• El equipo de El Diario presenta un recorrido fotográfico por los lugares culturales más representativos de Caracas en la segunda mitad del siglo XX

La memoria de lo que fue alguna vez, de lo que fue destrozado, de lo que solo quedan vestigios, es una de las cosas latentes en el día a día del venezolano. Las personas que vivieron la época de bonanza petrolera, cuando el resto del continente estaba sumido en un conflicto dictatorial, recuerdan en sus relatos el “país que éramos”, la Caracas que fue. Aquellos jóvenes que no lograron vivirlo lo reconocen a través de las fotografías, de los videos, de las historias de “normalidad” y esplendorosidad ciudadana. Pareciera ser una sensación constante de nostalgia. 

El equipo de El Diario realizó un recorrido fotográfico por Caracas -la de hace décadas- para conocer esos lugares icónicos de la cultura cosmopolita de “la sucursal del cielo”. Un epíteto que cargó durante sus hombros durante mucho tiempo la ciudad de Diego de Losada, pero que ahora muchos parecen considerar erróneo.

El núcleo del haber cultural en el continente residía entre las calles de Sabana Grande y los pasillos de Parque Central; en los cafés de El Silencio que combinaban su mantelería con el mármol blanquecino de esos años; en las charlas, reuniones, simposios, conversatorios, entre otros, que se realizaban en la magnificencia de la Ciudad Universitaria que Carlos Raúl Villanueva llevó de su imaginación a la realidad en los terrenos de Plaza Venezuela. Tantos lugares que, después de tantos años, solo pueden mantener su vitalidad en los recuerdos de lo que alguna vez fueron. 

Teatro Teresa Carreño

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Vista del Teatro Teresa Carreño desde el antiguo Hotel Caracas Hilton. Foto: Tomás Opitz. S/F. Archivo Dietrich Kunckel

En la década de los setenta el violinista Pedro Antonio Ríos Reyna presentó el proyecto de un nuevo teatro para la ciudad de Caracas. El Centro Simón Bolívar, una institución aparte del bullicio político, sin las ataduras del partidismo, decidió tomar las riendas del proyecto e iniciar la construcción en 1973. El concurso arquitectónico lo ganó el triunvirato compuesto por los arquitectos Tomás Lugo Marcano, Jesús Sandoval y Dietrich Kunchel. 

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Teatro Teresa Carreño. Foyer. Foto: Gonzalo Galavís. S/F. Archivo Dietrich Kunckel. 

Años después, Kunchel escribiría: “El Teatro Teresa Carreño es el mérito de la generosidad, dedicación y visión de un grupo de personas de extraordinario talento y calidad humana, que supieron aprovechar un momento único en la historia del país para que este se hiciese realidad”. 

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Sala Ríos Reyna. S/F. Foto: Tomas Opitz. Archivo Dietrich Kunckel.

La Ciudad Universitaria de Caracas

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Foto: revista LIFE

En 1942, bajo la presidencia de Isaías Medina Angarita, comenzó el estudio del proyecto y los terrenos escogidos para la construcción fueron los de la Hacienda Ibarra. Un edén natural que se convirtió, poco a poco, en el signo de la educación superior en Venezuela. La inauguración parcial de la obra se realizó en 1954, pero, en realidad, el fin de la obra se remite a la década de los sesenta. 

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Foto: revista LIFE.

El campus universitario fue la pieza fundamental para el crecimiento urbanístico de Caracas. Las zonas aledañas, augurando el crecimiento poblacional, empezaron a expandirse en concreto y a reducirse en hectáreas libres. Un hito que fue declarado Patrimonio de Humanidad por la Unesco en el año 2000, donde las obras de arte de Vasarely, Leger, Mateo Manaure, Jean Arp, entre otros, se confabulan con el andar diario de los estudiantes. 

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Foto: revista LIFE.

Bulevar de Sabana Grande

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Foto: revista LIFE.

Primero fue la calle Lincoln en la década de los cincuenta y sesenta. Un lugar donde las marquesinas de neón se colaban entre la noche para iluminar, si era posible, hasta el último rincón de Caracas. Miles de anécdotas se resumen en esa avenida y, aunque no es propiamente un lugar cultural, la cultura brotó de su pavimento, de sus cafés, de sus bares repletos de literatos y pensadores en busca de una bebida para conversar. 

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Foto: cortesía

Luego, en 1975 con la llegada del Metro de Caracas, el pavimento de la calle se llenó de bloques de cemento para convertirse en un bulevar. Una extensa caminería que va desde Plaza Venezuela hasta Chacaíto, donde la ciudad no dormía y los bares representaban un edén para todos los jóvenes. Es un sitio recurrente en el haber cultural de la ciudad, no por su característica arquitectónica, sino por su posibilidad para la vida, la mayéutica y el caminar, como buen procedimiento socrático. 

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Foto: Igor Barreto en Sabana Grande. | Vasco Szinetar

La Concha Acústica de Bello Monte

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Foto: cortesía

En las colinas de Bello Monte se yergue una estructura que se asemeja al teatro griego, con sus escalinatas a la par de la montaña y al frente, como escenario, una marco parecido a una concha marina que permite la acústica perfecta del lugar. En 1949, en un momento de convulsión político por la reciente destitución de Rómulo Gallegos y la llegada de la junta militar presidida por Marcos Pérez Jímenez y Carlos Delgado Chalbaud, comienza la construcción de este hito arquitectónico. La obra se finalizó en 1954.

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En las décadas siguientes, con la creación de otros teatros en la ciudad, la Concha Acústica quedó un poco en el olvido de los ciudadanos, pero su estructura en el corazón de la montaña es un signo de la ambivalencia de Caracas, entre el avance moderno y el arraigo natural. 

Parque Central

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Foto: Daniel Fernández Shaw

El complejo urbanístico de Parque Central es uno de los referentes más importantes para caracterizar a la ciudad de Caracas. Es la búsqueda de un sentido moderno, de un país que estaba en crecimiento constante y miraba hacia el futuro, con aras de arquitectura brutalista y arte, donde la vida se envolvía en una sensación de estabilidad perdurable. La obra comenzó en 1969 y terminó, con la construcción de la torre oeste de Parque Central, en 1983. 

Caracas
Foro: El Museo de los Niños, 1982.

Además, en el complejo de Parque Central se une el Museo de Arte Contemporáneo, inaugurado por Sofía Ímber, el Museo de Arte Nacional, el Museo de Bellas Artes, el Museo de los Niños y el Teatro Teresa Carreño. Un corazón cultural de la ciudad que se yergue ante la mirada deslumbrada de los caraqueños, aunque pasen los años, los deterioros y las malas políticas. 

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