• El politólogo Enderson Sequera explicó que el eventual reconocimiento de Colombia a Nicolás Maduro como presidente de Venezuela cuando asuma un nuevo mandatario en ese país en agosto de 2022, podría causar un “efecto dominó” en Latinoamérica. Para el internacionalista Luis Peche, esto debería llevar al interinato a reajustar sus vínculos en la región. Foto principal: EFE

La fotografía ilustra el poder. Agarrados de mano a Juan Guaidó, entonces recién proclamado –y aclamado– nuevo presidente de Venezuela, están los mandatarios Sebastián Piñera, de Chile; Mario Abdo Benítez, de Paraguay; y, mucho más cerca y sonriente, el anfitrión, Iván Duque, de Colombia. Es 22 de febrero de 2019 y los tres presidentes están en Cúcuta para el concierto Venezuela Aid Live, en el puente Las Tienditas, que une a Colombia y a Venezuela. Además de estar allí por el ingreso de la ayuda humanitaria, prevista para el 23 de febrero, y dar apoyo a Guaidó, es una clara jugada para intentar sacar a Nicolás Maduro del poder.

“Hoy estamos demostrando que estamos en el lado correcto de la historia, que es la libertad. Toda la región le da el apoyo al pueblo venezolano, y por eso no lo dejaremos solo”, dijo posteriormente en una rueda de prensa el presidente Duque. Y sentenció: “Este proceso de cerco diplomático es irreversible”.

Tres años después de esa foto y de las declaraciones del presidente Duque en Cúcuta, sin embargo, mucho ha cambiado. Incluso en Colombia.

Además del fracaso que supuso la movida a efectos de ingresar la ayuda humanitaria el 23 de febrero de 2019, Iván Duque dejará primero la presidencia de Colombia que Maduro el poder en Venezuela (el próximo mes de agosto termina su periodo presidencial) y, por si fuera poco, hay altas probabilidades de que el “cerco diplomático” se revierta cuando asuma un nuevo mandatario en ese país. Como verificó El Diario, siete de los primeros nueve candidatos presidenciales de Colombia con más opciones de ganar las elecciones apoyan el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Venezuela.

La medida implicaría el reconocimiento a Maduro como presidente de Venezuela nuevamente desde 2019 y la pérdida de apoyo más significativa que ha tenido Guaidó hasta el momento, por su cercanía con el gobierno colombiano.

¿Qué consecuencias tendría para la estrategia del gobierno interino? El politólogo Enderson Sequera y el internacionalista Luis Peche lo analizaron para El Diario.

Efecto dominó

“Reconocer a Maduro sería un golpe devastador para la estrategia del gobierno encargado y para las posibilidades de una transición en Venezuela”, opina Sequera. “Si el próximo presidente de Colombia reanuda las relaciones diplomáticas con Maduro, esto podría producir un efecto dominó de reconocimientos en la región que estabilice a la dictadura en el poder y se descarte el escenario de una transición a la democracia”.

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A juicio del politólogo, el gobierno de Duque ha sido el exponente “más firme y coherente” en Latinoamérica de la estrategia de presión contra el chavismo. En paralelo, recuerda que Colombia es el país más afectado por la emergencia humanitaria en Venezuela. Ese país ha recibido a 1.8 millones de venezolanos, de acuerdo con cifras de las autoridades migratorias. En consecuencia, Sequera opina que devolver el reconocimiento a Maduro sería enviar un mensaje equivocado a otros países de la región.

“Los países de la región dirán: ‘Si ellos, que son los más afectados, tienen relaciones con Maduro, ¿por qué nosotros no habríamos de tenerlas?’”, cuestionó. “El próximo presidente de Colombia debe ejercer un liderazgo proactivo en nuestra democratización, no en reconocer y ayudar a estabilizar a la dictadura chavista”. Añade que sería un “grave error” reconocer a Maduro como un gobierno democrático y no como un régimen investigado en la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de lesa humanidad.

De darse ese “efecto dominó”, Sequera advierte que el interinato dependería internacionalmente de Estados Unidos, Reino Unido y Canadá.

Otro enfoque

El internacionalista Luis Peche matiza que todavía es pronto para saber hacia dónde se dirige la política colombiana con el cambio de gobierno que se aproxima. No obstante, y a pesar de que los candidatos presidenciales colombianos quieran desmarcarse de un presidente “tremendamente impopular” como Duque, cree que estos deben entender que la crisis venezolana afecta a Colombia de diversas maneras y que, por lo tanto, cualquier respuesta efectiva contra el régimen chavista debe ser “cuidadosamente evaluada”.

¿Cómo afectaría a la estrategia del interinato el eventual reconocimiento de Colombia a Maduro?
Candidatos presidenciales de Colombia durante un debate.

“La solución de la crisis migratoria va de la mano de la solución de la crisis política. Por eso, quien llegue al poder en Colombia enfrentará la realidad de saber que debe mantener una postura firme en apoyo a la democratización de Venezuela, porque es ahí donde está la raíz de la crisis que lleva a miles de venezolanos a salir de nuestras fronteras diariamente”, comenta Peche.

De hecho, salvo el independiente Rodolfo Hernández, quien ha tenido declaraciones xenofóbicas contra migrantes venezolanas, la mayoría de los candidatos presidenciales colombianos apuesta por seguir atendiendo a la migración venezolana y creen que el restablecimiento de las relaciones con Venezuela sirve para lograr otro enfoque en la democratización del país.

Precandidatos como el centrista Alejandro Gaviria o el izquierdista Gustavo Petro incluso han comentado que, en caso de ganar, alentarán el proceso de negociación entre el régimen de Maduro y la oposición venezolana en México, por ahora en pausa. El gobierno de Duque se ha desentendido de ese proceso. “Soy escéptico respecto a las negociaciones sobre Venezuela”, declaró el presidente colombiano en septiembre de 2021.

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“El escepticismo de Duque con cualquier proceso de negociación está justificado. Revisando sus argumentos, Duque ha afirmado que el régimen utiliza las negociaciones para ganar tiempo mientras apuesta por otras estrategias de represión y división de las fuerzas democráticas”, comenta el internacionalista. “De tal manera que su idea de negociar con garantías cobra mucho sentido. Y eso lo debe entender el candidato que llegue a la presidencia de ese país”, añade.

Pero en un momento en el que Guaidó apuesta por la negociación más que por la confrontación, el eventual giro de la política exterior colombiana en volcar su apoyo a las negociaciones podría ser incluso favorable para el interinato, a pesar de que eso involucrara el potencial reconocimiento a Maduro como presidente legítimo de Venezuela.

“El reconocimiento a Maduro no sé si ya esté en discusión. Está usurpando el poder, ejerciéndolo de facto, pero está”, dice Peche.

Errores compartidos

Cuestionado sobre si la Administración de Duque sobreestimó la capacidad de Guaidó en Venezuela o si el gobierno interino se aferró demasiado al apoyo de Colombia para lograr salir de Maduro, el internacionalista opina que fue parte de una estrategia conjunta que, aunque no dio sus frutos en la democratización del país, tuvieron avances como la negociación en Barbados de 2019 o la propuesta de Acuerdo de Salvación Nacional. “Ese objetivo no ha sido alcanzado, así que pudiese decirse que la culpa es compartida”, sostiene Peche.

Juan Guaidó, Iván Duque y el entonces vicepresidente de EE UU, Mike Pence, en 2019.

No obstante, Sequera considera que la estrategia de la Administración Duque con respecto a Venezuela no falló.

“Algunos candidatos presidenciales en Colombia dicen que ‘el cerco de Iván Duque no funcionó’. Ese no es el problema, el problema es que el resto de los países no se sumó a esta estrategia más allá de la retórica. El chavismo sobrevive porque encuentra en la falta de coordinación estratégica de la comunidad internacional ventanas de oportunidad para eludir la presión”, opina el politólogo.

Baño de realidad

Con un gobierno interno que ha apostado a la presión internacional sobreponiéndola incluso a la organización interna por momentos, la pérdida del reconocimiento de Colombia podría suponer un reajuste en su estrategia estrictamente nacional. ¿Es un baño de realidad para el interinato y reconectar al interinato con la lucha interna?

“Un baño de realidad es entender que el problema de Venezuela trasciende a los venezolanos”, opina Sequera. “Ese discurso demagógico y pseudonacionalista de que ‘los problemas de los venezolanos lo resuelven los venezolanos´ no se corresponde con la realidad internacional de un mundo globalizado e interconectado y contribuye a la estabilización del chavismo en el poder”.

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En consecuencia, para el politólogo esto sí obligaría al interinato a mejorar su estrategia nacional, aunque sin que eso suponga el descuido de sus relaciones con la comunidad internacional. “Solo la adecuada mezcla de presión nacional e internacional que aumente el costo de permanencia del chavismo en el poder, pero que a la par ofrezca garantías que disminuyan su costo de salida, puede generar un escenario de transición a la democracia en Venezuela”, dice.

Para Peche, en cambio, el interinato “nunca ha renunciado a las acciones internas como el principal foco de acción”. Por lo tanto, no observaría mayores cambios en la ruta política en Venezuela si el próximo gobierno colombiano quita el reconocimiento a Guaidó.

Nuevos acercamientos

Desde que Guaidó asumió la presidencia interina de Venezuela, el panorama político en la región ha cambiado hacia nuevos gobiernos de izquierda que, aunque intentan alejarse de Maduro, diplomáticamente han formado vínculos y han desechado el de Guaidó. Es el caso de México, con Andrés Manuel López Obrador; de Perú, con Pedro Castillo; y probablemente de Chile, con Gabriel Boric; así como una eventual victoria de Gustavo Petro en Colombia.

Leopoldo López y el excandidato presidencial chileno José Antonio Kast. Foto: Aton.

Ante este escenario geopolítico latinoamericano, para el internacionalista Peche el interinato debe establecer nuevos vínculos con gobiernos que, a priori, no parecían sus aliados más fuertes.

“La causa venezolana no debería tener banderas ideológicas. Al final, es una lucha entre democracia y dictadura. Al final las consecuencias de la crisis migratoria o las amenazas a la seguridad regional, las sufren tanto gobiernos de izquierda como gobiernos de derecha. Así que la democratización del país debería ser entendida como una causa que une y no que separa”, asevera.

Este reajuste, sin embargo, no siempre ha sido valorado o puesto en marcha por voces cercanas al interinato. Leopoldo López, quien hasta enero de 2022 fue coordinador del Centro de Gobierno –una instancia creada por Guaidó para gestionar la representación del interinato–, apoyó públicamente a Keiko Fujimori en Perú y a José Antonio Kast en Chile, quienes finalmente perdieron. Aunque nunca aclaró si lo hizo a título personal o en nombre del gobierno interino.

“Afortunadamente, Guaidó no ha tomado postura en cuanto a apoyar candidatos presidenciales. En cambio, enfatiza en la necesidad de que cada país asuma su rol en cuanto al compromiso por la democracia que debe asumir”, opina Peche.

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