Un Guaicaipuro dorado gigantesco, a medio terminar, rodeado de unas palmeras, también doradas y ficticias, se yergue en el corazón de la ciudad y de la autopista. Es la guinda del pastel del proceso de la nueva significación virtual que se le quiere dar a la ciudad, utilizando al famoso indígena como excusa y a una falsa vegetación que tiñen de oro para ocultar la deforestación voraz y criminal de la naturaleza venezolana, hábitat y sustento, no solo de los indígenas, sino de todo un país. Un recorrido por Caracas a través de su principal arteria vial, la antigua autopista Francisco Fajardo -ahora llamada Gran Cacique Guaicaipuro- da cuenta de la aparente omnipresencia del indígena que las esferas del poder político intentan establecer. El 11 de junio del año 2021, en el contexto del Plan Caracas Patriota Bella y Segura y del Bicentenario de la “entrada triunfal” del Libertador en Caracas, comenzó en el distribuidor Caricuao un ambicioso proyecto muralístico llevado a cabo por el régimen de Nicolás Maduro con la finalidad de plasmar “la conciencia de nuestros pueblos originarios”1 en este espacio público. 

Este mural gigantesco con motivos indigenistas, que se extiende desde el extremo occidental hasta el extremo oriental de la capital, de Caricuao hasta Petare, y que arropa el tránsito vehicular rutinario de miles de caraqueños, constituye un capítulo más en la historia de la representación y utilización del indio por parte del gobierno. Un gigantesco Guaicaipuro 

Los bordes de la autopista y las paredes de los distribuidores son transformados en un gran collage de pinturas, retratos y figuras que remiten a una simbología indígena apelada hasta el exceso por la propaganda gubernamental. Desde el día en que Hugo Chávez decretó el cambio de nombre de la celebración del 12 de octubre por “Día de la Resistencia Indígena” -sustituyendo al “Día de la Raza”  decretado en 1921 por Juan Vicente Gómez-, pasando por el reemplazo de “Parque Nacional El Ávila” por “Parque Nacional Waraira Repano”, la sustitución de “Estado Vargas” por “Estado La Guaira”, hasta llegar al reciente cambio de epónimo de la autopista “Francisco Fajardo” por “Gran Cacique Guaicaipuro”, el aparato comunicacional e ideológico chavista ha volcado sus esfuerzos en enarbolar la bandera de una supuesta reivindicación indígena. 

Sustituciones de nombres que, junto a esta propuesta última de un mural y de un cambio de estética -si es que así podemos llamarla-, demarcan el plano simbólico donde actúa el poder del régimen y que poco tienen de correspondencia con la realidad socioeconómica del indígena venezolano.  

En el Amazonas venezolano, las comunidades que allí habitan retroceden en sus condiciones sanitarias y padecen de graves problemas que se intensifican por las invasiones territoriales de grupos ilegales armados. Además, el salvajismo de la minería ilegal y la violencia de los paramilitares se mezclan con un contexto pandémico y de aislamiento peligroso para la supervivencia de esa población. También, en el informe del Grupo Internacional del Trabajo sobre asuntos indígenas (IWGIA) publicado este año, llamado El mundo indígena 2021, se denuncia el estancamiento de las operaciones de recuperaciones territoriales de los pueblos autóctonos: “El Estado venezolano tiene más de cinco años sin realizar demarcaciones en hábitats y tierras indígenas, no solo incumpliendo el deber constitucional de demarcar, sino también impidiendo las posibilidades de protección efectiva de los territorios ancestrales indígenas”. 

Así, pues, conviene explorar la función o la intencionalidad subyacente del discurso indigenista chavista y demostrar cómo la representación del indio como subalterno perpetúa un sistema ideológico que lo cosifica y lo pone al servicio del sostenimiento de un poder político. 

El problema de la representación o la representación como problema

Sin las reivindicaciones socioeconómicas logradas y como punta de lanza de la retórica cultural chavista, el indígena termina siempre por ser “representado”. Pero representado en los términos que define la filósofa Gayatri Spivak en su ensayo ¿Puede hablar el subalterno? de 1988. Aquí, Spivak se basa en la reflexión sobre la representatividad deleuziana y nos habla de que en esta problemática de representatividad “dos significados de representación están operando al mismo tiempo: representación como ‘hablar en favor de’, como en la política, y representación como ‘re-presentación’, como en arte o en filosofía”. 

En el caso de los indígenas venezolanos, la representación de ambas formas es evidente. La “re-presentación”, propia del arte y la filosofía, la vemos en la repetición y copia de simbologías que son reproducidas en las paredes de los distribuidores de la autopista capitalina. De su lugar artístico de creación original, patrones artísticos indígenas son desplazados y repintados en un nuevo escenario urbano. La representación como escenificación tiene lugar.

Aunque la “representación” más peligrosa es la política, porque, siguiendo el razonamiento de Spivak, la operación de hablar “en favor de” o “por alguien” implica la condición de subalternidad del individuo o grupo a quien le es negada la voz, y, con ella, su acción política. Un ejemplo claro de esta representación impuesta se refleja en la decisión de julio de 2020 del Consejo Nacional Electoral, donde se aprobó un reglamento para la selección de los diputados indígenas a la Asamblea Nacional. Este nuevo sistema sustituye la elección directa, secreta y personalizada de los representantes de los pueblos originarios, por una selección basada en voceros2. A pesar de que se estipula que los voceros deben formar parte de la misma comunidad indígena, este tipo de elección de segundo grado no deja de ser un reforzamiento del concepto de representación que venimos señalando. Una representación dentro de otra representación. Una subalternidad dentro de otra.

Volvamos al mural. Este proyecto artístico, cuya finalidad expresada en algunos medios es la de “reencarnar el espíritu de los pueblos originarios”, está siendo llevado a cabo por el artista Nikolay Shamaniko y su grupo Multiarte3. Es decir, el líder del proyecto no es indígena y ni siquiera es venezolano. El encargado de recrear la llegada a Caracas de los caciques e indígenas guerreros es un artista colombiano radicado desde hace un tiempo en Venezuela. La representación como acto de sustitución de voz y de acción se intensifica aún más, porque no son las manos de los indígenas las que pintan sus propios símbolos, sino otra persona que detenta su imaginario de significaciones.

Pintar a los indígenas no es lo mismo que pintar en su nombre. La exalcaldesa de Caracas, Érika Farías, al proponer el cambio del epónimo de la autopista en cuestión, en algún momento dijo “en mi condición de hija kariña”4. El acto de representar a una comunidad, la enmudece, le borra los rostros y les pinta una careta homogeneizadora. Para el discurso chavista, el indígena es uno y así debe ser representado. No existe la heterogeneidad. Spivak, cuando habla sobre la historiografía colonial india, es claro al decir que uno debe “insistir en que el sujeto colonizado subalterno es irremediablemente subalterno”. De la misma forma, nosotros también debemos dejar claro que cualquier mirada hacia las comunidades aborígenes de nuestro país debe ser múltiple y heterogénea. 

Spivak nos ofrece su estudio sobre el subalterno desde la perspectiva del neocolonialismo en India. ¿Hay neocolonialismo en Venezuela? Al menos esa es la matriz ideológica y simbólica que el chavismo ha puesto a circular desde hace casi dos décadas. La polémica entre Francisco Fajardo y el Gran Cacique Guaicaipuro que los dirigentes del régimen han instaurado en los últimos meses con la excusa del cambio de nombre de la autopista es particularmente esclarecedora. Estas dos figuras son enfrentadas en una batalla. No obstante, esta no se libra en la ciudad de Caracas, como sucedió en muchas oportunidades a mediados del siglo XVI, cuando los colonizadores quisieron invadir la ciudad y fueron expulsados varias veces por los indígenas -cacique Guaicaipuro incluido-. La batalla se libra en el terreno simbólico que intenta promover el régimen con el provecho de un lenguaje indigenista reivindicativo y de una retórica combativa que siembra en el imaginario popular la amenaza de un agente colonizador, encarnado en Fajardo, de la misma forma que los intelectuales criollos y revolucionarios independentistas del siglo XIX hicieron circular la imagen del colonizador imperialista como enemigo acérrimo del “indio desvalido” para sumar voluntades a la causa contra los españoles. 

El paradigma maniqueísta entre indio bueno -la revolución chavista- y europeo -cualquier amenaza para ellos- se logra a través de las representaciones y la deformación de los hechos históricos. 

Francisco Fajardo es redefinido por la retórica chavista como el genocida. El 2 de febrero del año 2014, Nicolás Maduro lo calificó con este adjetivo, uno que no tiene sustento histórico, pero que funciona para crear un imaginario popular adverso al personaje. El escritor venezolano Francisco Suniaga, en un texto llamado Francisco Fajardo, el genocida de la mitohistoria, advierte que Francisco Fajardo era más bien un mestizo guaiquerí muy querido por los miembros de esta etnia indígena -quienes se aliaron con los españoles para combatir a los caribes- y que estaba muy lejos de ser un genocida, pues en ningún registro histórico hay pruebas de que se haya comportado como tal.

No es extraño que el régimen haya escogido a Guaicaipuro como el representante por antonomasia del indígena heroico en esta contienda, pues la imagen que el historiador Oviedo y Baños nos pintó sobre él en su libro Historia de la Conquista y población de la Provincia de Venezuela es una de las más conocidas. El investigador especializado en estudios clásicos Nava Contreras (2020) comenta que ningún otro cronista ni historiador ha registrado la épica de Guaicaipuro como lo hizo Oviedo y Baños, y agrega que, a fin de cuentas, no importa si este relato tiene fidelidad histórica, pues conforma “el primero de nuestro mitos guerreros” y también asegura que “el nombre del cacique Guaicaipuro está íntimamente ligado al relato de la resistencia indígena de Venezuela”. 

 De esta forma, el chavismo mantiene una narrativa bélica contra un colonizador en el campo de lo imaginario y configura un paradigma que lo cohesiona en el poder. La imagen del indígena -su representación- le permite al régimen sustituirlo, victimizarse y, al identificarse con ellos, victimizarse también.

Así como la idea de patria se vinculaba estrechamente a la de la naturaleza en las novelas criollistas y de tierra entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, el chavismo ha intentado -utilizando una retórica indigenista colmada de adjetivos vacíos que poca reivindicación material de las comunidades aborígenes deja a su paso- vincular la simbología indígena a su proyecto político de “patria” encarnada por ellos mismos. Una muestra clara de esto la vemos en las declaraciones de la exalcaldesa de Caracas y artífice del plan “embellecedor” de la ciudad, cuando indica que la autopista se está “recreando con simbología indígena, es decir, con la historia de la nación bolivariana”5.

Por esto, la élite gobernante necesita mantener al indígena excluido de la vida social y política, para utilizarlo en su retórica como el mártir, como el perjudicado que necesita ser reivindicado. Si tomamos la tesis del filósofo francés Louis Althusser sobre la necesidad de reproducción de las condiciones de producción del mundo capitalista, entonces el chavismo reproduce las condiciones de producción de su poder sirviéndose de un falso indigenismo. 

La ubicación del mural al margen de la autopista anteriormente llamada Francisco Fajardo es una metáfora de la situación. El indígena, abusado simbólicamente por la propaganda chavista, siempre se ha encontrado al margen y esto, justamente, es lo que el gobierno necesita: al indígena excluido, enmudecido, representado. Al eterno subalterno.

Notas

1. Carmen Meléndez, ministra del Poder Popular para la Justicia y Paz, escogió estas palabras para referirse al propósito del mural. Véase la nota del 12 de junio del 2021 de la página web de Venezolana de Televisión: https://www.vtv.gob.ve/murales-autopista-guaicaipuro-pueblos-2/ 

2. Véase la noticia del 24 de julio del 2020 titulada “CNE publicó Reglamento Especial para la elección de la representación indígena en la AN”, publicada en la página web de Venezolana de Televisión: https://www.vtv.gob.ve/cne-reglamento-especial-eleccion-representacion-indigena-an/

3. Véase noticia del 18 de junio del 2021 titulada “Shamaniko crea junto a talento venezolano un hito en la autopista Gran Cacique Guaicaipuro”, publicada en el medio Alfayaracuy: https://alfayaracuy.com/contenido/6250/shamaniko-crea-junto-a-talento-venezolano-un-hito-en-la-autopista-gran-cacique-g 

4. Véase la noticia del 14 de octubre del 2019 titulada “Alcaldesa Farías propone cambiar nombre a la autopista Francisco Fajardo por Cacique Guaicaipuro”, publicada en Últimas Noticias. https://ultimasnoticias.com.ve/noticias/general/alcaldesa-farias-propone-cambiar-nombre-a-la-autopista-francisco-fajardo-por-cacique-guaicaipuro/

5. Véase declaraciones de Érika Farías en la noticia de la nota 1.

Referencias

Bello, Luis Jesús (1 de julio del 2021). Venezuela: indígenas aislados, grupos ilegales y COVID-19. Debates indígenas. https://debatesindigenas.org/notas/119-venezuela-indigenas-aislados-grupos-ilegales.html 

Cándido, Antonio (1972). “Literatura y subdesarrollo” en C. Fernández Moreno (Comp), América Latina en su literatura (XVII ed., pp. 335-353). Siglo XXI. 

Grupo Internacional del Trabajo sobre asuntos indígenas (IWGIA). (2021). El mundo indígena 2021

Nava Contreras, Mariano (16 de octubre de 2020). La importancia de llamarse Guaicaipuro. Prodavinci. https://prodavinci.com/la-importancia-de-llamarse-guaicaipuro/

Spivak, Gayatri (2003). ¿Puede hablar el subalterno? Revista colombiana de Antropología, Vol. 39, enero-diciembre, pp. 297-364. 

Suniaga, Francisco (14 de octubre de 2020). Francisco Fajardo, el genocida de la mitohistoria. Prodavinci. (Este texto fue publicado originalmente el 3 de mayo de 2015). https://prodavinci.com/francisco-fajardo-el-genocida-de-la-mitohistoria/ 

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