No se alarmen porque es peor. Aprovechen esta llamada de atención para enfrentarse a su vulnerabilidad. No solo ante un virus, sino ante la cotidianidad. Atrévanse a sentirse uno más; a abandonar ese título de reyes en reinos que nadie conoce.

Anímense a sentirse de tú a tú con cualquiera, para que entiendan que todos estamos expuestos a todo siempre que nos creamos omnipotentes y eternos.

Por las razones incorrectas te preocupas por un entorno al que no le importas: apariencia, estrato social, demostración de ingresos, porte de firmas (marcas), y demás, pero no te preocupas por quienes te rodean porque puedas estar afectando su salud o porque ellos puedan estar afectando la tuya.

Las intenciones han estado en direcciones incorrectas, y puede que este momento sirva para que te animes a sentirte humano y finito.

Mi papá murió de repente en 2018. Al verlo allí, sin vida, reafirmé que no somos tan importantes desde el individualismo; que el mundo sigue girando y la vida sigue siendo vida. Nada se acabó. Pero también reafirmé que todo lo que hacemos genera consecuencias, y está en nosotros elegir bien o mal; no hay espacio para las confusiones. Suena ambiguo, pero no.

Aterriza y entiende que puedes estar dañando o beneficiando a otro. No pienses solo en ti, porque no eres el centro del mundo, pero todos sí le damos sentido al mundo.

Esta foto la tomé el año pasado en Tokio. Allí andan con sus tapabocas, y no son de mucho contacto. Al preguntar por qué, me dijeron que no lo hacían por ellos, sino por los demás.

Foto: Donaldo Barros

No caigamos en la tendencia. El universo nos está dando otra oportunidad; no seas soberbio. Despierta; el ego y el ocio son un grandísimo negocio.

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