• ¿Cómo es la formación de las juventudes de los partidos políticos en Venezuela? ¿Quiénes son? ¿Cómo piensan? ¿Cuáles son sus aspiraciones de cara al futuro? ¿Qué oportunidades tienen de crecer en el contexto venezolano actual? En este nuevo seriado, El Diario busca dar respuesta a las interrogantes, a través de entrevistas a jóvenes promesas de distintas formaciones políticas del país. En esta entrega conversamos con Silvia Solórzano, Dilan Estrada y Esteban Roa, secretarios juveniles de PJ

Un pendón de Fernando Albán cuelga en la sede de Primero Justicia (PJ), en Los Palos Grandes, Miranda. En el salón, que lleva también el nombre del concejal asesinado en el edificio del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), entra una señora. Lleva consigo otro afiche para pegar en la pared: es el de Juan Requesens, uno de los ex presos políticos más emblemáticos del régimen de Nicolás Maduro y líder de la formación amarilla. Las instalaciones están vacías; pocas veces se reúnen. Ya no solo por la pandemia, sino porque muchos de sus representantes están en el exilio. Allí se congregan Silvia Solórzano, Dilan Estrada y Esteban Roa, jóvenes promesas del partido. Las imágenes de sus mártires les recuerdan que la lucha que escogieron es de alto riesgo. Son las consecuencias de hacer política en Venezuela. 

La primera en llegar es Silvia Solórzano. Es la secretaria nacional Juvenil de PJ. Lo deja en evidencia con los constantes mensajes, audios y llamadas que hace para planificar el acto por el Día de la Juventud que se realizó un día después en la plaza Bolívar de Chacao. Como cara del partido, toma la iniciativa para hablar sobre todos los detalles referentes a la organización. Con frecuencia observa su teléfono. Algo parecía andar mal.

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Dos autobuses en los que viajaban militantes de la tolda fueron detenidos en El Junquito por funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), cuando volvían de una reunión logística en la Colonia Tovar el 11 de febrero. Entre sus 32 pasajeros estaba Merci Barrios, secretaria de Organización Nacional Juvenil, quien no pudo acudir a la entrevista con El Diario debido a que fue llevada junto con el grupo al comando del cuerpo policial, ubicado en la urbanización Montalbán. Los liberaron siete horas después.

Con 20 años de edad, Dilan es el menor del grupo, aunque por su estatura y físico no lo aparente. Su juventud se refleja en su carácter enérgico y bromista, pero al momento de tomar la palabra su verbo se asemeja al de un político con varios años de experiencia. Sentado desde la esquina de la mesa, habla con claridad y sin temor de dar sus opiniones personales. Salvo contadas excepciones, su discurso derrocha convicción y no repara en ser el primero en intervenir en la mayoría de las preguntas. 

Esteban se une a la conversación unos minutos después. Ya trae puesta, al igual que Silvia y Dilan, una franela con el logo del partido. De tono más bajo de voz, su oratoria parece avanzar según vaya ordenando sus ideas. Y, por momentos, suelta atisbos de pensamientos menos uniformes que los de sus compañeros. 

Silvia Solórzano

Los primeros acercamientos de Silvia Solórzano con la política se dieron en la Universidad Central de Venezuela (UCV). En la Escuela de Estudios Políticos y Administrativos, donde ingresó, impera la dinámica de los partidos políticos. Allí fue miembro del grupo activista Impulso 10, donde se codeó con estudiantes más adelantados en la carrera que ella. La mayoría eran militantes de Primero Justicia, así que los tiros apuntaban hacia la formación amarilla.

Fue en abril de 2013 cuando formó parte oficialmente del partido. Venezuela se alistaba para las elecciones presidenciales entre Henrique Capriles y Nicolás Maduro que posteriormente ganaría este último, de acuerdo con el Consejo Nacional Electoral (CNE). A partir de allí formó parte de los eventos y actividades de PJ, principalmente cuando se trataba de asuntos electorales, su principal atracción en el ámbito político. Cinco años después, en 2018, tuvo su primer cargo en la estructura, al ser nombrada secretaria nacional de Justicia Universitaria, rama que le permitió ya desde entonces trabajar con los estudiantes. Fue solo un preámbulo para el rol que desempeña desde septiembre de 2020: secretaria nacional juvenil de Primero Justicia.

Estructura juvenil

Si de algo parecen sentirse orgullosos los miembros de la rama juvenil de Primero Justicia es de la organización de su partido. Como secretaria nacional, Silvia señala que para ellos es de suma importancia conocer las estructuras organizacionales en todos sus niveles y, que a diferencia de otras toldas políticas, los jóvenes siempre son incluidos en las actividades y tareas importantes.

“Los jefes de los partidos, los que llevan los mayores cargos, siempre nos toman en cuenta para tareas grandes y sobre todo para tareas organizativas que tienen peso dentro del partido. Ellos entienden que somos mucho más que estar para la foto”, comenta.

Al respecto, Dilan cuenta que en el año 2019, con motivo de la creación de los Comités de Ayuda y Libertad por parte del gobierno interino de Juan Guaidó, le tocó junto a los miembros juveniles de Miranda aprender todo el proceso de organización de esas figuras, cuya función era articular a la sociedad civil para el cese de la usurpación de Nicolás Maduro. Una vez aprendidos los detalles técnicos, se le asignó la tarea de recorrer todo el estado para instruir a los jefes municipales. “A mí me daba pena más bien decirles qué es lo que tenían que hacer. Es una responsabilidad muy grande manejar a tanta gente”, apunta.

Solórzano explica que el proceso de formación de los nuevos prospectos corre a cargo de la Secretaría de Doctrina, dirigida por el diputado Juan Miguel Matheus. Igualmente, a través de la Fundación Juan Germán Roscio, los jóvenes son preparados para su carrera política en diferentes materias como oratoria, liderazgo, comunicación y marketing político, además de recibir constantemente charlas y talleres sobre temas específicos, como por ejemplo, economía, con el diputado José Guerra.

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

En lo que corresponde a ideología y pensamiento filosófico, menciona que todas las enseñanzas, valores y posturas del partido están recogidos en lo que denominan “el libro amarillo”. Una guía con todos los estatutos que a lo largo de la entrevista Silvia, Dilan y Esteban probaron conocer casi de memoria.

Al ser consultada sobre cuántos miembros cuenta la rama juvenil de la tolda, afirma que actualmente se encuentran en un proceso de depuración de sus listas para su próximo censo, por lo que no hay una cifra exacta de las estructuras dispuestas en los 24 estados del país.

Pero no toda la formación es infalible. La Operación Alacrán lo demostró en 2020 cuando Luis Parra, diputado de Primero Justicia por Yaracuy, se proclamó presidente de la Asamblea Nacional de manera irregular con el apoyo de la fracción del Polo Patriótico y un grupo de parlamentarios disidentes de la Unidad. Entre ellos también estaba el diputado y encargado de la tolda en el estado Anzoátegui, José Brito. Hoy ambos están autoexcluidos del partido e integran el Parlamento del chavismo. 

Silvia lamenta el “daño” que personajes como Parra, Brito, o el exdiputado por Trujillo Conrado Pérez, hicieron a PJ, sobre todo en las regiones. Aunque asegura que las juventudes no se vieron tan afectadas por la acción de los parlamentarios disidentes, el hecho obligó a intervenir las direcciones del partido en sus estados. “Tenemos que reforzar a las estructuras en valores y principios, porque siempre van a existir personas que no las mueve la política sino otros intereses como el dinero”, asevera.

Dilan asegura que en el estado Miranda la Operación Alacrán sí tuvo cierto rango de influencia porque los dirigentes autoexcluidos buscaron tocar las bases del partido, principalmente a aquellos inconformes con el rumbo tomado por la oposición. “Ellos capitalizaron en algún momento el descontento con la ruta de la presidencia interina, algo que pudo haber sido dirimido en espacios como estos de discusión y de debate”, acota.

La doctrina amarilla

Son pocas las veces que, al hablar de ideología, los dirigentes juveniles no se ciñen al libreto del partido. Es, más bien, una doctrina. Al principio sus postulados pecan de ambiguos y genéricos. El centro de la acción del partido, responden Silvia y Dilan, es el ser humano, la justicia, la libertad. Aseguran que son las diferencias entre PJ y el resto de partidos políticos del país, los cuales señalan con raíces progresistas. Aunque la secretaria juvenil nacional reconoce que son ideas abstractas, sostiene también que en el partido son incisivos con esos principios.

En la práctica, el “libro amarillo” se ubica en la centroderecha. La ideología, dice Dilan, podría asemejarse al liberalismo alemán. Algo cercano a Ángela Merkel. En la economía, explican Dilan y Silvia, creen que el libre mercado debe tener ciertas limitaciones: se inclinan a la derecha. Al Estado no lo visualizan mínimo, sino presente para garantizar seguridad, defensa y condiciones justas al mismo mercado. En lo social son más de izquierda.

Esteban coincide y amplía: presencia del Estado, pero sin subsidios; inversión en servicios públicos, pero en búsqueda de que las personas creen capacidades que los lleven, a su vez, a ser más libres. En otras palabras, parafraseando el proverbio chino, no regalar pescado sino enseñar a las personas a pescar.

El debate sobre el socialismo se da a través de dos citas. Aunque no lo saben, fueron dichas por dos líderes políticos de Venezuela. Con uno de ellos, en teoría, deberían sentirse más identificados. No fue así. La primera es “el socialismo busca democratizar la propiedad” y la segunda es “el socialismo es saqueo”. Después de unas sonrisas y un silencio compartido, Dilan toma la palabra.

“Cuando uno pone las discusiones de este tipo en blanco y negro, es complejo. Si digo que el socialismo es saqueo, por ejemplo, ¿entonces todas las posturas que sean de izquierda como la expropiación con fines de utilidad pública, con unos parámetros de seriedad (…) puedes considerar que eso es saqueo? Por otro lado, el que diga que el socialismo es democratizar la propiedad, ¿entonces tú estás a favor de los desmanes que ha habido en Venezuela cuando se pasa por encima de la propiedad de las personas?”, cuestiona.

Silvia, en principio dubitativa, responde: “Creo que ambas frases son dichas acá en Venezuela, porque suenan mucho a frases que dirían en el contexto del país. No es democratización de la propiedad. Si lo van a tomar como ejemplo, eso es algo que diría alguien del socialismo del siglo XXI. Y el tema del saqueo, se ha demostrado al menos en los últimos 20 años cómo es la violación a la propiedad privada. Pero creo que va más allá incluso de un tema ideológico. O sea, el régimen se ha basado en decir que son de cierta ideología para hacer todo el daño que han hecho, pero el daño va mucho más allá de la ideología”.

—“El socialismo es saqueo”, lo dijo María Corina Machado.

La revelación no les causó mayor sorpresa. De cierta manera, no es tan descabellado.

—La primera frase, “el socialismo busca democratizar la propiedad”, es de Julio Borges.

Luego de una risa cómplice, responden:

—Silvia: Ok, interesante. Habría que ver el contexto, pero es interesante.

—Dilan: Creo que fue un periodo donde afirmábamos que no estábamos viviendo un verdadero socialismo. Pero eso fue 2006 para abajo.

Fue, en realidad, en 2009. 

Dilan Estrada

Ya de adolescente, Dilan Estrada se involucró en la política trabajando con la Federación Nacional de Estudiantes de la Educación Media (Feneem). No obstante, fue el año 2017 el que se volvió un parteaguas en su vida. Tenía 17 años de edad y, como muchos otros jóvenes, formó parte de las protestas ciudadanas que por esos meses sacudieron al país. Su ciudad natal, San Antonio de los Altos, en el eje de los Altos Mirandinos, fue uno de los mayores focos de resistencia y represión, donde el 16 de mayo murió con una sonrisa el biólogo de 31 años Diego Arellano, por un proyectil en el tórax.

Desde esa trinchera Dilan participó en la organización de asambleas con sus compañeros de lucha y liceos locales. Fue a través de amigos que empezó sus coqueteos con PJ. Sería justamente durante un cabildo abierto que haría su debut como militante. “Hubo un micrófono abierto, yo tomé la palabra y di un discurso. Ahí de una vez me absorbió Primero Justicia”, relata.

Debió esperar la mayoría de edad para poder inscribirse formalmente en el partido, pero una vez puesta la franela amarilla, no hubo marcha atrás. El 19 de abril de 2018, para el Congreso Nacional de Juventudes realizado en el Gimnasio Cubierto de la Universidad Central de Venezuela (UCV), fue encargado de aglutinar la mayor cantidad de sectores de su región para el evento y desde entonces quedó a cargo de la Secretaría Juvenil del partido en el estado Miranda. Actualmente alterna sus responsabilidades partidistas con las estudiantiles en la Escuela de Derecho de la UCV, donde también es miembro de una plancha universitaria.

Ruptura con el pasado

Fundado en el año 2000, Primero Justicia tuvo desde el principio a su favor la carta de ser un partido con más futuro que pasado. Una generación de políticos jóvenes que marcaban distancia del antiguo sistema dominado por Acción Democrática y Copei. Nombres como Henrique Capriles Radonski, Leopoldo López (hoy fundador de Voluntad Popular), Julio Borges y Carlos Ocariz comenzaban a sonar en la escena nacional como una alternativa fresca al chavismo, sin las manchas de la ahora llamada Cuarta República. 21 años después, la nueva generación parece querer mantenerse deslastrada del pasado.

Ante las preguntas relacionadas con temas de historia, los dirigentes juveniles al principio ríen y se miran sorprendidos, como si no esperaran que la entrevista tomara ese rumbo. Luego hacen silencio. Repasan mentalmente antes de responder. 

“Yo creo que, si bien no hemos vivido un gobierno diferente a este, los venezolanos tenemos una profunda raíz democrática, incluso los que hemos nacido de 1998 para acá. Creo que hemos tenido mucha conciencia de lo que estamos viviendo, y de que no se va a repetir más”, comenta Silvia sobre su percepción del período democrático. Ella nació en 1994, año en el que el Pacto de Puntofijo desapareció con la elección por segunda vez de Rafael Caldera en la Presidencia, esta vez no con Copei, sino con Convergencia y una alianza de partidos de izquierda.

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Aunque admite que hubo factores que llevaron al inminente desgaste del modelo político venezolano a finales del siglo XX, Solórzano cree que Puntofijo representó “un pacto ejemplar en la historia”, en un momento en el que la mayoría de los países de Latinoamérica estaban bajo el yugo de dictaduras militares. Por su parte, Esteban destaca que entre 1958 y 1978 Venezuela experimentó su etapa de mayor crecimiento económico y social, con un auge en la escolarización, las oportunidades de empleo y el salario. Sin embargo, para él lo que ocurrió en las décadas siguientes fue una crisis por la falta de liderazgo y de visión dentro de las cúpulas políticas. 

“Nos quedamos estancados en un modelo que estaba preparado para 20 años y no hubo una renovación, no solo desde el punto de vista político, sino desde el punto de vista de políticas económicas, estructurales y de educación que hicieran que la gente volviera a confiar en el gobierno, que volviera a sentir que estaban creciendo económica y socialmente dentro de la sociedad venezolana. Esto hizo que cada vez menos personas estuvieran saliendo de la pobreza”, comenta.

Para la época en la que nació Esteban, el chavismo había recién asumido el poder con la promesa de acabar con todos los paradigmas de la era anterior. El secretario juvenil reconoce que la elección de Hugo Chávez fue “un pase de factura” a una dirigencia política que no supo recobrar la confianza de la población ni aliviar las presiones económicas a las que estaban sometidos.

Dilan nació el mismo año en que Primero Justicia fue registrado como partido y no ha vivido otro gobierno que no tenga que ver con la revolución bolivariana. Para él la democracia es un relato que llega desde los libros de historia o anécdotas de sus familiares, pero eso no le impide juzgar ese periodo con ojo crítico.

Explica que el mayor problema de la llamada Cuarta República fue el secuestro de la política y la reducción de espacios para la participación ciudadana. De la brecha entre la clase gobernante y la gente nació un desencanto por las instituciones y la cultura democrática que les llevó a buscar otras opciones, sin importar las cualidades del candidato. Aclara que no es un problema de un solo país, pues también se ha visto en Francia con la líder ultraderechista Marine Le Pen, o con Estados Unidos y Donald Trump. En el caso de Venezuela, ocurrió en 1998 con Chávez.

Teniendo a Chávez como un líder populista, tenemos que entender que parte del caldo de cultivo que genera un populismo de esa magnitud suele partir de un resentimiento de la población con la política; o sea, la gente siente que la política no le está dando resultados a sus problemas y por eso busca a la personificación de lo que va en contra, al menos en ese momento, del sistema que está preponderando”, indica

Aunque cada uno mantiene su opinión respecto al periodo democrático, todos coinciden en un rechazo unánime a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Para ellos, existe una idealización hoy en día desde las redes sociales hacia los gobiernos de mano dura con obras de infraestructura monolíticas, pero que no son más que una falacia.

“Tú no puedes gobernar por encima del sufrimiento de la gente. Más allá de temas económicos, de temas de avances infraestructurales, hay algo importante y es el desarrollo de las libertades de los ciudadanos, de la democracia, de la capacidad de disentir en un momento dado sobre cómo se están haciendo las cosas”, apunta Dilan.

“Creo que ahorita parte de eso estamos viviendo y no podemos sacrificar nuestro crecimiento como seres humanos o nuestra capacidad de disentir, de decir lo que pensamos, con tal de tener crecimiento económico. Ojo, que ahorita no estamos viviendo ninguno de los dos. Ni crecimiento económico ni poder disentir u opinar”, completa Silvia.

Referentes civiles

La historia venezolana siempre ha estado saturada de figuras militares. No son pocos los académicos e intelectuales que han observado con preocupación la idolatría hacia los mismos próceres de siempre como Simón Bolívar o Antonio José de Sucre. Los jóvenes, aunque eluden esos lugares comunes de la política y apuestan más por civiles, se toman un momento antes de responder cuáles son sus referentes.

—¿Qué políticos y personajes históricos venezolanos pudieran decir que son su modelo a seguir dentro de la política?

—Dilan: Tengo mis reservas con respecto al pasado. ¿Tú no tienes uno así en particular, politóloga? (Pregunta a Silvia).

—Silvia: A mí me gusta alguien que pudo haber sido pero que no fue, que aparece en El pasajero de Truman (novela de Francisco Suniaga)… que perdió la cabeza….

— Diógenes Escalante…

—Silvia: ¡Diógenes Escalante! Ese es mi libro favorito. Yo valoro mucho este tema de personas de Estado, él hizo un esfuerzo muy grande a nivel internacional, me parecía una persona súper interesante. Al final las circunstancias lo sacaron del camino electoral, pero era muy interesante. Otra persona es José María Vargas.

— D: Si nos vamos más allá, hasta Juan Germán Roscio.

— S: Exacto, nuestra fundación se llama así porque fue uno de los que ayudó a escribir el acta de la Independencia. E hizo un trabajo para la construcción ideológica de la Primera República.

Silvia revisa el celular, parece un mensaje importante. Responde con un reloj de pulsera sobre la mesa y el ceño fruncido, mientras Dilan continúa su explicación sobre la importancia de Juan Germán Roscio para la militancia de PJ.

“Fue uno de los líderes civiles más importantes de la época en un contexto lleno de militares. Fue la columna vertebral civil. Además, tuvo sus encuentros personales con un hombre como Francisco de Miranda, en ese entonces. Otro referente, sin duda, es Arturo Uslar Pietri. Por lo que significó su pensamiento y cómo se acopla a la Venezuela de hoy. Pero bueno, más allá de eso yo prefiero pensar en el futuro porque, así como ahora estamos viviendo un modelo totalmente agotado, recuperando las posturas de algunos venezolanos insignes del pasado, podemos construir una Venezuela muy distinta a la que hemos conocido”, dice.

Foto: José Daniel Ramos

Del pensamiento de Uslar Pietri rescata especialmente -acaso respuesta inevitable en estos días- el tema del petróleo. El daño que causó al país el depender por tantas décadas de la producción de un solo rubro. Señala que las ideas de Uslar dan una explicación ideal sobre cómo el rentismo petrolero arraigó en la mentalidad y cultura del venezolano, a la vez que sirve como punto de partida para formar en el futuro una economía que amplíe sus horizontes a recursos menos explotados como el capital humano, la innovación y la tecnología. 

Esteban, por otro lado, pone sobre la mesa el nombre de un civil que sí tuvo protagonismo en su momento y llegó a ser una figura de poder. Él no tiene dudas en mencionarlo sin reparo: Rómulo Betancourt.  “Es alguien que, desde lo personal, hizo lo que tenía que hacer. Hizo lo necesario, políticamente fue un gran estratega y conciliador, que yo creo que en momentos difíciles para conseguir la democracia es algo complejo de lograr”, asegura.  

También rescata la imagen de Francisco de Miranda como uno de los padres de la Independencia, aunque no en su faceta militar como generalísimo, sino como ideólogo de la causa patriota y venezolano universal, que recorrió el mundo participando en eventos históricos como la revolución francesa o la estadounidense. “Tenía ideas muy distintas y rasgos democráticos muy distintos a los que tenía Bolívar, que para mí son bastante importantes”, afirma.

Esteban Roa

Lo que impulsó a Esteban Roa a entrar en la política fue la vocación de poder. Es solo a través de él que se pueden lograr soluciones factibles y duraderas, dice. Las acciones pequeñas, aunque ayudan, no cree que puedan generar los cambios que necesita el país.

Bajo esa premisa se interesó en entrar en un partido político. El país venía de las elecciones parlamentarias del año 2015, en las que la oposición al régimen de Nicolás Maduro logró una mayoría calificada en la Asamblea Nacional, y eso lo impulsó todavía más. Los temas electorales, dice con fascinación evidente, le apasionan. Entonces empezó su búsqueda particular. A través de las redes sociales rastreaba eventos y reuniones de partidos políticos y asistía como oyente. Durante ese período llegó a ir a charlas de Voluntad Popular, de Acción Democrática, de Vente Venezuela y de Un Nuevo Tiempo. Ninguno lo convenció.

La fecha en la que por fin se identificó con un partido todavía la recuerda con precisión. Fue el 25 de febrero de 2016. Tenía 18 años de edad. Escribió por Instagram a la juvenil de la formación que le faltaba por escuchar y acordó ir a uno de sus eventos. Una vez allí descubrió que compartía sus principios, sus valores y sus formas de hacer política. Era Primero Justicia. Desde entonces su ascenso ha sido vertiginoso. Empezó como dirigente zonal, luego parroquial, después municipal, hasta que llegó a la Juventud PJ de Caracas. Ahora forma parte de la Juvenil Nacional del partido.

Instrumentalización de la juventud

Silvia, Dilan y Esteban son conscientes de la banalización de la figura juvenil en la política venezolana actual. La imagen, coinciden, está justificada en algunos casos. La utilización de los jóvenes para una foto, un video, o algún que otro discurso en una manifestación, corresponde a vender una idea de rejuvenecimiento, comenta Esteban. Aunque exculpan a su partido, reconocen que algunos jóvenes se prestan para ello. Ya no solo es una percepción de sectores de la sociedad, sino una cuestión que va desde las élites de algunos partidos políticos.

Los diagnósticos tienen sus matices. La tesis de Esteban va más enfocada hacia un mea culpa. “Yo creo que sí se subestima a los jóvenes, pero también porque nosotros hemos estado en una etapa de sumisión donde no estamos dispuestos a arriesgar o no estamos dispuestos a aceptar lo que somos capaces de hacer”, comenta. Para él no solo se trata de que los jóvenes tengan roles representativos, sino cómo llegan a ellos. Pasa primero, dice, por estar preparados, por ofrecer algo nuevo y diferente a lo que ya se ofrece, y desde esa forma, en los cargos de relevancia dentro de las formaciones, tener propuestas de cambio reales y factibles.

Foto: José Daniel Ramos

Lo que sucede con esta generación -como a otras pasadas-, responde Dilan, es que le ha tocado “mascar chicle y caminar al mismo tiempo”. Es decir, trabajar la formación ideológica y académica junto con la experiencia política en la calle. Agradece que así sea, porque más allá de libros y teorías -aunque no les resta importancia-, entiende la política desde el contacto con la gente, con las distintas realidades. Pone como ejemplo a la generación de 2007. Miguel Pizarro, Freddy Guevara, Juan Guaidó, hoy presidente interino -lo reconoce como tal-, y tantos otros, tenían vocación de poder, “estaban muy bien preparados” y supieron insertarse en el statu quo, dice.

“Yo siento que el peor error que puede cometer un político joven como uno es desconectarse de la realidad. Quedarse en la política del video, en la rueda de prensa. Pero la acción política va mucho más allá, son los encargados de guiar gente, de movilizar personas en torno a una causa justa, plantear las discusiones importantes, de ponerse de acuerdo con quien no piense como tú, importantísimo”, agrega Dilan.

También hay jóvenes que han sido usados como carne de cañón en las distintas manifestaciones desde el año 2014. En palabras de Miguel Pizarro, el “sifrinazgo caraqueño que les daba plata y comida los increpaba a hacer cosas supuestamente heroicas en nombre de la libertad, cuando en verdad eran irresponsabilidades”.

Salvo por el término “sifrinazgo”, los jóvenes coinciden plenamente con Pizarro. Dilan, sin dudarlo, afirma que hubo personas “con un cierto poder económico” que apostaron por incitar la lucha violenta, sacrificando la vida de las juventudes bajo la promesa de que eso sacaba del poder a Maduro. No dan nombre, tampoco dicen partidos. Silvia, quien dice desconocer quién era ese “sifrinazgo”, asegura, como suele pasar en Primero Justicia, que era una opinión personal de Pizarro y no una posición del partido. A esa costumbre reciente de señalar las opiniones de personas, pero no expulsarlas de la formación, responde que las diferencias son enriquecedoras. Los límites los ponen los ideales “centrohumanistas” del “libro amarillo”.

En ese punto, Dilan atiza contra otros partidos. “Yo siento que muchas veces las juventudes sí pueden ser instrumentalizadas para fines políticos determinados. Eso pasa mucho con el Movimiento Estudiantil, del cual también formo parte, que de repente el partido que incide dentro de ciertos dirigentes estudiantiles pretende que para esos momentos los estudiantes estén al servicio de una ruta particular. Pasó en los últimos años. Tú nombras a los estudiantes, los haces parte en tu discurso -quizás les pasó también a las enfermeras-, pero a la hora de la chiquita es solo un discurso y no mucho más de ahí. Entonces el contenido social está como instrumentalizado”, opina el joven de 20 años de edad.

Foto: José Daniel Ramos

En PJ, concluye Esteban, las directrices en ese sentido están claras. “Preservar la vida cuando las cosas se ponen feas”. Resistir hasta cierto punto.

Más allá de las acusaciones que sueltan al aire y de una cercanía que hasta ahora no se ha logrado, aseguran que la relación con las juventudes de otros partidos es buena. A la mayoría los conocen gracias a las luchas estudiantiles. Apuestan a la unidad con ellos, pero entendiendo que la lucha primero es interna, dice Silvia. Agrega que es hora de organizarse y movilizar a la sociedad. 

¿Cuál es el camino?

Las elecciones parlamentarias de 2015 marcaron un hito en la historia política venezolana reciente, al representar no solo la mayor derrota del chavismo en las urnas, sino la consagración de una nueva generación de dirigentes que venían de la lucha juvenil de 2007 y 2014, con nuevos rostros como José Manuel Olivares, Juan Requesens o Gaby Arellano. Para Dilan, luego de años de estancamiento en el rumbo político de la oposición, no fue sino hasta 2012 y 2013 que su dirigencia entendió la necesidad de convertirse en una alternativa política real para los venezolanos.

Los juveniles de PJ repasan en voz alta los principales acontecimientos de la primera década del chavismo, como el golpe de Estado fallido del 11 de abril de 2002, la abstención en las elecciones parlamentarias del 2005, las protestas de 2007 por el cierre de Radio Caracas Televisión (RCTV) o el referéndum constitucional de 2009. Aún eran niños cuando ocurrieron cada uno de esos eventos, pero así como reconocen algunos como importantes victorias, consideran que la oposición también tuvo sus tropiezos. 

“Durante muchos años la comunidad internacional nos vio como unos niños llorones, que hacíamos una pataleta porque no podíamos ganarle a Chávez. Quizás fue por eso que la gente comenzó a ver en sus jóvenes y sus dirigentes estudiantiles una alternativa política real”, comenta Dilan.

El secretario juvenil de Miranda no duda en calificar entre esos errores al intento de golpe de 2002. Explica que para poder desmantelar las instituciones democráticas del país, Hugo Chávez se valió de su enorme popularidad, por lo que fue un fallo terrible de la dirigencia subestimar el nivel de apoyo que tenía el entonces presidente. 

Opina que otro error que no debió cometerse fue “haberle dado cancha abierta” al chavismo en la Asamblea Nacional en 2005. Celebra que ese camino fue rectificado en las parlamentarias de 2015, donde la oposición construyó una mayoría en un país hasta ese momento polarizado. A pesar de haberse iniciado en las calles entre lacrimógenas, Dilan es crítico de la jornada de protestas convocada por Leopoldo López en 2014 y conocida como “La Salida”. Para él, no debió crearse la expectativa de que ese año se sacaría a Nicolás Maduro solo con manifestaciones, sobre todo en esa época en la que el régimen aún contaba con algo de respaldo popular. 

“Yo siento que fue un tema retórico. Pensar en ese momento que íbamos a salir de Maduro con la Venezuela de las dos mitades. Yo creo que muchas veces uno de los errores más graves que comete la oposición es cómo comunica las cosas, los pasos a seguir, los balances de lo que hemos logrado, ha sido muy complicado. Un término tan determinista, tan existencial como La Salida, es ahora o nunca, el cambio está a la vuelta de la esquina, esos temas realmente chocan. Yo siento que una manifestación planteada en otros términos habría tenido resultados similares, pero los niveles de frustración no habrían sido iguales y el balance hubiera sido mucho más positivo”, razona.

Foto: José Daniel Ramos

Para el dirigente juvenil, la ruta que debió seguir la oposición es similar a la de 2015: construir una mayoría democrática, presentar una alternativa de gobernabilidad real y medirse en elecciones.

Esteban está de acuerdo con Dilan, y plantea la fórmula de poder para justificar las razones por las que no se ha podido salir del régimen de Maduro con presión popular. Explica que para ser gobierno se necesita no solo el poder político que representa la movilización de masas, sino también el poder económico que se ha conseguido medianamente con el apoyo de la comunidad internacional, y el gran ausente de la ecuación: el poder militar. Advierte que aplicar la fórmula a medias solo traería confrontaciones innecesarias y la muerte de más venezolanos.

“Si nos vamos a lanzar a esta guerra, porque al final hay que nombrar a las cosas como son, ¿cuánto tenemos nosotros en poder económico, político y militar? Entendiendo el principio de la fórmula del poder, necesitamos los tres. Si no, no funciona. Sin poder militar no hay cambio de régimen por medio de la protesta”, advierte Esteban.

Liderazgo de cara al futuro

Los jóvenes no reniegan de sus aspiraciones dentro de la política. De hecho, dicen tenerlas bastante claras. Y, quizás sin intención, su visión de futuro va de la mano con el concepto que tienen del liderazgo.

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

El primero en tomar la palabra, nuevamente, es Dilan. Tiene poco de casualidad. Para él, un líder debe inspirar a los demás. Que sean dos, tres, cientos o millones de personas que lo consigan, es indiferente. Lo importante, dice, es tener la responsabilidad para guiarlos. Todavía no le toca. Más que un guía, hoy todavía se define como un guiado. Cuando sus tiempos y las condiciones del país lo permitan, le gustaría aspirar a un cargo de elección popular. No menciona uno; no quiere ser demasiado pretencioso. De momento solo se ve, desde el lugar que sea, siendo útil para el país.

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

La siguiente en responder es Silvia. Su visión de liderazgo tiene un evidente arraigo en el rol que desempeña actualmente. Para ella, además de saber guiar, un buen líder debe saber formar equipo. Su futuro no lo ve en otro partido que no sea Primero Justicia, aunque, a diferencia de Dilan, deja a un lado los cargos de elección popular. La organización interna, así como las relaciones internacionales -su mención en la Universidad- es lo que más le atrae.

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Por último, para Esteban el liderazgo es sinónimo de consensos. De llegar a acuerdos internos o externos. En su respuesta desliza una duda que todavía gira en torno a su partido: el objetivo final de esos consensos puede ser desde salir del régimen de Maduro cuanto antes, o ganar la mayor cantidad de gobernaciones posibles. A él le atraen los asuntos electorales, repite, siempre y cuando haya “condiciones justas”. Como hoy, en el futuro también necesitará de consensos: cuanto mucho, se mira como diputado. No es algo que le preocupe, dice.

Para llegar a todo eso, remarcan los tres, primero hay que pensar en recuperar la democracia. De momento se pliegan a las estrategias del partido. Quizás algún día sean ellos quienes tomen las grandes decisiones. 

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