• El autor de cintas de culto como Pulp Fiction y Kill Bill asegura que está a una película de su retiro, aunque también dijo que le gustaría hacerlo en 2023, cuando cumpla 60 años de edad. Pero antes, en El Diario realizamos un recorrido por las nueve historias que lo consagraron como uno de los directores más importantes de los últimos tiempos, cimentadas a base de sangre, diálogos geniales y un profundo amor por el cine

Quentin Tarantino cumple 59 años de edad el 27 de marzo de 2022. Curiosamente, el mismo día que se celebrará la gala de los 94° Premios Oscar, por lo que no sería extraño que en algún momento le dediquen unas notas del “Happy Birthday (Cumpleaños feliz)”. En sus 30 años de carrera como director, guionista y productor, ha levantado su propio templo en el olimpo de Hollywood, siendo aclamado como un cineasta de culto. Al estilo de gigantes como Alfred Hitchcock o Steven Spielberg, convirtió su nombre en un sello, al punto de que sus fanáticos acuden a las salas de cine más por él que por sus protagonistas. Y eso que ha trabajado con estrellas como Uma Thurman, Leonardo Di Caprio, Brad Pitt o Samuel L. Jackson.

Su primer intento de realizar una película fue My Best Friend ‘s Birthday (1987), la cual se rodó de manera casera y terminó forzosamente como cortometraje luego de que un incendio destruyera gran parte de su cinta. Su segunda oportunidad fue Reservoir Dogs, la cual abrió una brillante filmografía que hasta ahora acumula 10 películas en nueve historias (las dos partes de Kill Bill se suelen tomar como una sola). Ha recibido la Palma de Oro del Festival de Cannes, así como tres Globos de Oro y dos Bafta. De esas 10 obras, cuatro han estado nominadas a los Premos Oscar, y dos se han llevado la estatuilla de Mejor Guion Original (por Pulp Fiction y Django Unchained).

Tarantino creció en los barrios de Los Ángeles, Estados Unidos, entre cines baratos y la violencia callejera real. Para es momento se vivía el auge de géneros como el blaxploitation, el spaghetti western o las películas de artes marciales, las cuales tenían bajo presupuesto y ninguna pretensión más que el entretenimiento, pero cautivaron al joven. Las consumió vorazmente, junto a otras propuestas cinematográficas más convencionales, como Taxi Driver o Apocalypse Now . De esa mezcla de cine artístico y de explotación nacería su marca de elevar a un plano estético aquellos elementos del cine B. Posteriormente, trabajó en un club de video, donde se convirtió en un auténtico crítico, aprendiendo de manera autodidacta a manejar la cámara y escribir sus primeros guiones. De allí su frase: “No fui a ninguna escuela de cine, solo fui al cine”.

La violencia como arte

John Travolta (izquierda) y Samuel L. Jackson (derecha), en Pulp Fcition. Foto: Cortesía

“La cámara se inventó para la acción y la violencia”, dijo Tarantino en una ocasión. Este mantra quedó evidenciado desde su primera gran obra: Reservoir Dogs (1992). Parte de una premisa sencilla, con un atraco a una joyería que termina en una masacre y las tensiones entre los criminales al sospechar que hay un policía infiltrado. 

Aquí se manifiestan elementos que serían constantes en posteriores historias del cineasta. La crudeza gráfica, a veces gratuita, contrastada con momentos musicales o de comedia; tramas no lineales que no explican nada al espectador, sino que se deben armar a lo largo de la cinta como un rompecabezas; autoinsertarse en la historia en algún cameo o papel menor; y homenajes a otras películas, siempre en forma de referencias o escenas casi calcadas de su original. Sobre este punto, Tarantino ha expresado: “Robo mis ideas de otras películas que me hayan gustado”.

El éxito de Reservoir Dogs en festivales como Sitges le abrieron las puertas de Hollywood al director, quien dos años después, en 1994, sacó Pulp Fiction. Considerada por muchos críticos como su mejor trabajo y su consagración en la temporada de premios. Aquí varios personajes van atravesando situaciones e interactuando entre sí en función de una historia no-lineal, con la violencia, el crimen y la calle como hilo conductor. Ya para este nivel, Tarantino se permitió no solo rescatar la carrera de John Travolta, sino trabajar con figuras como Bruce Willis, Samuel L. Jackson y Uma Thurman, estos últimos indispensables en su filmografía posterior.

Ambas cintas constituyen su etapa realista, o de la calle, donde el crimen juega un papel tan importante que, a falta de una traducción coherente, Pulp Fiction se distribuyó en Latinoamérica con el nombre de Tiempos violentos. Si en algo destaca esta primera etapa de su carrera es en la calidad de los diálogos que Tarantino construye a partir de conversaciones triviales. Sus personajes no siempre deben hablar en función de la trama o tener frases grandilocuentes, sino que son extremadamente casuales, lo cual los dota de mucha más humanidad. También permite explorar sus personalidades e interacciones con los demás a través de diálogos casuales.

Tributo a la serie B

Pam Grier, en Jackie Brown. Foto: Cortesía

Queda claro que las películas de Tarantino son el cine dentro del cine. Un collage de escenas y momentos de otras obras que se reciclan para dar vida a algo completamente nuevo y propio. A veces puede ser un verdadero juego para los cinéfilos entrenados encontrar todas las referencias escondidas dentro de una sola cinta. Y aunque realmente toma inspiraciones de clásicos de todos los tiempos, su mayor interés se encuentra en las películas de serie B, como las que veía de joven en los cines de su barrio.

Esto queda manifiesto en su tercera cinta, Jackie Brown (1997). Al igual que las anteriores está ambientada en el mundo criminal, pero con un estilo diferente, sumergiéndose por completo en el género del blaxploitation. Una rama del cine de explotación centrada en la comunidad afroamericana, donde se resalta su cultura en atributos como los peinados afro y la música funk, y que también se desarrollaba en entornos urbanos cargados de acción y erotismo. Precisamente Pam Grier, quien fue una estrella del blaxploitation en los años setenta, hace de Jackie Brown. La acompañaban otras estrellas de peso de la época, como Michael Keaton, Robert De Niro, Lisa Gay Hamilton, y nuevamente Samuel L. Jackson.

Al ser una adaptación de la novela Rum Punch de Elmore Leonard, no tiene tanto de la magia de Tarantino para los diálogos, mientras la historia sigue una estructura mucho más lineal. Tampoco tiene tanta sangre ni acaba en una gran masacre como acostumbra, prefiriendo explorar otros géneros como la comedia romántica. La más distinta a su sello, pero toda una declaración de amor a la cultura negra de los setenta.

Si hay una cinta donde Tarantino homenajea más al cine B es con Death Proof (2007). Forma parte de Grindhouse, una suerte de antología dirigida junto a Robert Rodríguez, otro amante del género. Toma su nombre de las grindhouses, o salas de cine dedicadas a proyectar cine de explotación o películas de terror de bajo presupuesto, generalmente en funciones dobles.

De este modo, mientras Rodríguez hace una historia de zombies con Planet Terror, con Death Proof Tarantino se centra en el género slasher (asesinos seriales), con un doble de riesgo que mata mujeres usando su auto. Con referencias a cintas como Vanishing Point y Duel, busca recrear al máximo la experiencia de los cines baratos, tanto en la calidad del sonido como en el formato y efectos especiales. Aunque quizás no al nivel de Rodríguez, que en Planet Terror incluso hace un corte simulando las quemaduras del rollo de filme durante la proyección.

Partida doble

Uma Thurman, en Kill Bill. Foto: Cortesía

En medio de su etapa de tributo al cine B, entre Jackie Brown y Death Proof, estuvo la que quizás es la obra más famosa de Tarantino. Aunque en su primera proyección en el Festival de Cannes Kill Bill se estrenó como una sola película, por su duración de más de cuatro horas decidió dividirse en dos volúmenes, que salieron en cines en 2003 y 2004. Actualmente se considera una sola historia, teniendo su versión definitiva en el corte Kill Bill: The Whole Bloody Affair. De allí la trampa de contar solo nueve obras en su filmografía, faltando aún la décima.

Aquí Tarantino toma todos los elementos que habían gustado de sus cintas anteriores y las eleva a otra dimensión. Hace un repaso por multitud de subgéneros como el western, el giallo (horror italiano) y el gore; sin embargo, su mayor tributo sin dudas es al cine de samuráis y de artes marciales. De hecho, el atuendo que usa Beatrix Kiddo (Uma Thurman en su máximo esplendor) está inspirado en la icónica sudadera amarilla de Bruce Lee en Game of Death. También hay referencias a otras películas como Lady Snowblood (1973), Five Fingers of Dead (1972) y The Searchers (1956).

Otro aspecto que Tarantino pule es la sangre. Escenas de acción extremadamente violentas, pero con una estética visualmente atractiva. Como las cintas de artes marciales, la lógica y las leyes naturales no aplican mientras la toma se vea espectacular. De hecho, la pelea con katanas entre Beatrix y los 88 maníacos en el restaurante debió ser censurada en Estados Unidos por su exceso de sangre. Le aplicaron un filtro blanco y negro que, irónicamente, volvió la escena mucho más estilizada y memorable.

Sobre las críticas que recibió la cinta (y su cine en general), el director comentó: “Kill Bill es una película violenta. Pero es que es una película de Tarantino. Uno no va a ver a Metallica y les pide que bajen el volumen de la música”. Al fin y al cabo, es una historia de venganza, y “la Novia” no descansará hasta matar a Bill.

Disparos y vaqueros

Jamie Foxx, en Django Unchained. Foto: Cortesía

Tarantino ha dicho que una de sus películas favoritas de todos los tiempos es El bueno, el malo y el feo (1966), una de las representantes del género spaghetti western, que fueron las películas de vaqueros rodadas en Italia en los años sesenta y setenta. Bajo esta premisa, rescata al personaje de Django, del filme homónimo de 1966 dirigido por Sergio Corbucci, y le da un nuevo giro. De un soldado vagabundo que lucha contra confederados, lo transforma en un esclavo interpretado por Jamie Foxx, el cual es entrenado por el cazarrecompensas King Schultz (Christoph Waltz) para ser un mortal pistolero.

Así, en Django Unchained (2012) se permite una crítica contra el pasado racista de Estados Unidos, asesinando libremente a esclavistas y miembros del Ku Kux Klan. Nuevamente cuenta con una participación de Samuel L. Jackson, mientras Leonardo Di Caprio debuta para Tarantino como el villano principal. Su reinterpretación del personaje y la calidad de sus diálogos le valieron al director su segundos Globo de Oro y Oscar a Mejor Guion Original.

Tarantino siguió explorando el género western, esta vez con The Hateful Eight (2015), donde también juega con otros recursos como el suspenso, misterio y humor negro. Aunque tiene vaqueros, casi toda la película transcurre con los personajes atrapados en una cabaña durante una tormenta de nieve, por lo que es la cinta en la que más explota el desarrollo de personalidades a través de los diálogos. El pasado de cada uno se va revelando entre charla y charla, para acabar en su clásica matanza final. Esta es la quinta y última (por ahora) aparición de Jackson en las cintas de Tarantino.

Cambiando la historia

Eli Roth (izquierda) y Brad Pitt (derecha), en Unglorious Basterds. Foto: Cortesía

Otra de las inquietudes artísticas de Tarantino está en la ucronía, un género usual en la literatura donde un cambio en un hecho histórico significativo altera por completo el curso de la humanidad. Ya en su etapa western había dado asomos de ello, al presentar un Ku Kux Klan que aún no tenía nombre y usaba prototipos de sus capuchas blancas, siendo vencido por Django. Pero en la que desarrolla este concepto al máximo es en Inglourious Basterds (2005).

Tarantino había querido hacer este proyecto desde el año 2000, aunque lo pausó para enfocarse en Kill Bill. La cinta vuelve a entrelazar historias paralelas, esta vez reivindicando roles en plena Segunda Guerra Mundial. Por un lado, sigue la historia de Shosanna (Mélanie Laurent), una joven judía que planea una venganza por el asesinato de su familia al enterarse que Adolf Hilter asistirá a un estreno en el cine que regenta. Por el otro, el de un pelotón de soldados judíoestadounidenses que caza alemanes para marcarles esvásticas en las frentes, y a quienes se les asigna la misma misión suicida. Para esta cinta contó con la participación de Brad Pitt, Michael Fassbender y Diane Kruger, entre otros. También le valió un Oscar a Christoph Waltz como Mejor Actor de Reparto, por su papel como el coronel nazi Hans Landa.

La cinta juega con la historia de la misma manera que con las expectativas del espectador. Cuando se cree que una escena tendrá cierto rumbo, Tarantino la tuerce hacia un desenlace diferente. Igualmente, un acontecimiento mínimo puede tener consecuencias enormes para la trama, siendo algo que ya había desarrollado en otras cintas como Pulp Fiction o Django. Al final la película nunca deja de sorprender incluso con su narrador, quien es, por supuesto, Samuel L. Jackson.

Leonardo Di Caprio (izquierda) y Brad Pitt (derecha). Foto: Cortesía

Varios años tuvieron que pasar para que Tarantino cerrara su etapa ucrónica. En 2019, justo antes de la pandemia de covid-19, estrenó Once Upon a Time in Hollywood. Una carta de amor a la industria que lo formó desde sus películas, de esa edad dorada de Hollywood y que acabó tras el asesinato de Sharon Tate por la familia Manson en 1969.

Tarantino idealiza un mundo donde esos años de cadillacs y estrellas de cine nunca se apagaron, aunque la historia se centra en Rick Dalton (Leonardo Di Caprio), un actor en decadencia que buscar revivir su carrera, y que está inspirado en antiguos héroes de acción como Steve McQueen o Wayne Maunder (quien de hecho fue vecino de Tate). Brad Pitt también regresa como Cliff Booth, el doble de riesgo de Rick y su mejor amigo. Algo similar a lo que ocurrió en la vida real con el actor Burt Reynolds y su doble Hal Needham. Un papel por el que Pitt también ganó como Mejor Actor de Reparto en los Oscar de 2020

Esta cinta vuelve a ser cine dentro del cine, solo que esta vez las referencias en las que Tarantino basó su carrera ahora están vivas en escena. Desde un Bruce Lee que todavía era Kato en la serie de El Avispón Verde, hasta la consagración del spaghetti western como sucesor del moribundo western americano. Un pedazo de historia que fue, pudo ser y nunca será.

Cerca del retiro

Foto: Cortesía

Con nueve películas (tomando Kill Bill como una sola), Tarantino recorrió todos los géneros que le interesaron. Hizo cintas de atracos (Reservoir Dogs), terror serie B (Death Proof) y noir (Pulp Fiction). También cine bélico (Inglourious Basterds), spaghetti western (Django Unchained y The Hateful Eight) y blaxploitation (Jackie Brown). Incluso se permitió hacer un revoltijo de todo con Kill Bill y metacine con Once Upon a Time in Hollywood

Ya a estas alturas, lo que queda para Tarantino es bajar la santamaría mientras siga en la cima. En una entrevista a The Talks en 2015, el cineasta reveló que considera retirarse cuando cumpla 60 años de edad. “No quiero ser un cineasta viejo haciendo películas del tipo viejo que no supo cuándo salirse de la fiesta. Y no quiero joder mi filmografía con unas películas de viejo. Podría cambiar de opinión. Si quiero y puedo hacer una película a los 62 la haré, pero quiero dejar mi legado triunfal”, dijo. Aclaró que no desaparecerá del todo, pues seguirá explorando su faceta como escritor y crítico de cine.

El plan coincide con su declaración en 2014 de que le gustaría cerrar su carrera con 10 películas. Por eso desde su última producción, sus seguidores están a la expectativa de cuál será el gran proyecto final. El propio Tarantino tampoco lo sabe. Por un tiempo se supo que estuvo involucrado en una nueva versión de la saga espacial Star Trek, aunque la idea nunca prosperó. Se rumoreó también sobre un remake de Reservoir Dogs, e incluso de Rambo, aunque lo que la mayoría del público y la crítica pide es Kill Bill Volumen 3. Es una opción que el cineasta también baraja, confesando que en algún momento después de 2005 pensó en un borrador para la historia, donde le daba protagonismo a la hija de Beatrix. Sin embargo, Uma Thurman ha aclarado que por el momento no existe ningún plan de volver a encarnar al personaje.

Algo cierto es que a Tarantino le gustaría que esa última película agrupara un poco de cada una de sus antecesoras. Referencias, quizás personajes que aparecerán para un último adiós y dar un final redondo. Pero aún es incierto. Todavía le queda un año para desarrollar este misterioso proyecto, aunque todo apunta a que tendrá que trabajar un par de años extra para verla concretada. 

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