• Sus familiares sobreviven a su ausencia con la esperanza de que pronto él y Venezuela sean libres

Todos los domingos al mediodía la familia De Grazia se reúne en casa para almorzar. Asisten abuelos, hijos, nietos, primos. Es una tradición de sus raíces italianas. Sin embargo, debido a una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), hoy un puesto de la mesa permanece vacío.

En aquella mesa el almuerzo de los domingos se sigue sirviendo religiosamente. Todos se sientan, conversan y comparten anécdotas, pero entre tantos sabores sobresale el toque agridulce de saber que el padre del cuadro familiar está ausente, y que la fecha de su regreso es desconocida por todos.

Se trata del grupo familiar del diputado ante la Asamblea Nacional Américo De Grazia, a quien le fue allanada su inmunidad parlamentaria el pasado 9 de mayo de 2019 tras ser acusado de traición a la patria. Hoy permanece refugiado en la residencia del embajador de Italia, en el este de Caracas, para evitar inflar aún más la cifra de presos políticos que actualmente asciende a 399.

A seis meses de aquel momento, su familia accedió a hablar con El Diario para transmitir la experiencia del parlamentario como refugiado y, especialmente, con la intención de mostrar el amargo camino que transitan cuando un funcionario es perseguido político por adversar al régimen de Nicolás Maduro.

Capítulo I

La mano que sostiene a Américo De Grazia

Los ojos verdes de Carmen Palmero de De Grazia brillan cuando habla del trabajo que ha realizado su esposo, Américo De Grazia, durante los 46 años que lleva ejerciendo la política en Venezuela. Ella ha ido de su mano en más de la mitad de su trayectoria: tienen 29 años de casados.

Carmen siempre ha optado por estar lejos de las cámaras y los reflectores, pero eso no le ha alejado de la vida política del diputado, pues conoce con exactitud la labor que realiza, especialmente en el estado Bolívar de donde son oriundos. Aunque los años y el conocer de cerca su trabajo no fueron suficientes para prepararla para verlo refugiado en una embajada.

Según la mujer, el papel del parlamentario en el ámbito político ha sido ejemplar. Destaca lo frontal que ha sido a la hora de denunciar los casos de corrupción en empresas siderúrgicas o el contrabando de oro y otros minerales en el estado Bolívar. Todos estos hechos, asegura, son los que dieron pie a que aprobaran el allanamiento de su inmunidad parlamentaria.

Desde aquel entonces, todo en casa, y especialmente en su vida, dio un giro drástico. Al despertar no lo encuentra del lado de su cama, dejó de servir dos cafés a la hora del desayuno y los temas del hogar ahora los debe resolver sola. También ha tenido que lidiar con situaciones más críticas como ser perseguida por efectivos de seguridad del Estado, un episodio que se repitió un par de veces luego del dictamen del TSJ.

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Foto: Víctor Salazar

En su día a día ya son repetitivos los momentos de angustia e incertidumbre por la situación de su esposo. Siempre lo ha acompañado, pero hoy las circunstancias la obligan a hacerlo a una distancia que, afortunadamente, logró acortar un poco pues decidió mudarse desde Upata (Bolívar) a Caracas para poder visitarlo con más frecuencia.

Ahora en esta nueva etapa que les toca vivir, su rol ha sido fundamental para sobrellevar el encierro. Carmen se asignó la tarea de hacer la vida del parlamentario lo más normal posible, pese a estar resguardado en la residencia del embajador italiano. Le lleva muchos libros y cocina sus platos favoritos los domingos, una manera de hacerle ver que está presente en los almuerzos familiares que se ha perdido en este tiempo.

En medio del dolor y la añoranza de no saber cuándo regresará su esposo al hogar que construyeron juntos, ella se mantiene firme en que la decisión que tomaron fue la correcta.

“En la familia siempre tuvimos el miedo y la angustia de que esto podría pasar, pero los miedos hay que afrontarlos y estamos con él, todos en su lucha por ver a su país libre, económica y socialmente estable, por una Venezuela mejor; todos estamos con él”, expresa visiblemente afectada y a la espera de que el día de su libertad llegue.

Capítulo II

La hija que siguió sus pasos

En la parte superior de la que se convirtió su habitación desde hace seis meses, el diputado Américo De Grazia conserva un gran collage que recibió el pasado Día del Padre, en el que aparecen sus mayores logros: sus siete hijos. De ellos solo dos continúan en Venezuela.

Rayceida De Grazia es una de las que permanece en el país. Creció con su padre en cabildos, asambleas y movilizaciones, por lo que la política no ha sido extraña para ella en sus 35 años de vida; de hecho, es la asistente del diputado. Antes del allanamiento de la inmunidad era la encargada de pautar entrevistas, ruedas de prensa, ordenar su agenda y todo lo que supone llevar los compromisos de un dirigente político.

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Foto: Víctor Salazar

La joven es la hija más cercana, un recuerdo frecuente del trabajo que, como padre, hizo De Grazia. Sin embargo, hoy ha hecho a un lado su papel laboral para ser la portavoz de una historia que mantiene al diputado fuera de alcance del régimen, pero limitado y encerrado en una residencia.

Rayceida se ha encargado de divulgar y promover el mensaje de Américo De Grazia, específicamente en el estado Bolívar, donde la ausencia de un líder regional tan frontal ya se hace notar.

“La gente siempre me pregunta cómo está. Me ha tocado llevar a la comunidad el mensaje de él, que seguimos en la lucha y que creemos que esto muy pronto va a terminar. Tenemos la convicción de que nuestra lucha no es en vano, eso nos da más fuerza de seguir adelante y por eso estamos aquí. Él no se quiere ir y por eso está refugiado; desde donde está él está aportando ese granito de arena y yo llevando ese poquito de fuerza al pueblo”, comenta la joven en exclusiva a El Diario.

Rayceida recuerda con angustia el 6 de mayo de 2019, fecha en la que allanaron la inmunidad parlamentaria de su padre. Ese día toda la familia estaba en Caracas por un encuentro pautado con antelación, que se vio eclipsado tras enterarse de que De Grazia podía ser detenido. Enseguida, entre todos, comenzaron a planear cuáles serían los pasos a seguir.

Refugio en la clandestinidad. El diputado permaneció en la clandestinidad por unos días y finalmente decidió pedir refugio en la residencia del embajador de Italia, país del que son oriundos sus padres.

Para la familia, en especial para Rayceida, no verlo llegar a casa es un momento duro, aún seis meses después. Trata de visitarlo con frecuencia; por lo menos viaja una vez al mes desde Upata para compartir con él y también para que vea a su nieta, la única que vive en Venezuela.

“Mi papá se ha perdido de muchas cosas, todavía no conoce a uno de sus nietos. No verlos crecer es uno de los sacrificios más duros que ha hecho. Desde que le anularon el pasaporte no ha podido visitarlos. Esta situación política nos ha desintegrado pero él ha tratado de mantenernos a todos en contacto y unidos, eso es difícil”, explica afectada por una situación que dejó huella en su núcleo familiar.

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Foto: Víctor Salazar

Capítulo III

La convicción en el ADN

Su nombre no es lo único que comparte con su padre. A pesar de ser el hijo menor, Américo De Grazia, de 21 años de edad, es igual de frontal que el parlamentario. Como el resto de sus hermanos, creció consciente de los sinsabores que acarrea tener un padre que trabaja en política, pero no fue sino hasta este año cuando se enfrentó al que tal vez es el precio más caro a pagar por hacer su trabajo.

Aquel 6 de mayo de 2019, Américo reaccionó incrédulo a la noticia del allanamiento de la inmunidad parlamentaria de De Grazia. La angustia se apoderó del momento e insistió, sin éxito, en llamar a su padre para que le informara qué había pasado.

Su familia confirmó la noticia y tras discutirlo un par de días entre todos llegaron al acuerdo de que lo mejor para el diputado era que pidiera refugio en una embajada. El joven recuerda que su padre no quería hacerlo pero accedió ante la insistencia de todos sus hijos.

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Foto: Víctor Salazar

“La situación más difícil fue cuando estaba en la clandestinidad. Somos siete hermanos y obvio teníamos posiciones diferentes: unos opinaban que siguiera así, otros que pasara a la embajada. Yo opinaba que si alguien de nosotros sabía qué hacer, ese era papá. Alguien que ha estado 46 años en la política, cualquier decisión que tomara iba a ser la correcta”, comenta.

En efecto, para todo el núcleo familiar la decisión del parlamentario fue la menos peligrosa, aunque ha tenido un costo, pues De Grazia permanece limitado en cuatro paredes.

Américo coincide en que el encierro de su padre no ha sido fácil de sobrellevar, pero entre tanto dolor ha logrado exaltar aún más la admiración y el respeto que siente por él. “Más allá de ser un mentor, mi papá nos ha inculcado el valor de la libertad, de la democracia, y eso es algo que admiro mucho. El mayor legado que nos ha dado es la perseverancia y seguir luchando por lo que es correcto. Me siento muy orgulloso de que ponga el bien del país por encima del personal, eso es admirable”, agrega.

Al igual que toda su familia, Américo sueña con el instante en que su padre sea libre, pero no es egoísta, así que antes piensa en la libertad del país. Para él, ambos casos están vinculados.

“Más allá de salir de la embajada, queremos salir de la dictadura. Nunca se está verdaderamente libre si estamos bajo este régimen opresor. El objetivo es reconstruir a Venezuela, y ese día es para empezar a trabajar. Más allá de recordar, de llorar, de toda la felicidad, es el primer día donde los venezolanos asumimos la responsabilidad, y sé que mi papá es el primero que va a estar ahí”, asegura.

Capítulo IV

De Italia a Upata

En Upata, un poblado del interior del estado Bolívar, la familia De Grazia no es desconocida. Tienen una larga historia en aquella zona, no solo por la carrera política de Américo De Grazia, sino también por sus padres, una pareja italiana que llegó a Venezuela hace más de 70 años y vio en esa ciudad el lugar propicio para iniciar de nuevo.

En aquella localidad hicieron su vida, abrieron las primeras panaderías y lograron construir una familia. De ese núcleo proviene Américo Giuseppe de Grazia Veltri, un hombre que desde los 14 años de edad entendió que servir al pueblo era la forma indicada para aportar al país.

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Foto: Víctor Salazar

Bajo esa premisa construyó su carrera política: alcalde en dos ocasiones del municipio Piar (Bolívar), además de concejal, secretario de la gobernación de la entidad y diputado ante la Asamblea Nacional por el circuito 3 del estado Bolívar. Desde entonces, el dirigente ha iniciado una batalla por denunciar las mafias del oro, los asesinatos de mineros y otras irregularidades que se presentan en la localidad desde hace años.

Existe un compromiso por cumplir a la comunidad en la que nació, esa que le abrió las puertas a sus padres hace décadas. Por eso ahora, a pesar del encierro, continúa trabajando y alertando sobre los hechos que se registran en el estado.

Su labor no se ha visto afectada y sigue generando incomodidad en el régimen. Recientemente el gobernador del estado Miranda, Héctor Rodríguez, lo denunció ante la Fiscalía por supuestamente incitar al odio.

No obstante. De Grazia resta importancia a este tipo de arremetidas. Mientras sigue bajo resguardo, continúa aportando lo mejor de su trabajo para lograr un cambio de gobierno, que no solo le permita volver a activar su vida política sino también finiquitar un encuentro familiar en casa, que por los momentos sigue en espera.

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