• La obra La niña jamón se presentó entre el 8 y 11 de febrero, como tercera propuesta del Festival de Jóvenes Directores Trasnocho. Allí, el silencio y el humor negro tejen una comedia que esconde heridas familiares en medio de un almuerzo incómodo

Existen relaciones familiares complicadas, sobre todo con una figura como la madre, que con el paso de los años es capaz de producir emociones encontradas, choques, aunque también un vínculo profundo que se remonta a la primera infancia. Sin embargo, hay momentos también en los que se pueden torcer de maneras desesperantes, como lo refleja la obra teatral La niña jamón

La pieza dirigida por Leandro Campos se presentó del 8 al 11 de febrero en la sala Espacio Plural del centro Trasnocho Cultural. Es la tercera propuesta que se presenta en la 9ª edición del Festival de Jóvenes Directores, que cada semana presenta, de jueves a domingo, las visiones de sus seis participantes. 

En esta ocasión, Campos adapta el texto escrito por la actriz y dramaturga argentina Laura Eva Avelluto. Una historia que, como un vals, da muchos giros, y hasta se permite abrazar el absurdo como una forma no solo de comedia, sino también para hacer al espectador cuestionarse sus preconceptos y hasta la realidad misma.

Esa cualidad de jugar con las emociones y la historia se convierte en el fuerte de La niña jamón. Como un gaslighting escénico, en el que todo está cuidadosamente manipulado para no saber lo que vendrá después, e incluso dude de lo que ya vio. La obra original se estrenó en 2012 en el Multiespacio JXI de Palermo, Buenos Aires (Argentina), dirigida por la propia Avelluto y con actuaciones de Sol Ricci, Demián Salomón y Cecile Caillon.

Ficha técnica

Producción: Alek Carpio y Miguelángel Moreno.
Asistente: Sam Hernández.
Dirección de arte: Victoria Ovalles.
Vestuario: Raquel Ríos.
Iluminación: José Manuel Suárez.
Fotografía: Enrique Lungen.
Diseño gráfico: Pedro Borgo.
Voz en off: José Silvera.

Elenco: Nella Martínez, Mario Becerra y Liah Esaa.

Baile de tres

Leandro Campos hace el baile de la locura a través del teatro
Foto: cortesía Mario Becerra

La niña jamón aborda la bizarra relación de Dora (Nella Martínez) y Eugenio (Mario Becerra), madre e hijo, quienes viven solos y constantemente pelean por sus personalidades opuestas. Dora es una mujer nerviosa, impertinente y sin filtros para decir las cosas. Eso en contraste a Eugenio, más taciturno y pasivo, aunque empeñado en demostrar a su madre que ya no es niño al que puede controlar, aunque no logra convencerla de tomarlo en serio, o tan siquiera de respetarlo.

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La tensión aumenta con la visita de Eugenia (Liah Esaa), la novia de Eugenio. La obra pasa por todas las situaciones incómodas de una comedia en la que un personaje debe lidiar con las extravagancias de una familia disfuncional, pero también con los celos de Dora, que poco a poco esboza una faceta de madre posesiva, además de sacar a relucir heridas del pasado que se volverán más intensas con el paso de la historia.

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Eugenia pondrá en juicio su cordura en más de un sentido, mientras la tarde transcurre entre canciones de Edith Piaf y conversaciones en las que se evidenciará el carácter cada vez más neurótico de Dora y la verdadera cara de Eugenio. Al final es una danza de tres, en la que lo único sensato es simplemente dejarse llevar.

En defensa propia

Leandro Campos hace el baile de la locura a través del teatro
Foto: Jordan Flores

La risa es un mecanismo de defensa natural del cuerpo, una reacción del cerebro para convencerse de que todo está bien ante una situación de estrés. Esto suele ser aprovechado en la comedia como un recurso para rematar un chiste a partir de la desgracia de sus protagonistas, jugando con las expectativas. De hecho, series de televisión como The Office utilizan perfectamente los silencios incómodos y la ansiedad para provocar risas en momentos que, en la vida real, habrían resultado más bien insoportables.

Precisamente uno de los puntos fuertes de La niña jamón radica en el mismo principio. Si bien el montaje es fiel al texto de Avelluto, que muestra un fino humor negro en sus diálogos, Campos le impregna un toque personal al introducir silencios y cambios sutiles que permiten realzar el sentimiento de incomodidad con lo que ocurre en escena, haciendo que el espectador alterne entre carcajadas por algún comentario ingenioso, o risas nerviosas por la ansiedad.

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“Jugamos mucho con los silencios. A mí me gusta mucho en mis montajes jugar con el decir sin decir. En el texto evidentemente no estaban contemplados estos silencios, pero me gustan por lo incómodo que puede ser. Puede crear incomodidad y hacer que el público se ría”, comentó Campos en entrevista para El Diario.

El director

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Leandro Campos. Foto: Jordan Flores

Leandro Campos tiene ya 10 años como actor y cantante, aunque esta es su primera experiencia como director de teatro. Antes de eso, reconoció que solo había dirigido en talleres de formación. Resaltó que la experiencia del festival le sirvió como un aprendizaje sobre el trabajo en equipo y de aceptar las diferentes visiones que pueden aportar al desarrollo de su obra.

“Me siento muy conforme, el camino que quería tomar en este proceso como joven director, de aprendizaje y crecimiento ha surgido tal cual como lo esperaba. He escuchado los comentarios, he ajustado las cosas que tenía que ajustar sin modificar mi visión de la propuesta. Como joven creador, ha sido un proceso enriquecedor”, dijo.

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En una entrevista previa para El Diario, comentó que eligió La niña jamón como su propuesta luego de leerla y conectar con las heridas familiares que allí se reflejan. Y eso mismo trató de transmitir al público con su puesta en escena, que a pesar de las circunstancias absurdas y tragicómicas que aborda, también es lo suficientemente familiar para sentirse identificado con más de una frase o situación.

El festival

Leandro Campos hace el baile de la locura a través del teatro
Foto: cortesía Leandro Campos

La niña jamón se presentó en la tercera semana del Festival de Jóvenes Directores Trasnocho, que inició el 25 de enero con la obra Cruz de Mayo, de Bárbara Arez, y luego con Mi hermano Cristian, de Ángel Silvino. El festival continuará del 15 al 18 de febrero con su cuarta propuesta, El Pelícano, dirigida por Jesús Orsini.

Para las semanas siguientes, la cartelera del festival seguirá del 22 al 25 de febrero con Historia de una escalera, dirigida por Ignacio Fernandes. Amneris Treco cerrará el festival del 29 de febrero y el 3 de marzo, con la obra Fando y Lis.

Cada una de las obras tendrá funciones de jueves a viernes a las 7:00 pm, y dos funciones los sábados y domingos, a las 4:30 pm y 7:00 pm. Las entradas tienen un costo en taquilla de 5 dólares.

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