• La niña colombiana quedó atrapada entre los escombros luego de que el volcán Nevado del Ruiz hizo erupción y acabara con la ciudad colombiana para siempre. Luego de tres días en los que los rescatistas pensaron en amputar sus piernas para sacarla de allí, falleció ante la mirada de Colombia y el mundo

Cuando llegaron los rescatistas, el agua le llegaba al cuello a Omayra. Debajo, entre escombros y el barro, estaba su casa y un cadáver que se sujetaba a ella. “Siento que estoy pisando carne y esa es mi tía; ojalá que no sean mi papá ni mi hermanito”, dijo a un socorrista y a los periodistas que, sin poder ayudarla, habían llegado para cubrir su agonía.

Durante ese tiempo, su mirada triste, oscura y profunda; su actitud serena y la tranquilidad de su voz, poca relación guardaban con aquella realidad dantesca. “Estoy preocupada, hoy era el examen de matemáticas”, mencionó, con la inocencia de quien tiene 13 años de edad. En realidad, ya no había escuela. Tampoco ciudad: en la noche de aquel 13 de noviembre de 1985, el volcán Nevado del Ruiz hizo erupción y borró del mapa al municipio Armero, en el departamento de Tolima, en Colombia. Era, pues, un cementerio con más de 25.000 cuerpos.

A medida que pasaban las horas, el rescate de Omayra Sánchez se hacía cada vez más difícil. “Tengo miedo de que el agua suba y me ahogue, porque yo no sé nadar”, reconoció, sin perder la tranquilidad. “Te juramos, Omayra, que vamos a sacarte de aquí”, le dijeron los rescatistas. En realidad, ya sabían que para sacarla de allí tendrían que amputarle las piernas. “Si la arrastramos con una cuerda, corremos el riesgo de destrozarla de la cintura para abajo”, comentó un miembro de los equipos de rescate.

Foto: AFP

Pero ella, al oír la promesa, les respondió con su amabilidad característica: “Váyanse a descansar y vuelvan después para sacarme”. Lograron ponerle un neumático alrededor del cuello y de los brazos para que no se ahogara durante la noche.

Entretanto, su cara daba la vuelta al mundo. Varios periodistas llegaron a la zona, entre ellos el fotógrafo Frank Fournier. Para llegar hasta donde estaba ella, Fournier debió emprender una travesía. Llegó a Bogotá dos días después de la catástrofe, manejó durante cinco horas y caminó durante otras dos horas y media, según comentó a BBC.

Foto: BBC

“Me encontré con un campesino, quien me dijo de una niña que necesitaba ayuda. Cuando llegué a donde se encontraba Omayra, unas pocas personas la rodeaban en tanto algunos trabajadores de rescate ayudaron a otra persona un poco más lejos. Ella estaba dentro de un gran charco, atrapada de la cintura hacia abajo por concreto y otros escombros de casas que fueron destruidas. Ya llevaba unos tres días en esa situación, estaba dolorida y muy confundida”, recordó el fotoperiodista.

Pero nadie podía hacer nada por la adolescente. La gente y los expertos en rescate se acercaban, trataban de confortarla. A las 10:00 am del sábado 16 de noviembre, después de que cumpliera tres días en el pozo, cayeron en cuenta de que amputarle las piernas resultaría imposible, debido a que no contaban con el material quirúrgico y las condiciones necesarias como para que sobreviviera. La opción era succionar el fango. 14 motobombas llegaron al lugar, pero ninguna de ellas funcionaba para absorber el agua del charco.

Aun en esa situación, la máxima preocupación de Omayra era su madre, quien estaba en la capital colombiana. “Yo quiero que ayuden a mi mamá, que ahora está en Bogotá, porque ella se va a quedar solita”, les dijo a los periodistas. En ese instante, con la incertidumbre de la muerte a cuestas, incluso mandó una frase esperanzadora. “Madre, si me escuchas, quiero que reces por mí para que todo salga bien”, dijo para las cámaras.

Cronología de la catástrofe

– 4:00 pm. Comienza a caer ceniza sobre el lugar.

– 6:00 pm. Una leve llovizna cae sobre Armero.

– 7:00 pm. La Cruz Roja regional comienza a acordar una posible evacuación en Armero, Mariquita y Honda.

– 9:29 pm. Explota el volcán Nevado del Ruiz. Con el estallido se desprende el 2% de la corona de hielo.

– 9:30 pm. Funcionarios de Ingeominas, ubicados a 4.000 metros de altura cerca al páramo de Letras, reportaron el comienzo de la erupción y recomendaron realizar la evacuación.

– 9:33 pm. Comienza la avalancha con una gran onda de agua por el hielo que se desprendió de la cumbre del volcán. Esta situación causó posteriormente el crecimiento de los ríos Lagunilla, Chinchiná, Gualí y Azufrado, causando daños en 210 mil hectáreas.

– 9:39 pm. El agua ocasiona una segunda avalancha que lleva consigo lodo, rocas, árboles y todo lo que encuentra a su paso. Anzoátegui, Fresno, Chinchiná, Palestina, Villamaría, Falan, Casabianca, Herveo, Líbano, Murillo, Villahermosa, Ambalema, Armero, Honda, Lérida, Mariquita, Cambao, Guarinocito, Guayabal, Santuario y Santa Isabel son afectados por el lodo que recorrió aproximadamente 44 kilómetros con una velocidad que alcanzó los 80 kilómetros por hora.

– 9:49 pm. Funcionarios de la Defensa Civil de Ibagué y Murillo tratan de comunicarse con el sistema de emergencia y autoridades de Armero, contacto que no se pudo realizar.

– 10:40 pm. El deshielo llega a Chinchiná.

– 11:30 pm. Caen 350,000.000 de metros cúbicos de lodo y piedras que arrasan con Armero.

Fuente: Señal Colombia.

El rostro de la tragedia

Nadie quiere ver morir a una persona. Pero, en esa oportunidad, era poco lo que podía hacer el fotoperiodista Fournier para cambiar el destino de Omayra. Él estaba allí para cumplir con su trabajo. El rostro de la niña, con los ojos enrojecidos, sus manos grises por el barro seco que se sujetaban a un palo para no hundirse, quedó en el lente de la cámara de Fournier. La imagen fue publicada en París Match y causó impacto.

“En el momento no me percaté de lo poderosa que era la imagen, en cómo los ojos de la niña conectan con la cámara. La gente me preguntaba ‘¿Por qué no la ayudaste?’, ‘¿Por qué no la sacaron de allí?’. Pero era imposible”, admitió el fotoperiodista. Incluso la fotografía fue objeto de debates en la televisión sobre el papel de la prensa en el lugar.

Foto: Frank Fournier

Fournier defiende el trabajo: “tengo muy claro lo que hago, cómo y por qué lo hago. La foto ayudó a recaudar dinero para ayuda y sirvió para destacar la irresponsabilidad y falta de coraje de los líderes del país. Hay cientos de miles de Omayras en el mundo, historias de gente pobre y débil. Los fotógrafos debemos crear un puente entre ellos y los otros”. La foto ganó el World Press Photo, en 1985.

Y es que, como dice el reportero, la magnitud de la tragedia pudo ser perfectamente evitable. No había planes de evacuación pese a que los científicos habían advertido sobre el peligro de una erupción. El gobierno colombiano tenía de antemano información sobre la actividad volcánica de la región, sin embargo, desoyó las advertencias

El 16 de noviembre, cerca de la 1:00 am, Omayra comenzó a delirar. “Ya el Señor me está esperando”, habría dicho a algunos testigos, según La Guioteca. Poco tiempo después, levantó su cara y miró a los rescatistas y los periodistas e intentó esbozar una sonrisa. Cerró sus ojos para siempre. Al final, entró en coma. Cuando por fin fue sacada, ya estaba muerta.

Foto: EFE

“No es justo, Dios, no es justo. Después de que luchamos tanto y ella aguantó”, se lamentó el médico colombiano Mauricio Sarmiento.

Desde entonces, el lugar donde la pequeña padeció su agonía se convirtió en espacio de peregrinación para muchas personas de Colombia y extranjeros. Dejan flores, juguetes y cartas. Omayra quedó enterrada allí mismo. Su madre decidió que no le contaran sus piernas para llevarla a un cementerio.

Foto: Caracol

Para algunos, se ha convertido casi en una imagen santa, pero, para la mayoría, seguirá siendo el rostro más cruel de una tragedia que todavía marca a Colombia. 

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