Son pocos quienes llaman a la avenida de las Acacias, en Caracas, por su nombre original. Se le conoce como la «calle de los hoteles» y es el lugar para las citas a escondidas, los engaños o para resguardarse algunas horas en la pasión que esconde los escombros de una economía destrozada.

Yo iba caminando para encontrarme con una amiga cuando Cristina*, una mujer que estaba en la zona, me preguntó la hora desesperadamente. «Son las 3:00 pm», dije y continué con mi camino. Apuré el paso porque la soledad me generaba temor, a pesar de que todavía estaba soleado, pero en el trajín se me cayó el carnet de prensa, justamente a sus pies. 

Lo recogió con curiosidad. «Gracias, muy amable», le dije. Con pena me preguntó si aparecía en la televisión. Negué con la cabeza. Seguí caminando rápido porque solamente íbamos Cristina* y yo por esa acera. 

Foto: Fabiana Rondón. Referencial

En Caracas hay que dudar de todos. Me detuve para amarrar las trenzas de mis zapatos y me asusté cuando pasó una moto que aceleró cerca de nosotras. Era un hombre preguntando sobre la dirección de un sitio. 

De repente esa mujer delgada, morena, de cabellera negra y alta me dijo «Tal vez te pueda interesar mi historia. Soy enfermera, pero por aquí está mi otro trabajo». Llegamos a una esquina donde se encontraban varias mujeres sentadas en la acera con cara de fastidio, de hastío. Eso sí, cada vez que pasaba un carro inmediatamente forzaban una sonrisa. 

Foto: Veda Everdium. Referencial

Mi curiosidad pudo más que cualquier otra cosa. Por eso saqué mi celular y comencé a grabar nuestra conversación. Cristina se graduó en 2017 como licenciada en Enfermería. Quería ser médico, pero admite que eso le parecía «muy arrecho». Tiene dos hijos de cuatro y cinco años respectivamente y su esposo quedó discapacitado luego de recibir un disparo cuando intentaron robarle su moto. 

El sueldo de una enfermera recién graduada de licenciada equivale a 4,52 dólares, según me dijo. En la principal escuela de enfermería de Caracas hay casi 80% menos estudiantes que hace diez años.

Cristina se convirtió en el bastión de su hogar. Buscó empleo, pero solamente consiguió en instituciones públicas. «Es difícil cuando te piden pan y no tienes; cuando no los puedes mandar a la escuela porque no tienes con qué rellenar la arepa o simplemente no tienes nada», comentó sobre de sus hijos.

Relata que siempre pasaba por la «calle de los hoteles” porque cuidaba a una anciana que tenía todos sus hijos fuera del país. Con ese trabajo resolvía para comprar los alimentos, hasta que la señora falleció. Nunca pensó que trabajaría en esa calle para dar placer a otro hombre que no fuera su esposo. La necesidad de comprarle alimentos y ropa a sus hijos la llevó a tomar la decisión de prostituirse durante las noches, tres veces por semana. 

La última vez que pasé por aquí, vi en la otra esquina a un hombre pagando cinco dólares. Yo pensé en mis hijos, mamita. Mi trabajo no me daba para mantener yo sola la casa. Así que comencé», dice con indignación.

Confiesa que le miente a su esposo e hijos sobre su trabajo como enfermera. La excusa es que encontró un empleo por las noches, tres veces por semana, cuidando a alguien. Durante esas tres jornadas puede conseguir el doble del sueldo mínimo, aunque si la semana es «floja» consigue menos. También ha practicado sexo oral por una harina de maíz precocida y unas cuantas latas de atún. 

Foto: Veda Everdium. Referencial

El sueldo mínimo en Venezuela actualmente es de 400.000 bolívares y el bono de alimentación Bs 400.000, para un ingreso mínimo mensual de Bs 800.000 bolívares, lo que equivale a 3,95 dólares mensuales, según la tasa oficial del BCV con fecha 26 de junio, un monto que apenas alcanza para comprar un kilo de queso y un kilo de harina de maíz precocida.

Se me hacía tarde y debía irme. Guardé el celular mientras Cristina pintaba sus labios de rojo, se ponía unos tacones que la hacían lucir mucho más alta y que mostraban sus piernas cubiertas con mallas negras. Yo seguí mi camino mientras ella se preparaba para una nueva jornada. 

*El nombre de la entrevistada fue modificado para proteger su identidad.

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