• Fuera del campo, el exjugador argentino hizo una vida cuanto menos polémica. Además de sus desmanes sexuales y de drogas, en política apoyó a los regímenes de Fidel Castro, en Cuba, y a Hugo Chávez y Nicolás Maduro, en Venezuela. Para algunos, el hecho es imperdonable incluso hoy, el día en que el mundo se conmueve tras su fallecimiento

“Con Diego iría al fin del mundo, pero con Maradona ni a la esquina”, solía decir Fernando Signori, preparador físico y uno de los hombres más cercanos a Diego Armando Maradona. Por Diego se refería al niño humilde de Villa Fiorito, un barrio muy pobre de la periferia de Buenos Aires. Por Maradona, al hombre que se deslumbró con la fama, el de los excesos. La declaración es, quizás, la definición más perfecta de la simbología del Pelusa: del Dios venerado, al indeseable y molesto, quejón, insultante, drogadicto y defensor de los regímenes de los Castro, en Cuba, y del chavismo, en Venezuela. La pelota, como él mismo dijo alguna vez, no se mancha. Su apellido, para muchos, tiene esa huella política imborrable. El político –aunque no lo era– opacó al futbolista. Otros simplemente recuerdan los goles y las épicas en el campo.

La imagen más fresca de Maradona que tienen muchos venezolanos, aunque quizás no la más reciente —hasta principios de año dirigía los partidos del club Gimnasia y Esgrima de La Plata con la gorra tricolor venezolana, de las que tienen la cara de Hugo Chávez a un costado y el 4F del otro—, fue en 2018. Bailaba en una tarima. “Eso es seguro, todos con Maduro”, decía el coro de la canción. Sacudía los hombros más al ritmo de una cumbia argentina que del género urbano que sonaba. Era la campaña presidencial, y estaba allí para respaldar la candidatura de Nicolás Maduro frente a una oposición que no había concurrido por falta de garantías electorales.

Soldado de Maduro

Nada lo detuvo. Ni la crisis económica que ha hecho de Venezuela uno de los países más pobres del mundo ni la crisis humanitaria ni las denuncias de violación de Derechos Humanos por parte de múltiples gobiernos y organismos internacionales. Era, dicho por él mismo, un soldado del chavismo. “Somos chavistas hasta la muerte. Y cuando Maduro ordene, estoy vestido de soldado para una Venezuela libre, para pelear contra el imperialismo y los que se quieren apoderar de nuestras banderas, que es lo más sagrado que tenemos”, escribió en su cuenta de Facebook en agosto de 2017.

“Viva Chávez. Viva Maduro. Viva la revolución. Vivan los venezolanos de pura cepa, no los venezolanos interesados e involucrados con la derecha”, concluyó. En esa ocasión, como Signori, hubo quien separó a Diego del Maradona defensor del chavismo: el también mítico jugador argentino Mario Alberto Kempes, respondió que “cualquier persona con dos dedos de frente no diría eso. Tengo parientes en Venezuela que la están pasando mal. No se puede defender lo indefendible, a un tirano en Venezuela”. Y resaltó la incoherencia del Diego pobre con el Maradona adulador: “él es argentino, vive como los dioses. Te duele que alguien que no esté viviendo en un país no tenga humanidad. Son chicos defendiendo a su país. Estos tiranos vendieron a Venezuela a los rusos y a los chinos”, agregó Kempes.

Maradona ratificó su posición en febrero de 2019, luego de la proclamación de Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela. De este último dijo, por cierto, que era una “farsa” y un “sinvergüenza”.

Foto: radiomitre.

No era la primera vez que aparecía con Maduro en público. La primera fue en 2014. Ese año la oposición venezolana convocó a múltiples protestas por la incipiente crisis económica. El régimen apresó a Leopoldo López. 43 personas fallecieron en las calles, 486 resultaron heridas y 1854 fueron apresadas por las fuerzas de seguridad del Estado. Maradona viajó a Caracas y ocupó una silla entre funcionarios y diplomáticos en la tribuna instalada al lado del Panteón Nacional. Había sido invitado por el líder del chavismo a un acto de las Fuerzas Armadas por los 190 años de la batalla de Ayacucho en Perú.

“Nos visita un rebelde que en otros campos de la vida fue también un fenómeno y es un fenómeno en el campo del fútbol, pero también en el campo de las ideas, porque es un rebelde, un revolucionario. Se trata de Diego Maradona que nos acompaña en Caracas”, dijo Maduro.

El exjugador apenas escuchó el halago que pretendió hacer Maduro. Las cámaras lo enfocaron: tenía los ojos cerrados.  Otro participante del evento le dio un pequeño empujón desde atrás. Solo así se levantó y terminó saludando a los presentes.

“Le pedí que nos acompañara a este acto y se emocionó mucho. Maradona acompaña a los pueblos en sus luchas por la justicia y la verdad. Gracias por lo que has dado a la juventud y por seguir defendiendo la verdad”, señaló el mandatario.

En otra oportunidad, Maradona jugó al fútbol con Maduro. 

Sobre Chávez y EE UU

La Copa América de 2007 fue la gran vitrina del chavismo: ese año el torneo se organizó en Venezuela y Chávez aprovechó para vender su modelo del socialismo. El entonces presidente venezolano hizo el saque inaugural. Lo acompañaban Evo Morales, por ser el juego contra Bolivia, y Diego Armando Maradona. Ese fue uno de los tantos encuentros con Chávez. Luego el argentino viajó a Venezuela para darle la última despedida. Era en el año 2013, cuando el líder socialista murió. Se abrazó, literalmente, a Maduro.

Foto: PRESIDENCIA / AFP

“Lo que me dejó Hugo fue una gran amistad, una sabiduría política increíble. Hugo Chávez ha cambiado la forma de pensar del latinoamericano, nosotros estábamos entregados a Estados Unidos y él nos metió en la cabeza que podíamos caminar solos”, declaró Maradona.

Al igual que la izquierda radical latinoamericana, le obsesionaba la idea del todopoderoso gobierno estadounidense, como creador de todos los males regionales. En el año 2005, llamó a George W. Bush, entonces presidente de EE UU, “basura humana”. Luego se permitió hacer un comentario, una broma sin humor, de que “le arrancaría la cabeza a Bush”. Usaba una franela estampada con la frase “Stop Bush”.

Socialismo del siglo XXI

Admirador del chavismo y del castrismo, cómo no, era también seguidor de los procesos de izquierda en Latinoamérica. De lo que denominaron el “socialismo del siglo XXI”. Basta con dar un repaso por la región.

En Bolivia, era seguir de Evo Morales. “Lamento el golpe de Estado orquestado en Bolivia. Sobre todo, por el pueblo boliviano, y por Evo Morales, una buena persona que trabajó siempre por los más humildes”, dijo luego de que Jeanine Añez asumiera la presidencia de ese país de forma interina.

Sobre el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, Maradona señaló que su triunfo era una gran alegría para América Latina. “Por fin ganó las elecciones en México, y la verdad es que nos puso contentos a todos”.

En Argentina, Maradona respaldó siempre al gobierno de Néstor Kirchner y después al de su viuda, Cristina Fernández de Kirchner. También simpatizaba con el actual presidente, Alberto Fernández. No así con Mauricio Macri, a quien siempre criticó por “gobernar para los ricos”.

Fidel Castro, su “segundo padre”

Pero ni Maduro ni Chávez: su gran ídolo era Fidel Castro. Lo consideraba “el más grande de la historia”. Su admiración por el dictador cubano era tan grande que se hizo un tatuaje con la imagen del líder cubano en la pantorrilla izquierda. También se tatuó al Che Guevara.

Con un recorrido de varias décadas, su relación con Fidel Castro comenzó en 1987. Fernando Signorini reveló que luego de la Copa de América 1987 organizada en Argentina, fue invitado a mediados de julio a vacacionar a las playas de Varadero. “La idea lo entusiasmó, no solo por la posibilidad de disfrutar de los encantos de ese paraíso tropical, sino porque la visita incluía una especie de alucinante bonus track: un encuentro con el legendario líder de la Revolución Cubana, el comandante Fidel Castro”, contaba Signorini sobre aquel primer encuentro en la Casa de Gobierno, a metros de la mítica Plaza de la Revolución.

Castro hizo gala de su carisma durante el encuentro. Quedaron cautivados con la personalidad, el humor y el entusiasmo del dictador, confesó tiempo después Signorini. El encuentro surgió, supuestamente, por una curiosidad del cubano: quería saber si había una fórmula infalible para patear los penales. “Antes de patear, miró al arquero”, le confesó Diego. El presidente cubano tomó un cuaderno, anotó la fórmula y respondió: “Mañana mismo la pruebo”, provocando las risas de los presentes.

La admiración del exjugador lo llevó a Cuba en más de una ocasión. Vivió allí entre 2001 y 2004, donde se sometió a un tratamiento de recuperación a su adicción a las drogas. Ingresó en la clínica de desintoxicación de La Pradera, en La Habana, un acontecimiento que el régimen vivió como un éxito propagandístico. En su paso por Cuba en realidad, no logró mejorar su salud. Durante ese tiempo se conoció sobre él algún que otro accidente de tráfico, pelea con enfermeros, y algún que otro incidente.

En 2005 se volvieron a encontrar. Fue durante el programa televisivo La noche del 10, conducido por el propio Maradona. “Siempre tuvimos muy buena relación, muy buena amistad. Desde el primer día que viniste aquí con tu niña» en 1987, le recordó Castro a Maradona, para luego obsequiarle su chaqueta verde oliva. En aquel encuentro 18 años atrás, también le había regalado una gorra autografiada.

Castro falleció en 2016. Maradona no pudo estar ahí. Se encontraba a miles de kilómetros, en Zagreb, la capital de Croacia, donde presenció la histórica conquista de la Copa Davis del equipo argentino liderado por Juan Martín Del Potro y Daniel Orsanic. “Me agarró un llanto terrible porque fue como mi segundo padre”, dijo Maradona. “Él me dejó una frase, me dijo ‘te venís a despedir, ¿no?’. Le dije ‘no, maestro’. Yo estaba con un llanto porque me sorprendió, es como que me hubiese pegado un saque Del Potro en el pecho, que te diga Fidel Castro ‘te venís a despedir…’. Me largué a llorar”, agregó.

El líder de la “revolución” cubana falleció, por cierto, un 25 de noviembre. El mismo día que se ha ido Maradona.

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