• Natasha Pérez, quien ha hecho pequeños personajes en series como The district Curb your enthusiasm, así como en películas como Lady in water, fue elegida para meterse en la piel de la mujer que acabó de un tiro con la vida de la estrella de tex-mex Selena Quintanilla en Selena, la serie, de Netflix | Foto: EFE

La audición fue casi a ciegas. Natasha Pérez, la actriz venezolana, que en diciembre de 1999, tres días antes del “deslave” de Vargas, agarró sus maletas y se marchó a Miami para visitar a su hermana en Miami y terminó por quedarse en Estados Unidos, no tenía mayores instrucciones.

Sabía que debía grabar un video. Y que tenía que repetir en él algunas frases que estaban impresas en un guion. Sin ninguna entonación específica. Por ejemplo: “Yo soy tu fan número uno” y “Sí, yo quiero ser la presidente de tu club de fans”. Ni un solo detalle más. A no ser una fotografía: la de Yolanda Saldívar, la mujer que el 31 de marzo de 1995 le quitó la vida a la estrella estadounidense de la música tex-mex Selena Quintanilla.

Natasha Pérez, que ha participado en series como The districtRoom 104 y Curb Your Enthusiasm, y que ha interpretado pequeños personajes en películas como Spanglish y Lady in the water, de Night Shyamalan, jura que nada, absolutamente nada de lo que iba suceder después, le llegó a pasar por la cabeza. Pero sí cree que hubo una serie de extraños acontecimientos relacionados con su casting.

“Mi mánager fue quien me envió la foto, en la que Yolanda lleva una blusa blanca y un chaleco verde. Yo estaba por casualidad en casa de mi mamá, frente a su clóset, y justo veo un chaleco verde tejido. Así que busco una blusa blanca, me la pongo también, y salgo a hacer la audición”, cuenta para El Diario.

Solo que ahí no terminan las coincidencias. Camino a la grabación se topa además con una venta de pelucas. Es verdad que a los directores de casting no les gusta que las aspirantes se disfracen o modifiquen demasiado su apariencia real, aclara ella.  Pero entra a la tienda sin pensarlo demasiado y pregunta si tienen un postizo corto.

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“La vendedora, una señora de rasgos asiáticos, me responde que no. Y entonces me doy cuenta de que a su lado está una chica joven, que parece latina, le muestro la fotografía y le digo: “Esto es exactamente lo que estoy buscando”. Ella, que resultó  ser mexicana, se lleva las manos a su boca con gesto de sorpresa y grita: ‘!Yolanda!’. Así que se va al basement, llega con una peluca igualita, y yo pienso: ‘No puedo dejar de hacer esta audición’”.

En febrero se cumplió un año de aquella experiencia. Un año y tres meses, para ser exactos, de haber experimentado un torbellino de emociones por haber sido elegida para interpretar a Yolanda Saldívar en Selena, la serie, el exitoso biopic de dos temporadas producido por Abraham y Suzette Quintanilla, padre y hermana de la cantante, junto con la plataforma de videos en línea Netflix.

Natasha Pérez actúa en Selena
Foto: Efe

¿Miedo? “Claro que sí, pero no por ella (Saldívar), sino por la oportunidad tan grande que significaba para mí y para mi carrera participar en una serie de este tamaño”, aclara Pérez, quien comenzó entonces a recopilar información. Primero sobre la cantante Selena. Y luego  acerca de la mujer que hoy permanece en la prisión femenina Unidad Mountain View, en Gatesville, Texas, por haberle quitado la vida con un disparo.

“Yo no conocía bien Selena. Me vine a enterar de su existencia cuando muere. Y poco después gracias a la película protagonizada por Jennifer López. Y eso tiene una explicación: ella no entró a Venezuela con la misma fuerza que en otros países como México.  De hecho, yo vine a entender su fenómeno musical cuando llegué a Estados Unidos y comencé a trabajar en Viva, una estación de radio que, a pesar de  estar dedicada al pop y rock, ponía canciones como Bidi Bidi Bom Bom, y a la gente le encantaban. Después fue que me enteré de que ella misma componía algunas de sus canciones, que hasta diseñaba sus atuendos. Y comencé a admirarla”, reconoce la actriz, que conocía mucho menos a Saldívar.

Así que le tocó revisar perfiles, reportajes y, por supuesto, darle una ojeada a los cuatro videos suyos que hay en la red, incluida una entrevista que le hizo la periodista puertorriqueña María Celeste Arrarás. Pérez confiesa que hasta se planteó incluso la posibilidad de visitarla en prisión.

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“Como actriz, interpretar a un personaje de carne y hueso, que existe en realidad y que está vivo, es un verdadero lujo. El trabajo que se hizo hace poco con Freddie Mercury fue espectacular. Pero luego entendí que Selena, la serie estaba producida por la propia familia de Selena, y que la intención era darle luz a lo que fue su vida, sobre todo para que las nuevas generaciones puedan entender cuál es su legado. Claro que de eso me doy cuenta sobre todo ahora, que veo que la serie ha sido vista hasta en República Checa. Pero en ese momento entendí que era mejor respetar los sentimientos de la familia y no alterar (sic) el avispero”, explica ella, que se excusa a ratos por su spanglish.

La entrevista de María Celeste, revela, le aportó muchísimos detalles para construir el personaje. “Por ejemplo: cómo se mueve Yolanda, cómo respira, cómo habla, cómo abre la nariz, cómo sube la ceja, cómo mueve la cara. Yo que también soy actriz de doblaje, noté que su español no es tan elocuente como su inglés. Que tiene acento sureño, porque ella es tejana, y al mismo tiempo tiene una cadencia latina. Y entonces comencé a trabajar en ese acento, solo que cuando llegué al set me dijeron que íbamos a neutralizarlo. Pero si te fijas bien, sí le di unos toquecitos sureños, igual que hizo Christian (Serratos, la actriz que encarna a Selena). Y en un momento sentí que ya no podía avanzar más, porque me di cuenta de que su cuerpo se movía de una forma y su cara de otra”.

Pérez, que se graduó de comunicadora social en la Universidad Católica Andrés Bello, que fue productora del programa radial El show de la mañana en 92.9 FM, que es cantante, le ha abierto conciertos a La Ley, Los Pericos y Juan Luis Guerra  y hasta le ha prestado sus canciones a series como Entourage, y que dice haberse formado en Los Ángeles con el método de actuación de Lee Strasberg, agradece el confinamiento que trajo consigo la pandemia porque pudo dedicarle un buen tiempo al análisis del personaje y recurrir incluso a sus estudios de comedia dell’arte.

“Lo bonito es que pude abordarla primero desde el método. Hacer una revisión de adentro hacia fuera, de todo lo emocional, gracias a la exploración de su biografía, su vida, sus creencias, su familia. Y luego también abordarla desde afuera hacia adentro, del estereotipo hacia adentro, porque hace cuatro años comencé a estudiar circo y técnicas de payaso con mi profesor Stefan Haves, que era el director de casting del Cirque du Soleil, y con él analicé su forma de caminar, su expresión corporal, los gestos, las expresiones faciales. Gracias a él entendí por qué había esa desconexión entre su forma de caminar y su forma de mover la cara. Son traumas que uno arrastra de la infancia. Traumas que quizás también determinaron su manera de hablar como una niña de cinco años”.

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Cuando se vio al espejo, Natasha Pérez reconoce que se sorprendió gratamente. “A mí me gusta transformarme para hacer personajes. Pero la verdad es que se siente rarísimo. Es como estar en un cuerpo que no reconoces. Pero levantas la mano y te das cuenta de que eres tú. Y al mismo tiempo no eres tú. No me reconocí. El trabajo de maquillaje que hizo Malinali Contreras fue estupendo. Dos horas en las que se dedicó a crear paño, eliminar las cejas, bajar el ojo, aumentar el tamaño de la nariz, quitar mentón, poner bastante plástico, pega y prótesis…”. 

Un poco de temor, ahora que lo piensa, sí que sintió cuando Ricardo Chavira, el actor que interpreta al padre Selena, le comentó pocos minutos antes de comenzar a rodar en febrero de 2020 en Baja California que su amiga Lupe Ontiveros se las había visto negras por encarnar a Yolanda Saldívar en la película de 1994.

“Me dijo que para ella había sido una bendición y, al mismo tiempo, una maldición. ¿Por qué? Porque por un lado le había abiertos muchas puertas en su carrera, pero por el otro lado la gente llegó a odiarla, a tirarle piedras y hasta a escupirle en la calle. Claro, esa película se rodó apenas dos años después de la muerte de Selena, así que creo que todo estaba muy sensible en ese momento. Y yo tampoco es que me parezco mucho a Yolanda. Por eso tuve que engordar unos kilos. Y por eso es que la directora y la mayoría de mis compañeros no me reconocían cuando estaba fuera del rodaje”.

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A Yolanda Saldívar, advierte, no se atreve a juzgarla. Natasha Pérez ni siquiera atina a usar el término “asesina” para describirla. Y aunque siempre estuvo consciente de que el suyo era el rol de la villana de la serie, su intención fue interpretarla de la “manera más sutil posible”.

“Lo que quería era que no se convirtiera nunca en una comiquita, que es el peligro de este tipo de personajes.  Así que mi rol como actriz era tratar de entenderla, acercarme a su mundo emocional para intentar saber qué la llevó a cometer ese acto. Pero ponerle una etiqueta, no. Llamarla de esa manera, tampoco. Sería caer en el amarillismo. Y no está en mí. No es ese mi lugar. Tampoco soy Dios para juzgarla”.

El final de la serie, que se ha comentado una y otra porque no reconstruye cómo fueron por fin los últimos minutos de Selena, es poco lo que puede decir ella por una razón: no ha podido verlo aún. “Pero si quedó tal como lo grabamos, la historia fue cerrada de una manera muy bonita, porque lo que quería la familia Quintanilla era eso precisamente: celebrar la vida”. 

Una vez grabada la última escena, eso sí, Pérez confiesa haber realizado  algunos rituales para despedirse definitivamente de Yolanda Saldívar. “Porque cuando comienzas a interpretar un personaje, de alguna manera tienes que pedirle permiso a tu cuerpo para entrar en una energía tan particular. Una energía que puede consumirte física y emocionalmente. Y en este caso se trataba de habitar en el cuerpo del villano. Así que cuando terminas de hacerlo, te toca sacártela. Hacer como un despojo. Y entonces das gracias por haberte permitido entrar en la energía del otro. Y dar gracias también por haberte permitido dejarte salir”. 

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