• Johana Viloria cerró su escuela de baile en Caracas luego del apagón nacional de 2019. Decidió emigrar y buscar oportunidades en otro continente

El confinamiento en España a consecuencia de la pandemia de covid-19 en el año 2020 fue una de las experiencias más difíciles que atravesó Johana Viloria, profesora de baile, desde que salió de Venezuela junto a sus dos hijas. El peso de la migración, el temor a morir fuera de su país y la impotencia por abandonar la enseñanza del baile la consumieron durante esos meses. 

La idea de regresar a Venezuela se mantuvo presente en su mente durante mucho tiempo. Admitió que nunca se adaptó a la cultura española, pese a que no sintió rechazo o xenofobia por ser migrante. 

En 2020, mientras cumplía con la cuarentena impuesta en Madrid, vio junto a sus hijas Aladdin, la película de live action que estrenó Disney un año antes. Detalló que el filme fue la inspiración de un proyecto que debía materializarse en Venezuela. 

Terminé de ver la película y automáticamente llamé a Bhairon para decirle que lo quería como Aladdin en mi próximo evento en Venezuela. Le dije ‘dame chance que para allá voy’, porque siempre tuve el deseo de volver, producir eventos y formar bailarines”, contó Johana en una entrevista para El Diario.

La decisión de retornar 

Cuando se fue del país, dejó atrás la escuela de baile que fundó en Caracas en el año 2002: Johana’s Dance, la cual fue su sustento y con la que produjo más de una decena de musicales. Al cerrar las puertas de la academia, se despidió de al menos 70 alumnos que veían clases regulares con ella. 

La profesora de baile tiene presente los motivos por los que abandonó Venezuela, el apagón nacional de 2019 fue uno de los detonantes. Recuerda que en ese año la crisis de salud y la escasez de alimentos eran su mayor preocupación, por lo que buscó en España una oportunidad para cubrir esas necesidades. 

Día de la danza academia de baile
Foto: Abrahan David Moncada

“Los primeros cuatro o cinco meses fueron maravillosos porque veía todo lo que no tenía mi país. España es un país de oportunidades, donde hay acceso a la comida, acceso a la parte médica que era una de las cosas que más me preocupaba, pero hubo diversas cosas que de una u otra manera no me ayudaron a adaptar. Definitivamente para quedarse en un lugar debes querer estar ahí y no me sentía así”, explicó. 

Durante el tiempo que vivió en Madrid, trabajó en varios empleos que no tenían relación con la danza y, con la pandemia, se sintió cada vez más lejos de lo que la apasionaba. 

Sentía esa mezcla de una migración, de sentimientos de extrañar a mi gente, de extrañar mi pasión porque toda mi vida lo que hice fue bailar y se presenta la situación de la pandemia. Fueron cinco meses en los que no salíamos y tenía temor a morir allá o que mis familiares fallecieran en Venezuela, de hecho mis papás y mis dos hermanos se enfermaron gravemente. Eso me hizo reflexionar si estar en España era lo que realmente quería para mí y mis hijas”, agregó. 

En septiembre de 2021, con el relajamiento de algunas restricciones en España, se le presentó la oportunidad de viajar. Johana compró su pasaje y el de su hija menor, Giuliana, y el 15 de noviembre subieron al avión en el que regresaron a Venezuela.

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Comenzar de nuevo 

Johana y sus hijas siempre se mantuvieron en contacto con los alumnos que quedaron en Venezuela. Muchos se ofrecieron a apoyar el reinicio de clases en la academia, aunque no era una garantía de que volviera a ser como antes. 

“El día que retomé las clases fue una mezcla de nostalgia, de no poder creer lo que sucedía. Ese día había más de 100 personas en el salón. Al verme rodeada de tanta gente fue como ver pasar estos últimos 20 años”, confesó. 

Día de la danza academia de baile
Foto: Abrahan David Moncada

Los días posteriores no tuvieron tanta afluencia de alumnos, fue difícil que nuevos estudiantes mostraran interés durante las primeras semanas. Algunos de los jóvenes que integraban los grupos avanzados antes del cierre de la academia se incorporaron progresivamente. 

La profesora señaló que varios de sus estudiantes eran adolescentes cuando ella se fue y ahora están en la universidad o trabajan. Comentó que pese a que cada uno tenía sus responsabilidades recibió mucho apoyo de ellos.

Yo veo a estos chicos que son muy talentosos, todos están estudiando y me pregunto ¿cómo lo hacen? porque Venezuela está en una crisis muy fuerte: el país no está bien, como dice mucha gente ahora. Al ver eso uno dice que el joven venezolano quiere salir adelante y ser profesional, qué bueno que puedan tener un espacio para expresarse con el arte. Aquí ellos sacan su alegría, su tristeza o su depresión a través del baile”, indicó. 

Fiorela Giannetto, la hija mayor de Johana, regresó a Venezuela unos meses después para acompañar a su mamá en la producción del musical de Aladdin que se estrenará el 22 de mayo. 

Su retorno fue un impulso para que más estudiantes llegarán a la academia, porque se encargó de generar contenido en redes sociales para que más niños se inscribieran en las clases y participaran en el evento. 

“Producir el musical ha sido muy bueno, hemos tenido mucho feedback por parte de las niñas y sus representantes. Las alumnas más pequeñas se han adaptado a mi forma de dar clases, yo soy un poquito exigente, pero siempre con ganas de aprender”, agregó la bailarina. 

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Día de la danza academia de baile
Foto: Abrahan David Moncada

Fiorela, de 21 años de edad, participó en varias escuelas de baile en España, así que procura aplicar los conocimientos que adquirió en las coreografías que ideó para el musical. 

“En Venezuela había visto clases con pocos profesores de lo que aquí llaman baile lírico, pero con lo que aprendí en España se me expandió la mente y siento que mi estilo de baile ahora es muy diferente”, aseguró.

Para el montaje de Aladdin ha aplicado técnicas de jazz y usa como inspiración los musicales de Broadway, Nueva York (EE UU). Sin embargo, en el evento hay coreografías de diversos géneros. 

Día de la danza academia de baile
Foto: Abrahan David Moncada

Reconexión con la danza

Encontrarse en Venezuela con niños y jóvenes ansiosos por bailar y aprender cosas nuevas fue lo que impulsó a Johana y a Fiorela para regresar a su país. Ambas comparten la idea de que el baile debe ser apasionado pero también aportar disciplina como un elemento para la vida. 

“Para mí la danza lo es todo, bueno, no lo es todo, para mí Dios es todo y danzo para él. Todo lo hago siempre inyectando el amor de Dios y creo que eso es lo que me ha ayudado a no decaer. Lo veo ahora que atravesé una crisis luego de emigrar tres años y en este momento ya tengo un staff de 60 alumnos confiando en mí”, alegó.

Varios profesores y coreógrafos también le brindaron apoyo a Johana cuando volvió al país y ahora forman parte del montaje de Aladdin. Los alumnos más grandes también aportan ideas al desarrollo del espectáculo. 

Sara Ramírez, de 20 años de edad, y Bhairon Duarte, de 18 años de edad, ayudan con las coreografías y también bailan en distintos fragmentos de la historia, junto a Fiorela representan a una nueva generación de coreógrafos. 

Yo bailo desde los seis años y,  así como he crecido en la danza, he crecido personalmente. Cuando era pequeña me comparaba mucho, decía ‘es que yo no hago tres piruetas’ o ‘es que no me veo como ella’ y es un error que todos cometemos al comenzar. La verdad es que la danza es lo que transmites, el mensaje que le das al público, es un arte que no necesita palabras, y el movimiento que hagas va a decir eso”, comentó Sara. 
Día de la danza academia de baile
Foto: Abrahan David Moncada

La formación inicial de Sara fue en el ballet clásico, aunque considera que no es su fuerte. Su género favorito es la danza contemporánea, porque a su juicio mantiene la técnica aprendida pero con más soltura. También siente pasión por la salsa. La joven insiste en que la danza no debe basarse en perfeccionismos sino en motivación y alegría. 

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“Siempre he dicho que eso que acelera tu corazón ahí es donde debes estar, si sientes esa intuición, hazlo y no importa cómo te veas, no importa que tan dificil sea al principio, porque el primer paso no te va a llevar a la meta, pero sí te hace avanzar. Venezuela necesita bailarines, necesita que se queden y que demuestren que es un país rico en arte y lleno de personas que quieren crecer”, expresó. 

Aladdin

Bhairon, por su parte, se involucró en el mundo del baile cuando ya era adolescente. Su inspiración fue una niña que vio bailar en televisión y se inscribió en la academia de Johana. Pese a que dejó de bailar mientras la escuela estuvo cerrada, no perdió aquello que había aprendido y ahora es el protagonista del musical. 

Día de la danza academia de baile
Foto: Abrahan David Moncada
Cuando me dijeron que iba a ser Aladdin, me sentí un poco presionado, pero a la vez muy feliz porque es una responsabilidad bastante grande. Este personaje es el hilo conductor de toda la historia, entonces tenía un peso sobre mí pero estoy tranquilo. Sé que todo va a salir muy bien”, indicó. 

El bailarín dijo estar cómodo al interpretar a este personaje, debido a que se siente identificado tanto físicamente como con su personalidad. 

En el elenco también destaca Dasha Angola, de 13 años de edad, quien hace el papel de la princesa Jasmín. La bailarina comenzó a involucrarse con la danza a los 7 años de edad, luego de que la invitaran a una audición. 

“Me siento muy feliz, ya que la protagonista es una princesa que transmite mucha alegría y fuerza. De hecho hay una pieza que se llama “Callar” y se trata de las mujeres que no se quedan calladas”, señaló Dasha.

Día de la danza academia de baile
Foto: Abrahan David Moncada

Otro personaje clásico del filme de Disney es Abú, el mono que acompaña a Aladdin en sus aventuras. En el musical de Johana’s Dance, este papel será interpretado por Miranda, una niña de seis años de edad que se incorporó a la academia es esta nueva fase, 

Johana aseguró que ella y su equipo están dando todo de sí para que este proyecto salga adelante pese a las dificultades que enfrentan en el país. Sin embargo, los planes futuros son mayores y esperan tener la oportunidad de seguir formando bailarines en Venezuela. 

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