• El 25 de diciembre de 2010 falleció Carlos Andrés Pérez. A 11 años del fallecimiento de quien fuera presidente dos veces (1974-1979 y 1989-1993), El Diario repasa momentos claves de su vida política a través de fotografías y videos

Hace 11 años, el 25 de diciembre de 2010, falleció en Miami, Estados Unidos, el expresidente de Venezuela Carlos Andrés Pérez. Odiado por unos y amado por otros, es uno de los símbolos de los años democráticos en su origen y caída. Nacido en Rubio, estado Táchira y murió a los 88 años de edad alejado de su país. Hoy, cuando su legado es discutido y analizado, El Diario repasa seis momentos claves de su vida política.

1. El CAP íntimo

Foto familiar días antes de las elecciones presidenciales del 9 de diciembre de 1973. Sentada junto a él, con un vestido blanco, su esposa Blanca Rodríguez de Pérez.  Los acompañan sus hijos, Carlos Manuel, Thaís, Martha, Marielos y Carolina. Sonia, su otra hija, estaba fuera de Venezuela.

Después de asumir la Presidencia, el 4 marzo de 1974, la familia Pérez Rodríguez se mudó a La Casona. La residencia presidencial estaba en condiciones inmejorables debido a que había sido modernizada años antes por la exprimera dama Alicia Pietri de Caldera.

Carlos Andrés y Blanca Rodríguez se casaron el 10 de junio de 1948, en Rubio. El noviazgo había empezado 15 años antes, cuando él tenía 21 años de edad y ella 15. La mamá de Carlos Andrés, Julia Rodríguez, era hermana del papá de Blanca, el señor Manuel Rodríguez. De tal manera que ellos eran primo hermanos. Su relación, aunque larga y duradera, estuvo lejos de ser la única en la vida de Pérez.

“Era público y notorio que tenía una amante; incluso nosotros le decíamos que por qué no se divorciaba. Y él nos decía que cómo se nos ocurría, que él le iba a hacer daño a Blanca, que los andinos no se divorcian”, le contó su Carolina a la periodista Milagros Socorro para Clímax.

En las casas de Caracas, donde vivieron tiempo después de exiliarse en Costa Rica –debido a su participación activa en contra de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez–, nunca faltaba gente. Aunque la privacidad no fue un factor del cual la familia pudo disfrutar, puesto que Pérez ostentó varios cargos de poder antes de llegar a la Presidencia de Venezuela,

“A toda hora llegaba gente con lapas, quesos, gallinas, muchos dulces; y los maracuchos, con huevos chimbos y huevas de lisa. Siempre había gente, del partido o de los que venían de todo el país a hacer alguna solicitud, no teníamos privacidad. Llegaban de domingo a domingo, a cualquier hora. Venían a pedir audiencia, a plantear problemas, o porque andaban por la capital y pasaban a saludarlo. La gente humilde siempre llegaba con algo. A todos se les ofrecía almuerzo. Mi tía decía que donde comen tres, comen cuatro. Y terminaban comiendo 20. Nunca me acostumbré a eso. Siempre me molestó llegar a la casa y encontrar un gentío. La verdad, no he sido buena hija de político”, constató Sonia a Socorro.

2. Saltar el charco

Probablemente en la foto más icónica de su vida, y acaso de la historia de la política venezolana, Carlos Andrés Pérez salta un charco. La primera de la cual se tiene registro –luego repitió el encuadre en distintos lugares del país, con diferente atuendo–, fue en la campaña presidencial del año 1973.

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La fotografía, de autor desconocido, se convirtió en el símbolo más reconocible de Pérez durante décadas. Era la demostración de que Pérez era un hombre carismático, común, de pueblo. Consultado sobre la foto, el periodista Ángel Ciro Guerrero, quien fue reportero de las giras de Pérez durante esos años, dijo a Milagros Socorro para Prodavinci:

“Recuerdo perfectamente el salto, largo y alto, cuya foto dio la vuelta al mundo y generó buena envidia en muchos atletas. La gente recuerda las famosas patillas, las camisas, las chaquetas a cuadros, la gestualidad, el enorme carisma, el conocimiento del país, de la situación mundial, la fuerza del mensaje, el respeto al adversario, la organización, perfecta en todo detalle de Carlos Andrés Pérez como candidato de AD. El salto era un movimiento en todo sentido, por eso tuvo tanto impacto, porque compendiaba muchas cualidades de un individuo fuera de serie”.

Como relata Socorro, la imagen tuvo varios efectos. Uno de ellos fue derrumbar el mito del “policía implacable”, que causaba tanto miedo en Acción Democrática cuando lo eligieron como su candidato presidencial en el año 1992, por encima de Reinaldo Leandro Mora. Pérez venía de ser ministro de Relaciones Interiores del gobierno de Rómulo Betancourt. La nueva imagen más amable agarró impulso con los slogans de campaña: “Democracia con energía” y “Ese hombre sí camina”. Esta última frase, según Ciro Guerrero, la habría dicho un señor en San Cristóbal durante una caminata de Pérez.

Otro efecto, más a largo plazo, fue el de cambiar por completo el esquema de las campañas políticas en Venezuela. Si hasta ese momento los candidatos parecían lejanos a la población, sin mucho más que mítines desde una tarima, a partir de esa campaña de Pérez se volvieron cercanas, de recorridos, de estrechar manos, de ir casa por casa por varios estados del país.

“En realidad, Carlos Andrés saltaba todo lo que se encontrara delante de él. Desde entonces, las campañas se hacen como él. Así la hizo Chávez, exactamente como Carlos Andrés había establecido”, dijo a Socorro Mario Abatera, quien en 1972 era fotógrafo publicitario y trabajaba para Corpa Publicidad.

Pero el efecto más importante fue su victoria en las elecciones de 1973. Carlos Andrés Pérez obtuvo la victoria con 2.128.161 de votos, para un 49 % del total. Derrotó al candidato oficialista, el copeyano Lorenzo Fernández, quien obtuvo el 36,7 % de los votos.

3. El principio del fin

Para 1988 Carlos Andrés Pérez volvió al ruedo. Un nuevo equipo de profesionales, liderados por el diseñador Giovanni Scutaro, se encargó de renovar su imagen para las elecciones presidenciales de ese año. De su atuendo serio con el que llegó a la presidencia en 1974, pasó a uno más bien moderno y deportivo. El eslogan pasó a ser “el gocho para el 88”, pero lo que no cambió fue su sello personal en este tipo de campañas: hizo recorridos, caminatas, abrazos, saltos de charcos.

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El éxito fue rotundo: con 3.879.024 de votos, obtuvo el 52,91 % del total, 12 puntos más que su contrincante más cercano, Eduardo Fernández, de COPEI. A juicio del historiador Tomás Straka, tres cosas ayudaron a Pérez a volver a Miraflores: “La dura crisis de los años ochenta, el recuerdo de la bonanza de su primer gobierno y el amor que seguía sintiendo por él la mayoría de los venezolanos”. La apuesta de los venezolanos parecía ser, entonces, que Pérez obrara otro “milagro económico”.

Todo aquello se empezaría a derrumbar tan solo 14 días después de que tomara posesión en el Teatro Teresa Carreño. El 16 de febrero de 1989, el presidente anunció un paquete de medidas económicas, “El Paquete”, como quedó en el imaginario de los venezolanos.

“El paquetazo”, como también se le conoció, o “el gran viraje”, contemplaba el aumento en el precio de los servicios públicos, de las tarifas del transporte y de la gasolina. 11 días después, el 27 de febrero, la subida del precio del transporte público desató un conjunto de protestas que pronto devinieron en saqueos. Fue el llamado “Caracazo”. Lo que empezó en la capital, rápidamente se extendió por el resto del país por dos días más, hasta que el Ejército tomó el control. Pero el costo, más allá del caos, fueron una cifra de muertos sobre las cuales no hay consenso: algunos la ubican en 300, otros en más de 2.000.

Entretanto, Pérez revirtió algunas de las medidas y suspendió las garantías, pero ya el daño estaba hecho: su popularidad cayó y firmó la sentencia de su segundo gobierno, y probablemente del sistema democrático que se instauró a partir de 1958.

En un discurso televisado, el presidente lanzó un mensaje duro, entre aspavientos y gestos contundentes: “Hemos tenido que asumir esta dura responsabilidad de suspender las garantías en el país. Lo hacemos en su beneficio y al propio tiempo decirles que estas medidas duras en el campo económico que estamos haciendo, lo hacemos en su beneficio (…) Yo no les pido que me lleven en hombros a Miraflores, mi orgullo y mi ambición es a que me saquen en hombros de Miraflores”.  

Varios años después, en 2005, CAP aseguraba que el “Caracazo” fue el resultado de una conspiración en su contra: “El paquete económico no fue la causa del llamado estallido social ya que mi gobierno apenas tenía días en funciones. El llamado estallido social fue simplemente el inicio de una acción subversiva que se venía gestando y que hoy vemos en qué está derivando”, dijo.

4. La otra muerte de CAP

“No tengo inconveniente en confesar que habría preferido la otra muerte”. Esas fueron las palabras de Carlos Andrés Pérez, al borde de las lágrimas, el 20 de mayo de 1993. Horas antes se había dictado su muerte política: la Corte Suprema de Justicia (CSJ) lo acusó de presunta malversación de fondos, y posteriormente el Senado acordó autorizar su enjuiciamiento, lo que puso fin a su mandato como presidente. Lo reemplazó el presidente del Congreso, Octavio Lepage.

En la resolución, aprobada por unanimidad, el Senado autorizó el enjuiciamiento de Pérez y, “en razón del ordinal octavo del artículo 150 de la Constitución, el presidente queda suspendido de sus atribuciones”.

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A las 8:10 pm, desde el Palacio de Miraflores y en compañía de sus ministros y de los mandos militares, Pérez leyó durante media hora, a trompicones y con errores, un discurso emotivo.

“De mí se han dicho y se dicen muchas cosas. Se podrán decir todas las que se quieran en el terreno político. Esta es la práctica de una democracia activa y vigorosa. Pero nunca podrá decirse que me he aprovechado en términos personales de las posiciones que he ocupado por voluntad del pueblo. Tampoco nadie me podrá enrostrar que he propiciado, estimulado o provocado la comisión de hechos ilícitos”, se defendió Pérez.

La CSJ lo había acusado de cometer los delitos de peculado doloso y malversación de 250 millones de bolívares de un fondo secreto destinado a garantizar la seguridad del Estado venezolano. El juicio, sin embargo, es recordado por algunos sectores de la población como un proceso viciado, con motivaciones políticas.

Posteriormente, en otro duro golpe para él, el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de Acción Democrática lo expulsó del partido. La decisión del CEN estuvo soportada mediante la interpretación del artículo 134 de los estatutos de AD, que ordenaba la expulsión definitiva cuando el militante fuera encontrado incurso en la comisión de los delitos (…), y/o fuera sido condenado o no por los tribunales de cualquier jurisdicción ordinaria.

5. El profeta

Las palabras de Carlos Andrés Pérez sonaban a profecía. Era el año 1998, y en una entrevista con el periodista Marcel Granier para el programa Primer Plano, el exmandatario analizaba el entonces candidato Hugo Chávez Frías.

“Si gana Chávez, se avizora una dictadura y nosotros sabemos lo que es una dictadura. Aquí no habrá ley, derechos de expresión, las cárceles se abrirán para quienes no estén de acuerdo con ese gobierno, no se le permitirá a nadie disentir y todos los problemas se harán más graves aún”, aseguró Pérez.

Y continuó: “La ceguera es de tal naturaleza que no se dan cuenta que esto de Chávez es un daño a todo el proceso institucional de Venezuela”, advirtió Pérez. “Todo lo que tenemos bien, lo va a liquidar”.

Él mismo sufrió las consecuencias de esa profecía. El 20 de diciembre de 2001, un juzgado de primera instancia de Caracas ordenó que Pérez, entonces en la República Dominicana, fuera detenido en su domicilio con carácter preventivo en relación con los fondos públicos desviados a las cuentas secretas. Posteriormente la Cancillería venezolana pidió la extradición del expresidente, que nunca se llevó a cabo.

11 años después de su fallecimiento, no son pocos los venezolanos que recuerdan sus palabras  y, quizás por eso mismo, restan peso a sus errores. En una de sus últimas entrevistas, en el año 2005, se despidió de los venezolanos de la siguiente manera: “A mis compatriotas dentro y fuera de Venezuela les envío mi invariable saludo esperanzador, y mi convencimiento de que Chávez no podrá enterrar el sistema de libertades que con tantos esfuerzos nos dimos los venezolanos”.

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