• Los escaneos y una cirugía no mostraron ninguna anormalidad. Su neurólogo tenía una teoría sorprendente. Ilustración de Ina Jang

Esta es una traducción hecha por El Diario de la nota It Was Her Third Visit to the E.R. What Was Causing Her Abdominal Pain?, original de The New York Times.

La mujer de 70 años de edad yacía inmóvil en el Hospital Universitario Robert Wood Johnson de Somerset, en el centro de Nueva Jersey (EE UU). Tenía los ojos cerrados y gimió sutilmente cuando el doctor Gene Pacelli, quien estaba a cargo de su atención, entró en la habitación. El hedor ácido del vómito reciente en el lavabo sobre su cama le quemaba la nariz. Su pálido rostro brillaba, y su cabello canoso estaba ensombrecido por el sudor y el vómito. 

La llevaron al hospital en la noche anterior con dolor abdominal intenso y vómitos incontrolables. Fue la primera de los nuevos pacientes ingresados ​​que Pacelli vio la mañana siguiente. Su enfermera, Janet Brooks, estaba preocupada por ella. Estaba claro que sufría un dolor insoportable, le dijo Brooks, pero nada le calmaba el malestar. Los analgésicos no habían ayudado a calmar su dolor en la sala de emergencias.

Pacelli la llamó por su nombre en voz baja. Ella abrió los ojos brevemente, luego los volvió a cerrar como reconociendo que el mundo fuera de la cama era insoportable. “¿Dónde te duele?”, le preguntó. Ella simplemente gimió. Él presionó suavemente su abdomen. “¿Eso empeora el dolor?”. Ella no dijo nada. El doctor presionó arriba y abajo de su vientre. Sin embargo, su dolor parecía no tener nada que ver con el lugar donde ejercía la presión, aunque iba a ser de ayuda identificar dónde se originó el dolor. 

Ya se había hecho un par de tomografías computarizadas de su abdomen y no mostraron ninguna anomalía, pero la calidad de la imagen se vio afectada por un estimulador nervioso que tenía implantado para tratar un largo historial de migrañas.

Este nivel de dolor, fuera de proporción con el examen que realizó, realmente llamó la atención de Pacelli. En la parte superior de su lista de posibles causas estaba la isquemia, en la que algún tipo de bloqueo corta el suministro de sangre rica en oxígeno al intestino. En las tomografías computarizadas se empleó el contraste para resaltar los principales vasos sanguíneos, pero no mostró ningún bloqueo. El doctor sabía, por sus años de experiencia, que ninguna prueba es 100 %. Y pasar por alto este diagnóstico podría ser mortal. 

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Había signos en sus análisis de sangre de que ya se estaba produciendo daño. Su recuento de glóbulos blancos era muy alto, lo que sugiere una infección o algún tipo de inflamación. Los tejidos hambrientos de oxígeno liberan un ácido cuando comienzan a morir. El nivel de este ácido en su cuerpo estaba elevado y en aumento. Pacelli estaba preocupado.

Por eso, llamó a cirugía vascular. Necesitaban averiguar si había una obstrucción de una arteria. Si ese era el caso, había que extirpar el tejido lesionado y abrir la obstrucción. Este tipo de cirugía exploratoria solía requerir una gran operación con una incisión larga desde la caja torácica hasta la pelvis para que los médicos pudieran ver bien lo que estaba sucediendo en el intestino. 

El desarrollo de cámaras diminutas y equipos quirúrgicos diseñados para insertarse en el abdomen a través de pequeñas incisiones hizo que esta investigación (que potencialmente salva vidas) fuera mucho menos peligrosa. Los cirujanos la llevaron al quirófano esa tarde.

Perdió el 10 % de su peso

Pacelli estaba viendo a otros pacientes cuando lo llamaron los cirujanos. La paciente pasó por la cirugía sin complicaciones, pero no encontraron nada malo. Los órganos se veían bien; los vasos, también. Pacelli se sintió aliviado, pero si no era isquemia, entonces ¿qué era?

De vuelta del quirófano, la paciente seguía teniendo un dolor intenso. Vomitó a pesar de que su estómago no tenía nada. Cuando llegó a urgencias la noche anterior, la primera preocupación fue que se tratara de una infección. No era covid-19. Tomaron muestras de sangre y orina para ver si las bacterias estaban creciendo allí y le recetaron antibióticos de amplio espectro. Los resultados finales de esos cultivos llegaron en su tercer día en el hospital. No había señales de infección.

Para entonces, la paciente empezaba a sentirse mejor. Los vómitos cesaron, el dolor abdominal se le quitó y, el cuarto día en el hospital, pudo beber y al día siguiente comenzó a comer. Al sentirse mejor, también pudo contarle a Pacelli más detalles sobre sus síntomas. 

Esta era la tercera vez en los últimos tres meses que acudía a urgencias con este tipo de dolor y vómitos. Se sentía bien entre periodos, pero había perdido más de 4,5 kilos, casi el 10 % de su peso inicial, desde que todo comenzó. Pacelli sabía que si se iba a casa sin una respuesta, probablemente volvería a tener los síntomas. Pero a medida que la paciente mejoraba, se puso inquieta y quería ansiosamente ser dada de alta.

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Pacelli pudo persuadir a la paciente para que permaneciera en el hospital el tiempo necesario para que la viera el equipo de neurología. El dolor nervioso es uno de los pocos tipos de dolor que no responde a la presión. Tenía antecedentes de migrañas. ¿Podría ser esto algo conocido como migraña abdominal? Este trastorno generalmente se observa en niños que tienen un síndrome de migraña caracterizado por dolor abdominal, náuseas y vómitos en lugar de los dolores de cabeza más típicos. 

Otra posibilidad era algo conocido como epilepsia abdominal, un tipo de convulsión que se revela a través de episodios de dolor abdominal intenso. Ambas enfermedades eran más comunes en niños, pero los adultos también pueden padecerlas. El neurólogo quería que la paciente hiciera un seguimiento de pruebas adicionales después de que llegara a casa. Pero en lugar de eso, ella prefirió ver al neurólogo que había tratado sus migrañas durante los últimos 20 años. Pacelli estuvo de acuerdo con ese plan.

Era su tercera visita a la sala de emergencias. ¿Qué le estaba causando el dolor abdominal?
Ilustración de Ina Jang

Conexión con California

Ella cumplió su palabra y organizó una visita de telesalud con su neurólogo, el doctor Randall Berliner, al día siguiente. Sus migrañas habían desaparecido casi por completo después de que le implantaron el estimulador de nervios unos años antes, por lo que no lo había visto en mucho tiempo. 

Le contó a Berliner sobre sus locos episodios de dolor y vómitos que surgieron de la nada, duraron días y luego desaparecieron. Ella describió todas las pruebas que había tenido en los últimos tres meses. Le hicieron análisis de sangre y fue examinada de arriba a abajo. Y, por supuesto, se sometió a la cirugía exploratoria. ¿Podrían ser migrañas abdominales o epilepsia, como pensaba Pacelli? Berliner guardó silencio por un momento y luego le hizo una pregunta que nadie le había hecho antes: “¿Fumas marihuana?”. ¡Por supuesto que no!, exclamó ella. Sin embargo, dijo lentamente que usaba gominolas de cannabis para su dolor crónico en las articulaciones.

Ella pasó el invierno anterior en el sur de California y regresó esa primavera a su hogar en Nueva Jersey. Mientras estaba en California, escuchó mucho sobre cómo las gomitas podrían ayudar con el dolor crónico. Tenía años con un dolor lumbar y décadas de dolores generalizados en las articulaciones debido a la osteoartritis. ¿Por qué entonces no probar el cannabis? Fue así como lo probó y eso la alivió. Se comía dos gomitas tres veces al día la mayoría de los días, pero no se drogó, según dijo. Su vida era mejor; caminar, sentarse o simplemente hacer las tareas del hogar era mucho más fácil por la sencilla razón de que tenía menos dolor.

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Berliner le preguntó si alguna vez había oído hablar del síndrome de hiperémesis cannabinoide, pero ella no lo había hecho. CHS (por sus siglas en inglés), como suele llamarse, se describió por primera vez en 2004 en una serie de pacientes del sur de Australia que desarrollaron náuseas, vómitos y dolor abdominal después de consumir marihuana con regularidad. 

Los síntomas cesaron cuando dejaron de consumir marihuana y comenzaron de nuevo cuando volvían a hacerlo. A medida que más estados de EE UU legalizan el cannabis y se promueven usos adicionales de la droga, los casos informados de este raro trastorno han aumentado. No se entiende bien por qué algunas personas tienen esta reacción y otras no. Un estudio publicado a principios de este año sugirió una posible respuesta: una intolerancia genética heredada al tetrahidrocannabinol (THC), uno de los ingredientes activos del cannabis, pero no hay una explicación definitiva.

Berliner tenía otra pregunta para la mujer: ¿tus náuseas mejoran cuando te duchas? En la mayoría de los casos informados de CHS, las duchas calientes alivian temporalmente las náuseas y el dolor abdominal. Pero no es algo que ella haya notado de todos modos. El único tratamiento para esto, le dijo Berliner a la mujer, era la abstinencia. Tendría que encontrar algo más para su dolor.

La mujer estaba asombrada. Nunca había oído hablar de eso y estaba decepcionada de que este medicamento que encontraba tan útil pudiera estar causando estos terribles episodios. No quería dejar de usar las gomitas. Trató de tomar menos; intentó darse duchas calientes, pero nada de eso la ayudó. Así que dejó de usarlas. 

No ha vuelto a tener dolor abdominal ni náuseas desde entonces. “No le dije a ninguno de mis médicos sobre las gomitas”, me comentó la paciente recientemente. “Estaba avergonzada”. Ella no podía imaginar que ese medicamento, conocido por reducir las náuseas, pudiera causar lo contrario. Pero ahora que lo sabe, está decidida a correr la voz sobre este devastador efecto secundario.

Traducido por José Silva

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