• El 23 de octubre se celebra el Día Mundial de Acción para la Supervivencia Infantil en todo el mundo. Esta fecha es creada para concientizar a la población mundial sobre las calamidades sanitarias y de salubridad que padecen muchos niños

El Día Mundial para la Supervivencia Infantil tiene como principal objetivo detener la mortalidad en niños menores de cinco años de edad. La vulnerabilidad de la niñez permite que, ellos en su inocencia, sean portadores de distintos males como la desnutrición.

En Venezuela, por su parte, la crisis humanitaria de los últimos años ha trastocado la niñez y, según el médico Huníades Urbina en exclusiva para El Diario, 35% de los niños menores de cinco años de edad en el país sufren algún tipo de desnutrición. Por ende, en el contexto pandémico el carácter vulnerable de la infancia se incrementa.

Un paciente desnutrido es un paciente susceptible, es decir que cualquier cuadro viral que un niño común puede superar en tres o cinco días, en uno de estos niños puede ser mucho más grave y por supuesto conducir a la muerte”, comentó Huniades Urbina, presidente de la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría.

A propósito de esta situación, el Fondo de las Naciones Unidas (Unicef) comunicó en 2018 que el contexto humanitario que padece Venezuela ha sido un obstáculo recurrente para la alimentación balanceada de los niños y jóvenes.

El tiempo ha pasado y la situación, en vez de mejorar, ha empeorado. La desnutrición actual en infantes es un problema endémico que afecta a la población. Según las cifras presentadas en julio por la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) 2019 – 2020 existen 639.000 niños en Venezuela con desnutrición crónica.

La respuesta del régimen de Nicolás Maduro ante esta situación ha sido el silencio cómplice. La encuesta también reveló que otro 21% de jóvenes se encuentra en riesgo de desnutrición. 

Foto: Reuters / Marco Bello

Ante la falta de respuesta gubernamental, varios venezolanos en su fragor individual para subyugar los pesares del prójimo, han creado alternativas para la alimentación de la población vulnerable. Por ejemplo, Alimenta la Solidaridad es una organización que maneja 107 comedores en 14 estados del país, en los cuales brinda beneficio a más de 14.000 niños y adolescentes. Algunas iniciativas más pequeñas donan su grano de arena para lograr, siquiera, un plato de comida a las personas que lo necesitan. 

El J.M de los Ríos, un ejemplo de los hospitales infantiles en Venezuela

La situación actual del sistema de salud venezolano ha empeorado en los últimos años debido a la crisis humanitaria y económica. La falta de servicios básicos, necesarios para el mantenimiento sanitario de estos recintos, es una constante que se vuelve en un obstáculo para la vida de muchos niños. El hospital J. M de los Ríos está dedicado al área de pediatría, pero, al igual que el resto de hospitales en el país, padece diariamente la falta de medicamentos, la ausencia de agua y otros servicios necesarios para el mantenimiento.

Lo más preocupante es el agua, el servicio desde el año pasado fallaba, pero ahora es una carencia total. Los padres han tenido que bajar hasta el tanque de agua para cargar tobos hasta los baños. Se suspenden las operaciones y los quirófanos están cerrados, es una situación realmente muy dura”, dijo Katherine Martínez, directora de la ONG Prepara Familia, en exclusiva para El Diario.

En el J.M. de los Ríos, ubicado en la parroquia San Bernardino del Distrito Capital, cada cama tiene una historia diferente pero, al mismo tiempo, todos los relatos están compaginados a partir de las dificultades.

El cierre de algunas unidades, como la de hematología y cardiología, por la falta de insumos y servicios básicos, representa un peligro de muerte para cada niño que necesita de ese servicio. Además, la infraestructura del recinto está en un estado paupérrimo: filtraciones en el techo, humedad en la paredes, ascensores dañados, pisos manchados con sangre y falta de camas clínicas. 

Foto: cortesía
Queremos que nuestros hijos sean atendidos, ya basta de rogar por un medicamento, ya basta de que nuestros hijos sigan sufriendo y de que su enfermedad siga empeorando, nosotras deberíamos estar en este momento con nuestros hijos acompañándolos en su enfermedad y no aquí en la calle protestando porque no hay agua en el servicio”, comentó Elsa Murillo, madre de un paciente con linfoma.

La infancia en Venezuela, hoy Día de la Supervivencia Infantil, es uno de los temas más preocupantes en medio de la crisis. Los organismos que se encargan de evitar la mortalidad y el sufrimiento infantil, en la mayoría de los casos, hace omisión de la gravedad y deja a la deriva a cientos de niños que sufren desnutrición o problemas médicos. 

Otra cara golpeada de la niñez

En 1999 Hugo Chávez, recién electo presidente, prometió con la voz campante y ensordecera que, en un par de años, no habría ningún niño en la calle y si llegaba a haberlo se quitaba el nombre. Las palabras se transformaron en una hojarasca silenciosa y, después de una serie de errores políticos y un proceso de crisis, en 2019 la cantidad de niños como residentes de la calle era de 966.200, según las cifras de la Asamblea Nacional. Además, la situación alimentaria y de protección de cada infante sufrió un empobrecimiento considerable. 

En este caso, Carlos Trapiani, coordinador general de la ONG Centro Comunitario de Aprendizaje (Cecodap), explicó para El Diario que la respuesta del régimen ante este problema ha sido prácticamente inexistente. Estos niños son la población más vulnerable ante el contagio de covid-19 y, sobre todo, ante las rudezas de la vida.

Son los más invisibilizados y los doblemente vulnerados. No solo han perdido a su familia, sino que se encuentran en riesgo producto de la cuarentena. Es muy difícil establecer estrategias de protección”, agregó.

El desamparo y vulnerabilidad de los niños los ha convertido en objeto de esclavitud moderna, trabajos forzados y abusos a la integridad. Las cifras oficiales, como en el resto de los ámbitos en el país, se desconocen. El último registro del Instituto Nacional de Estadística (INE) data de 2007 e indicó que 81.000 niños, niñas y adolescentes trabajaban de manera ilegal en el país. 

Foto: El Diario

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh), presidida por Michelle Bachelet, comunicó la presencia de grupos armados en las zonas mineras ubicadas en el sur del país. Los 111.844 kilómetros que componen la Zona de Desarrollo Estratégico Nacional “Arco Minero del Orinoco” (AMO) están marcados por la trata de personas, la esclavitud infantil y la violencia organizada. En este caso de dominación y ganancia a través de la extracción de oro, la población infantil, tanto de las zonas indígenas como de los pueblos aledaños, se transforma en un grupo vulnerable para el trabajo forzado y la violación de Derechos Humanos. 

La condición de los niños en estas zonas es de absoluta vulnerabilidad, de abuso sexual, de abuso laboral, de abuso crematístico, porque trabajan y lo que le dan es apenas para la comida. También hay desnutrición y desescolarización. Y un niño al que le cierran la escuela y le niegas la comida, no le queda otra que servir a toda esta organización criminal”, comentó el diputado de la Asamblea Nacional Américo De Grazia.

La presencia de grupos guerrilleros como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) o las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en la zona minera ha provocado un aumento en la reclutación forzada e ilegal de niños y adolescentes.

Las poblaciones indígenas son más vulnerables a esta situación. El brazo armado de estos grupos foráneos se incrementa ante la mirada inocua de las autoridades. 

Foto: AFP

Estos factores, a su vez, provocan un crecimiento en la tasa de mortalidad infantil en el país que para 2016, último año con cifras confirmadas por la revista The Lancet Global Health, fue de 21 muertes por cada 1.000 nacidos vivos. Una cifra que se iguala a la presentada en 1999, año de la llegada de Hugo Chávez al poder.

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