• La falta de oportunidades laborales en Venezuela y la reactivación de la economía en otros países de Latinoamérica motivaron a miles de ciudadanos a migrar en busca de una mejor calidad de vida fuera de su país natal

Desde el 1º de octubre hasta el 12 de noviembre se contabilizan 8.000 venezolanos que atravesaron el estado Táchira a pie para llegar a Colombia según el registro de la Coalición por los Derechos Humanos de la entidad andina. El equipo de El Diario conversó con algunos caminantes provenientes de diferentes estados para conocer las razones por las que decidieron abandonar el país.

Darwin Daniel

Darwin tiene 23 años de edad, es nativo de Valencia, estado Carabobo, y va rumbo a Cúcuta, Colombia para trabajar y generar ingresos que le permitan ayudar a su familia que quedó en Venezuela.

“Me voy porque estamos en una situación crítica en la que ya no tenemos cómo sustentar a la familia y nos toca salir porque estamos cansados de que nuestros hijos nos pidan comida y no tener como darles nada”, dijo en entrevista exclusiva para El Diario.

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Él tiene un hijo de tres años de edad, otro de dos años de edad y uno de tan solo tres meses de edad. Todos quedan en Valencia junto a su pareja, a la espera de lo que Darwin pueda conseguir trabajando en Colombia.

Voy a ver qué oportunidades se nos abren, a ver qué podemos hacer allá. Mis papás están por allá en Colombia también”, añadió.

Respecto al trayecto asegura que no ha sido fácil. Pese a venir sin ningún familiar él camina en grupo junto a otras personas que también buscan salir del país.

“Llevamos seis días caminando desde Valencia hasta acá (Táchira). Es una experiencia donde nos ha tocado bastante duro”, indicó.

Darwin confesó que ha llorado, se ha enfurecido e incluso ha gritado de frustración e impotencia por las dificultades que representa haber caminado más de 639 kilómetros y saber que aún no llega a su destino.

“A veces comemos, otras no, nos ha tocado dormir en la calle y con los perros; pero ahí vamos, en la lucha y con la meta de sustentar a la familia”, precisó Darwin.

Él tiene la esperanza de reencontrarse con su familia nuevamente en diciembre. Su objetivo es trabajar para alegrarles la Navidad a sus pequeños y a la madre de sus hijos.

Johan Barrios

Johan Barrios también es de Valencia, estado Carabobo, tiene 24 años de edad y relata que el camino hacia Táchira ha estado plagado de obstáculos.

“Poco a poco nos dan la cola y ahí vamos avanzando gracias a Dios; pero a veces la gente nos lanza los carros y eso no debe ser porque todos tenemos que ayudarnos y nosotros nos vamos porque ya no se puede más aquí”, expresó Johan.

Antes de tomar la decisión de irse a Bogotá, Colombia, Johan pasó una semana ayudando en un campo de Táchira. Lo hizo a cambio de dos kilos de caraota y uno de plátano para poder comer.

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“Un sueldo quincenal no alcanza porque para todo se necesita dólares y más nada. Un kilo de pata de pollo cuesta dos dólares”, dijo.

Roger Flores

Roger es otro de los tantos carabobeños que decidió salir de Venezuela para trabajar y enviar dinero a su hija de dos años de edad.

Él es técnico superior universitario en Química Industrial, tiene 24 años de edad y antes de emigrar trabajó en una empresa que fabrica productos de mantenimiento pero su sueldo era insuficiente.

La mayor preocupación de Roger radica en que se acerca diciembre y no tiene recursos para brindarle una buena Navidad a su pequeña hija.

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No consigo trabajo, lo que conseguía era más nada para mi hija, yo dejaba de comer para darle a ella. De verdad no quisiera salir pero cómo hago si veo a mis familiares pedirme algo y yo no se los puedo dar”, enfatizó Roger.

Para él salir del país es una manera de escapar de la realidad actual y aunque siente miedo, asegura que todo lo hace por sus seres queridos. De lo contrario, “no lo hará más nadie”.

“Me parte el corazón dejarlos atrás, incluso he llorado pero con esta situación hay que encontrar un mejor futuro para mi familia”, indicó.

Roger no contempló ninguna otra opción y sin pensarlo demasiado salió caminando solo desde Carabobo, con la esperanza de llegar lo antes posible a Colombia.

Mario Sánchez

Mario salió de Valencia junto a su mamá, hermanas y su sobrina de nueve años de edad con destino a Colombia. Cada uno cargaba las maletas que podía mientras caminaban por la avenida Antonio José de Sucre, bajo el inclemente Sol de San Cristóbal en pleno mediodía.

La situación me ha llevado a salir del país, la economía, la comida, los reales, hay que salir por los niños, por nuestros hijos y en nombre de Dios”, indicó Mario mientras sostenía la mano de su sobrina.
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Mario y su familia son solo una fracción de todos los caminantes que deciden abandonar el país con niños pequeños. Desde el primero de octubre hasta la fecha, unos 5.300 menores de edad han ingresado al estado Táchira en compañía de sus padres o representantes con miras a salir del país según Leonardo Manrique, coordinador de la Coalición por los Derechos Humanos de la entidad andina.

“Ha sido fuerte por la comida, el agua, es rudo; pero mucha gente se ha portado bien con nosotros. Allá (en Valencia) no dejamos nada, por eso nos vamos, porque no tenemos nada y deseamos conseguir un buen trabajo, que nos traten mejor”, añadió.

Llegan en condiciones vulnerables

Desde la Coalición de Derechos Humanos del estado Táchira se redacta un informe sobre la situación de los caminantes para ser entregado en la oficina de migrantes y refugiados de la Organización de los Estados Americanos (OEA).

“Muchos (caminantes) llegan en estado de desnutrición, hay niños que llegan con el cabello de color amarillo o naranja y uno cree que los padres son catires y no, resulta que es una condición de la desnutrición severa”, explicó Leonardo Manrique, coordinador de la Coalición por los Derechos Humanos en entrevista exclusiva para El Diario.

En el barrio Las Delicias, en Capacho Libertad, existe un refugio organizado que brinda ayuda a los caminantes. Allí pueden pernoctar y a su vez llevan un registro de la cantidad de personas que duermen a diario y el número de niños que acompañan a los adultos.

“Nosotros hacemos algunas operaciones con la gente de las mismas comunidades o con gente de San Cristóbal que nos ayuda para poder llevarle alimentos a los caminantes, porque la comunidad sola no está apta ni preparada para recibir estas personas”, explicó Manrique.

La Coalición únicamente hace este tipo de iniciativas y colaboraciones con el refugio de Las Delicias porque se evidencia que los vecinos están comprometidos con la labor de ayudar a otros.

“Allí hay conciencia social, hay solidaridad y también a lo largo y ancho de la carretera hemos visto cómo las personas se organizan en un sitio con las comidas e incluso hay gente que deja de comer para otorgarle un poquito de alimento a esas personas”, dijo. De acuerdo con Leonardo, muchos caminantes manifestaron que en sus hogares solo comían arroz y frijol chino (que recibían en las cajas CLAP).

Regalar a sus hijos: la reacción ante la desesperación

La Coalición por los Derechos Humanos en el estado Táchira ha recopilado testimonios de personas que atienden refugios donde algunas madres estarían abandonando o regalando a sus hijos. Un hecho producto del estrés y la desesperación de caminar cientos de kilómetros.

“Nosotros tenemos la noticia con nombre y apellido de una persona que atiende un refugio y nos contó que había alguien que había llegado con unos niños de once y cuatro años de edad, así como con un bebé de once meses de edad y quería dejar a la niña de once meses”, contó Manrique.

Ante esa situación la persona que evidenció la escena le indicó a la mujer que no podía dejar abandonado a su bebé porque eso podía acarrear consecuencias legales.

“Creemos que lo dejó en Cúcuta y le hicimos una alerta a varias organizaciones de allá e incluso me comuniqué con Acnur para advertirle sobre el caso. Ante esto estamos tratando de hacer una campaña contra la xenofobia”, puntualizó.

Desde la coalición se está levantando la data de migrantes. Vaticinan una ola de migración más fuerte para el próximo año; estiman que alrededor de 1.200.000 de personas van a salir de “enero a diciembre” producto de la crisis económica, política y social que atraviesa el país.

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