• Sintió como un empujón que la hizo caer de rodillas. Un año después, una ecografía reveló la causa. Ilustración de Ina Jang

Esta es una traducción hecha por El Diario de la nota A Mysterious Fall Was the First Sign Something Was Wrong, original de The New York Times.

“Ok, sigamos”, le dijo alegremente el peluquero a la mujer, de 67 años de edad, que estaba recostada sobre el lavacabezas. Ella se levantó, con el cabello envuelto en una toalla, pero al dar el primer paso se tropezó. Sonrió, un poco avergonzada, y miró hacia atrás. ¿Alguien había chocado con ella?, pensó.

Al llegar a la puerta del salón de espejos y sillones, la mujer sintió otro empujón. Sin embargo, esta vez se fue contra la puerta y cayó de rodillas. El peluquero la agarró por un brazo y la estabilizó. “¿Estás bien?”, le preguntó, mientras la ayudaba a ponerse de pie. “Supongo que sí”, respondió la mujer mayor. 

Durante el camino de regreso a su casa cerca de Pittsburgh, la mujer estaba preocupada por lo que pasó. Nunca antes había sentido algo así. 

Semanas más tarde, en su examen físico anual, trató de describirle la experiencia que vivió a su médico de atención primaria, Rajiv Jana. Él no estaba seguro de qué hacer y no pareció preocuparse, ya que su paciente no había vuelto a vivir un episodio similar desde entonces. “¿Crees que tuve un derrame cerebral?”, le preguntó ella con insistencia. 

El médico le realizó otras preguntas: “¿Te sentiste completamente bien después del incidente? ¿No sientes debilidad en ninguna parte? A lo que ella replicó: “Todavía me siento bien. Trabajo en mi jardín y ando en bicicleta todos los días. Nada ha cambiado”. Esas respuestas fueron suficientes para que Jana descartara un derrame cerebral, aunque igual le pidió mantenerse alerta.  

La mujer no regresó a la oficina de Jana sino un año después, y cuando lo hizo fue por una infección que le dio en una pierna mientras trabajaba en su jardín. Tomó antibióticos y se estaba recuperando bien. “¿Sientes algo más?”, le preguntó el doctor después de examinar su pierna. Y sí había algo más: le dolía el costado izquierdo. No estaba segura de qué era, pero no se sentía como un músculo distendido y tenía unos meses con eso. 

En lugar una ecografía, el doctor Jana solicitó que le realizaran una ecografía. Dos días después, la mujer estaba recostada sobre una camilla y su abdomen estaba cubierto con el gel frío que usa el ecografista para que la sonda pueda mostrar imágenes a través de la piel de su pecho y vientre. 

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Ella ya se había realizado una ecografía previamente y al notar que el procedimiento estaba tomando mucho tiempo, preguntó: ¿el especialista vio algo anormal? La mujer que tenía la sonda negó con la cabeza, pero le dijo que el radiólogo debía ver los resultados. Además de eso, le pidió a la paciente que revisara su historial cuando llegara a la casa. Todo el chequeo pareció extraño y un poco inquietante.

Una referencia de un amigo

Cuando la mujer iba por la carretera su teléfono sonó. “¿Estás en casa?”, preguntó la voz familiar de Rajiv Jana. “Todavía estoy conduciendo, pero dime de todas formas”, contestó un poco impaciente. ¿Qué mostró el escaneo? 

En ese momento, el silencio se esparció por todo el vehículo. Finalmente, el doctor le dijo: “El escáner muestra que podría haber algo dentro de su corazón”, una masa en una de las cámaras del corazón. Tal vez un coágulo de sangre o un tumor. En cualquiera de los casos, necesitaba ver a un cardiólogo y una tomografía computarizada. Jana le haría saber para cuándo estaba programada la cita.

La inesperada noticia aún se podía advertir en el rostro de la mujer en un funeral al que asistió ese fin de semana. Sandi, una amiga de ella, se dio cuenta inmediatamente de que algo andaba mal. “Creo que necesito un cardiólogo”, le dijo la mujer preocupada y le explicó brevemente lo que le había dicho su médico. Sandi conocía a un gran cardiólogo, el doctor Ricci Minella, quien salvó la vida de su esposo después de que sufriera un ataque al corazón. Gracias, respondió la mujer. Lo llamaré el lunes, dijo.

Era una llamada que no tuvo que hacer. Esa noche, justo antes de la cena, sonó su celular. Era Minella. Se presentó y fue directo al grano. Esa masa en su corazón necesita ser evaluada, dijo. Podría ser un problema grave. Venga al Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh Shadyside a primera hora de la mañana del lunes, a las 7 am, y lo resolveremos.

Una inusual caída fue la primera señal de que algo andaba mal
Ilustración de Ina Jang

Otro tipo de ultrasonido

Su esposo la llevó al centro médico en el East End de Pittsburgh. Minella los recibió en la sala de cardiología. Era un hombre de mediana edad que inspiraba confianza. Ya había revisado su ultrasonido y estaba preocupado. Su médico de atención primaria tenía razón, necesitaban ver mejor esa masa, pero en lugar de una tomografía computarizada, quería obtener una ecografía del interior de su pecho. 

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En la sala de procedimientos, Minella levantó un instrumento de metal unido a un tubo de goma largo y delgado. En el otro extremo, había una sonda de ultrasonido. El doctor le explicó a la mujer que quería colocar la sonda en su boca para que bajara por su esófago, que está al lado del corazón. De esa manera podría ver bien la masa. 

La sedó y le contó lo que vio al marido de la mujer, quien estaba preocupado. Había una masa. Parecía del tamaño de una pelota de golf y estaba atada al lado derecho del corazón por un tallo estrecho. Parecía un tumor benigno, llamado mixoma, dijo Minella. No era cáncer, pero igual lo tenían que sacar.

Los mixomas son poco comunes. En las autopsias, se observan alrededor de 100 mixomas por cada millón de habitantes. Por razones que no se saben con exactitud, son más comunes en mujeres que en hombres. El tamaño en el momento del diagnóstico puede ser variable. La mayoría son ovoides y pueden variar en tamaño, desde los que son pequeñitos como un guisante hasta los que parecen una toronja grande. Estos tumores suelen encontrarse de forma accidental, como en este caso, en ecografías que fueron autorizadas para buscar otra cosa. Pero pueden tener síntomas y, en raras ocasiones, incluso la muerte.

Para comprender el daño, es importante conocer la anatomía, explicó Minella. El corazón está dividido en cuatro cámaras: el lado derecho recibe la sangre pobre en oxígeno del resto del cuerpo. Cuando el corazón late, la sangre del lado derecho pasa a los pulmones, donde se recarga de oxígeno. Y cuando el corazón se relaja, esa sangre recién oxigenada fluye hacia el lado izquierdo del corazón. 

Ambos lados se dividen en dos partes: la aurícula, una cámara de paredes delgadas que recibe la sangre, y el ventrículo más musculoso, que empuja la sangre hacia su siguiente parada, ya sea los pulmones (del lado derecho) o el resto del cuerpo (desde el lado izquierdo). 

Estos tumores pueden tener pequeños coágulos en su superficie. Si la masa está en el lado izquierdo del corazón, donde generalmente está la mayoría, un coágulo suelto podría viajar al cerebro y causar un derrame cerebral; pero si está en el lado derecho, donde se vio la masa de esta paciente, el coágulo viajaría al pulmón, cortando el flujo de sangre allí.

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Menos común pero más preocupante es una posible obstrucción dentro del corazón. Cuando el corazón se comprime con cada latido, la masa podría ser empujada hacia la válvula que separa la aurícula del ventrículo. Si de alguna manera bloqueara esa abertura, no podría pasar sangre. 

Posiblemente eso fue lo que le pasó en el salón de belleza a la mujer, explicó Minella. Lo más probable es que ese episodio haya sido causado por la repentina pérdida de flujo de sangre al cerebro. Y cuando tropezó, empujó la masa fuera de la válvula y se reanudó el flujo de sangre. El mixoma parecía tener el tamaño justo para bloquear esa abertura. Ella tuvo suerte de que eso no le hubiera pasado más a menudo.

Había que extirpar el tumor lo antes posible, les dijo Minella a la paciente y a su esposo. El riesgo era pequeño pero real. La cirugía se llevó a cabo tres días después. El cirujano tuvo que abrirle el pecho de par en par desde el cuello hasta la parte inferior del esternón para poder extirpar el tumor.

Cuando la mujer se fue a su casa, su amiga Sandi fue a verla, ya que había estado preocupada desde que la mujer describió por primera vez lo que mostró el ultrasonido. Cuando Sandi llegó a su casa después de haber asistido al funeral, leyó sobre esos tumores. Por eso fue que llamó al consultorio de Minella esa tarde. Quería asegurarse de que el próximo funeral al que asistiera no fuera el de su amiga.

En cuanto a la paciente, se siente muy bien. Después de la cirugía, no pudo andar en bicicleta ni trabajar en su jardín durante un par de meses hasta que su pecho sanara. Pero una vez que se recuperó de eso, estuvo bien. Todavía le cuesta imaginar que pueda tener algo tan grande y tan peligroso en su corazón sin siquiera saberlo. 

Minella no pensó que el dolor que tenía, el que la llevó a la ecografía, tuviera algo que ver con el tumor. Entonces, ¿qué hubiera pasado si no se hubiera hecho ese ultrasonido? Eso le preocupó durante un tiempo, pero ahora está demasiado ocupada disfrutando de su vida como para seguirse preocupando.

Traducido por José Silva

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