• La obra Mi hermano Cristian es la segunda propuesta del 9° Festival de Jóvenes Directores Trasnocho. Con un relato oscuro y emocional, su director explora el peso del rencor, la culpa y las relaciones familiares tóxicas

En una habitación oscura, dos hermanos juegan a policías y ladrones. Ariel, el menor, toma un arma del estudio de su padre para darle más emoción al juego e intenta escapar de Cristian, el mayor. Mientras se escondía, encuentra unas revistas para adultos que su hermano adolescente tenía guardadas y al ser sorprendido comienzan a discutir. Ariel, molesto, apunta a Cristian con el arma y aprieta el gatillo. Ninguno de los dos sabía que estaba cargada. 

Bajo esta premisa parte la obra teatral Mi hermano Cristian, dirigida por Ángel Silvino. Es la segunda propuesta del 9° Festival de Jóvenes Directores, y se presentó del 1° al 4 de febrero en la sala Espacio Plural del centro Trasnocho Cultural, en el centro comercial Paseo Las Mercedes. A diferencia de las otras participantes, que contaron con seis funciones (dos diarias los fines de semana), esta contó con una solo función nocturna los días sábado y domingo debido a problemas de agenda de algunos actores.

Mi hermano Cristian es un texto escrito originalmente por el dramaturgo chileno Alejandro Sieveking (1934-2020), considerado uno de los autores más prolíficos del teatro de su país. Se estrenó por primera vez en 1957 en el marco del Festival de Estudiantes de Teatro de la Universidad de Chile, dirigida por Raúl Rivera y con el propio Sieveking en el papel de Cristian.

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Catalogada por su autor como una obra de realismo psicológico, donde las acciones de los personajes son el reflejo de su estado interior y donde la narrativa se centra en describir sus emociones, conflictos y motivaciones. Silvino lleva este concepto un paso más allá, incorporando estos humores como un personaje que, desde las sombras, va manifestándose como una proyección de la mente de Cristian.

Ficha técnica

Producción general: Héctor Ruiz.
Asistente general: Ángel Rafiki.
Dirección musical: Juan Montero.
Diseño de iluminación: Juan Manuel Rueda.
Diseño de vestuario: José Sanz.
Diseño gráfico y Fotografía: Andrés Vielma.

Elenco: Jeizer Ruiz, Omaira Abinade, Sebastián Quevedo, Antonio Ruiz, Daniela Guerra. Participación especial de Eunehis Calles.

Voces en vivo: Juan Montero y Odilé Velásquez.

Resentimiento

Ángel Silvino explora la magnitud del resentimiento a través del teatro
Foto: Jordan Flores

Cinco años pasaron después del accidente con el arma. Ariel, interpretado por Sebastián Quevedo, ahora estudia en la universidad y Cristian (Jeizer Ruiz) pasa sus días en cama, impedido de caminar. La relación entre ambos hermanos es estrecha, pero también codependiente. Aunque a veces tienen sus momentos de fraternidad sincera, los celos y la culpa la convierten en una relación extremadamente tóxica.

En su convalecencia, Cristian desarrolló una personalidad amargada e histérica, consumida por un profundo resentimiento por sus sueños frustrados y todas las cosas que perdió o que jamás podrá hacer. Es también muy derrotista, negándose a levantarse o siquiera a ver la luz del sol. Culpa a su hermano por el accidente y por eso está decidido a mantenerlo cautivo con él, impidiéndole disfrutar libremente la vida que él nunca tendrá. Por su parte, Ariel, atormentado por la responsabilidad, decide voluntariamente ser su esclavo.

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La hostilidad de Cristian no se limita a su hermano. Su forma de ser permea además el matrimonio de su madre, Ana (Omaira Abinade), y a su padre, Jorge (Antonio Ruiz). La dinámicas familiares se vuelven tensas, como una suerte de reinterpretación de La Metamorfosis de Franz Kafka, pero donde es el monstruo quien rechaza y trata mal a su entorno.

La ventana abierta

Ángel Silvino explora la magnitud del resentimiento a través del teatro
Foto: Jordan Flores

La obra juega con la idea de hasta qué punto el amor o la culpa pueden sostener un vínculo corrompido. También la empatía que se pueda sentir por alguien que, pese a tener una discapacidad, no es una buena persona. Cristian es zafio, pero también un gran manipulador que miente y engaña solo para herir a los demás, y en especial a Ariel.

Pero Jeizer Ruiz logra mostrar con su papel las circunstancias de un muchacho herido, temeroso y preso por una fuerte depresión. No son sus piernas, sino su mente, las que lo mantienen atado a la cama. El peso de las expectativas truncadas en alguien que prometía comerse al mundo y terminó siendo un lastre para su familia. Y en esa prisión de su realidad, Cristian desea quedarse junto a todos sus seres queridos, así sea contra su voluntad, en un mundo inmutable donde ni siquiera parece correr el tiempo.

Aunque Cristian parezca el protagonista, la escritora hispano-estadounidense Elena Castedo-Ellerman explica en su libro El teatro chileno de mediados del siglo XX (1982), que el título de la obra da cuenta de que todo transcurre desde la perspectiva de Ariel. Así, se condiciona al público para empatizar con el hermano menor, mientras se resalta en Cristian aquellos rasgos que moldean su tormentosa relación, y que detonan el conflicto de la historia cuando Ariel decide finalmente romper sus cadenas. 

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Solo entonces, e irónicamente cuando Ariel sale de escena, es cuando podemos ver a Cristian en toda su tridimensionalidad. Sin embargo, este desarrollo se corta de manera súbita. Para Silvino, precisamente allí radica uno de los encantos de la obra, al dejar que cada persona juzgue el desenlace de Cristian de acuerdo con sus propios valores. “Creo que el camino para que el personaje inicie su redención es al final de la obra. Y eso es lo característico, que no sabemos lo que pasa después”, dijo en entrevista para El Diario.

Bajo la cama

Ángel Silvino explora la magnitud del resentimiento a través del teatro
Foto: Jordan Flores

En la puesta en escena original de Sieveking, el escenario juega un papel fundamental para reflejar el estado mental de cada uno de sus personajes. Separados por una escalera, se delimita el contraste entre la habitación de Ariel, iluminada y llena de colores vivos; y la de Cristian, sombría y con la ventana cerrada. 

No obstante, Silvino señala que debido a la distribución de Espacio Plural, con asientos en los laterales de la sala, esto debió cambiarse. Así, a cambio de una escenografía mucho más simple y transparente, este aspecto psicológico se ve resuelto con el personaje de “Eso”. Una idea propia del director, quien ejecuta una suerte de performance dentro de la obra, con un ser que expresa a través de su corporalidad y movimientos toda la oscuridad e inseguridades que hay en el interior de Cristian.

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“Siento que representa el rencor, básicamente, que es el mensaje principal del que quiero hablar dentro de la obra. Que la gente salga reflexionando sobre ese rencor que se queda dentro de nosotros, crece como una telaraña, y que muchas veces no queremos enfrentar, pero que está ahí, vive con nosotros bajo la cama”, acota Silvino.

El festival

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Ángel Silvino. Foto: Jordan Flores

Mi hermano Cristian tuvo su presentación en la segunda semana del Festival de Jóvenes Directores Trasnocho, que inició el 25 de enero con la obra Cruz de Mayo, de la directora Bárbara Arez. Continuará del 8 al 11 de febrero con su tercera propuesta, La niña jamón, dirigida por Leandro Campos.

Para las semanas siguientes, la cartelera del festival seguirá del 15 al 18 de febrero con El Pelícano, dirigida por Jesús Orsini; mientras Ignacio Fernandes presentará Historia de una escalera del 22 al 25 de febrero. Amneris Treco cerrará el festival del 29 de febrero y el 3 de marzo, con la obra Fando y Lis.

Cada una de las obras tendrá funciones de jueves a viernes a las 7:00 pm, y dos funciones los sábados y domingos, a las 4:30 pm y 7:00 pm. Las entradas tienen un costo en taquilla de 5 dólares.

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