• En medio de la cirugía del nervio de su mano derecha, los médicos descubrieron algo que no se esperaban. Ilustración: Cam Cottrill

Esta es una traducción hecha por El Diario de la nota ‘This is really weird. Who wakes up and their hand doesn’t work?’, original de The Washington Post.

Su rutina estaba tan marcada que Michael Brenner nunca se lo imaginó, hasta aquel domingo por la mañana -en junio de 2021- cuando se acercó a su computadora para escribir una nota rápida y no pudo. Brenner, quien es diestro, no podía levantar ni extender los dedos, los sentía inexplicablemente rígidos. A pesar de eso, su mano izquierda no resultó afectada.

“Pensé: ‘Esto es realmente extraño. ¿Quién se despierta y una de sus manos le deja de funcionar?”, recordó.

Una semana después, sin cambios en su condición, el analista de investigación de una firma de inversión, de 29 años de edad, vio a su internista y supuso que se trataba de un problema menor y fácilmente reparable. No obstante, descubrió que no era ni sencillo ni fácil de diagnosticar. Es decir, no tenía idea de lo difícil que sería tratárselo.

Durante los siguientes 10 meses, Brenner consultaría a un cirujano ortopédico de la mano; a un fisiatra (médico especialista en rehabilitación física); a múltiples neurólogos; a un neurocirujano y a un cirujano plástico para poder arreglar su mano parcialmente paralizada.

En enero, dos cirujanos de Baltimore, con la ayuda de un experto de Nueva York que entró en el quirófano en el último minuto a través de una videollamada, le realizaron una microcirugía que parecía haber tenido éxito.

“Me había vuelto muy abierto a la idea de que nunca sabría qué estaba mal en mí”, confesó Brenner, quien finalmente tuvo su diagnóstico 11 días antes de la operación. “La mayoría de los médicos me dijeron que no habían visto nada igual”.

Parálisis del sábado por la noche

Al principio, Brenner -quien vive en los suburbios de Maryland- pensó que se había desgarrado un músculo. Cuando el reposo no mejoró su capacidad para mover los dedos, compró un teclado ergonómico y un mouse para aliviar lo que pensó que podría ser el síndrome del túnel carpiano, una condición común que resulta de un nervio pinzado en la muñeca. Pero esos remedios, junto con un fármaco antiinflamatorio, no hicieron nada para restaurar el uso de su pulgar y de sus otros dedos.

El internista de Brenner estaba preocupado; sospechó que había daño en el nervio radial -el que ayuda a controlar el movimiento y la sensibilidad en la muñeca- el brazo y los dedos. El nervio radial es parte del sistema nervioso periférico. Los nervios periféricos, ubicados fuera del cerebro y la médula espinal, transmiten mensajes entre el cerebro y el cuerpo.

El internista mencionó la “parálisis del sábado por la noche”, que ocurre cuando el nervio radial se comprime después de que una persona, a menudo borracha, se queda dormida sobre un brazo presionado contra una superficie dura. Brenner, quien no bebe, le aseguró que tal evento no había ocurrido.

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El médico remitió a Brenner a un cirujano ortopédico de la mano. El cirujano le pidió que levantara la muñeca derecha, que se desvió hacia la izquierda, y que hiciera una señal de “pulgar hacia arriba”, pero no pudo hacerlo. El cirujano le diagnosticó una parálisis profunda del nervio radial y ordenó una ecografía para determinar la causa.

La ecografía mostró que una gran masa no identificada, posiblemente un tumor de la vaina nerviosa periférica, estaba comprimiendo el nervio radial, que se extiende desde la axila hasta la mano. El cirujano le dijo a Brenner que un tumor de este tipo rara vez es maligno y ordenó una resonancia magnética, que sorprendentemente no encontró signos de ningún tumor. El radiólogo sospechó que se trataba entonces del síndrome del nervio interóseo posterior, que ocurre cuando se comprime una rama del nervio radial. El cirujano de la mano recomendó una liberación del túnel radial, un procedimiento ambulatorio para aliviar la presión sobre el nervio.

El cirujano, que operó a Brenner a fines de julio, le dijo que su nervio había estado extremadamente comprimido y que debería mejorar lentamente con fisioterapia.

Al principio, Brenner había ideado soluciones alternativas para la mayoría de sus actividades diarias. Podía agarrar un tenedor para alimentarse, pero no podía extender los dedos. “No podía quitármelo de la mano derecha sin tener que sacar dicho utensilio con la izquierda”, indicó. “Comía mucho pescado” y alimentos que no hacía falta cortar.

Se volvió experto en emplear un solo dedo para escribir. Enviar mensajes de texto con su pulgar derecho ya no era una opción. Por otra parte, conducir era arriesgado.

“Estaba muy nervioso por conducir y básicamente manejaba con una mano”, dijo.

A medida que pasaban las semanas, le preocupaba cada vez más que la parálisis pudiera extenderse a su mano izquierda. “La lista de cosas que no podía hacer era pequeña”, dijo. “Pero si mi mano izquierda se hubiera visto afectada, sería el fin”.

Sin mejoras

A principios de noviembre, Brenner no se encontraba mejor que antes de la cirugía. El cirujano de la mano lo remitió a un fisiatra para una electromiografía (EMG) y un estudio de conducción nerviosa, pruebas que evalúan el funcionamiento de los músculos y nervios.

Cuando Brenner dijo que no tenía idea de cómo se había lastimado la mano, el fisiatra lo miró con escepticismo. Cinco años antes, le dijo a Brenner, había visto a una mujer con una lesión similar que se había quedado dormida sobre su brazo mientras estaba sobre una roca.

Se despertó una mañana y se dio cuenta de que una de sus manos dejó de funcionar: ¿qué le pasó?
Michael Brenner no pudo usar su mano una mañana. Después de muchas visitas a médicos y dos cirugías, encontró a un médico que podía ayudarlo a aliviar el problema de su nervio y recuperar lentamente el uso de su mano. Foto de archivo: Nina Wurtzel

A mitad del EMG, la actitud calmada del médico cambió. Salió de la sala diciendo que necesitaba revisar un libro. Cuando regresó anunció que había detectado daño en una parte del nervio radial donde el cirujano no había operado. Brenner comentó que el fisiatra le dijo que probablemente necesitaría una segunda operación.

El cirujano de la mano llamó temprano, a la mañana siguiente, con la recomendación de que Brenner viera a un neurólogo y repitiera la EMG en 90 días. Si la primera cirugía no había funcionado, dijo el médico, el siguiente paso sería una transferencia de tendón, que mueve un músculo y un tendón que funcionan al lugar de uno que no funciona. La cirugía a menudo se realiza en los nervios que están dañados sin posibilidad de reparación.

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Brenner, quien había estado investigando su condición, estaba alarmado. Una transferencia de tendón es una operación más grande que la que él había tenido y parecía excesivamente drástica. “Estaba decidido a aprender todo lo que pudiera y a evitarlo”, afirmó. “Me di cuenta de que necesitaba un plan médico completamente nuevo”.

Consultó a un neurólogo que le ordenó extensos análisis de sangre. Todos eran normales, lo que parecía descartar problemas neurológicos sistémicos o cáncer. El neurólogo le dijo a Brenner que no sabía qué andaba mal y lo refirió al neurocirujano Allan Belzburg, jefe de cirugía de nervios periféricos del Hospital Johns Hopkins en Baltimore, quien también recomendó que se sometiera a un segundo EMG más especializado. Esa prueba encontró una lesión no detectada previamente justo encima del codo de Brenner en el músculo braquiorradial, que es responsable de flexionar el antebrazo.

Brenner se reunió con Belzburg a mediados de enero.

“Sentí mucha presión por el tiempo”, recordó. “Había estado sentado allí durante seis meses sin una solución” o ninguna mejora. Brenner sabía que cuanto más tiempo transcurriera, mayores eran las posibilidades de atrofia y parálisis permanente.

Después de examinar a Brenner y revisar los resultados de su prueba, Belzburg le dijo que lo más probable es que el daño en los nervios fuera el resultado del síndrome de Parsonage-Turner (SPT), un trastorno poco común y poco comprendido, también conocido como amiotrofia neurálgica. Se desconoce la causa de la mayoría de los casos de SPT, pero puede deberse a una anomalía en el sistema inmunitario o a cambios en la circulación sanguínea.

“Me dijo que realmente no había nada más que pudiera ser”, dijo Brenner, aunque no había experimentado dolor, que suele ser el primer síntoma. La molestia, que afecta a más hombres que mujeres, a menudo comienza como un dolor repentino y agudo en el hombro o en la parte superior del brazo y aparece a mitad de la noche.

Descrito por primera vez a fines del siglo XIX, el PTS involucra el plexo braquial, la red de nervios en el hombro responsable del movimiento y la sensación en los brazos y las manos. Se estima que el SPT afecta aproximadamente a tres de cada 100.000 personas, aunque algunos expertos creen que una cantidad considerable de casos no se diagnostican.

Los factores desencadenantes incluyen infecciones bacterianas y virales, también el covid-19, cirugía, parto, ejercicio extenuante, lesiones y vacunas. Brenner había recibido su segunda vacuna contra el covid-19 en abril de 2021, dos meses antes de que ocurrieran sus síntomas. Aunque no hay forma de saber si eso pudo haber influido, “me vacunaría de nuevo”, dijo Brenner. Él recibió un refuerzo en octubre.

Algunas personas con PTS mejoran sin tratamiento o después de la fisioterapia; la cirugía se reserva para los casos que no muestran mejoría. Belzburg recomendó una cirugía de transferencia de nervios, que implicaría tomar un nervio sano de la muñeca de Brenner y conectarlo al nervio dañado, permitiéndole funcionar. (Un cirujano lo comparó con empalmar cables).

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Belzburg le comentó a Brenner que realiza ese procedimiento con el cirujano plástico y reconstructivo Sami Tuffaha, quien tiene capacitación avanzada en cirugía de manos.

Por eso, Brenner se reunió con Tuffaha, profesor asistente de cirugía plástica y reconstructiva, quien estuvo de acuerdo en que la transferencia de nervios ofrecía la mejor esperanza de recuperación. Brenner “comprendió que había un área gris sobre la cirugía”, dijo Tuffaha, quien ha tratado a 20 pacientes con SPT.

Lo que nadie sabía es que ese plan operativo se descartaría rápidamente después de encontrar algo inesperado.

Se despertó una mañana y se dio cuenta de que una de sus manos dejó de funcionar: ¿qué le pasó?
Michael Brenner no pudo usar su mano una mañana. Después de muchas visitas a médicos y dos cirugías, Brenner encontró un médico que podía ayudarlo a aliviar el problema de su nervio y recuperar lentamente el uso de su mano. (Nina Wurtzel)

Una sorpresa en el quirófano

Cuando los cirujanos abrieron el brazo de Brenner, descubrieron lo que parecía ser un nervio cortado en el sitio de su primera cirugía. Un examen más detallado reveló una posible constricción similar a un reloj de arena, una deformidad rara que a veces se observa en pacientes con SPT, causada por una banda que rodea con fuerza el nervio y lo hace parecerse a un reloj de arena.

Tuffaha dijo que los cirujanos de Hopkins no se habían encontrado con esto anteriormente, pero contactaron a alguien que sí lo había hecho: el cirujano Scott W. Wolfe del Hospital de Cirugía Especial de Nueva York fue coautor de un estudio de 2021 que describe una cirugía exitosa realizada en 11 pacientes con SPT con constricciones en forma de reloj de arena. El procedimiento, conocido como microneurólisis, consiste en descomprimir el nervio liberando la banda de tejido y reparando minuciosamente el nervio dañado.

Lo llamamos por FaceTime al quirófano, estaba mirando nuestro microscopio y hablamos sobre qué hacer a continuación”, dijo Tuffaha. “Scott nos convenció de que la microneurólisis debería funcionar”. Wolfe recomendó envolver el nervio dañado en tejido conectivo extraído de la muñeca de Brenner para protegerlo.

Al final de la operación de cuatro horas, Tuffaha tenía esperanzas pero no estaba seguro de que el nuevo enfoque funcionara. Si Brenner no mostraba mejoría después de tres meses, el plan era realizar un injerto usando un nervio de su propia pierna.

Seis semanas después, el primer EMG posoperatorio no mostró regeneración nerviosa. Brenner se preparó para los resultados del segundo EMG, que se realizó un mes después, un día antes del injerto programado.

Brenner se alegró cuando la prueba detectó los primeros destellos de actividad. Tuffaha canceló la cirugía inminente.

Desde entonces, Brenner ha hecho progresos lentos pero constantes. “Estoy mejorando cada semana”, comentó el hombre, quien ahora escribe a máquina y conduce con ambas manos. “Estoy entre el 65 y el 75 %. No sé si volveré al 100 % de mi capacidad”.

Tuffaha cree que Brenner podría recuperarse por completo, algo que le llevaría 18 meses. “Simplemente ya no estoy preocupado por él”, agregó.

Brenner señaló que desearía haber visto a un neurólogo desde el principio, lo que podría haber acelerado el diagnóstico. “Desearía haberme hecho todas las pruebas disponibles antes de esa primera cirugía”, concluyó.

Traducido por José Silva

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