• En el derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez confluyeron varios sectores de la sociedad, los cuales crearon desde sus espacios las condiciones para una transición democrática. El historiador y académico Rafael Arráiz Lucca explica a El Diario quiénes fueron los actores que protagonizaron los últimos días de la dictadura

Hace 64 años, el 23 de enero de 1958, el avión “La vaca sagrada” despegó del aeropuerto de La Carlota con rumbo a República Dominicana. El vuelo ocurrió en la madrugada, por lo que los ciudadanos se despertaron con la noticia de que el general Marcos Pérez Jiménez había escapado de Venezuela tras 10 años en el poder. Esa mañana el país se encaminó hacia un destino de mayores libertades políticas, siendo conmemorado cada año como el Día Nacional de la Democracia.

La caída de la última dictadura militar del siglo XX venezolano fue una sucesión de hechos que se acumularon en un efecto dominó. En 1957, el cambio de elecciones presidenciales por un plebiscito para asegurar la continuidad de Pérez Jiménez provocó acusaciones de fraude por parte de la oposición, que lo consideraba inconstitucional. Ello desencadenó un creciente malestar en varios sectores que explotó con una serie de protestas del movimiento estudiantil, promovidas por la Junta Patriótica. Finalmente, tras días de manifestaciones callejeras, las Fuerzas Armadas retiraron su apoyo al presidente, quien entregó el poder sin mayor resistencia.

El historiador y escritor Rafael Arráiz Lucca, reconoce que el levantamiento cívico-militar de 1958 no fue producto de una crisis económica ni de una debacle en la calidad de vida. Aún eran fantasmas que el país estaba lejos de volver a vivir. En entrevista para El Diario, explica que hubo “una alineación planetaria” donde el creciente descontento del sector militar les llevó a unirse a las fuerzas democráticas que luchaban desde la clandestinidad. En esto convergen diferentes factores como los empresarios, la Iglesia, los gremios y sindicatos.

La primera ficha

Monseñor Rafael Arias Blanzo, arzobispo de Caracas en 1957. Foto: Cortesía

El 1° de mayo de 1957, el arzobispo de Caracas, Rafael Arias Blanco, publicó una carta pastoral a propósito del Día del Trabajador y de San José Obrero. En ella, el sacerdote, quien había ocupado la Arquidiócesis apenas tres años antes, hizo una crítica bastante profunda de la realidad nacional. Desde una perspectiva objetiva, analizó los problemas sociales que atravesaba la clase obrera del país, abogando por la búsqueda de garantías como el salario mínimo y la libertad sindical. 

La pastoral fue leída en todas las iglesias ese día, aunque al poco tiempo la Seguridad Nacional prohibió su difusión. Eso causó tensiones entre el gobierno y el clero, además de impresionar a la población, que hasta entonces no había visto a una institución importante romper la visión de país perfecto dibujada por Pérez Jiménez.

Arráiz Lucca cree que la carta de monseñor Arias Blanco fue un punto de inflexión en los últimos años del perezjimenismo. “La Iglesia no había sido partícipe en los asuntos políticos hasta ese momento, y la gente comprende que manifieste su rechazo”, agrega. La oposición tampoco pasó por alto la situación, usándolo como motivación y forma de azuzar a los sectores más devotos.

Monseñor Arias Blanco tuvo un papel importante en el restablecimiento de la democracia en Venezuela, pero no pudo vivir su consolidación. El 30 de septembre de 1959, murió en un accidente de tránsito en el estado Anzoátegui junto al obispo de Barcelona, José Humberto Paparoni. Casi un año después de las elecciones en las que resultó ganador Rómulo Betancourt.

Desde las sombras

De izquierda a derecha: Fabricio Ojeda, Enrique Aristeguieta y Guillermo García Ponce. Foto: Cortesía

La gesta del 23 de enero de 1958 es quizás uno de los escasos capítulos de la historia de Venezuela donde los civiles acapararon el foco del protagonismo, por encima de los militares. Mucho de esto rescata Arráiz Lucca en su más reciente libro, La democracia en Venezuela, un proyecto inconcluso, publicado en enero de 2021, donde aborda la larga marcha por la libertad desde la época colonial, donde toma relevancia la Junta Patriótica.

Acota que la Junta Patriótica fue la unión circunstancial de partidos que en ese momento tenían en común la necesidad de salir de la dictadura. Se creó en 1957 por dirigentes de partidos ilegalizados como Acción Democrática (AD), Unión Republicana Democrática (URD) y el Partido Comunista de Venezuela (PCV). Aunque aún se le permitía existir con limitaciones, Copei también se integró a la iniciativa tras la detención de Rafael Caldera. La organización estuvo dirigida por Guillermo García Ponce (PCV), Fabricio Ojeda (URD), Silvestre Ortiz Bucarán (AD) y Enrique Aristeguieta Gramcko (Copei).

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Foto: Cortesía

La Junta operó desde la absoluta clandestinidad y en secreto, eludiendo las labores de inteligencia de la Seguridad Nacional. De hecho, Ojeda ejercía como presidente de la organización mientras trabajaba como periodista de El Nacional en el Palacio de Miraflores. También realizaban mítines espontáneos en fábricas y conatos de huelgas, a la vez que sostenían conversaciones con estudiantes y oficiales de la Fuerza Armada descontentos.

El autor de La democracia en Venezuela destaca que para ese momento los principales líderes de cada uno de esos partidos estaba preso o en exilio, por lo que tuvieron poca participación en la lucha de calle. Rafael Caldera acababa de salir del país tras su arresto, mientras otros como Rómulo Betancourt y Raúl Leoni ya lo estaban desde 1948.

En esa época se comunicaban por cartas y las líneas generales probablemente las trazaba un comando que dirigían distintas personas. Pero estás en un mundo distinto, donde no hay WhatsApp ni Zoom, de modo que yo diría que esa Junta tuvo bastante autonomía de acción, porque los líderes de esos partidos estaban muy lejos”, comenta.

La rebelión de Trejo

Aviones Havilland DH.100 Vampire de la Fuerza Aérea volando sobre las torres de El Silencio el 1° de enero de 1958. Foto: Cortesía

Para finales de 1957, los sectores perezjimenistas celebraban las navidades bajo una tensa calma. El 21 de noviembre, estudiantes de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y de los liceos caraqueños, comenzaron una serie de protestas contra el plebiscito que se extendieron por la ciudad. Fueron rápidamente reprimidos y la votación se realizó el 15 de diciembre, con un presunto 86,7 % a favor de la permanencia de Pérez Jiménez. Aun así, durante la fiesta de Año Nuevo, el general no se imaginó que recibiría 1958 sofocando un intento de golpe de Estado.

Un grupo de oficiales del Ejército se rebeló la madrugada del 1° de enero de 1958 y tomó la ciudad de Maracay, Aragua, anteriormente un importante bastión militar y principal base de la Aviación, quienes también participaron. En la mañana, aviones caza sobrevolaron Caracas al mando del mayor Martín Parada, mientras en el cuartel Urdaneta se alzó el coronel Hugo Trejo como líder de los insurrectos.

No obstante, la mala comunicación entre ambos componentes llevó a la rendición de Parada alrededor de la medianoche. Sin municiones suficientes para tomar Miraflores, Trejo se retiró a Los Teques y fue capturado el 2 de enero en La Encrucijada, cuando marchaba de regreso a Maracay.

El coronel Hugo Trejo (de chaqueta negra) saliendo de la cárcel tras la caída de Pérez Jiménez. Foto: Cortesía

Arráiz Lucca considera que la historia debería tener más en cuenta la lucha de Hugo Trejo y Martín Parada. “Es una injusticia que no se nombre el alzamiento del coronel Trejo. Tuvo mucho respaldo dentro de las Fuerzas Armadas, fue el primero que dio el paso e inició la crisis militar”, declaró.

Efectivamente, la rebelión fallida terminó de romper la ilusión de un país tranquilo y controlado. En el transcurso de los días, las protestas en la calle se duplicaron. Internamente, Pérez Jiménez reemplazó a su ministro de Defensa, Oscar Mazzei Carta, por Rómulo Fernández. Días después el general también lo destituyó bajo sospechas de conspiración, para asumir él mismo la cartera hasta su renuncia.

Malestar general

Foto: Archivo Fotografía Urbana

El quiebre en las Fuerzas Armadas cada día era más evidente. La convocatoria de la Junta Patriótica a una huelga general el 22 de enero de 1958, llevó al Alto Mando a evaluar la situación desde la Academia Militar de Caracas. De acuerdo con Arráiz Lucca, la Armada fue uno de los últimos componentes en incorporarse a la conjura, pero tuvo un papel clave al sellar la separación definitiva de Pérez Jiménez.

A pesar de los enfrentamientos violentos en la calle y la paralización de toda la economía, no fue sino hasta que se vio en desventaja ante la facción insurrecta que el general decidió rendirse. “El factor militar siempre es determinante porque son quienes tienen las armas. Y en efecto, cuando Pérez Jiménez contó los cañones de él y los de sus adversarios, se dio cuenta de que si los enfrentaba iba a producir un baño de sangre y prefirió irse”, comenta el profesor e investigador de la Universidad Metropolitana.

Hay una entrevista que le hace Tomás Enrique Carrillo Batalla en un libro de mil páginas de entrevistas con todo este episodio, al general Carlos Pulido Barreto. Cuando Pérez Jiménez estaba en la escalerilla del avión, él le preguntó quién quedaba al mando. Dice el general Barreto que Pérez Jiménez le respondió: ‘lo lógico es que asuma el oficial de mayor antigüedad y de más alto rango militar’. Esa persona era Wolfang Larrazábal”, indica.

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—¿Qué factores generaron ese descontento en el sector militar?

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—Los militares sabían que las cárceles estaban llenas de presos políticos, torturados, asesinados. Sabían que habían decenas de políticos en el exilio. Es decir, esos militares eran conscientes de que habían unas prácticas claras completamente violatorias de los derechos humanos. 

—Es decir que actuaron por una cuestión de ética, de moral

—Eso influyó notablemente allí. Los resortes éticos y legales influyeron notablemente, por supuesto que sí. Lo que sí es cierto es que la dictadura no cae por contradicciones económicas o revuelta social por los niveles de pobreza. Es un conjunto de factores que incluye al factor militar, al factor político, a los empresarios, gremios profesionales que querían pasar la página y regresar a la vida democrática, sin esas prácticas fuera de orden en las que había incurrido el gobierno de Pérez Jiménez. 

Hacia la democracia

Junta de Gobierno de 1958. De izquierda a derecha: Pedro José Quevedo, Edgar Sanabria, Wolfgang Larrazábal, Blas Lamberti y Carlos Luis Araque

Pérez Jiménez salió junto a su familia y parte de sus ministros a la isla de Curazao, y de allí voló a Santo Domingo (entonces llamada Ciudad Trujillo). Fue recibido por el también dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo. En Venezuela se anunció la creación de una Junta Militar presidida por el contraalmirante Wolfang Larrázabal. Ante las críticas por la conformación de un gobierno con militares cercanos al antiguo régimen, se reestructuró para incorporar a los civiles Eugenio Mendoza, Edgar Sanabria y Blas Lamberti.

El autor de La democracia en Venezuela, un proyecto inconcluso afirma que el país no le ha agradecido lo suficiente a Larrazábal por su aporte a la democracia. Durante su año en el poder, se encargó de restituir todas las libertades suprimidas por la dictadura. Entre ellas estuvo la legalización de los partidos proscritos y la convocatoria a elecciones libres, universales y secretas. Las primeras desde 1947.

También tuvo la tarea de pacificar al país, en medio de la convulsión en el seno militar. En nueves meses frustró tres intentos de golpes de Estado: dos de su ministro de Defensa, Jesús María Castro León, y uno por Juan de Dios Moncada Vidal. Aun así, Arráiz Lucca considera que la Junta Cívico-Militar logró una transición política exitosa.

Acota que fue clave la presencia de elementos del régimen saliente dentro de la Junta (como el propio Larrazábal, quien era el comandante de la Armada). Esto ocurrió de la misma forma con otras dictaduras como la de Augusto Pinochet en Chile en 1990 o tras la muerte de Francisco Franco en España, en 1975. El historiador aclara también que solo pudo ser posible debido al talante institucional de las Fuerzas Armadas venezolanas de entonces.

El pacto de Nueva York

Arráiz Lucca asegura que días después del 23 de enero de 1958, los principales líderes de la oposición se reunieron en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos (aunque algunas fuentes señalan que fue en diciembre de 1957). Allí estuvieron Rómulo Betancourt (AD), Rafael Caldera (Copei) y Jóvito Villalba (URD). Los acompañó el expresidente Eleazar López Contreras. Los exiliados políticos analizaron lo ocurrido en Venezuela y plantearon escenarios futuros, en lo que el investigador considera fue una antesala del Pacto de Puntofijo, firmado por los tres a su regreso a Caracas, el 30 de octubre de 1958.

“Ahí los líderes que están en el exilio se están haciendo un mea culpa de todos los errores que han cometido en el trienio 1945-1948 y se proponen no volver a cometerlos. Y de hecho, no los cometen y la democracia va a avanzar en medio de muchos golpes de Estado”, apunta. Precisamente Betancourt, primer presidente del período democrático, tuvo que enfrentar tres insurrecciones, un intento de magnicidio y el surgimiento de guerrillas de extrema izquierda.

Punto Estratégico 

Reunión entre el presidente estadounidense John F. Kennedy y Rómulo Betancourt en Venezuela, 1961. Foto: Cortesía

Todo esto ocurrió en el marco de la Guerra Fría, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética luchaban por expandir su influencia sobre el resto de países del mundo. Arráiz asevera que ambos protegían regímenes afines con su ideología, aunque no fueran democráticos, solo por su lealtad. Por ejemplo, Estados Unidos apoyó en América Latina diferentes dictaduras militares por su efectividad repeliendo la expansión del comunismo en la región. Marcos Pérez Jiménez fue uno de esos protegidos.

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El fundador del Nuevo Ideal Nacional recibió por parte del embajador de Estados Unidos, Fletcher Warren, la Legión al Mérito, el 13 de febrero de 1954. Hasta la actualidad es el único venezolano condecorado con la más alta distinción militar de ese país. Un año después, en 1955,  fue la portada de la revista Time. Tras el asesinato de Rafael Leónidas Trujillo en 1961, Pérez Jiménez huyó a Estados Unidos, donde el gobierno de John F. Kennedy aceptó su extradición a Venezuela, pues aún tenía pendiente su juicio. Posteriormente, el mismo Kennedy negociaría con Betancourt en 1963 el exilio del exdictador a España, bajo la protección de Franco.

Vehículo en el que viajaba Richad Nixon tras ser atacado con piedras en La Guaira, 1958. Foto: Cortesía Revista Life

En un principio, tras la caída de uno de sus aliados estratégicos más importantes, el entonces presidente Dwight Eisenhower envió a su vicepresidente, Richard Nixon, para evaluar la situación. Nixon llegó a La Guaira el 13 de mayo de 1958 con la intención de reunirse con el presidente Larrazábal; sin embargo, en su recepción sufrió un ataque con piedras por parte de una turba, que obligó a desplegar a los agentes del Servicio Secreto. Aunque en su momento fue tomado como uno de los mayores atentados contra un funcionario estadounidense en el extranjero, y se criticó a Larrazábal por no garantizar la seguridad de Nixon, el incidente no entorpeció las posteriores relaciones diplomáticas con Washington.

«Los Estados Unidos observaron con cuidado lo que estaba pasando allí. Ya el gobierno de Betancourt había sido electo democráticamente y fue muy claro en que él no formaba parte de la órbita soviética”, precisa Arráiz Lucca. Del mismo modo, la Unión Soviética también hizo sus jugadas a través del PCV, que quedó fuera del Pacto de Puntofijo por su alineación con Moscú. El papel del bloque comunista sobre la guerrilla venezolana tomó importancia tras el triunfo de la revolución cubana y la visita de Fidel Castro a Caracas en 1959.

Protagonistas de la historia

23 de enero de 1958
Foto: Cortesía

Arráiz Lucca resalta que antes de 1958 los venezolanos vivían con miedo de expresar sus posiciones políticas, sobre todo si eran contra el régimen perezjimenista. Toda la estela de detenciones, torturas, asesinatos y censura que dejaron organismos como la Seguridad Nacional favorecieron a mantener ese status quo. Sin embargo, la conjunción de factores como la Junta Patriótica, el movimiento estudiantil y los trabajadores organizados ayudaron a romper ese temor, hasta entonces tan fuerte como el concreto. La Fuerza Armada tuvo la última palabra, por figuras como Hugo Trejo, Martín Parada y Wolfang Larrazábal. 

Es fácil hallar paralelismos entre la gesta de 1958 y la actualidad, pero el escritor advierte que la historia no se repite. Los acontecimientos del pasado son únicos y ocurrieron bajo un contexto distinto, en una Venezuela que apenas superaba los 7 millones de habitantes. También por el papel que tuvo la institución militar al ponerse del lado de la Constitución, y del propio Pérez Jiménez, quien se negó a disparar contra los soldados que su sistema formó.

A pesar de esto, la historia está allí para ser revisada. Aunque no promete fórmulas mágicas y universales, sí deja lecciones para ser tomadas en cuenta.

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