El aficionado venezolano promedio tiene un recuerdo fugaz pero indeleble de Deyna Castellanos, en el que sobresale el gol que marcó de media cancha ante Camerún en el Mundial sub 17 de Jordania 2016. Con idéntica claridad, casi cualquier coterráneo podría identificar si no alguna de las jugadas de la futbolista, al menos sí su rostro. Desde  2014 fue gestándose en el país la idea de que una de las mayores promesas del fútbol mundial había nacido en Venezuela.

Son más los que la alaban o, incluso, los que están informados de su cotidianidad que quienes la ven jugar jornada tras jornada. Deyna Castellanos está en medio de su primera temporada completa como profesional y se ha hecho sentir en las estadísticas de la Liga Iberdrola, destacando en su club: el Atlético de Madrid. Ahora bien, ¿cómo es su rendimiento dentro de la cancha?

Nuevos desafíos

Las imágenes de aquella adolescente driblando rivales como conos pertenecen a la bonita galería de los recuerdos, pero distan de la actualidad. Como sucede con casi cualquier futbolista, su versión profesional es menos espectacular que la versión juvenil. En el caso de Deyna la diferencia puede ser notoria, sobre todo por el contexto. Hizo muchas de sus diabluras en los Sudamericanos que disputó y vale recordar que esta parte del mundo no se encontraba en ese entonces (ni ahora, pero menos que menos en aquellos años) actualizada en la división femenina: la brecha con Estados Unidos y una parte de Europa era abismal. Deyna podía enfrentar rivales a las que no solo superaba por su talento, sino también por las muchas deficiencias de las contrincantes.

Sin ir muy lejos, la Vinotinto sub 17 de Kenneth Zseremeta, pese a sus logros, era un equipo con muchas limitaciones tácticas. Se veía el poco trabajo en ese rubro: jugaba de forma muy desactualizada. No es de extrañar que varias de las futbolistas arrastrasen más adelante fallas sobre la interpretación del juego. Ese fue el caso de Deyna.

Su paso por Estados Unidos la profesionalizó, la hizo prepararse más y mejor, pero también le dio un roce competitivo más alto. Si bien siguió siendo una figura –marcó 48 goles y dio 22 asistencias en 88 partidos, además ganó la United States NCAA Women’s Soccer–, era evidente que las cosas se le habían puesto un poco más difíciles. En su etapa final, jugó varios encuentros como interior, faceta en la que se desconectaba muchas veces de las posesiones del equipo, con momentos en los que lucía un poco desorientada. Eso sí, un suspiro suyo podía alterar el devenir de cualquier partido. 

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Fichó por el Atlético de Madrid a mediados de la temporada 2019/2020 y apenas vio minutos. Llegó con la vitola de futura crack y de inmediato se convirtió en una de las jugadoras más mediáticas de Liga Iberdrola, pero era evidente que le costaba adaptarse a un fútbol en el que sus compañeras no se veían tan impresionadas por lo que podía hacer con el balón: entró a un torneo en el que destacan jugadoras top y que, aun así, está lejos del nivel de, por ejemplo, el fútbol francés. Para colmo, se atravesó la pandemia por covid-19, virus que ella misma padeció, lo que terminó de hacer todo más cuesta arriba.

En el inicio de la temporada 2020/21, ya los partidos dejaban ver otra Deyna, una más capaz, más adaptada y con la arrogancia competitiva para animarse a lo que otras no, y la humildad necesaria para trabajar con ahínco.

Estadísticas y magia

Deyna tiene el aura de las destinadas al triunfo. Incluso en sus días muy malos, que son pocos, es capaz de anotar el gol de la victoria. Esta temporada, sus números están siendo notables. Para la fecha, ha disputado 20 partidos, en los que marcó 10 goles y dio 6 asistencias, lo que la ubica junto con Ludmila Da Silva como la principal herramienta de la plantilla para incidir en el marcador, amén de Njora Ayara, delantera que llegó en el mercado de invierno y ha venido jugando de titular: el club interpretó que, pese a los números de Deyna y Ludmila, era necesario mejorar de cara al gol. 

Otra de las cosas que invitan al optimismo es su capacidad para ser decisiva. Puede abrir el marcador y también encaminar remontadas. Sin importar cuál sea el contexto (todavía le falta probarse con regularidad en Champions League), tiene la actitud y las aptitudes para ser influyente en las estadísticas. 

Aunque esta Deyna es menos espectacular que la que parecía una suerte de Mujer Maravilla en las categorías menores, el talento en sus pies le permite hacer un toque de gracia en cualquier momento capaz de destrabar una jugada, limpiar una posesión, marcar un golazo, asistir de pelota parada o dejar en una posición favorable a una compañera. Ese es un rubro en el que puede crecer mucho en la medida en la que amplíe sus capacidades cognitivas y gane experiencia. 

Cómo y dónde juega

A principios de esta temporada, el director técnico Dani González la usó como segunda punta. A veces, incluso, como mediapunta. Todo dependía del rival y de la estrategia consecuente, lo que no variaba era la referencia adelante: Ludmila Da Silva. Deyna jugaba con mayor libertad por todo el frente de ataque, cayendo a las bandas y haciendo muchos desmarques de apoyo. De hecho, mostró buen juego de espaldas al arco y ayudó al equipo en la salida, retrocediendo hasta la altura de las mediocentro.

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Sin pelota, en defensa, fue uno de los principales baluartes del equipo. Su óptimo estado de forma y su compromiso la llevaban a liderar la presión, a hacer coberturas importantes o a tener despliegues físicos que acababan en recuperaciones. Hasta llegó a hacer alguna intercepción in extremis dentro de su propia área.

Luego de que la directiva despidiera a Dani González y volviera a contratar a Sánchez Vera, situación que coincidió con el fichaje de Njora Ayara, Deyna ha pasado a desempeñarse la mayoría de las veces como mediocampista. O bien en la banda izquierda, en un 4-4-2 en rombo; o bien como mediapunta. Allí sigue destacando y siendo decisiva, no obstante afloran algunos de sus defectos, como el hecho de que tiende a desconectarse un poco del juego. 

Una situación que le cuesta son las posesiones largas, a diferencia de compañeras como Amanda Sampedro, no siempre sabe dónde ubicarse y puede lucir un tanto extraviada después de que se intercalen varios pases. Es normal, incluso desde su etapa en Estados Unidos, verla redundar espacios, desplazarse por delante de la poseedora del balón restándole visión de juego o interpretando tarde algunas jugadas. Esto casi no le sucede en los ataques rápidos: está más preparada para el fútbol directo.

No es muy explosiva ni una regateadora que llene Youtube con highlight. Todos sus entrenadores parecieran identificar que su mayor fortaleza es su precisión. Cobra las pelotas detenidas y las compañeras la buscan a espera de alguna genialidad que se cuele en medio de una defensa complicada. Esto hace pensar que podría seguir creciendo como enganche y, sin duda, como un activo versátil. Sin embargo y aunque suene contradictorio, además de desarrollarse cognitivamente, debe disminuir su tasa de fallos en los pases. Comete errores de ejecución inaceptables para su propio estándar. En ocasiones porque se perfila mal, a veces porque toma malas decisiones y cada tanto –también– por fallos de sus compañeras derivados de problemas en el sistema. El Atlético de Madrid, en general, necesita mejorar la calidad de sus posesiones.

¿Qué rol ocupa dentro del equipo?

Deyna es la jugadora más mediática de la Liga Iberdrola. Al menos en redes sociales. Ella junto a la holandesa Lieke Martens, que juega en el Barcelona, son quienes más furor generan en Instagram. La FIFA, desde hace rato, pareciera haber escogido a la delantera venezolana como el rostro del fútbol femenino para esta década. Un rol que, por ejemplo, ha ocupado Martens, aunque también –a fuerza de mucho fútbol y de una importante gestión de imagen– Alex Morgan, Megan Rappinoe y Carli Lloyd.

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Su imagen la hace valiosa para el Atlético y para el fútbol español. El mundo tiene puesta sobre ella grandes expectativas. Además de lo que vende, es buenísima y está comprometida con su carrera. Tiene la ambición y convicción de las grandes atletas. Su perfil es casi el soñado por cualquier marquetero.

Ahora bien, en lo estrictamente futbolístico, todavía no pasa de ser una promesa con mucho por mejorar y demostrar. Ludmila Da Silva es la principal carta ofensiva, la jugadora insustituible adelante. Amanda Sampedro, la capitana, tiene una ascendencia grupal tremenda, además domina y comprende los diferentes registros del juego de un modo que a Deyna todavía le cuesta. Leicy Santos, la otra hispano-latinoamericana del Atlético, parece ser muchas veces una opción más segura a la hora de hacer circular la pelota con criterio. Y Laia Alexandry, que tiene un año menos que Deyna, es sin duda la gran apuesta a futuro.

Donde más destaca Laia es como central, aunque la usan en casi todas las posiciones de defensa. Ya es una de las capitanas y una de las jugadoras con mejor rendimiento en el torneo, tiene una madurez para jugar, una determinación y liderazgo que la hacen una futbolista absolutamente decisiva: capaz de inclinar la balanza por sí sola. Con 20 años de edad, tiene todas las cualidades para convertirse en una de las mejores del planeta. Parte de la columna vertebral del Atlético, su presente solo se ve opacado por las posibilidades de su futuro. Es, hoy día, toda una realidad.

Deyna llegó a un torneo que la va ayudar a crecer. Un diamante se pule junto a otras piedras de quilates similares. Lejos aún de ser una figura, el roce y aprendizaje al lado de jugadoras top está puliendo sus desperfectos a una buena velocidad. Ya no es el centro de atención ni la chica que acapara los elogios, sino una mujer talentosa haciéndose espacio en un vestuario competitivo de un equipo que si bien es de los mejores de España, no está en el top mundial. Luego de años de fama, expectativas y ansiedades, recién ahora es que inicia el primer tramo del camino empinado que debe afrontar cualquier heroína que desee protagonizar su propia epopeya. Vivida la precuela, ahora sí empieza el verdadero relato. 

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