• El locutor y comediante cuenta cómo ha sido la adaptación a los nuevos tiempos. Está de gira con su show Básico. Le gustaría regresar al país para hablar con los venezolanos sobre lo que está pasando. Foto: Cortesía

En junio Luis Chataing cumplirá seis años en Estados Unidos. Ha sido una etapa ardua, de encontrar una estabilidad tanto para él como para su familia, años en los que ha tenido que encarar los cambios en un medio que se halla en constante vorágine de cambios.

Atrás quedaron los años de unas cuantas emisoras y canales, y los teléfonos y demás adminículos tecnológicos han permito que el alcance de las audiencias sea más común.

Luis Chataing lo ha comprendido. Observa con detenimiento los cambios para ir sobre la marcha.
En septiembre de 2021 comenzó la gira Básico, su regreso al stand up después del confinamiento por la pandemia. Sigue sumando fechas para los próximos meses. La radio está en pausa, mientras que en su canal de Youtube lleva un podcast también titulado Básico.

—¿Cómo ha vivido el regreso a los escenarios?

—(Piensa) Me ha generado una alegría profunda. Estar frente al público me genera emoción. Probar material y ver qué funciona. Después de casi dos años de cuarentena, retirado del escenario, me doy cuenta lo mucho que me gusta hacer stand up.

—Viene en parte por la pausa por la pandemia. Me imagino que en el show hay material surgido durante este tiempo. ¿Cómo surge humor en medio de la pandemia?

—Las restricciones en Estados Unidos coincidieron con mis inicios en la radio acá. Había comenzado apenas dos meses antes. Cuando comenzó la cuarentena, puse como condición que me dejaran hacer el programa todos los días en la cabina. Entonces, diariamente exploré el tema desde el humor. Cuando la situación, en la medida de lo posible, se normalizó, y comenzaron los shows de stand up, había quemado todo ese material. Entonces, este show se llama Básico porque representa un esfuerzo por recuperar el enfoque hacia cosas más universales en mi vida, menos referidas al tema político o de actualidad.

Luis Chataing en su show
Foto: Cortesía

—¿Cómo cuáles?

—Hablo sobre las dificultades para que mis hijos sigan hablando en español. También me refiero a temas que tienen que ver con la reunión de mi esposa y ex esposa, que ahora son grandes amigas. Converso mucho sobre las expectativas que tiene la gente cuando ve a una persona que es mediáticamente expuesta. Hay todo un abanico de episodios que no están conectados realmente con la actualidad.

—En esta pausa también estuvo el paso por el canal Mega TV en 2021

—Bueno, sí. Hubo un intento durante tres meses de hacer algo. Pero según los ejecutivos, el programa no caló especialmente entre la comunidad cubana que está acostumbrada a otro tipo de contenidos en ese medio. No funcionó. Gracias a Dios contamos con las vías digitales para no solo llegar a Florida, sino al mundo entero.

—¿Qué diferencia encuentra entre hacer radio en un estado como Florida y la radio en Venezuela?

—Yo dejé la radio acá para retomar la gira de stand up. Entre una cosa y otra iba a faltar mucho. Preferí irme en buenos términos. Sí, encontré una diferencia. Después de hacer tantos años radio en Venezuela, donde uno puede llevarle el pulso a lo que piensa la mayoría en la calle, uno acá nota los cambios. Cuando yo decía algo en mi programa en la mañana, sabía que me entendían perfectamente en Maracaibo, Puerto La Cruz o cualquier lugar de Venezuela. Acá, al menos en Miami, hay un cruce de cultura latinoamericana tan amplio que cuesta realmente comprender en qué puede estar pensando cada persona. Se constituye en un reto interesante y pone sobre la mesa un tema fundamental: atender a lo que uno le interese con la pasión que uno desea. De esa forma quien esté escuchando se engancha con lo que estás hablando.

—Claro, es que Florida es quizá más complejo que otros lugares de Estados Unidos, como los estados del centro, donde quizá hay más homogeneidad

—Sí. Bueno, a mí me sirvió mucho. Trabajé con gente que aprecia mucho mi trabajo, y yo venía enfocado 100% en el tema Venezuela y esto me obligó a mirar al espectro internacional. Mi audiencia era más amplia que la venezolana. Sí o sí debía interesarme y dedicarme a aplicar mis conocimientos para hacer humor con noticias de interés internacional. Eso me sirvió mucho.

—¿Cuáles son los retos del humor en estos momentos?

—Creo que, ante tanta abundancia de contenidos, encontrar una brecha propia. Para los humoristas y comediantes el proceso debería ser la precisión y evitar llenar las redes con cualquier cosa. Hay que ser precisos, tener mucha puntería, dedicarse de lleno a la profesión. Dar lo mejor de sí. Intentar tocar la campana. Me refiero con pegar un chiste o una rutina en función del esfuerzo diario. Además, las cosas que están sucediendo en el mundo me resultan tan insólitas. El humor logra a veces hacer insólito lo que realmente podría no serlo. Pero hoy en día, con todo lo que vemos, vemos una dimensión distinta. Hay que ser muy creativos y empeñarse en encontrar matices personales muy profundos.

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—Además, la dinámica de las redes sociales pareciera obligar a la gente a estar siempre presente, a decir siempre algo
—Sí. Hay como una paranoia a desaparecer.

—También hay otra arista. Los chistes que tal vez no calen bien en determinado público. ¿Qué tan difícil es hacer un chiste en estos momentos?

—Si eres una persona a quien le afecta lo que los demás digan y opinen, puedes vivir un momento poco amable. Pero creo que hay que sobrepasar todo eso. Es un ejercicio de piel de cocodrilo muy fuerte. Además, el anonimato de las redes sociales sirve para que se refugien personas que solo buscan hacer daño. Yo veo como mi casa cada una de mis cuentas de redes sociales. Yo dejo entrar a mi casa a la gente que yo quiero. Cuando alguien entra a criticar mi hogar, simplemente lo saco. En este caso, sacar a alguien de tu casa es bloquearlo.

—El documental Fuera del aire, sobre la gira de despedida del programa que transmitía Televen, se convirtió en el largometraje venezolano de no ficción más visto en las salas venezolanas. ¿Cómo interpreta ese hecho?

—Primero, hay que destacar el afecto entre el público y los protagonistas. No solo estoy yo, sino mis compañeros que hicimos Chataing TV. Luego, hay que mencionar el ejemplo de resiliencia con la que enfrentamos una situación complicada como la salida del aire en medio de un gobierno dictatorial y autoritario. Creo que hay un mensaje de apoyo a nosotros como talentos de un programa que acompañó a Venezuela en las noches. También hay un mensaje de los venezolanos hacia aquellos que buscan coartar su libre expresión. Se trata de decir cómo estos muchachos acompañados de la audiencia hicieron una despedida por todo el país que quedó registrada para la historia en un documental.

—La gente que vivió la época de programas como Ni tan tarde, o aquellos que la conocen por referencia, encuentran en Youtube un espacio para indagar, rememorar o descubrir. Vemos cómo Erika Tucker ha subido episodios de su programa A toque. Uno puede también encontrar, de manera informal, extractos de Ni tan tarde. ¿Hay planes de rescatar esas grabaciones y subirlas a la red? Venezuela es un país con poca cultura del archivo, especialmente en esta época digital

–¿—Hace mucho tiempo quise hacer un documental con lo mejor de las temporadas del programa. La idea era llevarlo al cine. Eso implicaba un trabajo muy grande. En aquel momento ese material estaba en Boleíta y era complicado. Ahora bien, con relación a subir los programas completos para que la gente los vea, eso lo veo con distancia. Una vez hice el ejercicio de ver un episodio completo de Ni tan tarde, sin edición. En los tiempos que transcurren, y la velocidad con la que nuestro cerebro trabaja hoy en función de Tik Tok y los videos de Instagram, todo ha cambiado. Se nos comunican las cosas de forma diferente. Eso lo ves en la evolución de los programas de medianoche, especialmente en Estados Unidos. Ver hoy un programa de Ni tan tarde puede derrumbar la ilusión que uno tenía de que pudo haber sido bueno. (Ríe). Para cuando salió Ni tan tarde, el proyecto iba a una velocidad diferente a la que la audiencia estaba acostumbrada. Por eso tuvo éxito. Ahora, no es igual, Prefiero quedarme con las ediciones, con el resumen.

—¿Tomando en cuenta esa reflexión, ¿cómo es hacer televisión en los tiempos del Tik Tok y del reel de Instagram?

—Con relación a Venezuela, no sé. Tengo tiempo sin ver la televisión de allá. Pero, por ejemplo, a mí me costaba desde hace tiempo ver programas completos porque siento una ansiedad como televidente de que las cosas sucedan más rápido. No sé a qué va a evolucionar la televisión o la programación en un futuro inmediato. La única referencia que puedo tener es el tema de Netflix sobre cómo se ha popularizado el uso y abuso. Hay series que no debieron durar tantas temporadas porque las dañaron. Creo que todo va en función a un contenido que esté muy claro y atrape la imaginación de la gente en los distintos géneros. Verás que, si bien hay picos en el entusiasmo de la gente, hay situaciones que te hacen reír con la cotidianidad, pero también otras en las que las personas no quieren saber nada de la política así sea a través del humor. Creo que los nuevos profesionales del medio de la comunicación deben tener unas mentes muy veloces para saber con qué ritmo saltar de un tema a otro, cuáles son las velocidades de la edición. Es una nueva era.

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-¿Ha pensado en algún proyecto para plataformas de streaming?

–Mira, en estos momentos estoy tratando de entender el mundo digital desde la posibilidad de comunicarse con una cámara y un micrófono. Me refiero por ejemplo al podcast. Después de hacer tantos años radio, por tantas horas, acompañado de tanta gente, estoy redescubriendo mi interés por comunicar en los tiempos del podcast, que es maravilloso. Puedes escuchar personas haciendo maravillas que uno no tenía ni idea. Lo importante de esta historia querido amigo es que las oportunidades están. Antes uno cuando tenía un proyecto para un programa, solo existían dos o tres canales o emisoras. Ahora hay todo tipo de plataformas que necesitan contenido. Creo que es básico e importante que el contenido que se ofrezca tenga una vida tan o más larga a los seis meses. La gente no se debe aburrir en ese tiempo, o que los productores y conductores encuentren apetitoso lo que haces después de ese lapso.

—Ha sido parte de ese grupo de locutores que en los noventa cambió la radio. ¿Considera que fue protagonista de la última etapa de oro de la radio y la televisión en Venezuela?

—No. Ni la radio ni la televisión se han acabado. Me imagino que vendrán otras etapas de oro, platino o titanio para los medios de comunicación. Yo sí me siento orgulloso del trabajo realizado. Contento y agradecido con la gente que me acompañó con su sintonía durante ese tiempo. Además, estoy honrado con las personas que decidieron estudiar Comunicación Social o tomar un camino en los medios influenciados en alguna forma por lo que hice. Eso para mí es maravilloso. Nunca trabajé esperándolo, pero se me ha acercado gente que me dicen que gracias a mí estudió la carrera. Me parece un hermoso regalo. Hay que entender que las cosas han cambiado y debemos esmerarnos en entender el presente para lograr un futuro brillante con cosas que perduren en la era digital.

–¿—¿Cómo ha sido la interacción con el público que no solo estuvo esperando el reencuentro con usted en tarima sino con el entretenimiento en general después del confinamiento?

—Recuerda que yo no me he podido presentar en Venezuela. Lo que he recorrido en estos cinco meses de gira han sido escenarios internacionales. La emoción de encontrarnos tiene muchas lecturas, entre ellas un acto de venezolanidad, una manera de trasladarse al país, a tus sonidos, a tus risas, al acento. Todo eso durante hora y media. Eso tiene que ser medicina para el alma, tanto para la audiencia como para mí. Siempre digo que las veinte o mil personas que están en una sala, nos rodeamos de recuerdos que se cruzan con los nuestros. Uno se siente arropado en esas funciones. Más allá de que mis shows no son nostálgicos ni apuntan constantemente a la añoranza, pero inevitable y agradecidamente hay una sensación de venezolanidad que lo deja a uno cargado de energía.

—Dijo hace unos minutos que la rutina incluye el tema de hacer que sus hijos hablen español. ¿Cómo les muestra Venezuela a ellos?

—Precisamente a través de la vía digital. En Youtube les he mostrado Los Roques o Caracas. A medida que crecen, entienden quién es su papá y a qué se dedica. Eso los conecta con una emoción muy grande de ser venezolanos. Cuando ven una bandera venezolana en un local, inmediatamente me señalan. El más chiquito me lo dice con un acento criollo. Él nació acá. En cambio, el que nació allá y traje para acá, lo dice como Tiro Loco McGraw. Es interesante ese vínculo que van teniendo con el país en una forma imaginaria y distante.

—Comentó que no se ha podido presentar en Venezuela. ¿Algún productor ha intentado traerlo?

—Lo que pasa es que yo soy quien maneja mis giras. La situación en Maiquetía, lo que pasa en el país con las pocas garantías que puede tener una persona que piensa diferente, me hacen imposible pensar en ir para allá y regresar felizmente a reunirme con mi familia. Habrá tiempo para eso. Pero te confieso que he pensado en tomar un avión y hacer una gira sorpresa. Tengo la promesa de que cuando pase esta tormenta espantosa, haré una gira gratis por todo el país, o al menos por ocho ciudades.

Luis Chataing durante un show
Foto: Cortesía

—Hace poco conversé con Emilio Lovera. Me comentó que también se sintió asediado por sus opiniones políticas

—¡Claro! Todos tenemos una experiencia que relatar. La mía es bastante pública. Creo que todo el mundo recuerda cuando me quitaron el programa en Televen. Era cuestión de meses que también perdiera mi programa en Unión Radio. La decisión de emigrar se tomó en el momento cumbre. Daría lo que fuera por ir al país, recorrer las calles y conversar con la gente. Ni siquiera me refiero a presentarme. Llegué al punto en el que después de seis años, no tengo real conciencia de cómo puede estar pensando el venezolano en Venezuela. Necesito escuchar. Deseo ir a Venezuela y escuchar a la gente. De esa forma tendré la película más clara sobre lo que sucede en el país.

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—¿Podría decirse que se volvió un cronista de lo que pasaba en Venezuela?

—Además de que era demanda de mi trabajo, cada 24 horas debía acompañar a los venezolanos en las cosas que lo afectaban. Me fui empapando en el tema político a través del humor. Mis vecinos y audiencia se veían afectados por lo que sucedía. ¿Cómo no iba a comentar las cosas que afectaban a quienes me oían? Cada 24 horas repasaba el mapa noticioso con la gente de toda Venezuela. Efectivamente eso te convierte en un relator diario. Además, deja una huella de grabaciones, están los artículos en El Nacional. Hoy la marca digital en Twitter es también una forma de repasar la historia inmediata de nuestro país.

—Se fueron cerrando las puertas. ¿Llegó a sentir miedo físico en Venezuela?

—Siempre fui muy consciente de las consecuencias por expresarme en libertad en Venezuela. Por supuesto, hay miedo. Prácticamente no dormía. Llegué a Estados Unidos con problemas para dormir, interrupciones de cada dos horas. Pero sí tenía muy claro de que alguien debía hablarle con gallardía a estos vándalos, sin temor. Intenté hacer eso hasta el último día. Nunca me amenazaron frontalmente, pero sí hubo amenazas tangencialmente a través de mi entorno. Cosas que pasaban para que yo me enterara. Antes de causarle mayor daño a Televen y Unión Radio, me fui. Me despedí de la emisora no porque ellos me lo pidieran. Porque estando acá en Estados Unidos, viví un shock. Me encontré con una persona que le hablaba a un país desde Estados Unidos, en total libertad en comparación a lo que se vive en Venezuela. Cuando vives una libertad en otro país, cualquiera que sea, y le hablas a quienes están en Venezuela sufriendo recortes cada día más graves en sus propias libertades, hay un momento en el que el micrófono está abierto en tiempo real. Entonces, antes de decir una locura al aire, preferí despedirme. Así fue.

—A finales de 2021 se habló de un podcast con Erika de la Vega llamado Nosotros. ¿Qué pasó?

—Ella le dio luz verde, luego luz roja. Nuevamente luz verde, y después luz roja. Eso pasó tres veces. (Ríe). Tres veces me echó la partida para atrás por proyectos o indecisiones de ella. La última fue la definitiva. No sucedió.

—Esa noticia surgió cuando se supo que ustedes habían estado sin hablarse durante siete años

—Sí, sí. Fueron siete años. Desde que decidimos no hacer el podcast al día de hoy, va a pasar un año más.

—Para muchos eso era impensable…

—Mira, tantas cosas son impensables. Para ella solo guardo cariño y admiración, pero bueno, nos tocaron días separados y solamente le puedo desear lo mejor.

—De existir otro contexto en Venezuela, siempre surge la discusión sobre si los que se fueron regresarán. ¿Qué ha pensado usted?

—Sueño con esa posibilidad. Ante la mínima probabilidad de cambio en el país, al día siguiente estaré ahí. Mi familia, no. Estoy a disposición en la forma en la que pueda ayudar a Venezuela. Pero sé que ese camino tomará tiempo. Habrá algunas dificultades que superar. Trabajo por una estabilidad desde hace seis años, por eso prefiero que mi familia se quede acá.

–Estaría entre los dos países

–Sí. Sin dudas haría todo lo posible para ir y venir. Después de pujar tanto por un cambio para mejor en favor de todos, lo menos que podemos hacer los venezolanos es colaborar para que ese cambio sea de largo plazo y aprendamos la lección. Debemos entender que debemos vivir una vida distinta. El mundo atraviesa momentos distintos a los que vive Venezuela.

–¿Cuál es el lugar más recóndito en el que ha encontrado venezolanos?

–Estocolmo. (Ríe). Cuando llegas después de un viaje tan largo a Estocolmo o La Haya y te encuentras con esa cantidad de venezolanos, es impresionante. Además, pasa algo cuando nos escuchamos de lejos. Me imagino que pasa en todas las nacionalidades. Cuando escucho a alguien con el acento venezolano en otro lugar, uno inmediatamente para las antenas. Vernos tan cerca, rodeados de un paisaje tan diferente al nuestro, es divertido.

–¿Qué le gustaría decir para cerrar la entrevista?

–Desearles a las personas que nos lean que sigan adelante. No se torturen porque los cambios no ocurran con la velocidad que deberían ocurrir. Muchas desgracias siguen acumulándose en la vida de los venezolanos. Sueñen felizmente para que puedan avanzar en su día. La vida es muy corta y la Venezuela que queremos nos acompaña en el pecho. Dios mediante algún día celebraremos juntos en una fiesta grande en Caracas.

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