• En el Jardín Botánico de Caracas reposa una palma que dará flores solo una vez en su vida y que se ha adaptado al clima y las dificultades externas. Los visitantes podrán asistir a ver el proceso entre enero y febrero. La bióloga Yaroslavy Espinoza conversó con el equipo de El Diario sobre la palma de Ceilán, su historia, orígenes y bondades | Foto: Víctor Salazar (@adrianproducer_).

A pesar de todo, la palma de Ceilán es bondadosa. Florecerá en febrero de 2022, algo que solo ocurre una vez en su tiempo de vida. Dos de su especie llegaron hace casi 60 años al Jardín Botánico de Caracas. Posaron desde entonces a un lado de la autopista Francisco Fajardo, en las inmediaciones de la Universidad Central de Venezuela (UCV), y se adaptaron al suelo fértil del recinto, pero también a otra serie de factores externos y dificultades.

Una de ellas floreció en el año 2003. En ese entonces, ambas palmeras estaban en edad de florear, pero un descuido en la poda de árboles aledaños retrasó el desarrollo de la otra. La palma Corypha Umbraculifera, también conocida como palma talipot, bulí o burí es una especie, oriunda de India y Sri Lanka, que se adapta a los climas tropicales, como el venezolano.

Es de grandes magnitudes, cuerpo duro y resistente. La palma surasiática tiene desde 2013 el Récord Guinness como la inflorescencia ramificada más grande del mundo. El espécimen del Jardín Botánico mide aproximadamente 18 metros de altura, de los cuales 6 metros son de las ramas que darán flores a otras ramificaciones laterales. Posee un tallo grueso de al menos 1,3 metros de diámetro.

Foto: Víctor Salazar (@adrianproducer_) / El Diario.

En edad adulta, entre los 30 y los 80 años, puede dar flores y frutos. Una vez que florece, puede ofrecer más de 12 millones de flores pequeñas color crema al mismo tiempo. La floración del Ceilán del Jardín Botánico puede durar hasta mayo, con la llegada de las lluvias y posteriormente empezará a dar frutos por dos o tres años más. Luego morirá, pero de sus frutos podrán nacer nuevas generaciones y su cuerpo podrá ser reutilizado como material para distintos usos.

Un espectáculo que se puede ver una o dos veces en la vida

Yaroslavy Espinoza, bióloga de la UCV y jefa del Centro de Investigaciones del Instituto Experimental Jardín Botánico “Dr. Tobías Lasser”, tiene 23 años trabajando en el ente y durante su estadía en el recinto se especializó en palmas nacionales. Su pasión por la naturaleza la llevó a estudiar y aprender sobre las especies introducidas de otras regiones del mundo.

Ella, junto al equipo del instituto y voluntarios han cuidado del reservorio de palmas y demás especies en el Jardín Botánico. Con un colega, tomaron raquillas de la palma talipot y la revisaron con lupa en el laboratorio. Para los primeros días de enero de 2022 tuvo los botones florales, por lo que dentro de poco ofrecerá, lo que Espinoza considera como un espectáculo que solo se vive una o dos veces en la vida.

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Yaroslavy Espinoza, bióloga de la UCV y jefa del Centro de Investigaciones del Instituto Experimental Jardín Botánico “Dr. Tobías Lasser”. Foto: Víctor Salazar (@adrianproducer_) / El Diario.

Para cultivar palmas, en general, explica la bióloga, se requiere de mucha dedicación, una entrega total para aprender cada requerimiento de cada especie. Agrega que, en el caso de la palma de Ceilán, es un espécimen que se adapta a distintos factores, como la falta de agua, los distintos tipos de suelo y el clima. En el caso venezolano, y ante la falta de un sistema de riego adecuado, la talipot se adaptó a recibir agua principalmente de la lluvia.

Así como hay palmas que pasan mucho tiempo sin agua, como los dátiles, hay otras, como el chaguaramo, que necesita riego constante. También hay palmas que pueden estar seis meses en zonas inundadas y seis meses en temporada de sequía, como lo es nuestra palma llanera. La palma de Ceilán requiere mucha agua, pero es resistente a todo tipo de suelo y puede estar a luz directa”, comenta Yaroslavy Espinoza.

Palmas con historia y tradición

Yaroslavy Espinoza dijo que siempre que puede habla sobre la conservación de las palmas, las especies amenazadas, cómo cuidarlas, cultivarlas y darlas a conocer. Sobre las similitudes entre la palma de Ceilán y las nativas, menciona a la palma bendita, con la que se realiza la tradicional cruz en Semana Santa de la iglesia católica.

Foto: Víctor Salazar (@adrianproducer_) / El Diario.

Esa palma tiene que esperar 100 años para ser adulta, entrar en etapa reproductiva y que empiecen a salir las flores y los frutos. Explica que, a diferencia de la palma de Ceilán, la palma bendita puede llegar a los 100 años para ser adulta, y posteriormente puede dar flores y frutos una o dos veces al año por 200 años más. Así existen otras especies más.

Además, la bióloga agregó que, durante la pandemia floreció una palma de Ceilán en el estado Vargas, pero no fue noticia. Al dar a conocer la información del tolipot en el Jardín Botánico, llegó al instituto datos sobre otras de la misma especie en Carabobo y Barinas. En el periodo de muerte de la palma, se recolectan semillas, se siembran y se cuidan las plántulas hasta que están en edad de ser sembradas.

En viveros privados también se realiza esa tarea gracias al fruto en forma de coco de uno o dos centímetros de diámetro. Se toma uno maduro, color negro, y se germina. Para tener una planta pequeña y desarrollándose pueden tardar entre cinco y nueve meses.

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El material de la palma de Ceilán es grueso y resistente. Foto: Víctor Salazar (@adrianproducer_) / El Diario.

La bióloga destaca que en su hábitat natural, la palma de talipot es considerada como planta vulnerable por las condiciones del ecosistema en donde se desarrolla, sin embargo, es una planta muy cultivada pues tiene muchos usos en India, de donde es autóctona.

El tallo es maderable en distintas partes de India y se pueden hacer cosas con él, menciona Espinoza. Si se le hace incisiones al mismo se le puede sacar sabia, la cual puede ser procesada y obtener azúcares o licores. Las hojas son utilizadas para hacer diferentes artesanías con sus fibras o también sirven como paraguas por el tamaño, las dimensiones y la resistencia de la hoja. Las semillas también son procesadas y se puede hacer artesanía.

Flores que nacen en un ambiente de precariedades

La jefa del Instituto del Jardín Botánico relata que todas las plantas e instalaciones del Jardín Botánico pasaron por momentos precarios, principalmente por los problemas en el sistema de riego y la falta de agua, que también afecta a toda la ciudad. Para la suerte de la palma Corypha Umbraculifera, el clima venezolano le ha permitido crecer sin dificultades, al igual que todas las palmas que hay en el recinto.

Hemos trabajado con las uñas. Con los robos que tuvimos hace cinco años atrás quedamos prácticamente sin herramientas y tuvimos que parar nuestros proyectos de investigación. Pero no nos paramos y empezamos a solicitar ayudas, primero llegó un voluntariado y luego llegó más gente. Hemos hecho convenios, con la empresa pública y la privada. Nos han apoyado y nos han prestado personal, jardineros, camiones y herramientas”, subraya la bióloga.

Por las condiciones precarias, muchas especies en el jardín se perdieron, principalmente por la falta de un sistema adecuado de riego y un cuidado fitosanitario. Espinoza menciona que algunas especies de palmeras ya no existen, pero con los convenios con otros organismos esperan recuperarlas.

Foto: Víctor Salazar (@adrianproducer_) / El Diario.

Distintas asociaciones abocadas a las palmas, bajo la aprobación de la Unesco, se han dado cita a lo largo de los años para rescatar el jardín. Una labor que también reúne a otras personas que son amantes de las palmas, y que coincide con cuidadores de orquídeas, bromelias y otras de colección que requieren cuidado exhaustivo. “Siempre hacemos actividades invitando al público general, para hablar sobre las especies que tenemos”, señala Espinoza, resaltando que su labor también es educativa.

La experta expresa que, a pesar de las dificultades, el Jardín Botánico continúa funcionando. El instituto está en proceso de remodelación y ha incrementado la ayuda por parte del régimen de Nicolás Maduro, a propósito de los 300 años de fundación de la casa de la UCV. “Hacía mucha falta”, subraya Espinoza.

Sembrar semillas para el futuro

“Cada jardín botánico que se respete siempre quiere tener esa especie -palma de Ceilán- en su inventario”. Con el proceso de recolección y germinación de las semillas de talipot iniciará una labor de cuidado e intercambios con otros jardines. Yaroslavy Espinoza comenta que un jardín botánico tiene el objetivo de preservar las especies autóctonas e introducidas.

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Una palma de Ceilán joven que está en el Jardín Botánico. Foto: Víctor Salazar (@adrianproducer_) / El Diario.

En el Jardín Botánico de Caracas hay representación de plantas de los cinco continentes. Su objetivo es educativo y de investigación. Pero también quieren continuar con las investigaciones que hasta hace poco estaban paralizadas. “Queremos que eso se reactive y fortalecer nuestros proyectos”, subraya la bióloga.

De momento, invita a que la gente vaya al recinto, que al igual que la UCV, es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Para quienes quieran acercarse a ver el proceso de floración de la palma de Ceilán, el Jardín Botánico ofrece visitas guiadas todas las semanas, previa reservación por sus redes sociales. También los sábados, entre las 9:00 am y las 3:00 pm.

En los alrededores de la palma Corypha Umbraculifera que florecerá pronto estuvo su hermana, la cual fue podada, pues “una vez muerta, no es adecuado dejarla muerta en pie en un jardín botánico”. Asegura que quizás eso fue lo que benefició el crecimiento de la otra.

En 2003, en el evento donde florece la otra palmera que teníamos fue muy llamativo y significativo para el Jardín Botánico pues es cuando fallece nuestro jardinero estrella, el que diseñó la mayoría de las áreas verdes e hizo los intercambios para tener todas las especies que tenemos aquí en el jardín. August Braun muere y nosotros le hicimos un homenaje. Sus cenizas fueron dejadas en el jardín y justo donde fueron esparcidas, allí sembramos esta palma de Ceilán, que hoy está juvenil, sin tallo, de aproximadamente 24 años”, comenta Espinoza.

Para que se vea el proceso de floración de la nueva palma talipot habrá que esperar 40 o 50 años. La bióloga relata que es muy significativo eso, pues muchos van a tener la oportunidad de presenciar nuevamente el proceso que ocurre en 2022. En otros casos, para los niños y jóvenes de hoy, podría ser la primera vez, o la última para otros.

Foto: Víctor Salazar (@adrianproducer_) / El Diario.

“Las plantas son demasiado nobles porque a pesar de las dificultades, están hermosas, floreando, y no solo la palma de Ceilán. En este momento tenemos una floración de distintas especies de palmas nativas, las extranjeras de Madagascar, Australia y China. Estamos en etapa de recolección de frutos. Esto es muy positivo porque sabemos que podemos recuperar estas especies y podemos seguir preservando”, destaca la bióloga Yaroslavy Espinoza.

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