• En El Diario conversamos con Fernando Nunez-Noda, periodista, CEO y consultor de medios digitales, para saber en qué consiste la orden del presidente estadounidense sobre las redes sociales. Foto principal: Reuters

Martes 26 de mayo, 8:17 am. Donald Trump, presidente de Estados Unidos, publica –como de costumbre– un tuit. “Los buzones serán robados, las papeletas serán falsificadas e incluso impresas ilegalmente y firmadas de manera fraudulenta”, dijo en referencia a un sistema de votación electrónica en el estado de California.

Fue, en principio, un tuit incendiario de los que acostumbra el mandatario. Sin embargo, horas después, un aviso de Twitter alentaba a los espectadores a «obtener los hechos» por correo. Con el paso de los días, la alerta desencadenó en una guerra abierta entre Trump y la red social.

48 horas después de ese mensaje, continuó el enfrentamiento. Trump firmó la orden ejecutiva sobre “la prevención de la censura en línea”, que busca eliminar algunas de las protecciones legales tradicionalmente otorgadas a estas plataformas, que no son jurídicamente responsables del contenido que publican sus usuarios.

Twitter volvió a responder. El viernes 29 de mayo alertó sobre un mensaje del presidente estadounidense referente a los disturbios de Minneapolis por el asesinato del afroamericano George Floyd, por considerar que “glorifica la violencia” al llamar “matones” a los manifestantes que protestan y sugerir que habrá disparos contra ellos.

De la orden ejecutiva se ha dicho que busca eliminar Twitter. Y, aunque Trump ha admitido que si pudiera cerrar la red social lo haría, argumentó que el verdadero motivo de la medida es garantizar la libertad de expresión de los ciudadanos. La decisión, sin embargo, tiene grises. “Un poco de los dos tiene razón. No sabemos cuán hacia uno o hacia otro”, explicó para El Diario Fernando Nunez-Noda, periodista, CEO y consultor de medios digitales.

De plataforma a editorial

Con la orden, Trump quiere modificar la llamada Ley de Decencia de las Comunicaciones, también conocida como “las 26 palabras que crearon Internet”, que se aprobó en el año 1996. Específicamente, la modificación sería en la sección 230 de la ley, la cual establece que “Ningún proveedor o usuario de un servicio interactivo por computadora deberá ser tratado como el editor o portavoz de cualquier información provista por cualquier otro proveedor de contenido”.

Foto: PhotoMIX-Company / Pixabay

A través de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés), la orden ejecutiva solicita examinar si las ediciones hechas por las empresas hacen que pierdan la protección bajo la sección 230. De esta manera, las plataformas serán responsables de todas las opiniones que allí se expresen, provocando así, por ejemplo, que si algún usuario planea algún hecho violento o infiere daños o perjuicios contra otra persona o empresa, podrá denunciar a Twitter por permitirlo.

Nunez-Noda explica: “Las redes sociales, como Twitter, Facebook, se definen como plataformas. No son medios editoriales como el New York Times, CNN, entre otros, que cuando ellos difunden una información, cae bajo su responsabilidad, porque eso es algo que ellos están diciendo como una organización. Las plataformas, en cambio, son espacios para que sus usuarios se expresen bajo su propia responsabilidad, y eso está en los términos y condiciones de uso que uno acepta cuando entra en esa plataforma. Lo que dice el gobierno es que, si Twitter te establece algún tipo de censura, están haciendo una especie de control o filtro editorial y eso las acerca más a medios editoriales que a plataformas”.

La orden, sin embargo, lejos está de ser un capricho de Trump. En enero de este año, Joe Biden, actual candidato a la presidencia de Estados Unidos por el Partido Demócrata, propuso revocar exactamente la misma sección 230 de la Ley de Decencia de Comunicaciones de 1996. “Debería ser revocada, inmediatamente debería ser revocada” porque Facebook “está propagando falsedades que saben que son mentiras, y deberíamos establecer estándares similares a los que hacen los europeos en relación con la privacidad”, dijo Biden.

No obstante, el experto en periodismo digital considera que modificar la ley para convertir las plataformas en editoriales, además de no creerlo posible, –porque en estos casos la justicia falla a favor de las libertades– cree que desnaturalizaría las redes sociales.

“No se puede. ¿Sabes cuántas opiniones salen por minuto? Es imposible hacer ese seguimiento. Hay áreas grises. El lenguaje, además, se puede manipular de tal forma, que puede ser que no estoy diciendo nada, pero estoy implicando cosas. Una de las cosas por las que me gusta estar en redes es porque son rápidas, instantáneas. Yo publico y está ahí mismo. Si yo publico algo y me dicen que está en revisión, que espere no sé cuánto, a mí se me quitan las ganas de publicar. El efecto instantáneo es importantísimo. Esa sería una decisión tan impopular, que no creo que nadie quiera echarse ese problema encima”, considera Nunez-Noda.

Por lo tanto, dice el también investigador en fact checking, lo que debe hacer Twitter es delimitar qué opiniones permitirán a sus usuarios. Punto que, además, pide la orden ejecutiva de Trump.

De acuerdo con un borrador de la orden, la FCC debe explicar qué tipo de bloqueo de contenido se considerará engañoso o inconsistente con los términos y condiciones de un proveedor de servicios. Pide también una revisión de la publicidad del gobierno en los sitios de redes sociales y si esas plataformas imponen restricciones basadas en puntos de vista.

—Pero ¿por qué es necesaria una regulación de Twitter y años atrás no lo era?

—Yo pienso que eso se debe a que las cosas cambian. Las redes sociales fueron un experimento que marcó una época de experiencias, de nuevos intentos de interacción y en la medida que Internet crecía, y la web se hacía más popular y tenía más herramientas, entonces dijeron ‘bueno, ¿por qué no crear más comunidades?’. Pero eso, por supuesto, ha crecido a niveles tan grandes que la gente que maneja estas marcas se ha dado cuenta de que tienen una enorme responsabilidad en sus manos, de modo que han sofisticado los términos, se han dado cuenta de la cantidad de implicaciones. En la medida que se hacen más populosas las redes sociales, obviamente se hacen mucho más influyentes. Entonces se han dado cuenta que lo que se dice en esas redes, crea tendencias en la sociedad, buenas, malas, peligrosas, auspiciosas. Eso tiene consecuencias sociales. Es una cuestión de alcance y de responsabilidad.

Los responsables detrás de la advertencia

Luego del aviso en su tuit, el presidente Trump cargó públicamente contra Yoel Roth, jefe de integridad del sitio. Brandon Borrman, vicepresidente de comunicaciones globales de Twitter, salió en defensa de Roth y explicó para el medio OneZero la decisión de la empresa. «La compañía necesitaba hacer lo correcto, y sabíamos desde una perspectiva de comunicaciones que todo el infierno se desataría», dijo.

De acuerdo con Borrman, el tuit de Trump sobre las boletas por correo no fue marcado por Twitter, sino por una de las organizaciones sin fines de lucro de terceros que se asocia con la compañía a través de su centro de integridad electoral. Estos socios de la marca tienen la posibilidad de marcar tuis que puedan violar la política de “integridad cívica” de la página. Borrman no reveló el nombre de la ONG.

Sesgo político

Todo este conflicto, apunta Nunez-Noda, llevará entonces a nuevos términos y condiciones de Twitter. Explica que a raíz de la promoción de los fake news (noticias falsas), la red social estableció un mecanismo que alerta a los usuarios del eventual engaño. Sin embargo, considera que estos son hechos concretos que se pueden verificar objetivamente. En cambio, la censura o advertencias a comentarios u opiniones pueden estar basadas en sesgos políticos, como lo ha denunciado Trump.

Ellos (Twitter) tienen que ser muy concretos en aquello que ellos prohíben. Si es fact checking, eso está bien. Si es prohibir pornografía, eso está bien. Conociendo a Trump, yo no tengo dudas de que está de cierta forma fomentando la violencia, y me parece que es peligroso. En el caso de Trump, lo que él hace, me parece a mí, es una amenaza. Es decirles ‘si tú sigues poniéndole banderas a lo que digo, entonces ahí vamos a tener que revisar con lupa hasta dónde llegas tú, y hasta donde llega tu trabajo editorial’. Aun cuando yo no estoy de acuerdo con lo que dijo Trump, yo no sé hasta qué punto yo tengo el derecho de decir qué no poner”, dijo.

Agrega: “probablemente alguno de los dos está cruzando el límite, está llegando más allá de dónde puede llegar”.

Sobre este punto, la orden ejecutiva busca que la división de estrategia digital de la Casa Blanca cree una herramienta para que ciudadanos reporten casos de censura en línea. Los casos serán analizados luego por el Departamento de Justicia y la Comisión Federal de Comercio (FTC). El mismo grupo de la Casa Blanca monitorizará usuarios o creará listas de observación basándose en interacciones de contenido y con otros usuarios.

En un país que siempre ha apreciado la libertad de expresión, no podemos permitir que un número limitado de plataformas en línea elija a mano el discurso al que los estadounidenses pueden acceder y transmitir en Internet. Esta práctica es fundamentalmente antiamericana y antidemocrática. Cuando las grandes y poderosas compañías de medios sociales censuran las opiniones con las que no están de acuerdo, ejercen un poder peligroso. Dejan de funcionar como tableros de anuncios pasivos y deben ser vistos y tratados como creadores de contenido”, dice la orden ejecutiva.

El gobierno estadounidense sugiere, por lo tanto, que los usuarios son víctimas de censura según su ideología. De hecho, Trump acusa a la plataforma de promover la agresión y la desinformación difundida por gobiernos extranjeros como China.

“Es peligroso, porque si Twitter está haciendo eso porque ellos tienen una orientación más de izquierda, y que la tienen, de paso, eso es peligrosísimo, porque están discriminando. Eso sí es grave, porque estaría ejerciendo censura bajo sus criterios. Yo creo que va a quedar como un impasse, como un precedente. Hay un sesgo de izquierda, hay que decirlo claro, y eso es lamentable porque le quita razón a Twitter”, opina el experto en periodismo digital. Un impasse que, por ahora, no tiene ganador. Probablemente nunca lo tenga.

Este artículo de El Diario fue editado por: José Gregorio Silva

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