• Desde 2009 activistas por los derechos de los animales han alzado su voz ante la festividad por el solsticio de verano, donde se consume perro asado y licor de lichi. Dentro de China también cada vez más personas expresan públicamente su rechazo ante una costumbre que alude ser cultural. Foto: Kim Kyung Hoon/Reuters

Las imágenes resultan grotescas para cualquier espectador occidental, sobre todo para aquellos con mascotas en casa. Mercados callejeros con perros despellejados y asados colgando en exhibición, mientras otros miles desfilan en jaulas por la ciudad de Yulin, China. Bajo el pretexto del solsticio de verano, todos estos animales serán cocinados en el transcurso de 10 días en un festival popular.

En una cultura tan ancestral y rica como la china, resulta sorprendente saber que el festival de Yulin, también conocido como el festival de carne de perro, es bastante reciente. Su primera edición se realizó en 2009, en pleno siglo XXI. No obstante, el consumo de este tipo de animales se remonta a miles de años.

La polémica fiesta está desde su creación en el centro de acción de decenas de grupos defensores de los animales, tanto dentro de China como internacionalmente. Los activistas se han dedicado a denunciar ante el mundo la práctica, así como a coordinar labores de rescate de los perros de sus captores.

Cada vez menos perros sacrificados

Rescate de perros de un punto de distribución en Guangzhou. Los animales iban a ser llevados a Yulin. Foto: Cortesía Matthew Bossons

Expertos estiman que en los primeros años del festival se consumían alrededor de 10.000 perros por edición, aunque el número se ha reducido considerablemente en tiempos recientes. Las intensas campañas de concientización y la percepción cada vez mayor de ver a los canes como animales de compañía ha favorecido una caída en la asistencia del evento.

Actualmente se estima que la cantidad de perros sacrificados en Yulin se redujo a cerca de 1.000. “Hay un movimiento creciente en China para limitar el comercio de perros y gatos. Aunque no creo que nadie espere que la feria cierre de manera inmediata, lo que hemos visto indica que las cosas están cambiando”, señaló en 2020 el especialista de la ONG Humane Society International, Peter Lin, a El País.

El trabajo de los grupos animalistas ha sido fundamental para la recuperación de perros y gatos enviados a Yulin desde diferentes partes del país. En 2016 y 2017 se logró salvar a miles de animales, luego de que los activistas interceptaron los camiones que los transportaban. Al no contar con permisos, los proveedores debieron entregar las cargas a refugios locales.

Festival de Yulin: un riesgo para la salud pública

Días antes del 21 de junio, cuando comenzó el solsticio de verano de 2021, un hombre fue arrestado en la ciudad de Mianyang, provincia de Sichuan, en el centro del país. La policía halló en su casa 56 perros enjaulados que serían llevados a la región autónoma de Guangxi, donde se encuentra Yulin. También le incautaron diferentes herramientas de carnicería.

En el mercado negro de la carne de perro existe una amplia documentación sobre las condiciones de maltrato a las que se somete a los animales en los últimos días, así como la ausencia absoluta de medidas sanitarias. Diversas organizaciones señalan que los proveedores normalmente suelen recoger perros callejeros, aunque también han tenido reportes de otros con correas y placas, por lo que asumen que podría tratarse de mascotas robadas.

«Existen graves riesgos para la salud pública asociados con los perros robados que son abandonados y no vacunados y que pueden albergar enfermedades, incluida la rabia. O incluso que son envenenados con cianuro por los ladrones y que posteriormente entran en la cadena alimentaria», explicó a la agencia Efe el director de Animals Asia, Jill Robinson.

Del mismo modo, Peter Lin coincidió en que la celebración del festival de Yulin constituye un riesgo para la salud pública, sobre todo luego de la experiencia vivida en 2019 con el primer brote de covid-19 en Wuhan. 

La complicidad oficial durante el Festival de Yulin

Perros rescatados antes de ser llevados al festival de Yulin. Foto: Cortesía Matthew Bossons

En varias ocasiones las autoridades de la prefectura de Yulin han negado estar involucrados en la organización del evento. Aclaran que el festival se mantiene con el apoyo de empresas locales y particulares, aunque tampoco se ha visto una voluntad del Estado para su prohibición.

Este 2021, medios de comunicación chinos reportaron que el gobierno local suspendió el servicio de trenes de la ciudad sin explicación previa. De acuerdo con la agencia Russian Today, los residentes temen que sea una forma de retrasar la llegada de activistas.

Comerciantes y defensores del consumo de carne de perro aplaudieron la medida, y en diferentes grupos de Internet celebran lo que podría ser el primer año sin la intervención de los protectores de animales.

Fuerte oposición

Contrario a la creencia occidental sobre los hábitos alimenticios de los asiáticos, actualmente son pocos los chinos que consumen carne de perro. No solo por su costo, de cerca de 11,93 dólares por kilo, sino por su uso cada vez mayor como mascotas.

En 2016, el Congreso Nacional del Pueblo de China aprobó una propuesta del parlamentario Zhen Xiaohe para prohibir la comercialización de carne de perro. La ley aplica para mercados y restaurantes, y estuvo avalada por 11 millones de firmas de ciudadanos descontentos con la práctica.

Tras asociarse el surgimiento del covid-19 al consumo de animales exóticos en Wuhan, el Ministerio de Agricultura chino publicó en junio de 2020 una lista de especies autorizadas para su cría con fines alimenticios. Perros y gatos dejaron de considerarse como ganado y los reconocieron en la clasificación oficial como animales de compañía.

A pesar de los esfuerzos sanitarios y el rechazo popular, todavía se puede ver perros y otros animales como pangolines en los mercados de zonas rurales, principalmente en el sur del país. No obstante, en Yulin las ferias de comida son reducidas a espacios cada vez más marginales, por el rechazo que genera entre sus propios habitantes.

Licor y carne

Foto: Cortesía Kim Kyung Hoon / Reuters

En los 10 días que dura el festival, se acostumbra ingerir un licor tradicional extraído del lichi, un árbol frutal autóctono del sur de China. No se sabe exactamente en qué momento se comenzó a asociar la bebida alcohólica con el perro asado o en brochetas.

Los defensores del evento alegan razones estrictamente culturales. Para ellos la carne de perro no es diferente a la de vaca, cerdo o cabra. Aseguran que la visión de los caninos como mascotas es un sesgo occidental que atenta contra su cultura y costumbres. Por eso es posible que el festival de Yulin surgiera como un intento de promover la tradición por encima de la globalización.

Dentro de la medicina tradicional china, la carne de perro se considera buena para estimular  la circulación sanguínea. Al ser uno de los 12 animales del horóscopo chino, aseguran que posee una carga de energía positiva que revitaliza el cuerpo.

Los vendedores de estos mercados aseguran que usan métodos humanitarios para sacrificar a los perros. Procedimientos similares a los de los mataderos de cualquier parte del mundo. Sin embargo, otros videos difundidos en redes sociales evidencian lo contrario. Ejemplares que son cocinados vivos para preservar su ternura y sabor.

Recuerdos de Wuhan

La edición 2021 del festival de Yulin resulta especialmente indignante no solo por el maltrato animal, sino porque ocurre dentro de una pandemia de más de un año, precisamente originada en China.

Aunque no existe un informe definitivo, la mayoría de los científicos se inclina por la teoría de que el SARS-CoV-2, virus causante del covid-19, surgió por el contacto directo animal-humano. En ese contexto, no han sido pocas las miradas que se han tornado hacia el mercado mayorista de Wuhan, donde se comercializaban animales salvajes como murciélagos.

No es la primera vez que las precarias condiciones sanitarias y controles flexibles de China liberan un virus peligroso entre seres humanos. En 2002, una pandemia de SARS  (emparentado al coronavirus de Wuhan) mató a 800 personas y contagió a 8.422. Su origen se rastreó hasta un mercado de Cantón, donde se vendían civetas, mamífero portador natural del virus. 

Sin importar las razones culturales aludidas, la depredación de animales exóticos en China es un problema que preocupa a varias organizaciones protectoras de la fauna. Su uso para medicina tradicional o platillos en restaurantes lujosos ha llevado a especies como el pangolín a casi desaparecer en la región, mientras que, de acuerdo con la ONG Save The Elephants, China acapara el 75% del mercado de aletas de tiburón y el 70% del tráfico ilegal de marfil en el mundo. Ante este apetito voraz, el mejor amigo del hombre no es el único animal que merece protección.

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