• El nuevo director general de este espacio conversó con El Diario sobre sus percepciones sobre el contexto artístico venezolano. Asegura que la apuesta es mantenerse como un oasis de reflexión cultural

El cine estuvo presente en la vida de José Pisano desde pequeño. Leía sobre las películas, visitaba con frecuencia las salas individuales del siglo XX venezolano y, además, sentía curiosidad sobre las formas constitutivas del séptimo arte. Sin embargo, decidió estudiar Arquitectura en la Universidad Simón Bolívar (USB). El cine no era considerado una profesión posible; quizás solo un gusto adquirido. El destino, por otra parte, lo llevó a relacionarse con la gestión cultural; su vida profesional se constituye entre las enseñanzas del oficio cinematográfico, la gerencia cultural, ahora está al frente del Trasnocho Cultural, y la testarudez de crear espacios de reflexión en un presente, a veces, sombrío. 

En 1990 comenzó a trabajar en la fundación cultural La Previsora. Su relato se nutre de los recuerdos del edificio y su enorme reloj que se yergue en el corazón de Plaza Venezuela, Caracas. La idea de la fundación nace después de una exposición en 1989 para homenajear la trayectoria de la compañía. Pisano, desde su lugar como arquitecto, apoyó y colaboró con el establecimiento de la misma y logró asimilarse en las gestiones de programación para la sala de cine.

En un principio, recuerda, las películas eran escogidas bajo un criterio reflexivo y “alternativo”. Poco a poco, la sala de cine ubicada en el edificio de La Previsora se convirtió en una visita indiscutible para los estudiantes de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y los habitantes de las zonas aledañas. “De hecho, buscamos una asociación con la Cinemateca Nacional -estaban Oscar Luciani y Leonardo Henriquez- para recuperar la sala y programarla como cine de autor. Eso ocurrió en 1993 y la sala abre al público con el filme Golpes a mi puerta, de Alejandro Saderman”, agrega Pisano en exclusiva para El Diario.

De esta manera, José Pisano comenzó una carrera orgánica en la gestión cultural. Sus aprendizajes nacen de la experiencia, la conversación y, sobre todo, la sensibilidad ante las expresiones artísticas que ha mantenido desde sus primeras lecturas sobre el cine. La fundación cultural La Previsora se estableció en sus primeros años como un espacio para el cine latinoamericano, pero Pisano, luego de que la Cinemateca Cultural le diera el control de la programación, decidió ampliar las fronteras de la propuesta y mantener un solo hilo conductor en el criterio: el cine de autor. 

La década de los noventa, comenta Pisano, representó un tiempo importante para el arte en Venezuela y la fundación cultural La Previsora visibilizó en los espacios comunes del edificio distintas expresiones como el performance, la fotografía, la exposición de arte y la creación de un revista cultural. Ese momento fue decisivo y decidió dejar, de manera formal, la arquitectura para dedicarse por entero a los proyectos de la fundación. 

Foto: cortesía

Luego, como un efecto dominó, decidió ingresar en el área de la distribución de películas en Venezuela y recordó un festival de cine español realizado en 1990. En ese momento, representó una propuesta importante, tanto por la calidad generacional del cine español, como por la amplitud cultural de la propuesta. Entonces, Pisano decidió revivir ese proyecto en 1996. “Ahí comenzó la idea de los festivales de cine como una columna vertebral de la programación. Por ejemplo, este año se celebran los 25 años del Festival de Cine Español”, comenta.

El llamado de Solveig Hoogesteijn llegó hace 22 años. José Pisano tenía como referencia su trabajo en la fundación cultural La Previsora y, además, era el director de programación y distribución de Cines Unidos. En un principio, el proyecto se manejó con la cautela necesaria, pero después del proceso de creación y gerencia se estrenó el Trasnocho Cultural en el sótano del Centro Comercial Paseo Las Mercedes. Desde ese momento hasta su escogencia como director general llevó la cartelera de Cines Paseo.

Para Pisano los primeros años del siglo XXI transcurrieron entre distintos lugares de trabajo que, de una u otra manera, constituyen su conocimiento en la gestión cultural. Durante ese tiempo fue elegido como gerente general de Cinematográfica Blancica. “Significaba encargarme de una compañía distribuidora que manejaba desde cine comercial hasta independiente y todo lo que había manejado en mi vida profesional lo encontré ahí y tenía  la posibilidad de desarrollarlo”, dice.

Asimismo, mantuvo su lugar en la programación del Trasnocho Cultural y fue el artífice del crecimiento de la propuesta cinematográfica del lugar. Su concepción de los festivales como columna vertebral del espacio fue la primera piedra para la creación de distintos festivales en los últimos años. Este es, quizá, uno de los aspectos más reconocibles del Trasnocho como espacio cultural. 

La evolución de la industria y la cultura en Venezuela

El funcionamiento de la propuesta cultural cambió en los últimos años. En Venezuela, por su parte, el contexto político, social y económico provocó la disminución de espacios de reflexión y disfrute. Sin embargo, los procedimientos tecnológicos también modificaron la relación que tiene el individuo con el consumo artístico. 

Las generaciones han cambiado, pero, para Pisano, las funciones del arte se mantienen y es imperante la autonomía económica y representativa de los espacios culturales. Por eso, desde su trabajo en La Previsora hasta el Trasnocho Cultural ha mantenido, como regla incólume, la creación de lugares sustentables por mérito propio. 

Foto: cortesía
Lo que te ocasiona por un lado mucha inquietud, lógicamente puede acelerar los recursos para hacerlo, pero por otro lado produce tranquilidad. Si trabajas de manera independiente, con una oferta importante, logras mantenerte fiel a tus principios. De esta manera, el Trasnocho ha logrado convertirse en un ‘oasis’ que tiene un impacto en el mundo exterior”, explica.

El funcionamiento de esta institución, desde sus inicios hasta este momento, ha sido referenciado, de acuerdo con Pisano, por el Ateneo de Caracas. No obstante, para él la pluralidad de la propuesta del Trasnocho es única y representa, sobre todo en los últimos años, un reto y un ejemplo para el ámbito cultural. 

“Soy defensor de la premisa que el arte y la cultura es un alimento espiritual para ser una persona íntegra y mejor ciudadano. Eso, justamente, aunque suene como algo muy romántico, pero lucho por defenderlo. Hacer arte es muy frágil porque nace de procesos anímicos de mucha sensibilidad, pero apostamos a ello para producir tranquilidad y, además, poder gerenciar un espacio independiente”, puntualiza.

Foto cortesía

El Trasnocho ha construido puentes comunicativos con embajadas en Venezuela para crear festivales, proyectos de distribución cinematográfica, artística y reflexiva. De esta manera, aunque las adversidades se presentan una y otra vez, el espacio se ha mantenido, tanto de forma presencial como digital.

Los nuevos retos del Trasnocho Cultural

La pandemia por covid-19, explica Pisano, fue uno de los acontecimiento más complicados para el Trasnocho, ya que tuvieron que cerrar las puertas indefinidamente. Sin embargo, la creación de la página web generó un encuentro con personas de otros estados de Venezuela o, incluso, residenciados en otros países. La experiencia del Trasnocho, antes solo reconocida en Caracas, llegó a muchos lugares. Por eso la principal propuesta de Pisano para su gerencia es el fortalecimiento de las ideas existentes.

Creo que todo esto es fundamental por el apoyo de un equipo que se mantiene en sus áreas y cree en el crecimiento de esto. Bueno, Trasnocho es, fundamentalmente, tres áreas: la Sala TAC, el teatro y el cine. Mi idea es trabajar a la par con esos equipos para realizar los proyectos en proceso. En principio es hacer posible las ideas ya establecidas. Luego, fortalecer la página web porque hemos visto que es una ventana importante y, además, fortalecer la relación entre los demás espacios dentro del Trasnocho Cultural. Creo que nos podemos unir en una sinergia común para sobresalir”, comenta.

La testarudez de José Pisano es una respuesta ante las dificultades del contexto. La cultura, como él mismo explica, es el alimento del alma para mantener la vitalidad de una ciudad. Por eso mismo, el Trasnocho Cultural, desde la gerencia anterior hasta la actual, representa el encuentro de las distintas expresiones artísticas en la reflexión y goce de un espacio posible. 

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