• La devoción al futuro beato de Venezuela no solo se circunscribe al país sino que además se extiende en otros continentes

José Gregorio Hernández es el médico popular de Venezuela. De eso no hay duda. Aunque no fue sino este 2020 cuando, desde El Vaticano, el Papa Francisco aprobó el decreto para su beatificación, reconociéndole así su poder divino, el médico trujillano gozaba ya de un aura de santidad, incluso después de su muerte.

“Ha muerto un santo”, era lo que los caraqueños exclamaban aquel 29 de junio de 1919, cuando José Gregorio Hernández fue arrollado por el vehículo del mecánico  dental Fernando Bustamante, de 28 años de edad, quien además conocía al benemérito por haber contratado sus servicios de médico para su familia. 

El doctor Hernández murió de una fractura craneal, a consecuencia del impacto que recibió en la cabeza, tras caer y golpearse en la acera. La noticia de su muerte, para la época, conmocionó a todo un país, que se unió en un solo sentimiento de pena y tristeza.

No era un muerto a quien se llevaban a enterrar; era un ideal humano que pasaba en triunfo, electrizándonos los corazones. Puede asegurarse que en el pos del féretro del Dr. José Gregorio Hernández todos experimentamos el deseo de ser buenos”, escribió en su momento Rómulo Gallegos.

Desde entonces, inició una ola de favores y gracias atribuidos al doctor Hernández. Por tal razón en 1949, se inició la Causa para su Beatificación, para reconocer así su poder divino; hecho que ocurrió el pasado 19 de junio de 2020, cuando se anunció la aprobación en la Santa Sede del milagro de Dios, bajo intercesión del aún Venerable.

En ese sentido, la oralidad ha sido clave para la propagación de la fe en el médico trujillano. 

Al menos en la última década, según datos ofrecidos por Laura Zambrano, encargada de la Causa de Beatificación del médico, la Iglesia católica venezolana examinó unos 450 expedientes entre los miles de favores, registrados en físico, que propios y ajenos le atribuyen al científico que hoy día se convierte en el primer laico venezolano en avanzar hacia los altares. 

Hemos recibido comunicación de Brasil, Argentina, Estados Unidos, Panamá, República Dominicana, Italia y Alemania”, precisa Zambrano.

“Yo soy de la península. Yo nací en la Provincia de Pontevedra. Pero desde que llegué a Venezuela fui devoto del doctor José Gregorio”, señala Armando Gamboa, con su acento español, al tiempo que confiesa que antes de la pandemia, frecuentaba la Iglesia Nuestra Señora de La Candelaria, donde reposan los restos del Venerable que serán exhumados este lunes 26 de octubre, cuando se cumplen 156 años del natalicio del también profesor, científico y académico.

Aunque la estadística apunta que la mayoría de los santos proviene de congregaciones religiosas que se concentran en impulsar la causa de la persona con fama de santidad, por ejemplo, recientemente lo veíamos con la Congregación Siervas de Jesús y la Beatificación de Madre Carmen Rendiles, José Gregorio Hernández resulta la excepción: es el primer laico venezolano (impulsado por el pueblo) que opta tener sobre su cabeza la aureola de los santos.

“San Gregorio”

En zonas populares de distintos países de América Latina se encuentran centros que utilizan la figura del doctor Hernández en sus sesiones. Colombia es una de esas naciones que ha hecho suya la imagen del médico trujillano, a quien en territorio neogranadino se le conoce como “San Gregorio”.

“Hay muchísima gente con él… por la fe que le tienen y porque los ha curado. Yo doy testimonio, por medio de mi madre, que él la operó varias veces. Él me la alentó. Yo creo que todo es la fe que uno le tenga”, señala el taxista colombiano Julián González, al frente de su volante.

Su testimonio lo respalda el joven Juan Ávila, quien al médico venezolano le refiere favores y gracias personales. “Él me ha ayudado a solucionar bastantes problemas de salud que he tenido y problemas laborales también”, dice el bogotano, mientras sale de uno de los tres consultorios con el nombre del doctor que existen en la capital colombiana. 

Colombia, además, por ser el país receptor con mayor número de migrantes venezolanos, también hace gala de la devoción que es producto de la oralidad en el país vecino.

De izquierda a derecha, monseñores Francisco Castro, el cardenal Baltazar Porras y Tulio Ramírez Padilla

“Desde niño siempre escuché del doctor. Mi familia siempre le ha tenido mucha fe. Entre 2010 y 2013 a una tía le diagnosticaron Lupus. Fue un proceso muy fuerte. Pensamos, incluso, que no iba a sobrevivir por lo complicado de su estado de salud en ese momento. Siempre le pedíamos a Dios y al doctor José Gregorio Hernández por su recuperación y al pasar de los meses mi tía mostró mejoría, que hasta los médicos se sorprendieron. Nosotros como familia le atribuimos el milagro de la vida al doctor José Gregorio Hernández y estamos muy confiados  que gracias a su intercesión pues ocurrió lo que muchos pedimos: la sanación de mi tía. Hoy ella está incorporada al 100% de sus actividades, sin secuelas y mejorada totalmente”, asegura el venezolano en Bogotá, Carlos Milano, quien en su casa en Venezuela atesora una imagen del futuro beato del país.

Por su parte, incluso desde otro continente, el venezolano Yamis Urbano, residenciado actualmente en Estados Unidos, señala que, aun cuando no se considera propio de venerar santos, confiesa que es al doctor Hernández a quien le confiere su salud y la de su familia.

Crecí en un entorno familiar en donde el referente en tema salud era el doctor José Gregorio Hernández. Y además en la escuela. Pese a que no era santo, lo nombraban y tenían un cuadro de él. Además, mi mamá sufre de un nivel leve de epilepsia, y yo desde pequeño, siempre que mi mamá atravesaba estas crisis, yo siempre le pedía al doctor José Gregorio Hernández hiciera que mi mamá se sintiera mejor. Era esa especie de refugio”, confiesa.

A diferencia de otros santos populares, cuya de devoción resulta regional o municipal, con José Gregorio Hernández no solo es nacional sino universal. La inmensa cantidad de reproducciones y variantes de la imagen del doctor José Gregorio Hernández en todo tipo de dibujos, tatuajes, estampas, esculturas, estatuillas y placas, representa la confianza, la devoción y el profundo amor a aquél galeno venezolano a quien atestiguan sus devotos haber visto en sueños, radiografías o récipes médicos, y a quien se le atribuyen curaciones del alma y del cuerpo. 

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