• El estudio realizado por universidades de Australia y EE UU determinó que 32 % de la muestra superó el índice de peligrosidad para el agua potable

El 69 % de las aguas superficiales y subterráneas del planeta están contaminadas por sustancias químicas persistentes, potencialmente nocivas para la salud y el medioambiente, según datos de un estudio que publicó el lunes 8 de abril la revista Nature Geoscience.

La investigación se refiere a un grupo de 14 mil sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS, por sus siglas en inglés) que comenzaron a fabricarse en el mundo en la década de los cincuenta.

Por su enorme facilidad de resistir el calor, el agua, la grasa o las manchas, dichos elementos están presentes en todo tipo de productos de uso diario, como sartenes antiadherentes, ropa, cosméticos, insecticidas, envases alimentarios, o productos industriales especializados, como la espuma antiincendios.

Las sustancias PFAS se conocen desde hace décadas como químicos persistentes o eternos porque se ha visto que una vez liberados en el ambiente o el cuerpo humano suelen permanecer para siempre, aunque hasta ahora se desconocía la magnitud de su presencia en el suministro de agua.

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El estudio, llevado a cabo por universidades australianas y estadounidenses, ofreció la primera visión global de cuál sería la magnitud de las aguas contaminadas por PFAS.

Advirtieron que casi el 70 % de las aguas subterráneas del planeta contiene sustancias nocivas para la salud
Foto: neuriteblog

Detalles del estudio

Los datos provienen de 273 estudios realizados durante los últimos 20 años, en los que se han analizado más de 12 mil muestras de aguas superficiales y 33.900 de aguas subterráneas de cara a la recogida de datos para informes gubernamentales o estudios científicos.

Los investigadores han visto si los niveles de contaminación por PFAS de esas muestras excedían las distintas regulaciones nacionales e internacionales, comprobando que el 69 % de ellas superaba los criterios de seguridad para el agua potable del regulador canadiense, que es el más exigente.

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Por su parte, un 32 % de las mismas muestras superó el índice de peligrosidad para el agua potable que tiene Estados Unidos, que es de los menos exigentes.

Los resultados ponen de manifiesto que la extensión de la contaminación por químicos persistentes se “ha subestimado”, subrayó uno de los autores, el profesor de ingeniería ambiental del centro de estudios del agua de la Universidad de Sídney, en Australia, Denis O’Carroll.

Concentración de las aguas subterráneas

Advirtieron que casi el 70 % de las aguas subterráneas del planeta contiene sustancias nocivas para la salud
Fuente: iStock

A los investigadores les llamó la atención, entre otras cosas, las altas concentraciones de PFAS que se han analizado en embalses de Australia, especialmente en zonas donde se habían utilizado espumas contra incendios en el pasado, como instituciones militares o de formación de bomberos.

Aclararon que el hecho de que esté en las presas, no quiere decir que esté en el agua potable, porque las plantas de tratamiento suelen estar diseñadas para reducir la cantidad de sustancias químicas en el agua, como las PFAS, aunque los investigadores advierten de que “no todos los proveedores de agua miden de forma rutinaria los niveles de estas sustancias”.

A pesar de que se ha investigado poco sobre el impacto de las sustancias químicas persistentes en la salud, instituciones de salud pública de Estados Unidos y de Europa relacionaron las PFAS con problemas como el menor peso de los bebés al nacer, niveles más altos de colesterol, reducción de la función renal, enfermedades tiroideas, menor respuesta a las vacunas y cánceres de hígado, riñón y testículos.

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el PFOA, un tipo de PFAS, como un carcinógeno humano de categoría uno en 2023.

Precauciones

O’Carroll sostiene que tanto los fabricantes como los consumidores deben tener cuidado cuando utilicen productos que contengan PFAS.

Fabricamos y distribuimos muchas sustancias químicas sin tener una evaluación completa de sus posibles efectos sobre la salud. Deberíamos hacer un uso juicioso de algunas de estas sustancias químicas. Solo porque estén disponibles, no significa que debamos usarlos”, afirmó el investigador.

O’Carroll y su equipo trabajan para desarrollar tecnologías que puedan degradar los PFAS en los sistemas de agua potable, y estudian el desarrollo de modelos predictivos que determinen adónde van a parar los PFAS en el medio ambiente.

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“Este estudio hace una importante llamada de atención sobre una gran fracción de las aguas superficiales y subterráneas a nivel mundial que superan los avisos y regulaciones internacionales sobre PFAS, y es probable que se subestime la futura carga ambiental de estos químicos eternos”, señala  Begoña Jiménez, investigadora de del Instituto de Química Orgánica General (IQOG-CSIC) en una reacción de la plataforma SMC.

Con información de EFE

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