• La central nuclear de Fukushima sufrió un accidente en el año 2011 como consecuencia de un terremoto de magnitud 9.0

Tras casi una década del accidente ocurrido en 2011 en la central nuclear de Fukushima en Japón, el gobierno de ese país evalúa la posibilidad de liberar en el océano más de 1.000.000 de toneladas de agua radiactiva.

Luego de que se produjese el accidente las autoridades japonesas han tenido que estabilizar los reactores dañados haciendo uso de toneladas de agua. El problema de esta solución, que hasta el momento es la única que han podido emplear, es que una vez utilizada tiene que ser bombeada y almacenada debido a que contiene isótopos radiactivos.

De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA por sus siglas en inglés) la central produce diariamente un promedio de 170 toneladas de agua radiactiva. Desde la empresa Tokyo Electric Power Company, que administra la central, explicaron que calculan que a este ritmo para 2022 no tendrán espacio para almacenar el agua contaminada.

Ante este panorama el gobierno japonés cree que la única solución es vaciar, de forma controlada, el contenido de los tanques en el océano Pacífico, proceso que tendría una duración de al menos 30 años. Sin embargo esta medida ha enfrentado una férrea oposición por parte de grupos ambientalistas, así como países de la región como China.

Detractores

Desde la organización ecologista Greenpeace aseguran que la realidad es que si bien el gobierno japonés asegura que el agua almacenada puede ser vertida sin riesgo alguno, la situación sería diametralmente opuesta.

Explican que deshacerse del agua radiactiva, en las condiciones planteadas hasta la fecha, podría tener implicaciones nocivas para la salud. Entre ellas resaltan el daño que el Carbono-14, uno de los elementos presentes en el agua, sería capaz de provocar en los seres humanos, especialmente en su ADN.

Apuntan que este isótopo tiene una vida de más de 5.000 años por lo que fácilmente podría concentrarse en altos niveles en organismos marinos como los peces, los cuales posteriormente pueden llegar a ser ingeridos por personas. 

“El gobierno japonés ha construido una serie de mitos en un intento por justificar sus planes de dumping”, aseguran desde Greenpeace.

Indican, además, que los señalamientos están respaldados por estudios científicos que revelaron que el agua a ser vertida al océano no solo contiene altos niveles de Carbono-14, si no que además posee otros radionucleidos que la convierten en un “peligro potencial” durante miles de años.

Estos comentarios se encuentran plasmados en un informe publicado por la organización ambientalista, titulado “Deteniendo la marea 2020: la realidad de la crisis del agua radiactiva de Fukushima”.

Las voces de alarma con respecto al plan japonés también se han producido por parte de organizaciones ligadas a la pesca. Ellas temen que esta decisión pueda suponer el desplome de las exportaciones de productos marinos ante el temor de posibles efectos nocivos para la salud.

Al mismo tiempo países como China han señalado que de llegar a verterse el agua contaminada en el océano, no descartan prohibir la importación de pescado proveniente de Japón.

¿Qué pasó en Fukushima?

En el año 2011 ocurrió en la central nuclear de Fukushima uno de los peores accidentes nucleares de la historia. El motivo fue un terremoto de magnitud 9.0 y posteriormente un Tsunami que afectó las costas de Japón con olas de hasta 40,5 metros de altura.

Al momento de producirse el movimiento telúrico se encontraban operativos tres de los seis reactores nucleares con los que contaba la central. Como parte de las medidas de seguridad dichas unidades se apagaron de forma automática al tiempo que comenzaron a trabajar los motores diesel de emergencia para garantizar la refrigeración de los reactores.

Sin embargo, debido al choque del Tsunami diversas zonas críticas de la planta quedaron inundadas lo que ocasionó que los sistemas de refrigeración fallaran.

Esto propició que las unidades se sobrecalentasen y ocurrieran múltiples explosiones dentro de las instalaciones. Todo esto llevó a que el núcleo de los tres reactores sufriesen la fusión de su núcleo.

Decisión sopesada

Pese al debate originado por la idea de liberar en el océano agua radiactiva, desde el gobierno japonés han justificado el plan señalando que este cuenta con el respaldo de la comunidad científica.

Afirman que otra opción que se encuentra sobre la mesa es liberar el agua en la atmósfera a partir de emisiones de vapor. Estos dos planes serían factibles de acuerdo con un estudio realizado por científicos de la IAEA publicado durante el mes de abril.

“Las dos opciones para la eliminación controlada – liberación de vapor y descargas al mar – son ambas técnicamente factibles”, indica el organismo en un comunicado de prensa.

Otra idea que se barajó pero fue descartada por ser solo de carácter temporal fue la de enterrar los contenedores y esperar durante varias décadas hasta que el agua se haya limpiado de forma natural.

Agregan desde el IAEA que construir nuevos tanques para almacenar más agua contaminada tampoco es una opción viable pues no es sostenible en el tiempo. Además de que podría poner en riesgo las operaciones en la central de Fukushima.

Desde el gobierno japonés explican que el vertido del agua no supondría ningún riesgo medioambiental pues esta ya ha sido tratada para eliminar más de 62 isótopos radiactivos. Este proceso se conoce como Sistema avanzado de procesamiento de líquidos (ALPS por sus siglas en inglés).

Sin embargo, este procedimiento es ineficaz para eliminar el tritio. El motivo es que se encuentra en concentraciones demasiado bajas para que los procesos de purificación del agua sean efectivos.

¿Qué es? El tritio es un isótopo radiactivo cuya semidesintegración se produce luego de 12,3 años.

De acuerdo con Ken Buesseler, científico especialista en química marina y geoquímica, esto no debería de suponer un problema pues el tritio es relativamente inofensivo para la vida marina.

Argumenta que “las partículas de baja energía que emite hacen poco daño a las células vivas”.

Esta visión es compartida por Pascal Bailly du Bois, científico del Laboratorio de Radioecología de Cherbourg-Octeville en Francia, quien apunta que su impacto radiológico en los peces y la vida marina será similar a cuando la central de Fukushima operaba con normalidad.

Buesseler señala que, pese a no tener un efecto nocivo para la salud, de ser liberado en el océano el tritio podría llegar a las costas de Estados Unidos en un lapso de unos dos años.

Todo esto implica que la liberación de las más de 1.000.000 de toneladas de agua radiactiva no pondrá en riesgo tanto el medio ambiente y la salud de quienes consuman alimentos procedentes del océano.

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