Cada año por estas fechas vemos siempre en los medios de comunicación un diagnóstico del estado de las escuelas en el país de cara al inicio del año escolar. Ese diagnóstico hoy es aún más importante después de año y medio perdido en las escuelas públicas por la falla de servicios públicos y otras condiciones que empeoraron la crisis educativa que atraviesa el mundo ante la pandemia del covid-19.

Nicolás Maduro ha anunciado el reinicio del año escolar con un sistema híbrido entre presencial y online. Evidentemente es irreal pretender que los niños que asisten a escuelas públicas vean clases de forma online en un país con fallas constantes del servicio eléctrico y un deficiente servicio de Internet por parte de CANTV que ha llevado a tener cada día menor penetración de este servicio al ser impagable para la mayoría de los venezolanos las opciones que ofrecen las empresas privadas.

Durante estos 18 meses las escuelas públicas en el municipio Sucre, y a pesar de los esfuerzos de los maestros, demostraron su imposibilidad de cumplir con el sistema online. En Mariches y La Dolorita por ejemplo donde la señal de Internet es súper inestable, las clases y tareas se enviaban por mensaje de texto y en algunos casos excepcionales y extraordinarios por WhatsApp.

Las escuelas no tenían recursos para imprimir guías para que los niños las trabajaran desde casa. Cómo es posible pensar que de esta forma los niños se estaban formando. La realidad es que en año y medio la mayoría de los niños en Sucre -igual que en gran parte del país- dejaron de aprender y registraron un serio atraso en el aprendizaje y en su desarrollo integral.

Pero el sistema presencial también implica retos importantes en el municipio Sucre. Hoy quedan muy pocas escuelas a cargo de la Alcaldía porque la gestión actual decidió pasar la mayoría a manos de la gobernación del Estado.

El principal problema en medio de una pandemia como la que vivimos es que estas escuelas no cuentan con servicio de agua potable. Mucho menos tienen jabón o gel antibacterial. Y el sueldo de los maestros no alcanza para que ellos puedan cubrir tapabocas adecuados y demás insumos de bioseguridad que los proteja del covid-19.

Las escuelas tampoco cuentan con productos ni implementos de limpieza o desinfección y la infraestructura cada vez más deteriorada imposibilita garantizar el distanciamiento social para evitar un brote en nuestras escuelas.

Moral y luces son nuestras primeras necesidades, dijo El Libertador. Pero hoy en Venezuela pareciera que no son una prioridad.

No tenemos escuelas aptas para el regreso a clases, pero tampoco podemos tener a los niños ociosos en casa porque sabemos que el ocio no trae necesariamente cosas positivas para la vida de los jóvenes ni para la comunidad.

Por ello las comunidades, los ciudadanos del municipio Sucre y del país debemos activarnos. Debemos acompañar a los maestros en su lucha para iniciar clases con seguridad, con sueldos dignos y condiciones adecuadas porque el retorno a las aulas es imprescindible para el futuro del país, pero debe hacerse con garantías.

Es imprescindible exigir que las escuelas cuenten con agua potable, que sean dotadas con materiales de limpieza y desinfección, que los maestros cuenten con mascarillas, gel antibacterial o alcohol, que la infraestructura esté apta para garantizar el distanciamiento y los maestros y la comunidad escolar en general reciba formación para garantizar los protocolos de manejo de grupos, así como la garantía de que existirá un control epidemiológico en las escuelas y una estrategia clara ante la detección de un caso potencial o confirmado de covid-19 en la comunidad.

A eso se suma la necesidad de que el Estado ofrezca mecanismos para apoyar la educación a distancia en las llamadas semanas radicales.

Esto debe ser una prioridad. Y los ciudadanos debemos asumir nuestro rol protagónico como agentes de presión para lograr los cambios que queremos en el municipio Sucre y en el país.

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