• Cinco núcleos urbanos, 1.000.000 de habitantes y una nueva concepción de una sociedad más allá de las fronteras terrestres, ese es el resumen del proyecto Nüwa en el que decenas de científicos, ingenieros y arquitectos, entre ellos una venezolana, han diseñado para esbozar la no tan lejana colonización humana de Marte

El planeta Marte tiene acantilados, algunos con inclinaciones superiores a los 45 grados. Estas formaciones proporcionan una superficie vertical amplia y estructuralmente estable, siendo una oportunidad única para crear una ciudad en su interior. La innovación urbana y arquitectónica en el espacio ya es discutida a través de proyectos que cumplan con materializar una nueva forma de vida fuera del planeta tierra. Una ciudad para 1.000.000 de habitantes es la premisa en la que participó la venezolana Veronica Florido. 

El proyecto fue presentado el pasado sábado 24 de octubre durante la Mars Society Convention, después de que su propuesta fuera seleccionada como una de las 10 finalistas de entre más de 175 ideas.

Pero cuando se habla de hacer planos de ciudades, éstas deben funcionar de manera autosostenible y depender lo menos posible de la importación de materiales de la Tierra.

De ahí viene Nüwa, una ciudad capital que estaría compuesta por más de 200.000 y 250.000 habitantes junto a otros cinco núcleos urbanos.

El origen. El nombre Nüwa proviene de la diosa de la mitología china que fundió cinco rocas para salvar la atmósfera y dar pilares sociales robustos y es la protectora de humanos.

Utilizando todos los conocimientos ya disponibles sobre la geografía y el funcionamiento de Marte, Florido explicó para El Diario que el plan abarcó todos los aspectos de la vida de un ser humano en ese planeta. El agua, por ejemplo, se obtendría de la atmósfera y el oxígeno se generaría gracias a microalgas. Una vez producidos, ambos elementos se reciclarían de manera infinita. Tanto las microalgas como la fotosíntesis de cultivos producirían el oxígeno necesario para que el espacio sea habitable. Además de estas plantas productoras de alimentos, las zonas verdes de los espacios humanos también contribuirían a la reducción de los niveles de dióxido de carbono.

Foto: SONet

“El proyecto trata todos los aspectos de la vida humana: desde los materiales que se utilizan para construir asentamientos y los mecanismos para garantizar el oxígeno y otros sistemas de apoyo a la vida hasta la economía, el arte, la educación, el sistema político, la guardería, la carga de trabajo, la muerte e incluso la herencia a Marte”, dijo la venezolana.

El resultado, según los bocetos disponibles, se basaría en un sistema de túneles verticales y horizontales que generarían espacios que puedan ser poblados en su interior. Cada ciudad tendría placas solares y reactores nucleares para garantizar el suministro eléctrico, zonas de ocio y espacios para el trabajo que sería en su mayoría robotizado.

Foto: SONet

Florido también menciona que en el proyecto se incluyó la idea de que en Marte,el dinero de la Tierra se sustituiría por micros, una moneda que proporcionará un valor de activo intrínseco dentro de la comunidad. No en vano, la ciudad tendría todos los recursos para transitar rápidamente hacia su “autosuficiencia”. A pesar de esto, comenta, que hasta ahora los rovers, vehículos de exploración espacial, son los únicos que han podido aterrizar en Marte debido a que la entrada en la atmósfera y el descenso a la superficie requieren maniobras muy complejas. “Tendría que resolverse primero estos problemas y de ahí tomar acciones para la construcción de la primera ciudad marciana”, puntualizó.

“Esta experiencia me ha dado la oportunidad de poder trabajar de cerca con expertos líderes en el mundo. El coordinador del proyecto fue el científico catalán Guillem Anglada-Escudé quien lideró el grupo que descubrió Próxima B (el exoplaneta más cercano al sistema solar). También fue un reto desde el punto de vista arquitectónico ya que las condiciones de Marte son muy diferentes a las de la tierra, hay que tomar en cuenta la atmósfera, radiación, la gravedad es 1/3 de la gravedad de la tierra, la temperatura es mucho más baja y muchísimos otros aspectos que en la tierra pasan ‘desapercibidos’. Es un mundo desconocido para nosotros y casi inexplorado”, sentenció. 

Foto: SONet

Verónica Florido

Nació en Barquisimeto, estado Lara. Graduada en arquitectura en la Universidad Central de Venezuela (UCV) también fue la ganadora de una beca internacional para obtener doble titulación en el Politécnico Di Torino de Italia en donde obtuvo su Máster en Arquitectura, Construcción y Ciudad. Actualmente es la creadora de Florido Design Studio y reside en la ciudad de Londres, en Inglaterra, desde el año 2018.

Una mirada puesta en Quibor 

Verónica sueña con desarrollar ideas en Venezuela y comenzar un proyecto en el que se pueda involucrar mejorar las condiciones de vida de ciudadanos en su natal Barquisimeto, en el estado Lara. Inspirada por la falta de soluciones por la crisis que padece el país y con los recuerdos intactos de la ciudad donde creció, realizó para su tesis de un máster en Italia un proyecto para desarrollar un plan urbano con la intención de promover mejoras en el mercado artesanal de la ciudad de Quíbor.

La idea, explica Florido, fue integrar a esta zona diferentes infraestructuras que permitan el desarrollo ciudadano dentro del poblado a pesar de su ubicación remota. Una vez perfilado el plan, el reto era trasladarlo a la realidad y desde el extranjero. Por ello, desarrolló una propuesta arquitectónica para construir viviendas de bajo costo utilizando materiales locales, lo que abriría una fuente de empleo para sus habitantes y establecería una solución a la necesidad de las viviendas que ahora escasean en esta zona. 

“Por ser la ciudad de Quibor una región muy árida quise hacer mi estudio y un master plan urbano en arquitectura tropical. La idea es implementar algunos puestos de mercados informales en un bulevar de la zona y en un terreno muy cerca implementar viviendas de bajo costo, además de parques deportivos y áreas de recreación. Lo que quería hacer era conectar el mercado municipal con la ciudad para finalmente desarrollar una red de espacios culturales en Quibor”, dijo. 

La propuesta sitúa la agricultura, la generación de energía y su consecuente generación de empleos con la producción local. La barquisimetana sostiene que el construir el proyecto formaría un apoyo laboral para los habitantes de Quibor, pero además incluiría a la sociedad porque formuló, en su tesis, que los edificios puedan ser construidos por artesanos que fabrican bloques a partir de la arcilla. Añade que tomó que la creación de esta infraestructura tomará en cuenta la implementación de túneles de viento, pues esto serviría para ventilar los espacios. 

“En lo particular me interesa el área de desarrollo de viviendas porque, dentro de la arquitectura, es la rama que me causa más fascinación porque el ser humano pasa la mayor parte de su vida en este lugar. Mi intención al crear estos proyectos para mi país es crear oportunidades para las personas que viven en zonas marginadas y que no tienen casas que cumplan con las condiciones necesarias”, señaló. 

Para Florido lo más interesante no es tanto la forma osada que pueda tener un edificio, sino la manera en que es capaz de crear un espacio público. Es una creyente de las ideas que intenta materializar más allá de los planos, no pierde la esperanza de volver a su país para llevar a cabo los bocetos que ha imaginado en los últimos años.

Foto: SONet

Por ahora, aunque el proyecto que conformó con el equipo de SONet, (The Sustainable Off-world Network), por sus siglas en inglés, no ganó el concurso, considera que el enfoque sostenible y centrado en el ser humano, así como la exploración del espacio es el camino correcto.

“Continuaremos buscando colaboraciones industriales y académicas para dar vida a algunos de los conceptos básicos del próximo asentamiento humano en Marte”, concluyó.

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