• Mientras se disipa la niebla del covid-19, en el país se fortalecen las propuestas digitales con el surgimiento de plataformas como Trasnocho Web, Veloz Streaming y Cine Mestizo. Filmes y festivales locales han migrado con éxito a lo digital. En contraposición, en el sector de exhibición, con más de 370 salas cerradas desde hace 10 meses y un descenso en la taquilla que registra desde 2016, escasean las certezas 

Desde la avenida Perimetral que atraviesa San Antonio de los Altos, ciudad satélite de Caracas, la cartelera del único cine de la zona no exhibe títulos de estrenos ni de las películas que llegaron con retraso al país. En su lugar se lee una frase contundente: “No somos invisibles, queremos trabajar”.

A varios kilómetros de distancia, en la carretera Panamericana, los espacios exteriores de las salas de cine ubicadas en el centro comercial La Casona se convirtieron durante este mes en una feria navideña. La taquilla de pago fue reemplazada por mesas de plástico y aguinaldos.

La escena en otras salas de los circuitos Cinex y Cines Unidos no es más alentadora. La soledad y el vacío reemplazaron la bullaranga de los espectadores. Como en el mundo entero, con la pandemia, la gran pantalla en Venezuela se apagó en marzo y desde entonces no ha vuelto a funcionar.

En contraste, los representantes de la industria han desarrollado alternativas para mantener vivo el arte. El streaming y las plataformas online –como las desarrolladas por el Trasnocho Web y Cine Mestizo– se convirtieron en los espacios de difusión para la producción local, la realización de festivales y certámenes de la crítica, así como cineforos y diversos talleres relacionados con el sector.

Desde mediados de año, volvió la experiencia del autocine. Cinex arrancó la propuesta con Cinex Auto en la Universidad Metropolitana y en el Hotel Tamanaco Intercontinental. Surgió también Autocine Caracas, con funciones en la terraza del CCCT, aunque el proyecto contempla cinco autocines en la Gran Caracas con una capacidad de hasta 70 vehículos. Esta propuesta también llegó al interior del país. Sin embargo, estos podían funcionar en la fase más amplia de flexibilización estipulada por el régimen de Nicolás Maduro.

Además, tomaron la calle asociaciones como Gran Cine, en alianza con las alcaldías, con eventos en espacios como la Plaza Los Palos Grandes donde proyectaron, entre otras, cintas del Festival de Películas que Importan y el Festival de Cine de Derechos Humanos.

Este es un año de transición y de punto de inflexión. Me atrevo a decir que es un año cero para el cine y para prácticamente la creación audiovisual en todo el mundo. Así como lo fue el momento este trágico de la caída de las dos torres, el 2020 para el cine puede que sea el reseteo, el reinicio del mundo audiovisual en el milenio”, asegura el documentalista y crítico de cine, Sergio Monsalve, en entrevista para El Diario.

Pero, ¿cuál ha sido hasta ahora el costo de la pandemia para el cine nacional en sus diversos gremios y cómo se perfila 2021? Hablan los representantes de la industria.

Los exhibidores de películas

El jueves 12 de marzo de este año, las 379 salas de los 64 complejos cinematográficos ubicados en 29 ciudades del país cerraron sus puertas sin ninguna certeza de cuándo las volverían a abrir, recuerda Abdel Güerere, presidente de la Asociación Venezolana de Exhibidores de Películas.

Hasta esa fecha, y desde inicios de 2020, las salas de cine habían vendido apenas 1,6 millones de tickets. Al comparar el comportamiento de la taquilla con 2019, cuando se vendieron en total 11,7 millones de tickets, la asociación estima que estos 10 meses de cierre han representado una pérdida para el sector del 90% de sus ingresos, al dejar de vender alrededor de 10 millones de boletos.  

“Y no solo se trata de los tickets, sino de la pérdida de la capacidad de disfrute del público que no pudo satisfacer su hábito, su expectativa, su deseo de ver cine en la gran pantalla”, señala Güerere. 

Previo al decreto de cuarentena en el país, el sector de exhibidores ya venía registrando un descenso importante en el número de espectadores en las salas de cine desde 2016, año que marcó la reducción de horarios en los centros comerciales debido, entre otros factores, a la crisis de energía eléctrica. Esta situación se repitió durante el primer trimestre de 2019, con nuevos apagones y una caída en la venta de boletos, en una nación carcomida por la hiperinflación, crisis de servicios e inseguridad.  

Si para 2015 se vendió un promedio de 30 millones de tickets, solo tres años después la cifra se había reducido a la mitad. El panorama para este 2021 no parece alentador. 

“La incertidumbre ha sido muy fuerte, porque nunca hemos sabido cuándo es que podemos abrir. Continuamente hacemos planes, pero sin la autorización del Ejecutivo Nacional no tenemos la posibilidad de implementar lo diseñado”, agrega.

De acuerdo con el vocero del gremio, durante el cierre el sector ha realizado mantenimiento preventivo a las salas y ha estado atento a la situación de sus trabajadores, pues ha habido una reducción de personal. El grupo que permanece se divide entre trabajo desde casa: los encargados de planificación y comunicación con organismos públicos, distribuidores de películas, proveedores de insumos; y la parte operativa que labora en el mantenimiento de la infraestructura.

Las salas de cine del país han permanecido cerradas desde marzo de este año tras el anuncio de la cuarentena por el Covi-19 / Cortesía Tulia Monsalve

La asociación, en conjunción con otros representantes de la industria, elaboró un protocolo de bioseguridad que, señala su vocero, fue aprobado y firmado por el Centro Nacional de Cine el pasado junio, y elevado a los ministerios de Cultura y Salud. Sin embargo, hasta que no se anuncie de forma oficial la reapertura no podrán aplicarlo.

De ser aprobado el reinicio de operaciones del sector, asegura Güerere que el proceso será paulatino e incluirá un mantenimiento mayor, actividades de mercadeo, revisión de la disponibilidad de películas, entrenamiento de personal en protocolos de bioseguridad. Dependerá, entre otros, del estado de los servicios de cada localidad: electricidad, agua, Internet y hasta gasolina. 

El sector de filmación y producción

“La cuarentena fue muy ruda”, arranca José Ernesto Martínez, presidente de la Asociación  Venezolana de Productores Cinematográficos (Avepca). Y aunque cuenta que algunos productores independientes pudieron trabajar en proyectos pequeños, con instrumentos básicos como celulares, la industria no ha funcionado desde mediados de marzo. “En noviembre se activó un poco con algunos comerciales, alquileres de equipo, técnicos. Pero en cine no se pudo desarrollar nada”, dice. 

Martínez señala que el cierre de salas y la consecuente caída de los ingresos del Fondo de Promoción y Financiamiento del Cine (Fonprocine) incidieron en una reducción del apoyo que la institución ofrece a la comunidad a través del financiamiento de películas, cortometrajes y desarrollos de guion. No obstante, en compensación, el ente llevó a cabo un programa de ayuda económica a los trabajadores más vulnerables del sector. 

La propuesta se presentó al comité ejecutivo del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) en abril, fue aprobada en junio y comenzó a funcionar al mes siguiente, hasta diciembre. Consistió en un aporte único de 20 dólares, que se entregó en bolívares. El plan era cubrir un total de 250 trabajadores, pero la meta solo se cumplió en 70%. “La gente no lo creía al principio, después sí hubo un incremento en las solicitudes. En este momento estamos analizando una segunda etapa del programa, pues siguen cerradas las salas”, indica. El objetivo sería otra ayuda equivalente a 15 o 20 dólares.

“Es muy complicado pensar qué va a pasar. Desde el CNAC se está buscando que se aprueben al menos los protocolos y que se trate de abrir el medio de alguna manera. Pero hasta ahora no tenemos una respuesta concreta. Ya casi que vamos a cumplir un año sin estrenos, filmación, producción… y hay mucha preocupación sobre qué ocurrirá y cuándo podremos filmar otra vez”. 

La migración de los centros culturales

La reinvención, aunque se ha convertido en palabra manida, ha marcado la pauta para creadores y espacios culturales. Desde el 15 de mayo, el Trasnocho Cultural ofrece al público su plataforma web que incluye no solo películas y obras de teatro, sino también conferencias, talleres y cineforos.

“Es muy duro para la cultura esta situación de encierro, porque las personas que están todo el día trabajando en las pantallas de sus computadoras en algún momento también sienten un cansancio de esas pantallas”, señala Solveig Hoogesteijn, directora de Trasnocho Cultural.

Espacios como el Trasnocho Cultural tuvieron que cerrar sus puertas, pero lanzaron plataformas web para seguir difundiendo su programación / Cortesía Trasnocho Cultural 

Aunque agrega: “Todo constreñimiento, toda limitación, también trae consigo que las personas intenten renovar y crear formas de comunicación para subsanarlas y en ese sentido creo que hay siempre una oportunidad para la experimentación”. 

Uno de los retos, dice, es encontrar aquellas vías certeras para llegar al público y lograr acercarlo a lo que se ofrece, dada la enorme oferta digital en la que también abundan las propuestas gratuitas que impiden que aquellos artistas que viven de su trabajo puedan sobrevivir.  

Pero hasta la fecha, asegura Hoogesteijn que el proyecto del Trasnocho Web ha arrojado resultados positivos: “Fue importante, primero, porque impactó en la mente de las personas y en sus prácticas. En segundo lugar, fue internamente una prueba de cohesión y la capacidad de aprendizaje de un gran equipo de trabajo en el Trasnocho. Y tercero, demostró la enorme lealtad que tiene el público con nuestra trayectoria de casi 20 años. Es muy satisfactorio poder decir que hemos logrado sobrevivir durante nueve meses”.

El año que está por llegar no será sencillo para estos espacios culturales, asegura la también directora de cine, pues continúa la incertidumbre en torno a una nueva cepa o segunda ola de contagio. “Si la vacuna resulta eficiente y llega a nuestro país, podríamos pensar en que se neutralizase esta epidemia y podamos tener una visita presencial en el Trasnocho, que hemos desinfectado en todas sus áreas: aires acondicionados, butacas, oficias y espacios abiertos, gracias a un concurso que ganamos en Alemania y nos permitió tener esta inversión, que es canalizada a través del Instituto Goethe en Caracas”, señala. Apoyo que se suma al que ha recibido la institución por parte de las embajadas para continuar ofreciendo su programación, festivales y talleres, estos últimos los más demandados por el público, de acuerdo con la productora. 

La experiencia streaming se fortalece 

Además de la iniciativa de Trasnocho Web, el crítico de cine Luis Bond habla de varios hitos para el cine nacional en estos meses de cuarentena. La mayoría con el streaming como pilar. 

Destaca la realización durante el mes de septiembre en formato online del Festival de Cine Venezolano, que tradicionalmente tiene lugar en Mérida y que el año pasado tuvo que mudarse a Caracas por la precaria situación del estado andino. La 16° edición del evento logró hacer una transición hacia lo digital, a través de la plataforma web del Trasnocho.  Incluyó 11 largometrajes de ficción, 15 cortometrajes y una decena de documentales. 

Se sumó el I Festival de la Crítica Cinematográfica de Caracas, que contó con participación de un jurado internacional que determinó a la película La Fortaleza, de Jorge Thielen Armand, como la mejor del año, seguida por de cerca por Once Upon a Time in Venezuela, dirigida por Anabel Rodríguez Ríos, cuyo recorrido comenzó en el Festival de Sundance y ha obtenido reconocimientos en varios certámenes, además que buscará representar al país en la carrera por el Oscar. 

Vía streaming el público ha podido disfrutar de cintas nacionales como Once Upon a Time in Venezuela, de Anabel Rodríguez Ríos / Cortesía

Al formato online se pasó también la tercera edición de los premios de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Venezuela, en los que participaron 12 largometrajes y 7 cortos en 17 categorías en competencia. 

“Es interesante lo que se logró. Fue un año muy particular, muchas de las películas seleccionadas en los festivales no se pudieron estrenar en salas comerciales, pero sí tuvieron un recorrido fuerte”, indica Bond.

Para el también profesor universitario, ha sido importante la apertura de sistemas online para la difusión del cine local como Veloz Streaming, del director Edgar Rocca y la actriz y productora Elaiza Gil, y Cine Mestizo de Daniel Ruiz Hueck, una plataforma web dedicada al cine venezolano con un catálogo de más de 40 cintas. Además está disponible Clickaplay, del cineasta Carlos Daniel Malavé, con una docena de filmes. Estos modelos de negocio pueden incluir la suscripción o el pago por película.en incluir la suscripción o el pago por película.

“Han ofrecido la posibilidad de ver cine venezolano y latinoamericano independiente, que es un súper plus porque este tipo de cine no está en Amazon ni en Netflix ni en Disney Plus. Esta pandemia está llevando a muchos realizadores a darse cuenta de que no toda la salida debe ser a juro la sala”, expresa. 

Ha habido otras iniciativas como por ejemplo la implementada por Cinesa, que puso a disposición del público de forma gratuita sus documentales. 

Sin embargo, el streaming y lo digital encuentran un muro de contención: la pésima conectividad en el país. De acuerdo con un estudio publicado a comienzos de año por el portal Speedtest Global Index, la velocidad de conexión a Internet en Venezuela es la segunda peor del mundo, solo supera la de Turkmenistán. 

Aunque para Bond esto no necesariamente tiene por qué representar una limitante: “Lo que ocurre también con nosotros como país es que estamos dándole la vuelta a las cosas. Nuestra conectividad es muy pobre, sí, pero hay muchos servicios que están apareciendo y a un precio razonable como Internet de banda ancha; la opción satelital puede ser costosa, pero si se contrata en un edificio se diluyen los costos de instalación y mensualidad. 

Además, compañías telefónicas como Movistar y Digitel han sacado sus propios dispositivos modem, eso puede ayudar. Siento que ya el hecho de que las personas se puedan acercar al streaming es importante, aunque no veamos la película en 4K”.

Esta vitrina digital que se impuso este año ha permitido observar, asimismo, un cambio en cuanto al discurso estético que se genera y los actores involucrados, a juicio del crítico Sergio Monsalve. En el plano de los contenidos en Venezuela, considera que a consecuencia como los eventos ocurridos desde 2014 a la actualidad estimularon el surgimiento de un cine de vocación política disidente. 

“Y eso también es provocado por la demolición de otro actor: el CNAC, que pasó de ser una plataforma de incentivo para el cine nacional a ser un enemigo declarado de la producción audiovisual con plena libertad de expresión. Por ende, lo que estamos viendo es que han surgido las iniciativas independientes que son las que están teniendo mayor impacto tanto en el campo nacional como internacional”, dice. 

Y menciona cintas como La causa dirigida por Andrés Figueredo, Especial de Ignacio Márquez, Un destello interior de los hermanos Luis y Andrés Rodríguez, y Juan, el documental independiente de Adrián Geyer. “Vemos que son películas hechas por una generación de relevo, que es la segunda que oxigena al cine en el milenio. De modo que este es el panorama que se va asentando en lo estético y en lo ético en Venezuela”. 

Monsalve resalta que el género del documental es de los formatos que reporta mejores críticas, desarrollos audiovisuales y comentarios de los espectadores, como el caso de La Danubio y de Free Color.

¿Cuál es la expectativa que tenemos con respecto a 2021? Desde mi perspectiva es que esto se pueda seguir manteniendo, habida cuenta también de la intervención de la empresa privada que, una vez que se establezca y que pueda tener el empuje correspondiente, pueda abonar un terreno para el futuro. Y, por otra parte, yo espero que la institucionalidad pública pueda abrirse a las diferentes visiones, sin ningún tipo de pasaporte o filiación política exclusivista”, señala.

Espera también un renacimiento de la ficción desde lo narrativo: “Sentimos que siguen existiendo algunas falencias de orden descriptivo. Esperamos que haya un repunte y orientación que sea distinta, más moderna, no tan de formato televisivo”.

El escenario fatalista: ¿desaparecerá el cine como lo conocemos?

Para Abdel Güerere, la cultura no es sustitutiva sino acumulativa, por lo que el streaming no sustituirá la experiencia de la sala de cine sino que convivirán. Apoya esta idea en un análisis histórico que se remonta a la invención de la radio, de la televisión, y del mismo cine, cuando ninguno suplantó al anterior. “En la perspectiva psicológica y sociológica, no son competencia. No es lo mismo ver una película en la casa, independientemente del tamaño del monitor, que en la gran pantalla, con sonido dolby, butacas, total oscuridad y el sentimiento compartido de los otros espectadores tanto en dramas como comedias”, dice. 

Mientras que para Bond lo digital abrió las puertas a un mercado internacional muy necesario: “Creo que el futuro va a ser el streaming. El cine como experiencia va a seguir existiendo, pero no será la última meta de los cineastas”.

Monsalve, por su parte, confía en una “resurrección” de la sala de cine porque es una industria estratégica para Venezuela y el mundo. “Yo esperaría que siguieran funcionando en unas condiciones de seguridad con intervención de todo lo que hoy en día se necesita, por el bien de las personas que trabajan allí y por el de una industria que ha dependido en demasía de una forma de exhibición tradicional. Mientras tanto, también espero que se pueda asentar la idea del autocine en Venezuela, que sigue siendo muy incipiente”. 

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