Todos lo hemos escuchado más de una vez, especialmente quienes somos mujeres: “No te preocupes, solo está celosa”. Tal vez un amigo se distanció de repente después de un gran cambio en su vida, o tal vez una colega frunció el ceño cuando presentaste una gran idea. Te desahogas con tu amiga, que responde con firmeza: “solo esta celosa”. Esto se ofrece como consuelo entre las amigas y las niñas en su temprano desarrollo. 

Aunque los celos son un sentimiento experimentado universalmente e independientemente del género, “solo está celosa” es dicho con mucha más frecuencia a las niñas que a los niños. Se supone que es un cumplido tranquilizador, pero como mujeres, estamos entrenadas desde el principio para desviar los cumplidos. De hecho, las investigaciones demuestran que los cumplidos suelen causar más incomodidad que satisfacción a las mujeres» (del Mar Ferradás, Freire, Valle, Núñez, Regueiroa, & Vallejo, 2016). Esto es lo contrario de lo que se necesita cuando se busca apoyo después de una interacción social difícil. Sin embargo, la ineficacia del consuelo “solo está celosa” es más profunda que esto.

El mensaje subyacente del “solo está celosa” es que hay algo que otra mujer admira de ti y por lo tanto te trata mal. El riesgo es que las mujeres tomen esto como una indicación de que deben achicarse para evitar ser una amenaza para los demás. Aunque “solo está celosa” puede resultar reconfortante al principio, ese sentimiento de consuelo suele ser remplazado rápidamente por un sensación inquietante. Esto se debe a que, a nivel subconsciente, estamos sintonizados con las trampas de este estribillo, incluyendo el mensaje emocional que deja.

Mientras que “solo está celosa” está destinado a ayudar, se entiende que la gente no disfruta de estar cerca de aquellos que les dan celos. De esta manera, más allá de sentirse a veces como un consuelo rancio y predeterminado, este mensaje le dice incidentalmente a las mujeres, “achícate”. Aunque no sea la intención de quien entrega el mensaje, esta clase de cumplido implica que lo que se te envidia es perturbador para tus relaciones. Además, normalmente intentamos ocultar las cosas que nos desconectan de los demás.

Si operáramos desde un espacio totalmente lógico, nuestra conclusión después de que nos dijeran “solo está celosa” sería algo así como: “La repentina frialdad de Janey después de mi ascenso se debe a que está celosa de mí, lo cual es su problema, no el mío. Estoy bien”. Aunque esto podría ser lógico, nuestros cerebros no funcionan de esa manera, los mensajes relacionados con los celos dejan un residuo emocional más complejo (Mosquera, Parrott, & Hurtado de Mendoza, 2010). Después de todo, queremos sentirnos conectados, queridos y amados. Si tus capitales son una fuente de celos para otras mujeres, brillar significa que los demás estarán celosos porque te ven como una amenaza. El mensaje subconsciente e internalizado detrás de “solo está celosa” puede convertirse fácilmente en: “Para no ser una amenaza para otras mujeres, debo suavizar mi presentación, disminuir mis logros, restarle importancia a mis activos”. Las mujeres son educadas para autoachicarse en muchas áreas, y el estribillo de “solo está celosa” perpetúa eso.

A nivel macro, “solo está celosa” es otro refuerzo moderno de la idea de que las mujeres están inherentemente en contra de las demás. Indica que cualquier conflicto social entre mujeres puede explicarse por la envidia, o la idea de que el éxito de una mujer resulta en el resentimiento de otra. Aunque las jóvenes son educadas, al igual que los chicos, para ser competitivas entre sí, el hecho de hacer demasiado hincapié en la competencia representa un obstáculo para las relaciones sanas. Fomentar las divisiones femeninas sirve para apoyar la desigualdad de género, porque alentar cualquier otra cosa que no sea la hermandad como orientación predeterminada entre las mujeres significa que las mujeres quedan excluidas de alianzas valiosas con sus compañeras. A pesar de la competencia masculina, los «clubes de viejos» y otras tácticas de empoderamiento han sido la norma durante décadas, proporcionando vías para que los hombres en el poder se levanten unos a otros.

Recientemente, las mujeres que abogan por el empoderamiento inter-femenino se han convertido en algo más corriente, y la naturaleza viral de los memes como «las reinas reales se arreglan las coronas unas a otras» representa esto. Sin embargo, usar el lema “solo está celosa” para explicar cualquier pequeño conflicto social entre las mujeres es un vestigio de la ideología tradicional que deja a las mujeres más preparadas para achicarse que para engrandecerse.

La desigualdad entre los géneros se sostiene de muchas maneras. Reconsiderar la forma en que consolamos a nuestros amigos, a nuestros clientes en la terapia y -quizás lo más importante- a las jóvenes que se sienten heridas por las acciones de otras chicas no desmantelará por sí sola la desigualdad de género. Sin embargo, podría ayudar con algunas de las cosas subconscientes que hacemos para disminuir y desconectarnos más de otras mujeres. El brillo debe ser admirado en las niñas y mujeres; la expectativa no debe ser que el brillo se arriesgue a ser una amenaza y por lo tanto convertirse en un blanco de los celos y la burla.

Como amigos, un enfoque más discreto para apoyar a una compañera que ha recibido un trato indiferente de otra mujer es acompañarla en lo terrible que se siente que alguien se vuelva contra ti. Una discusión más matizada sobre lo que ha perturbado su relación sería más efectiva que salir con el “solo está celosa”.

Como educadores y padres, podemos guiar a las jóvenes estudiantes e hijas a practicar el compartir o incluir a otras niñas en lo que sea su fuente de envidia. Y como médicos que trabajan con clientes femeninas, el diálogo abierto que aborde tanto el daño individual, como del dolor a nivel estructural causado por un sistema que enfrenta a las mujeres entre sí, puede proporcionar un espacio para la empoderada sanación.

Referencias

del Mar Ferradás M., Freire, C., Valle, A., Núñez, J. C., Regueiro, B., & Valle, G. (2016). The relationship between self-esteem and self-worth protection strategies in university students. Personality and Individual Differences, 88, 236-241.

Rodriguez Mosquera, P. M., Parrott W. G., & Hurtado de Mendoza, A. (2010). I fear your envy, I rejoice in your coveting: On the ambivalent experience of being envied by others. Journal of Personality and Social Psychology, 99, 842–854.

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