• Las promesas de recuperación hechas por el ministro de Petróleo de Maduro parecen demasiado ambiciosas. Expertos consultados por El Diario señalan que el nivel de destrucción del sector y las sanciones dejan poco margen para que se revierta la histórica caída de todos los indicadores de la actividad petrolera. Foto: EFE

El reloj no se detiene y el dueto entre el ministro de Petróleo del régimen, Tareck El Aissami; y el presidente de PDVSA, Asdúbal Chávez, se encuentra a la expectativa de si será posible o no subir la producción de crudo. Los últimos indicadores petroleros dejan ver que la promesa, hecha con devoción a Nicolás Maduro, de elevar el bombeo a 1,5 millones de barriles por día (bpd) al cierre de 2021 luce bastante improbable, más aún cuando ya casi culmina el primer semestre del año.

Y es que de acuerdo con el informe mensual de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Venezuela promedió en mayo un bombeo de tan solo 531.000 bpd. Especialistas consultados por El Diario consideran que se trata de un volumen que sirve de “abreboca” de lo que podría venir en lo que resta de año.

Además, la actividad de taladros, un termómetro fundamental de la producción en materia de hidrocarburos, reportó cero unidades activas en mayo pasado, según reveló el informe del cartel petrolero del cual Venezuela es miembro fundador.

En una alocución, el pasado 19 de febrero de este año, El Aissami no solo prometió aumentar el volumen de producción en un millón de bpd para 2021, sino que reconoció, incluso, que la meta prometida para 2020, de dos millones de bpd, no fue cumplida.

¿Se podrá incrementar la producción de petróleo a 1,5 millones de barriles al cierre de 2021?

Dando dimensión al fracaso, la OPEP reportó que el promedio de producción de petróleo de Venezuela al cierre de 2020 sumó 500.000 bpd. Mientras que la data oficial, suministrada por el Ministerio de Petróleo venezolano, manejó un volumen ligeramente superior tras registrar 569.000 bpd. Números más números menos, el indicador se mantiene en igual nivel de extracción en lo que va de 2021. 

“Señor presidente, le juramos”

No se sabe bajo qué criterios El Aissami hace una nueva promesa volumétrica ambiciosa, y menos en medio de los estertores de una industria petrolera que ha llegado a niveles de producción de la década de los treinta y cuarenta, cuando recién florecían las capacidades operativas en el país, revelan datos del informe Petróleo y Otros Datos Estadísticos (PODE) del Ministerio de Petróleo.

Tampoco se entiende cuando la realidad de las sanciones es un factor determinante que le impide al régimen de Maduro hacer cálculos claros de lo que podrían estar colocando en el mercado, y de si las empresas están dispuestas a hacerle frente a las limitaciones, apuntan expertos.

El ministro de petróleo del régimen ha dejado saber en sus discursos que es suficiente el trabajo articulado entre la Comisión “Alí Rodríguez Araque”, la clase trabajadora y los sectores productivos. El Aissami está convencido de que esa triada va a impulsar el desarrollo integral de la industria y que será capaz de mantener “la tendencia irreversible de crecimiento progresivo y sostenido”.

Al mismo tiempo que el ministro del régimen y el presidente de PDVSA, Asdrúbal Chávez, se comprometían en el fiel cumplimiento de la meta, y exhibía sus armas de trabajo, Maduro firmaba el Decreto Presidencial y Constitucional para extender por 12 meses más la declaratoria de la emergencia energética de toda la industria de los hidrocarburos. Un gran espaldarazo y un cheque en blanco que entregaba a El Aissami y Chávez para acometer la nueva tarea.

Pero en octubre de 2020 ya Maduro había adelantado la aprobación de la Ley Antibloqueo, fuertemente criticada por la oposición, por tratarse de un instrumento anticonstitucional, que le otorga total discreción al dictador para aprobar acuerdos de cualquier índole en la industria petrolera. Incluyendo, hasta la posibilidad de entregar mayor distribución accionaria a socios de PDVSA en las Empresas Mixtas.

Según Provea, la nueva ley contradice la Constitución, y le otorga a Maduro margen de maniobra legal y poca obligación de rendir cuentas, al tiempo que “fortalece el carácter autoritario del gobierno».

Y para que no quede ningún cabo suelto, la Asamblea Nacional del régimen, también prepara, tras bastidores, una nueva Ley de Hidrocarburos de la que poco se sabe, pero que, con toda seguridad, advierten analistas, traerá sorpresas que podrían acercarse a una privatización encubierta de la industria petrolera local. Un golpe mortal a los ideales nacionalistas de Hugo Chávez, según ha criticado el archienemigo de Nicolás Maduro, el exministro de Petróleo y expresidente de PDVSA, Rafael Ramírez.

¿Es realmente posible llegar a la nueva meta de bombeo?

Especialistas consultados por El Diario coincidieron en que las capacidades productivas de la industria están ahí, aunque maltratadas, con posibilidades de ser recuperadas con fuertes inversiones.

Para Francisco Monaldi, economista y experto en materia petrolera del Baker Instituto de la Universidad Rice en Houston, además, director y profesor titular del IESA, “es imposible multiplicar la producción por tres en seis meses”.

Monaldi explicó a El Diario que la capacidad de producción se encuentra hoy en día por encima del bombeo actual, por lo que podrían intentar aumentar la producción entre 100.000 a 150.000 barriles por día, para llevarla a unos 600.000 barriles. “No sería tan a mediano plazo, toda vez que la capacidad de producción está cayendo desde 2014 y no hay taladros operando en los campos desde hace un año”, indicó el analista.

Pero el experto está convencido de que, para plantear cualquier meta volumétrica, por modesta que sea, “hay que hacer grandes inversiones que no se van a materializar con las sanciones vigentes por parte de EE UU”. Recuerda, además, que PDVSA no tiene músculo financiero y son las empresas petroleras de peso las que pueden “hacer el milagro”.

El economista especializado en el sector petrolero Luis Oliveros coincide con Monaldi al señalar que las sanciones representan una espada de Damocles, que, “pese a las conversaciones que se adelantan”, no pareciera que serán flexibilizadas por la administración de Joe Biden, al menos en el mediano plazo.

Por tanto, Oliveros se pregunta ¿Cómo hará entonces el régimen? ¿Quién va a desembolsar los recursos? ¿Esas 20 a 30 empresas que han firmado acuerdos con PDVSA están listas para extraer crudo? ¿Tienen experticia? ¿Tienen la palanca financiera? Nada está claro, dijo el economista para El Diario, y reiteró que conseguir metálico y mercados resultará una tarea titánica, mientras ronde el fantasma de las sanciones.

Y suma a ello el estado crítico de la industria en términos generales, que a su entender no acompaña la ambiciosa meta del dueto a la cabeza de llevar a puerto los nuevos barriles.

PDVSA en colapso total

Pero el inconveniente de elevar la producción no es exclusiva responsabilidad de las sanciones impuestas por EE UU a la industria petrolera venezolana, según han señalado analistas.

El economista Ricardo Hausmann, director del Centro de Desarrollo Internacional, de la Universidad de Harvard y Frank Muci investigador en el Laboratorio de Crecimiento de CID, sostienen que las restricciones petroleras no son la causa fundamental de la caída de la producción petrolera, toda vez que el declive de la extracción comenzó mucho antes de 2019, incluso un año de apagones que exacerbaron la crisis.

¿Se podrá incrementar la producción de petróleo a 1,5 millones de barriles al cierre de 2021?
Para alcanzar la meta se debería incorporar cada mes, a partir de enero, 89.000 barriles por día. Fuente: OPEP y Einstein Millán

Para el ingeniero de petróleo y gas upstream, de la Universidad de Oriente, con especialización en la Universidad de Oklahoma, Einstein Millán, la industria petrolera venezolana está siendo atacada desde adentro “sin contemplación”.

“PDVSA está adentrada en una severa espiral destructiva a lo largo y ancho de toda su cadena de actividad, donde hoy no se produce diesel ni gasolina. Donde escasea el gas y donde quizá también en algún momento se dejará de producir crudo de manera rentable para la nación”, cita MIllán en varios de sus artículos.

En ese contexto de abandono, minusvalía, y crisis, el experto denuncia que Maduro intenta entregar, en posición de desventaja, a los privados a una compañía que estuvo entre las cinco principales del mundo, y cuyas cifras llegaron a mostrar una gran fortaleza.

Para Millán la promesa de El Aissami y Chávez de llegar a producir 1.508.000 de bpd para finales de 2021, es una oferta engañosa e imposible de cumplir.

Relata que “no hay manera de lograrlo durante el año en curso, dado que la brecha entre la aceleración de producción requerida para llegar a dicho objetivo y la producción real abonada continúa agravándose”.

De acuerdo con sus cálculos, para llegar a la meta, PDVSA debería estar añadiendo a la producción, cada mes, 89.000 bpd a partir de los 441.000 bpd promediados en diciembre de 2020. Con ello, al cierre de mayo, la extracción de crudo debió llegar a 886.000 bpd y no a 531.000 bpd reportados por la OPEP.

“Los responsables de PDVSA culpaban a las sanciones y culpaban al imperio. Sin embargo, nada impedía la continuidad operativa de PDVSA. Pudieron seguir creciendo al menos en potencial, aunque no en producción”, refiere el analista.

Empresas bajo confidencialidad

El tema de llegar o no a la producción objetivo de petróleo crudo, planteada por el régimen, tiene muchas más aristas y tela que cortar de lo que parece.

Y es que la relación con las empresas que estén dispuestas a entrar al juego, deberá definir varios temas de peso que necesariamente tendrán que formar parte de las negociaciones.

El régimen ha negado que haya intenciones de privatizar la industria que, según el chavismo, nacionalizó Hugo Chávez durante su mandato, cuando desmontó, entre 2006 y 2007, la Apertura Petrolera que tomaba cuerpo justamente en la década de los noventa. Y que fue sustituida por un nuevo esquema de negocios, que, según detractores de las actuales políticas energéticas, terminó por depender más aún de las petroleras privadas.

Industria petrolera venezolana

Sin embargo, de manera subrepticia, Maduro suscribió acuerdos para elevar producción en 106 campos con 20 empresas desconocidas, bajo el acuerdo de confidencialidad previsto en la Ley Antibloqueo.

Lo que se conoce es que los pactos firmados y los que están en negociación se asemejan a los criticados y extintos Convenios Operativos de la Apertura Petrolera.

Según un documento interno de Pdvsa, que circuló en mayo, se trata de Acuerdos de Servicios Productivos (ASP) en el que la empresa de servicios dedicada a la extracción de crudo recibe como pago una porción de la producción de crudo generada que podrá comercializar. Sin embargo, se desconoce el resto de las condiciones.

Para el geofísico de la Universidad de Missouri y exgerente de PDVSA, Jesús Aboud, el régimen no la tiene fácil. En conversación con El Diario, comentó que tendrá que sacrificar el confort que tiene en materia legal sobre las Empresas Mixtas para generar incentivos y no fracasar en el intento. “Se trata de riesgos políticos que, con seguridad, están sobre la mesa”.

Es aquí, justo en este momento, en el que resuena la teoría de Einstein Millán, según la cual el madurismo está negociando bajo presión y en total minusvalía con empresas que, sin duda, exigirán mucho más.

Y el régimen sabe, a decir de Aboud, que cualquier negocio petrolero en Venezuela, con el actual esquema de precios, es un gran riesgo, por lo que ve insoslayable la modificación del esquema de regalías y del Impuesto Sobre la Renta (ISLR). “Y ello solo permitirá continuar la explotación de lo que ya está desarrollado, porque no podrá haber nuevos desarrollos”, recalca el experto.

Entonces, Venezuela está entrampada con sus propias leyes petroleras y gasíferas. Aboud explica que el marco fiscal que rige actualmente con una regalía de 33,3 % y un ISLR de 50%, no funciona con bajos precios.

“Ese esquema solo operaría con un barril venezolano en torno a 70 u 80 dólares”, dice Aboud, considerando que la cesta venezolana ronda actualmente los 60 dólares, y de restar los descuentos que se aplican al crudo nacional, el valor podría hundirse hasta los 40 a 46 dólares, en el justo momento en el que, analistas, comienzan a visualizar cotizaciones en torno a 100 dólares por barril.

El especialista sostiene que hay otros factores que también podrían formar parte de las nuevas reglas del juego, susceptible a modificaciones, como las participaciones accionarias y el control de la gobernabilidad que implica la entrega de la toma de decisiones sobre todos y cada uno de los aspectos operativos.

Preparación versus patriotismo

El tema de los recursos humanos es clave en estos momentos. El analista del entorno petrolero Rafael Quiroz dijo a El Diario que la industria petrolera ha sido desmantelada, no solo desde el punto de vista estructural y operacional, sino que además de sus principales y más preparados cuadros gerenciales y obreros.

Quiroz señala que con patriotismo no es suficiente acometer tareas complejas para subir la producción. Deplora esas muestras de resteo de un conjunto de trabajadores cuya trayectoria por la industria no supera los tres a cuatro años.

El éxodo de los trabajadores petroleros ha sido determinante en los resultados que hoy exhibe PDVSA. Entre despedidos por temas políticos y deserciones por malos salarios, será imposible reflotar los indicadores de la actividad petrolera en el país.

De acuerdo con el dirigente sindical petrolero en el exilio, Iván Freites, Pdvsa no cuenta con personal ni garantías de repuestos para planificar las operaciones de mantenimiento, porque 80% del capital humano de la industria “sencillamente huyó de la empresa”.

El mantenimiento se realiza “en caliente”; es decir, en el mejor estilo de “mientras vaya viniendo, vamos viendo”, por lo que la planificación –dice el dirigente- es la falla más grave, entre muchas que hoy aquejan a PDVSA.

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