• El candidato del partido Fuerza Vecinal está seguro de que ganará la Gobernación de Miranda, a pesar de competir contra la maquinaria oficialista de Héctor Rodríguez y la unidad opositora de Carlos Ocariz. Su estrategia es ir a los pueblos donde hace años no se ven políticos, y en los que su presencia es recibida entre miradas de curiosidad y recelo

El estribillo de la canción se repite en bucle por toda la calle a medida que pasa el camión. La frase “anda por toda Miranda” sale de la corneta como un mantra que los seguidores de Fuerza Vecinal dan por hecho. Un día antes, el candidato a la Gobernación de Miranda por ese partido, David Uzcátegui, había estado en Petare, el barrio más grande de Latinoamérica y al este de Caracas. Anteriormente, había recorrido también los Valles del Tuy. Ahora le toca al municipio Acevedo, en el corazón de la región de Barlovento.

Son casi dos horas de viaje desde Caracas a través de la troncal 9, una de las vías más peligrosas del país por la acción de bandas criminales organizadas, al punto que la policía recomienda evitarla de ser necesario. Una tarea complicada, pues al ser el municipio más grande de Miranda y estar ubicado en su pleno centro, hace imposible viajar de un extremo a otro del estado sin cruzar Acevedo. Es la frontera simbólica entre la Miranda urbanizada e industrial, y la Miranda desconocida, perdida entre plantaciones de plátano y cacao.

A lo largo del camino hay al menos nueve alcabalas, tanto de Polimiranda como de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB). Ninguna retrasa la caravana del candidato más allá de una revisión rápida. Al pasar Guatire el mismo paisaje marca la entrada a la tierra negra. Las montañas abiertas cambian y la vía se estrecha, en un punto donde las copas de los árboles se abrazan formando un extenso túnel vegetal que protege del sol implacable.

En esos parajes David Uzcátegui deposita sus esperanzas de ganar en las elecciones regionales y municipales del 21 de noviembre de 2021. Antiguo militante de Primero Justicia, siempre fue una figura en segundo plano en el partido, a pesar de su trabajo como concejal durante 13 años en el municipio Baruta. Sus ambiciones en la política son grandes, aunque la oportunidad siempre le fue esquiva debido a una inhabilitación impuesta en 2008 por la Contraloría General de la República y el Tribunal Supremo de Justicia. La misma que en su momento también sacó del juego al exalcalde de Chacao, Leopoldo López. 

No pudo postularse a la Alcaldía de Baruta en 2013, aunque ganó las primarias frente a Gerardo Blyde, quien terminó siendo el abanderado de la oposición y eventual ganador. Tampoco en 2017, donde apoyó la candidatura de Darwin González, para entonces poco conocido y que ahora es el actual alcalde. Ahora, sin inhabilitación y como líder de Fuerza Vecinal (FV), ya no apunta al gobierno municipal, sino directamente a la Casa Amarilla de Los Teques, residencia oficial del gobernador.

El Clavo

Foto: Víctor Salazar / @Vaskdc

A lo largo de la troncal 9, los dos bloques de vegetación maciza a cada costado se interrumpen de vez en cuando por algunos caseríos. En esas filas de casas las personas caminan, esperan a que caiga alguna venta en sus puestos, o simplemente ven pasar las horas sentados en sus puertas. Las paredes, de bloque desnudo, tablas o bahareque, recuerdan a la novela Casas Muertas de Miguel Otero Silva. Muchas ya se ven en ruinas, reclamadas por la naturaleza; otras se sostienen precariamente, con tres letras pintadas que se repiten a lo largo de varias fachadas: SVD (se vende). La vida de los pueblos en la carretera se extingue lentamente, mientras sus habitantes buscan migrar a sitios con mayor actividad comercial, seguridad, o simplemente con mejores oportunidades.

Un busto de Simón Bolívar y algunos kioscos cerrados señalan la entrada a la población de El Clavo, al este del municipio y a 74 kilómetros de Caracas. El itinerario marca un recorrido en moto por la zona y los conductores ya están en fila esperando, además de activistas y algunos líderes comunitarios. Cerca, un grupo de milicianos y simpatizantes del oficialismo con sus respectivas camisas rojas se mantiene vigilante. Ven la llegada de los vehículos con recelo, pero no gritan ni intentan boicotear la actividad. Solo supervisan y luego desaparecen en silencio. Mientras tanto, los miembros del equipo aprovechan para organizarse. Se ponen sus camisas de FV, las gorras celestes y le dan también algunas a los motorizados. El show está a punto de comenzar.

David Uzcátegui aparece en medio del ajetreo, casi desapercibido. Es el camión del sonido el que anuncia su llegada presentándolo como “el próximo gobernador del estado Miranda”. Al escuchar el llamado entra en escena el David candidato, saludando entre el montón de personas que orbita a su alrededor. No tarda en surgir el primer contratiempo: los motorizados de brazos cruzados que aguardaban para el recorrido. Ellos solo prestan el servicio de transporte, por lo que exigen un pago adelantado para poder incorporarse a la caravana. El asunto se resuelve rápido y pronto arranca la marcha, con el dirigente sobre la parte de atrás de una pick up

“Móntate en una moto”, le dice uno de sus colaboradores en broma, a lo que Uzcátegui niega con la cabeza riendo. Desde arriba será mucho más visible. A su lado está un hombre de tez morena y baja estatura que saluda animadamente, como si conociera a cada vecino en persona. Es Antonio Pacheco, candidato a la Alcaldía de Acevedo por su plataforma. La música y los motorizados llaman la atención de varias cabezas asomadas por las ventanas. Mujeres y, sobre todo niños y niñas, se paran en las puertas llenos de curiosidad. En una pared quedó congelada en el tiempo una de las últimas veces que El Clavo participó en una campaña política. Aunque descolorido, el apellido del difunto expresidente Hugo Chávez sigue presente, con el corazón tricolor que aseguraba ser del pueblo, e invitaba a votar por él en las presidenciales del año 2012. 

Ante los saludos de Uzcátegui la gente responde con curiosidad, incluso con ciertas reservas o por cortesía. Otros sí agitan sus manos con alegría y muestran los afiches que previamente su equipo había repartido. Una mujer camina por la acera y pregunta extrañada hacia dónde va la caravana.

—Vamos a la cancha, vente— le grita Uzcátegui

—Voy— contesta ella, uniéndose a otras personas que iban en procesión detrás de las motos.

En la cancha está ya la fiesta encendida. A las camisas de Fuerza Vecinal se suman otras blancas de Unión y Progreso, partido socialcristiano formado por exmilitantes de Copei, y cuyas banderas naranja y verde acaparan la atención. Uzcátegui se baja de la camioneta, pero se desvía a una pequeña casita blanca señalizada como la Casa Amiga de la Salud de El Clavo. El centro asistencial pertenece a la Gobernación de Miranda, y antes atendía a la comunidad con servicios de odontología, medicina general y farmacia. Ahora sus trabajadores afirman que el lugar está en completo abandono, sin recursos, insumos, ni los médicos rurales que solían mandar desde Guárico. “Con (Henrique) Capriles este lugar funcionaba perfecto”, recuerda una enfermera, refiriéndose a la gestión del opositor que durante ocho años (2008-2017) gobernó el estado.

Como si ya hubiera ganado los comicios, pasean a Uzcátegui por las instalaciones deterioradas, mostrándole la grama crecida, los baños sin agua y el techo que poco a poco se resquebraja como una amenaza sobre ellos. “No pedimos que resuelva todo, pero al menos sí el 5 % de lo que nos han destruido”, implora Aselma Mata, trabajadora del lugar. Uzcátegui graba en su celular el estado del sitio para sus redes sociales. Más tarde, anuncia la donación de un tensiómetro como si supiera de antemano su falta.

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Foto: Víctor Salazar / @Vaskdc

Son las 10:30 am y el calor golpea con fuerza la cancha de El Clavo. Un techo alto de zinc resguarda a los asistentes, acostumbrados ya a la sofocante humedad propia de las tierras ardientes de Barlovento. No ocurre así con los foráneos. Uno de los colaboradores de la gira utiliza el rociador con antibacterial para refrescarse la nuca mientras otros se ventilan con los volantes que resumen el plan de gobierno de Uzcátegui. Al menos 40 personas ven con expectativa al candidato subirse sobre un banquito de madera y dar su discurso. Al principio le cuesta encender a la masa de rostros escépticos y sin tapabocas que se reúnen frente él, pero poco a poco se animan en la medida que les pregunta cómo están los servicios públicos en la zona. Agua, electricidad, gas doméstico, Internet y telefonía. En todos la respuesta es el mismo grito unánime: mal.

En un momento Uzcátegui pregunta cuántas personas tienen familiares que han migrado por la crisis humanitaria que afronta desde hace años Venezuela. De manera casi unánime también las manos se alzan en un silencio luctuoso. Ahora sí tiene su completa atención. Como los antiguos vendedores ambulantes, desde su banquito Uzcátegui ofrece su propuesta para revertir todas esas situaciones. Él no viene a prometer nada, dice, sino que se compromete a estar presente como gobernador. Todo lo contrario al portador del cargo y aspirante a la reelección, Héctor Rodríguez, a quien él mismo apoda “el fantasma de Miranda”. 

Su exposición es corta, pero concisa. En menos de 10 minutos pasa de las fallas y ausencias del actual gobernador a evocar la nostalgia, esos años no tan lejanos en los que el ciudadano común podía comer carne todos los días, darse el lujo de elegir entre varios productos en anaqueles llenos y comprar ropa en diciembre con sus aguinaldos. Su público parece caer en la ensoñación del recuerdo con cada marca de comida desaparecida que nombra.

El micrófono se calla. “¿Qué pasa allá atrás?”, pregunta Uzcátegui molesto, volteando a ver a su equipo. A sus espaldas organizan en filas a un grupo de niños que esperan ansiosos los cuatro balones de fútbol prometidos cuando termine el evento. Efectivamente, al concluir su discurso, vienen más donaciones. El candidato comienza la entrega de blisters de losartán, un medicamento para tratar la hipertensión y que forma parte de su iniciativa “Dar vida”. Vienen con una estampa del beato José Gregorio Hernández y un papel alusivo a su campaña. También reparte una especie de vale que promete ayudas sociales personalizadas para su beneficiario de ser juramentado en 2022.

Mientras Uzcátegui reparte las pastillas, un hombre con el casco de moto todavía puesto mira un gran edificio abandonado que está frente a la cancha. La estructura ya no tiene techo, y de sus columnas y ventanas rotas emergen enredaderas de la misma naturaleza que cubren también las casas en la carretera. Su nombre es Cruz Sequeira, de 67 años de edad, y es parte del comando motorizado que trajo a los militantes.

Cuenta que ese lugar alguna vez fue el centro de acopio del cacao recolectado por los locales, pero desde hace muchos años está abandonado. Allí se pesaban y revisaban los granos para su venta, hasta que el acopio se mudó a una propiedad de la empresa cacaotera estatal El Cimarrón, ubicada en el pueblo de Mango de Ocoita, más hacia el sur. “Ahora aquí no hay comercio”, lamenta. Sobre ese otro centro, añade que también tiene cerca de siete años inactivo.

Sequeira asegura que votará el próximo 21 de noviembre. Dice que es la única forma que conoce para lograr los cambios que necesita su comunidad. Aunque tiene puesta una franela de FV, aún no tiene claro cuál tarjeta marcará ese día. Confirma con otro motorizado a su lado que hasta ahora la propuesta de Uzcátegui les agrada, pero esperan ver si otros candidatos planean visitar El Clavo. “De aquí a allá voy a tomar una decisión”, comenta algo jocoso.

Guerra psicológica

Foto: Víctor Salazar / @Vaskdc

El sol lentamente se pone sobre las montañas de Barlovento. Son más de las 6:00 pm en El Banqueo, un sector que a pesar de estar en la carretera nacional Cupo-Caucagua, al lado del distribuidor Chuspita, no aparece en Google Maps. Nuevamente Uzcátegui da el mismo discurso —el último del día— ante una veintena de vecinos que lo escuchan ávidamente. Aplauden cuando termina y aceptan grabar un video con él para sus redes sociales. Parecen estar contentos de ser tomados en cuenta para el recorrido, aunque sea en tiempos de precampaña.

Durante las más de nueve horas de viaje el aspirante a gobernador había sido una figura distante, casi esquiva a la prensa que lo acompañaba. Cuando no está sobre su taburete o saludando desde su vehículo, asoma una personalidad más callada e introvertida, unos ojos serios que hacen difícil escudriñar su carácter bajo el tapabocas. Luego de postergar un par de veces la entrevista para cumplir con la apretada agenda de la gira, finalmente accede en ese último enclave de El Banqueo, en el mirador frente a un restaurante. Quizás premeditadamente, o para aprovechar su imagen de hombre del pueblo, para responder las preguntas decide rodearse de los habitantes que minutos antes lo escuchaban.

—Este proceso electoral del 21N es considerado muy poco convencional debido a la falta de garantías democráticas que existen. ¿Qué le ha hecho pensar que estas son unas buenas elecciones para participar?

—El gobierno aplica una guerra psicológica con toda la población. Le hace intentar ver a la gente que el cambio no es posible, que tenemos que resignarnos a vivir esta tragedia. Quiere que la gente crea que el voto no es secreto, que va a perder algún beneficio que le da el Estado y te acostumbres a vivir mal. El gobierno aplica un modelo perverso con mucha maldad, que es destruirlo todo. Con eso empobrece a la gente para luego controlarla socialmente. Dicen eso de que no hay condiciones para que te resignes a creer que estás condenado a vivir con esa gente y no es así. Si todos nos unimos está demostrado que pronto llegará el cambio no solo en Miranda, sino en toda Venezuela. 

—¿De qué manera están organizados para garantizar el 100% de presencia de testigos en los centros de votación?

—Yo puedo responder honestamente por Miranda, porque es donde estoy trabajando las 24 horas. Te puedo decir que vamos a tener el 100% de los testigos electorales, pues muchísima gente de la comunidad organizada nos quiere ayudar espontáneamente. Esto no es un movimiento a base de dinero ni de poder. Todo lo contrario, es un movimiento fresco y dinámico que hemos hecho con mucho corazón y amor. Lo hacemos porque tenemos la plena confianza de que debemos recuperar nuestro país y la vida digna que nos merecemos todos. 

—¿Qué opina de que ahora partidos como Primero Justicia, después que en 2017 se abstuvieron de participar en elecciones por la falta de condiciones, ahora sí decidan hacerlo?

—Yo celebro que vuelvan otra vez al camino electoral porque ellos dejaron a la gente sola. Abandonaron a la gente en un momento muy complicado y ha quedado demostrado que fue un gran error. Entregar las alcaldías fue un gran error. La Alcaldía de Sucre se perdió por ese llamado irresponsable a no votar. Celebro que estén de vuelta, lo que no celebro es la forma como volvieron. No quieren hacer primarias, legitimar sus liderazgos, sino que quieren imponer los mismos candidatos de toda la vida que han fracasado durante 20 años y que no le dicen nada a nuestra Venezuela. 

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La caravana de Uzcátegui llegó a Panaquire a las 11:00 am. Cruzan el puente hacia la ribera sur del río Tuy para adentrarse en las tierras bajas de Barlovento. Aquella Miranda profunda que existe más allá del clima templado del Área Metropolitana de Caracas, o los florecientes urbanismos de Guarenas-Guatire y los Valles del Tuy. Una tierra cuyos habitantes aún tienen los mismos rasgos de sus ancestros africanos que por siglos han cultivado el cacao.

Todavía frente a las casas del pueblo se ven los granos tendidos sobre lonas en plena calle, secándose al sol. Las imágenes darían para una postal a pesar de que el paso del tiempo se ha llevado el color de sus muros, ahora opacos y envejecidos. Las camionetas se detienen nuevamente en una cancha grande, mucho más conservada. Allí un centenar de personas esperan ya sentados en las sillas de plástico o de pie en las graderías. Nuevamente, se alternan las miradas de curiosidad con las de expectativa.

Foto: Víctor Salazar / @Vaskdc

Uno de los asistentes es Wilmer Guillalde. El carnet que cuelga de su cuello lo identifica como un exfuncionario de Protección Civil. Afirma que la institución actualmente está desasistida, sin un hacha o extintor de incendios para trabajar. Con su paquete de losartán en la mano, explica que el problema de la región de Barlovento y su histórica afinidad por el chavismo se debe más a una relación de interés, en el que más que por un candidato, votan por las ayudas sociales que ofrece el régimen. De acuerdo a datos del Consejo Nacional Electoral (CNE), en 2017 Héctor Rodríguez venció a Carlos Ocariz con 76,16% del sufragio en el municipio Acevedo. De ese total, Panaquire aportó 2.581 papeletas a favor del Gran Polo Patriótico (GPP), poco más de la mitad de su población.

Tras escuchar a Wilmer hablar, Rómulo Núñez interviene. Él no esconde que la región sea de preferencia oficialista, e incluso afirma que para llenar esa cancha acudieron personas de otros pueblos cercanos. No obstante, reconoce también sentirse decepcionado de la gestión de Rodríguez y solo espera que el próximo gobernador honre su palabra después de la campaña.

Ante el público Pacheco resalta la necesidad de construir un centro de acopio para que la producción de cacao del sur de Acevedo no se desvíe a Guárico y sea exportada sin que sus habitantes obtengan ganancias. Cuando le toca hablar a Uzcátegui, se escuchan los mismos gritos de “mal” cuando menciona los servicios públicos y vuelven a alzarse manos hasta el horizonte al preguntar por quienes tienen seres queridos fuera del país, también se repite su propuesta de ofrecer un apoyo económico a las personas que aprendan un oficio y su contradicción de no prometer nada, pero ofrecer los tickets para futuras ayudas sociales. Incluso repite los mismos chistes sobre su banquito, al que siempre llama “su tarima”. En los ocho puntos recorridos ese día, el discurso fue exactamente el mismo, casi sin variaciones.

El outsider

Uzcátegui muestra una ampliación de la boleta electoral para indicarle a la gente dónde votar. Señala la tarjeta azul, negra y blanca ubicada en la parte superior derecha, la de su partido Fuerza Vecinal, y remata: “Para la izquierda nada, ni vean para allá”. La gente se ríe. De ese lado está la tarjeta del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), y también la de la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), convertida ahora en su rival político.

En Miranda la oposición acude a las urnas dividida entre dos facciones. La primera, representada por la MUD y los partidos tradicionales como Primero Justicia, Voluntad Popular y Un Nuevo Tiempo, apoya al exalcalde de Sucre, Carlos Ocariz. La segunda, de FV y varios partidos independientes, cierra filas en torno a Uzcátegui. La intención de unirse bajo una misma candidatura existió, con un acuerdo escrito en una hoja de libreta para definir al vencedor a través de cuatro encuestas.

A principios de septiembre ambos candidatos se proclamaron vencedores. Uzcátegui aseguró ganar en tres de cuatro consultas, donde obtuvo un promedio de 3% de ventaja sobre su adversario. Por su parte, Ocariz cuestionó la falta de auditoría en los resultados. Al final, ambos decidieron postularse por su cuenta, aunque la MUD mantuvo su apoyo a los candidatos a alcaldes que habían ganado en los procesos internos de sus municipios. No ocurrió lo mismo de parte de FV, que postuló nombres aparte en 14 de los 21 municipios del estado, compitiendo directamente contra la MUD.

Foto: Víctor Salazar / @Vaskdc

—Durante el proceso de escogencia varios candidatos de Fuerza Vecinal lograron ser postulados por la tarjeta de la MUD. Sin embargo, no ocurrió lo mismo de manera recíproca. ¿Cree justo que la MUD apoye a sus candidatos, pero usted no los apoye a ellos?

—Lo que hizo la MUD fue terrible, y te explico por qué: yo pedí primarias durante tres meses y no lo aceptaron nunca, no lo aceptó el otro candidato, Carlos Ocariz. Fui a las encuestas con él, le gané en todas y él las desconoció. Después seguí pidiendo primarias a pesar de haber ganado todas las encuestas y no quiso medirse. En la madrugada del último día fue impuesto por una tarjeta política, que es la MUD. Nosotros continuamos con Fuerza Vecinal porque estamos liderando en las encuestas y de hecho en este momento estamos muy por encima de él. Yo le he dicho en múltiples oportunidades de manera pública que hay que ir a las primarias y si no, va a tener que retirarse, porque va a terminar muy mal y va a ser el factor por el cual se pueda perder la oportunidad de recuperar el estado Miranda.

—Pero hay casos como el municipio Sucre, donde el candidato unitario por consenso fue Andrés Schloeter y ustedes están postulando una candidata por separado (Rosiris Toro).

—Eso no es cierto. Nunca hubo una primaria en el municipio Sucre. Nosotros estamos dispuestos a ir a primarias en todos los municipios del país, en cada concejo municipal, cada alcaldía, cada circuito. Hagamos primarias para que la gente escoja. Ellos se están escondiendo y refugiando en un partido político y se repartieron eso por cuotas. Esa es la vieja política, el esquema que la gente rechaza. La gente quiere elegir y saber quiénes son sus representantes.

—Usted hasta el año 2017 fue militante de Primero Justicia y ahora es independiente. ¿En qué momento ocurrió esa fractura entre usted y el partido?¿Qué siente ahora con todo este conflicto que existe con sus antiguos compañeros?

—Ellos nos dijeron que tenemos que dejar a la gente sola. Que eso iba a deslegitimar a Maduro y su combo. Nosotros dijimos que no, que íbamos a defender la calidad de vida de la gente y no los íbamos a abandonar como ellos hicieron. Pudimos rescatar Baruta, Chacao, El Hatillo y Los Salias, que son las últimas cuatro alcaldías democráticas de Miranda y son las que sirven actualmente. Lamentablemente ocurrió una fractura, nosotros seguimos nuestro camino y comenzamos a recorrer la Miranda profunda y estamos convencidos de que realmente la expresión genuina de la comunidad que puede transformar Miranda es Fuerza Vecinal. ¿Por qué? Porque es un liderazgo comunitario, de las bases.

«No es un liderazgo de cuotas de partidos, que si el concejal del partido tal le corresponde a la parroquia tal. Nosotros no queremos eso y más bien estamos promoviendo que a partir de la próxima elección haya una elección primaria para cada cargo de elección popular, que sea la comunidad la que decida los representantes que van a estar en los concejos municipales, en las diputaciones regionales, incluso como presidente de la República. Que la gente escoja sus líderes, no que se los imponga un partido político», completa.

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Después del mediodía, y ante el retraso en el itinerario, el comando de campaña decide prescindir de la visita al casco central de Caucagua, principal parroquia de Acevedo. En cambio siguen hacia el norte por la troncal 9 hasta un pequeño poblado agrícola conocido como La Boca. Allí el camino deja de estar asfaltado y la señal telefónica desaparece. Frente a los ranchos y los niños y niñas desnudos persisten las lonas con granos de cacao al sol, el único sustento que tienen sus habitantes.

Bajo un árbol, el candidato y su equipo invitan a la población a concentrarse alrededor de su taburete. El sol de la tarde abrasa y ya el cansancio desgasta a algunos de los jóvenes de la tolda celeste, aunque Uzcátegui sigue activo, sin perder intensidad en su rutina. Esta vez el público es más difícil. Desde los portales la gente mira con los brazos cruzados,  semblantes duros y, por supuesto, sin tapabocas. Mientras el candidato repite por tercera vez su discurso, tres mujeres están sentadas en la entrada de la iglesia ajenas a lo que dice. 

Afirman que no han visto a Héctor Rodríguez desde la campaña de 2017. Las peladuras en la pintura azul de la iglesia lo confirman. De las tres, Carmen acapara la conversación. Es una mujer de contextura fuerte y mirada seria, escéptica por experiencia. Aunque su piel es oscura como la de todos, ella vino hace poco con su esposo desde Ocumare del Tuy para trabajar en los cacaotales. Por allá tampoco vio nunca al gobernador. De hecho asegura en su momento no haber visto a Capriles Radonski, ni a los candidatos más allá de los periodos de campaña.

Dice que participará en las elecciones, aunque al preguntarle por quién, se limita a responder que el voto es secreto. Escucha un momento las propuestas de Uzcátegui y le parecen bien. Aunque en La Boca nunca falta el agua, los apagones de varias horas les impiden refrigerar “el salado”, como le dice a la carne y demás comestibles perecederos. Carmen no espera mucho de ningún candidato. Apunta que en pueblos como La Boca ya no viven de promesas sino del trabajo en el campo, aunque hasta en eso pasen carencias. Relata que hace tiempo la Gobernación donó implementos como botas, machetes y herramientas que nunca llegaron tras pasar por la Alcaldía. “Somos seres humanos y solo queremos que nos cumplan”, suelta con una voz áspera. Más que una súplica, es una exigencia.

Como en Baruta

Foto: Víctor Salazar / @Vaskdc

Una de las grandes apuestas de Uzcátegui es exportar a todo el estado el modelo de gobierno de los municipios del este de Caracas.  El tema puede ser objeto de un intenso debate, pero lo cierto es que los municipios del Área Metropolitana de Caracas son los que menos reflejan la identidad mirandina. Baruta, Chacao, Sucre y El Hatillo pertenecen políticamente al estado, pero desde hace décadas fueron absorbidos por la capital en su permanente expansión. En sus colinas se asentaron prósperas urbanizaciones y centros comerciales, que sirvieron de refugio para los sectores más adinerados del valle ante el torbellino socialista que desde hace años arrasa el Distrito Capital. Un fuerte contraste con los paisajes más industriales, pueblerinos o rurales del resto de Miranda.

Los alcaldes Darwin González (Baruta), Gustavo Duque (Chacao) y Elías Sayegh (El Hatillo) han centrado su gestión en tareas como la recuperación de espacios públicos, reactivación del comercio y articulación con entes centralizados como Corpoelec e Hidrocapital para atender las fallas de servicios. A este fenómeno muchos lo consideran una burbuja de confort para las zonas de clase media y alta que habitan allí. Incluso las redes sociales la han bautizado como “la Venezuela premium” en memes.

En sus discursos en cada cancha y plaza de Acevedo, y en otras zonas empobrecidas de la Miranda profunda, Uzcátegui aspira a recrear esa experiencia. O al menos en lo fundamental. Propone cavar pozos de agua profundos para surtir a las comunidades y comedores escolares con proteínas (enfatiza que será carne y no frijoles) en los tres platos diarios. También que reabastecerá toda la red de salud pública con la más alta tecnología, con servicios como telemedicina y botones de emergencia para los adultos mayores. Todo como en Baruta, su municipio predilecto para ejemplificar el éxito de su proyecto.

Sin embargo, hay un detalle que omite. Uzcátegui no es alcalde, y desde hace nueve años ya no ejerce como concejal. Aunque aparezca en las fotos y eventos con todos los alcaldes, el dirigente actualmente no posee cargos públicos. Muchos ven en la elección de González en 2017 una proyección de sus propias aspiraciones frustradas a causa de su inhabilitación. Incluso ahora hay voces que lo consideran el verdadero poder tras el telón en Baruta, y con una influencia que se ha expandido hacia toda la órbita del Área Metropolitana de Caracas.

“Fuerza Vecinal es una nueva expresión de la sociedad venezolana y estamos captando los mejores liderazgos de abajo hacia arriba. Los líderes sociales, comunitarios, no las cuotas por partido. Nosotros no queremos ser como los partidos tradicionales, queremos ser un movimiento distinto, una organización que venga a ser un nuevo planteamiento de toda nuestra Venezuela”, destaca el candidato en El Banqueo. Una bombilla sustituye al sol que se perdió tras la montaña.

El ascenso de FV fue vertiginoso. Como organización con fines políticos, existe apenas desde el 26 de junio del 2021, aunque ya puede ser posicionada como la tercera fuerza del país detrás del chavismo y la MUD. Esto se debe a la articulación de los alcaldes opositores, quienes se unieron bajo esta tarjeta para evitar repetir la dispersión que dejó la abstención en 2017. A pesar de su carácter localista, la organización rápidamente se ha expandido por todo el país, incursionando en nuevos territorios como Maracaibo, Zulia, o el municipio Libertador del Distrito Capital. También han hecho gala de un despliegue propagandístico incluso superior al de la propia Unidad y el oficialismo. 

Desde agosto la imagen de Uzcátegui ya colgaba de los postes en lugares como Los Teques o Las Mercedes, Baruta. Aunque son visibles en todo el este de la capital, en una entrevista para el Circuito Éxitos el 21 de octubre de 2021, el candidato negó tener pendones de su campaña en la ciudad. Al ser desmentido por el periodista Román Lozinski y presionado sobre cómo FV financiaba su logística, dijo entre tartamudeos que gracias a donativos de emprendedores (luego cambió por empresarios) del estado. “Nos apoyan con productos. Yo les digo que no me den metálico. Denme insumos, congeladores, motos, cosas que sean para la comunidad”, rectificó. No obstante, más allá de donativos, su campaña se caracterizado por no escatimar gastos en afiches, rifas, toldos inflables y oficinas para sus comandos locales.

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Foto: Víctor Salazar / @Vaskdc

Un líder de Primero Justicia es Henrique Capriles, anterior gobernador de Miranda y que usted como concejal de Baruta seguramente acompañó durante muchos años. ¿Qué opina actualmente de Capriles y su gestión como gobernador?

(Su voz se pone más seria y cortante). No sé, que te responda él realmente. No tengo información sobre él, creo que está en su política y no sé qué está haciendo actualmente. Yo sigo recorriendo mi estado Miranda con toda la humildad y la decencia, trabajo con constancia. Él responderá por sus planteamiento y por lo que esté haciendo. No tengo nada que decir.

—Una encuesta de Compromiso Compartido asegura que más del 80% de la población está dispuesta a una reconciliación nacional. Tomando el ejemplo desde casa, y en una búsqueda de una reconciliación dentro de la oposición, ¿qué rescataría usted de positivo de Carlos Ocariz?

—(Frunce el ceño). Él fue alcalde en dos oportunidades en Sucre, no puedo evaluarlo. Yo puedo decirte que fue un líder importante en el estado Miranda, pero su tiempo pasó. Se agotó. Y tú lo ves en los recorridos que hemos hecho, el sentimiento mayoritario de nuestra gente de Barlovento de que apoya nuestra opción. Más bien le diría que dé un paso al lado para permitir que se logre el cambio en Miranda.  

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En el transcurso de la tarde la caravana de David Uzcátegui sigue su rumbo por otras poblaciones de Acevedo. Mendoza, La Caramera, El Café y Yaguapa formaron parte del recorrido hasta el mirador de El Banqueo. En aquellos donde su equipo ya había allanado el camino organizando a la población, la bienvenida es cálida. En otros, donde la llegada no estaba en el itinerario, sus oyentes acuden impulsados más por la curiosidad y las pastillas para la tensión. 

Durante las entregas también reparten tapabocas, pues en medio del campo el covid-19 parece no ser una preocupación para la gente. De hecho, en la mayoría de esos pueblos la campaña de Fuerza Vecinal llegó antes que el propio Plan Nacional de Vacunación. Por eso la carrera de David Uzcátegui empieza por hacerse conocer antes que los otros candidatos en los pueblos olvidados de la Miranda profunda, y en cada sector, urbano o rural, donde cuelga un pendón con su rostro.

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