• Un grupo de investigadores explicaron para El Diario que el cambio climático amenaza con desaparecer el último glaciar de Mérida, así como los principales arrecifes de Los Roques y Morrocoy

Cuando se habla de la crisis en Venezuela, pocos son los que piensan en el clima. Los paisajes propios de tarjeta postal de playas color azul intenso, montañas blancas por la nieve y otras vistas majestuosas, son de los pocos motivos de orgullo para los ciudadanos que miran en la naturaleza una especie de bendición entre tanta precariedad. Sin embargo, detrás de la grave situación política, económica y social del país, hay otra razón para preocuparse: los científicos alertan que el calentamiento global está alterando los ecosistemas de Venezuela.

Los convenios del país sobre el cambio climático datan de 1992. Ese año, ingresó en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y en 1994 lo ratificó. Posteriormente, en 1997, firmó el Protocolo de Kioto en el marco de la CMNUCC. El texto comprometía a los países a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. En 2015, con la firma del Acuerdo de París, se incrementaron los compromisos de la nación para hacer frente al calentamiento global.

No obstante, desde la llegada del chavismo al poder, las acciones del Estado distan de los convenios asumidos. No hay investigaciones oficiales ni tampoco se suministran datos para el estudio de los científicos. Los grupos universitarios y las organizaciones sin fines de lucro son quienes investigan, con financiamiento personal o de entes privados, la desaparición de los recursos naturales del país. Por ello, advierten que las proyecciones al respecto son limitadas.

“Somos uno de los países más retrasados en términos de documentación”, explica Alicia Villamizar, profesora del Departamento de Estudios Ambientales de la Universidad Simón Bolívar (USB) y coganadora del Premio Nobel de la Paz en el año 2007. La catedrática argumenta que Venezuela, como país firmante de los acuerdos, debe presentar cada dos o cinco años sus “comunicaciones nacionales” de cambio climático, sin embargo, en los últimos 20 años no se ha presentado ninguno de esos balances.

Con base en sus investigaciones, científicos e investigadores explicaron para El Diario los efectos que ya tiene el calentamiento global en los principales ecosistemas del territorio nacional. Asimismo, plantean las proyecciones ecológicas para Venezuela, un país que pierde sus principales recursos naturales entre la indiferencia del Estado y el desconocimiento de la población.

La ciudad de las nieves en desaparición

El Pico Humboldt se queda sin nieve. Foto: Jorge Silva | Reuters

Montañas blancas, glaciares lejanos y bajas temperaturas eran las características que hacían de Mérida una ciudad atractiva para los visitantes acostumbrados a climas calurosos. Aunque el frío se mantiene, desde la ciudad ya no se divisa el mismo paisaje. La que durante décadas recibió el nombre de “La ciudad de las nieves eternas”, hoy ve cómo su mayor orgullo se derrite lentamente.

Luis Daniel Llambi, profesor titular del Instituto de Ciencias Ambientales y Ecológicas de la Universidad de Los Andes (ULA) explicó que en la región andina la temperatura aumenta más con respecto a otros países del mundo. Aclaró que tal efecto se produce debido a que se encuentran en el trópico, puesto que las temperaturas altas son más fuertes.

La resistencia del glaciar ubicado en el Humboldt, explica Llambi, se debe a su emplazamiento en una zona relativamente plana en la base, en la que se encuentra más protegido de la radiación directa. El proceso será largo, advierte, pero su extinción es inevitable.

Para hacer seguimiento a este fenómeno, National Geographic Society se encuentra financiando el Proyecto Último Glaciar de Venezuela, un trabajo en el que un grupo de ocho científicos venezolanos estudian la dinámica del Humboldt. El proyecto está bajo la coordinación del profesor Llambi, según comentó para El Diario. La iniciativa cuenta con el apoyo logístico de Inparques Mérida y el teleférico Mukumbarí.

Las primeras expediciones realizadas en junio de este año confirmaron la gravedad de la situación. Contrarrestando con mediciones realizadas en el año 2016, el geógrafo Nerio Ramírez determinó que desde entonces el glaciar redujo 25% su tamaño. Las evaluaciones finalizarán en mayo del próximo año.

Pico Bolívar, año 1940. Foto: Archivo fotográfico Grupo Últimas Noticias (GÚN).

“En Mérida, esto de los glaciares que están desapareciendo, es como una pantalla donde se ve el cambio climático pasando frente a tus ojos”, comentó Alejandra Melfo, físico de la ULA e integrante del Proyecto Último Glaciar de Venezuela. “El glaciar del Pico Bolívar se veía desde la ciudad, y ya no se ve, desapareció completamente en los últimos años. Desde Mérida ya no se ven glaciares. Da mucha tristeza e impresión porque es muy grande, entonces es fuerte pensar que una cosa así puede desaparecer”, lamentó Melfo.

Pico Bolívar, año 1960 | Foto: Archivo fotográfico GÚN

La físico agregó que para los investigadores, además de posiblemente ser la última oportunidad de estudiar este tipo de monumentos naturales en Venezuela, supone quedarse en el país un año más. La paga, aunque es casi ínfima, se salda con la satisfacción de dejar registro de un territorio que nunca volverá a ser como antes.

“Teníamos prevista la primera expedición cuando ocurrió el gran apagón en marzo y nos quedamos sin saber qué iba a pasar con nosotros. Por eso las expediciones se retrasaron y nos agarró la época de lluvia. Fue muy emocionante porque para varias personas del proyecto implicó decir ‘me tengo que quedar en Venezuela otro año’. Y alguno de nosotros estábamos buscando la excusa para poder hacer eso porque no nos queremos ir”, aseveró.

Pico Bolívar, año 2010 | Foto: José Alejandro García, Jazonxtour

Las proyecciones para el futuro son igual de dramáticas. De acuerdo con el Primer Reporte de Cambio Climático en Venezuela realizado en el año 2018 por un conjunto de científicos del país, se espera que para 2060 el promedio de temperatura aumente entre 1ºC y 3.5ºC en diferentes lugares del territorio nacional. Si bien la entidad andina se verá impactada, Zulia será el estado con mayores registros, explicó Alicia Villamizar. Para finales del siglo estiman que la temperatura aumentará 23% en el Lago de Maracaibo.

A pesar de esto, el deshielo está abriendo paso al surgimiento de nuevas especies en Mérida. Donde antes había nieve, ahora hay una diversidad de hasta 100 tipos de líquenes, musgos y otras plantas, según verificaron los investigadores en el marco del Proyecto Gloria (Global Observation Research Initiative in Alpine Environments, por sus siglas en inglés), que se desarrolló en Los Andes de Suramérica entre los años 2011 y 2015.

Las primeras investigaciones apuntan al crecimiento de nuevas especies de plantas en las montañas altas |Foto: Alejandra Melfo

“Las primeras observaciones parecieran sugerir que las especies que viven en zonas más bajas pueden llegar a establecerse en las cumbres porque la temperatura ha aumentado. Por un lado es positivo porque hay nuevas especies, pero por el otro los especialistas en alta montaña no tienen a dónde subir. Como la forma de las montañas es cónica, mientras más arriba se esté menos espacio de distribución tienen. Los frailejones, que solo se encuentran en las cumbres, están en riesgo”, explicó Llambi, mientras advierte que aunque es previsible que este hecho sea producto del cambio climático, harán falta registros a largo plazo para confirmarlo.

Los científicos aseguran que el deshielo no producirá ningún impacto hidrológico en el país. “No es cierto que si desaparecen los glaciares nos quedaríamos sin agua. Ahora, la previsión para Venezuela indica una reducción de las precipitaciones. Si llueve menos y se calienta más, afecta el riego de cultivos de tierra fría como las hortalizas andinas, la papa, entre otras”, aseveró Llambi.

Villamizar detalló que entre los años 2071 y 2095 se prevé una disminución máxima de -1.12 milímetros de agua por día, lo que representa una reducción de 23.5% de precipitaciones en el escenario más desfavorable.

Desde el teleférico Mukumbarí el paisaje es desolador. A la catástrofe causada por la crisis económica y de servicios públicos que afecta a la ciudad, se suma la pérdida de “las nieves eternas”, ícono por excelencia del estado andino.

Los mares pierden su vida

Si el aumento de la temperatura acaba con los glaciares y amenaza a las nevadas, en la vida marina del país la situación no es muy diferente. Con estimaciones superiores a 29ºC, el calentamiento del mar ha producido el blanqueamiento y muerte de los principales arrecifes coralinos de Venezuela.

Cuando en el año 1999 Estrella Villamizar comenzó a estudiar los corales de Los Roques, los colores llamativos de estas estructuras subacuáticas abundaban dentro de uno de los mares más prodigiosos del Caribe. En algunos lugares de la isla, los arrecifes cubrían 60% del fondo marino. 20 años después estima que se ha perdido la mitad de esos corales. Una de las más afectadas es la Estación de Biología Marina Dos Mosquises, construida en 1976, que para 2010 solo tenía 25% de los arrecifes, de acuerdo con registros realizados por investigadores de la Universidad Simón Bolívar (USB).

Arrecife Yonqui. 2010 | Foto: Estrella Villamizar

Desde esa fecha, no hay estudios para determinar la situación de los corales, explica la ahora integrante del Instituto de Zoología Tropical de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

En el año 2014 el gobierno de Nicolás Maduro decidió cancelar, a través del Ministerio de Agricultura y Tierras, la concesión de la Fundación Científica Los Roques. La ONG tenía más de 50 años de historia en los que apoyó a científicos para la investigación de los arrecifes, además de la preservación de las tortugas de la isla. El organismo fue suplantado por la Fundación de Investigaciones Marítimas Francisco de Miranda. Actualmente la estación biológica está dirigida por “cuatro o cinco militares”, afirmó Villamizar, quienes no han permitido la realización de nuevos estudios.

“Ese arrecife para nosotros era como una escuela en el campo, porque como lo habían seguido muchos investigadores durante los años 70 y 80, teníamos registro de todo lo que pasaba. Los proyectos que hemos metido no los han aprobado”, dijo.

Dos Mosquises | Foto: Fundación Científica Los Roques.

La periodista Valentina Quintero denunció en el año 2014 que luego de la desaparición de la ONG, el asesinato de las tortugas marinas se hizo frecuente porque su carne “se puso de moda” entre los dueños de yates. Asimismo, en 2016 publicó una foto en su Twitter en la que se aprecian los restos de la estructura en la que se encontraba la Fundación Científica Los Roques.

Además de las consecuencias del calentamiento global, Villamizar denuncia que la situación en la isla también se está viendo permeada por la construcción de posadas en varios cayos alrededor del Gran Roque, un área bajo régimen de protección especial.

Las reticencias del Estado no han prohibido que los científicos sigan evaluando la situación de los corales en otras playas del país. Un grupo de profesionales del Instituto de Zoología Tropical ganaron este año un financiamiento del gobierno de Reino Unido para estudiar los cambios coralinos en los cayos de Morrocoy. El estudio durará dos años y las expediciones iniciaron el pasado mes de junio.

De los 12 cayos que visitó el equipo, en al menos 8 los corales están cerca de desaparecer. “Los que están muy hacia el sur o muy hacia al norte de Morrocoy, como Paiclas, Playa Mero, un lago coralino, están muy destruidos. Los corales están casi todos muertos, con sedimentos. Lamentablemente algunos están casi perdidos”, lamentó Villamizar, mientras agregó que para que los mismos se recuperen hará falta cientos de años.

Costas en peligro

Otro de los efectos del calentamiento global en el mundo es el incremento del nivel del mar. En Florida, Estados Unidos, científicos de la ONG Climate Central prevén que para el año 2100 una de cada ocho casas estarán bajo el mar. También estiman que 275 millones de personas en todo el mundo viven en áreas que eventualmente se inundarán luego de que el planeta alcance un calentamiento global de 3°C. Las costas y archipiélagos venezolanos podrían estar en ese grupo, señalan investigadores locales.

Alicia Villamizar explicó que 80% de la costa venezolana se considera “costa baja”, por lo que la problemática afectaría en mayor proporción. Para el año 2050 se espera que el aumento del nivel del mar se produzca en un promedio de 50 centímetros y para 2100 en un promedio cercano a 1 metro.

“Eso significa que vas a tener problemas de inundación por agua salada que va a afectar a las ciudades que tenemos en el flanco norte de Venezuela, que es donde estamos concentrados como población y están los puertos, los complejos petroquímicos, entre otros”, comentó la coganadora del Premio Nobel de la Paz. Argumenta que con base en una serie de investigaciones realizadas en la última década, pueden determinar que alrededor de 50 o 60 km² a lo largo de toda la costa serían afectados.

A su vez, las inundaciones generarían conflictos geopolíticos con otros países, por lo que Venezuela podría perder parte de la soberanía sobre algunas zonas. “Los que tienen mayor riesgo son nuestros territorios insulares, sobre todo los oceánicos”, especificó Villamizar.

El biólogo pesquero Juan José Cárdenas añadió que una eventual tragedia ocurrirá en varias escalas temporales: “Se pueden perder poblaciones. Los Roques, La Tortuga, La Orchila, las calles de Juan Griego, Puerto Cabello, están en riesgo”, dijo.

El pueblo de Juan Griego, en Nueva Esparta, sería una de las zonas en peligro de desaparecer | Foto: Daniel Ramírez. El Sol de Margarita

Cárdenas explicó que mientras en algunas ciudades del mundo están construyendo barreras para contener el aumento del nivel del mar, en Venezuela “no estamos haciendo absolutamente nada, estamos esperando que las cosas pasen. Ya estamos sufriendo las consecuencias. No será un evento cataclísmico de un día o varios, es un fenómeno progresivo que ya estamos viendo y sufriendo”.

Los analistas coinciden en que las acciones son pocas para detener estos cambios. No obstante, reiteran que se requieren políticas ambientales para la preservación de los ecosistemas. Solo así, dicen, los ciudadanos tomarán conciencia de que dentro de la crisis que golpea al país, los recursos naturales también se están perdiendo.

Noticias relacionadas