencia hacia su régimen político, con un aumento de 7 % en los últimos años. Por la vía contraria, Panamá y Brasil fueron los países donde esta tendencia se revirtió con mayor éxito, con una reducción del 6 %. En Honduras, Colombia y Ecuador, aunque también aumentó el interés por la democracia, el cambio fue de apenas 1 %.

“Estos datos confirman la recesión democrática como un problema regional”, apuntó.

Próxima generación

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Foto: Cortesía

En el plano demográfico, uno de los datos que causó inquietud a los analistas de Latinobarómetro fue que los actuales sistemas políticas no están produciendo demócratas en las nuevas generaciones. El estudio encontró que en el grupo etario de 16 a 25 años de edad, solo el 43 % apoya la democracia. Esto frente a 55 % de apoyo en el grupo mayor de 61 años. En general, en todos los indicadores se registró que las personas de mayor edad son más democráticas que las más jóvenes en Latinoamérica.

Tomando en cuenta el promedio regional de apoyo al autoritarismo, advirtió que 20 % se mostró a favor de este sistema de gobierno, frente a 13 % del grupo de mayor edad. También arrojó que en cuanto a indiferencia ante qué régimen político gobierno su país, el 30 % manifestó su desinterés, frente a 23 % del grupo de tercera edad.

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“Tal distribución sugiere que la socialización en estas democracias imperfectas no produce nuevas generaciones de demócratas sino que, por el contrario, genera más partidarios del autoritarismo y mayor inclinación a la indiferencia ante el tipo de régimen político”, resume.

Las tres olas

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Reunión entre el presidente estadounidense John F. Kenndy y Rómulo Betancourt en Venezuela, 1961. Foto: Cortesía

La organización explicó que actualmente el mundo está en su tercera ola democrática. De acuerdo con el politólogo estadounidense  Samuel P. Huntington (1927-2008), la primera ola surgió en el siglo XIX, con 11 países democráticos, y Estados Unidos como su mayor referente. Esta ola terminó en 1923 con el ascenso de Benito Mussolini al poder en Italia, y la expansión del fascismo en Europa, lo que marcó una recesión democrática. 

La segunda ola comenzó tras la Segunda Guerra Mundial, con la aplicación del Plan Marshall en Europa, y teniendo su mayor éxito en la pacificación y reconstrucción de Japón. No obstante, esta ola entró en recesión a partir de 1962, cuando comenzaron las dictaduras militares en Latinoamérica, apoyadas irónicamente por Estados Unidos en el contexto de la Guerra Fría. Se considera que la tercera ola comenzó en 1974 con la caída de la dictadura en Portugal, y que tuvo su pico con la caída del Muro de Berlín en 1989. Para el cierre del siglo XX, el mundo ya tenía alrededor de 80 democracias reconocidas.

A pesar de que en Latinoamérica ya habían precedentes como de naciones democráticas como Venezuela desde 1958, este estudio considera que la región entró en la tercera ola en 1978 cuando vivió su primera transición democrática en República Dominicana. Sin embargo, tuvo también su primer retroceso en 1992, con el autogolpe de Estado de Alberto Fujimori en Perú. 

Desde la tercera ola, la región no ha tenido democracias instaladas de manera simultánea en todos los países. Siempre hubo al menos un país bajo un régimen dictatorial, pues Chile aún estaba en la transición de la dictadura de Augusto Pinochet, cuando comenzó la de Fujimori. Agregó que Perú apenas recuperó su democracia en 2001, cuando en Venezuela comenzó el desmantelamiento de las instituciones por parte de Hugo Chávez. 

¿Por qué retrocede la democracia?

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Manifestantes a favor del depuesto presidente Pedro Castillo en las calles de Lima. Foto: EFE/ Aldair Mejía

Para Latinobarómetro, la región entró en un periodo de recesión democrática desde 2012, cuando el entonces presidente paraguayo, Fernando Lugo, fue destituido por el Congreso y regresó al poder el Partido Colorado, que ya tenía más de cuatro décadas gobernando al país y lo ha seguido haciendo desde entonces. 

Tras estudiar múltiples casos en toda la región, la corporación llevó a la conclusión de que existen cuatro factores que influyen en el desgaste y recesión de la democracia latinoamericana. El primero de ellos es el ascenso de los personalismos, con líderes que a través del populismo llegan al poder para satisfacer necesidades personales o emprender proyectos mesiánicos centrados en su figura. Acotó que muchos de estos personalismos crean en sus países un falso dilema de polarización para disfrazar su luchar por el poder, además de corromper los valores y tramas de los partidos. 

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De este fenómeno se desprende el segundo factor, que el estudio consideró “peligroso”: los intentos de varios de estos gobernantes de mantenerse en el poder, muchas veces violando las leyes electorales o la Constitución de sus países. Citó ejemplos como Evo Morales y Rafael Correa, quienes intentaron instaurar la reelección indefinida siguiendo el ejemplo de Hugo Chávez al creerse indispensables para su proyecto político. Algo que recientemente busca también Nayib Bukele en El Salvador. En otros casos como Paraguay, o López Obrador en México, estos cambios son para favorecer la continuidad del partido oficialista.

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De izquierda a derecha: Daniel Ortega, Nicolás Maduro, Miguel Díaz-Canel y Evo Morales. Foto: Cortesía

El segundo factor es la corrupción. Tramas como la de la contratista brasileña Odebrecht desestabilizaron en 2010 varios gobiernos de la región alrededor de 2010, siendo el detonante de las destituciones de presidentes como Dilma Roussef en Brasil y Pedro Kuczynski en Perú. “La política se transformó en un botín para los corruptos en América Latina y eso ha debilitado la democracia”, comentó Latinobarómetro.

Finalmente, están los mandatarios interinos o reemplazantes. Como consecuencia de la salida anticipada de varios presidentes, los gobiernos han quedado en manos de dirigentes que en muchos casos han heredado las crisis de sus antecesores o enfrentado cuestionamientos de su legitimidad. La zona de los Andes ha estado gobernada en los últimos años por presidentes interinos, como el caso de Jeanine Áñez en Bolivia, o Martín Vizcarra en Perú. Precisamente en la actualidad Perú está nuevamente gobernado por una mandataria interina: Dina Boluarte. 

Crisis regional

#TeExplicamosElDía | Miércoles 10 de mayo
El expresidente de Ecuador, Guillermo Lasso. Foto: EFE/José Jácome

Latinobarómetro contabilizó que durante esta tercera ola se han realizado 160 elecciones en toda Latinoamérica. En este periodo, se evidenció el pobre desempeño de las clases políticas en el hecho de que hubo 20 presidentes que no terminaron su mandato, además de 21 condenados por corrupción después de entregar el poder. 

“Hay al menos un quinto de los mandatarios desde el inicio de la transición que han sido condenados por corrupción, han dejado el poder anticipadamente por crisis políticas y económicas, o por acusación de abandono de deberes”, precisó.

Resaltó que en el caso de los países con más gobiernos inconclusos, lideran la lista Bolivia y Ecuador, donde 4 casos de presidentes que no terminaron su gobierno. El más reciente fue el ecuatoriano Guillermo Lasso, quien adelantó elecciones en noviembre de 2023, luego de decretar la “muerte cruzada” con la Asamblea Nacional. Le sigue Perú, con 3 mandatos inconclusos, la mayoría en el siglo XXI y siendo el último Pedro Castillo. 

Si bien la organización resalta que el porcentaje de presidentes con investigaciones por corrupción es menos alto de lo que se esperaría, el caso de Perú es destacado. Todos sus presidentes vivos y democráticamente elegidos estuvieron presos, perseguidos o condenados por la justicia de ese país por corrupción. 

Electo-dictaduras

#TeExplicamosElDía | Martes 27 de junio
Foto: EFE/Prensa Miraflores

Normalmente se asocia las dictaduras con gobiernos, por lo general militares, que llegan al poder mediante un golpe de Estado. Esa fue la visión que reinó en varios países latinos durante el siglo XX, aunque la realidad es completamente distinta ahora. De acuerdo con Latinobarómetro, ahora los autoritarismos buscan llegar al poder a través de los propios mecanismos democráticos. 

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Incluso, ya consolidados, siguen realizando elecciones, bien sea falsas, débiles o deficientes en su integridad electoral, para guardar las formas ante la comunidad internacional. De allí que se conozcan como “electo-dictaduras”, y menciona tres casos: El de Fujimori en Perú; el de Daniel Ortega en Nicaragua; y el de Hugo Chávez en Venezuela. Agrega a Nicolás Maduro como un caso aparte, extensión de la dictadura chavista, al mantenerse con elecciones de legitimidad cuestionada. 

“América Latina ha transitado desde dictaduras militares a electo-dictaduras. Y pareciera que se agregaría a El Salvador, un país que ha violado los derechos humanos de las personas encarceladas y que ahora cambia la regla electoral para permitir la reelección indefinida”, añadió.

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Foto: Cortesía

Comparó a El Salvador con el segundo gobierno de Ortega en Nicaragua, que a pesar de estar en el poder irregularmente desde 2008, no fue hasta 2017 que se reconoció como dictadura por el resto del países. En el caso de Bukele, sus políticas de seguridad y su lucha contra las pandillas criminales le trajo tanto críticas como aplausos, siendo una figura que aun en la actualidad causa debate y controversia. 

Justamente un ejemplo de cómo el autoritarismo en Latinoamérica ya no se produce de forma abrupta con juntas militares y represión, sino gradualmente, con civiles que lentamente desmantelen sus instituciones, incluso manteniendo altos niveles de popularidad. “No hay un umbral nítido entre la democracia y la no democracia, lo que hace difícil reconocer cuando un gobierno ha transicionado al autoritarismo”, alertó.

Ping Pong

Argentina se prepara para las elecciones presidenciales en medio de incertidumbre y ansiosa de un cambio
Foto: EFE/ Juan Ignacio Roncoroni

Todos estos son síntomas de una fuerte crisis política que afecta a toda Latinoamérica y socava la confianza de la población en la democracia. A mediados de los 2000 se hablaba de una “marea roja” de gobiernos de izquierda en la región, encabezados por figuras como Evo Morales, Rafael Correa o Luiz Inácio Lula da Silva. Alrededor de 2015 esto se revirtió por una ola de gobiernos de derecha como los de Mauricio Macri en Argentina o Jair Bolsonaro en Brasil.  

Esto se solapó con otro fenómeno que se conoció como la “ola rosa”, en la que nuevamente políticos de izquierda ganaron las elecciones en países tradicionalmente de derecha como Gabriel Boric en Chile, Andrés Manuel López Obrador en México o Gustavo Petro en Colombia, y con el regreso de Lula da Silva en Brasil. Sin embargo, los últimos procesos electorales del año 2023, con la victoria de Daniel Noboa en Ecuador o Javier Milei en Argentina demuestran que la balanza nuevamente se vuelve a inclinar hacia la derecha.

En realidad, más que un tema de ideologías, esto muestra más un sentimiento de descontento y frustración de la ciudadanía con sus gobiernos de turno. El estudio contabilizó, solo desde 2018, más de 18 alternancias de poder, donde el gobierno pasó a manos de la oposición. Algo que se traduce también en la crisis de representatividad y el desgaste de los partidos políticos. 

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