• El fin de semana del 5 de marzo, los rumores sobre una visita de una delegación del gobierno de EE UU a Caracas tomaron fuerza. La incógnita quedó resuelta con la confirmación de la entonces portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki: hubo encuentro y fue con Nicolás Maduro. Foto principal: EFE

Con la excusa de la crisis energética mundial causada por la invasión de Rusia en Ucrania, el gobierno de Estados Unidos y el régimen de Nicolás Maduro, históricamente enfrentados, comenzaron en marzo lo que parecía un tímido acercamiento. Con este se empezó a fraguar un acuerdo con intereses personales mediante: la posible liberación de dos sobrinos de la esposa de Nicolás Maduro, presos en EE UU.

Pocos fueron los que se creyeron que aquella aproximación tuviera fines altruistas, tanto por parte de unos como de otros. O que fuera el principio de una amistad incondicional, ejemplo de que la paz mundial era posible, incluso, entre quienes fueron -y son- feroces enemigos.

A continuación, algunas claves de una reunión que no resolvió los problemas energéticos del mundo, pero sí hizo realidad algunos intereses:

El secreto

El fin de semana del 5 de marzo, los rumores sobre una visita de una delegación del gobierno de EE UU a Caracas tomaron fuerza. La incógnita quedó resuelta con la confirmación de la entonces portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki: hubo encuentro y fue con Nicolás Maduro, con quien los enviados de Joe Biden discutieron diferentes temas, “entre ellos la seguridad energética”.

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Y así quedó solventada la duda sobre la visita, pero no sobre el contenido de una reunión en la que la supuesta preocupación de ambas naciones por la crisis energética en el mundo fue tan solo uno de los múltiples asuntos que, primero EE UU y luego Venezuela, reconocieron haber tocado. El resto de los temas quedaron clasificados, hasta ahora.

De la sospecha a la realidad

Después de que los dos países confirmaran el encuentro y coincidieran en elegir el mismo ejemplo para hacer público alguno de los asuntos tratados, las sospechas de los venezolanos fueron in crescendo y la mayoría apuntaban en la misma dirección. La posibilidad de que se abordara la liberación de los sobrinos de la esposa de Maduro, Cilia Flores, encarcelados en EE UU.

Poco más de medio año después, Efraín Antonio Campo Flores y Franqui Francisco Flores de Freitas -condenados en diciembre de 2017 en una corte de Nueva York a 18 años de cárcel por narcotráfico- recibieron el “perdón” de Biden, que permitió su liberación. Esto a cambio del mismo trato para siete estadounidenses -entre ellos, cinco directivos de Citgo, filial de la estatal PDVSA- presos en Venezuela.

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Segunda visita a Caracas

Cuando todavía no se habían cumplido cuatro meses desde la reunión de marzo, una nueva delegación de Estados Unidos volvió a Caracas. Esta vez, encabezada por el representante diplomático de EE UU para Venezuela -que opera desde Colombia-, James Story, quien se reunió con el presidente del Parlamento, el chavista Jorge Rodríguez.

Esta vez, solo trascendió que el objetivo de la visita fue dar “continuidad a las comunicaciones iniciadas el 5 de marzo y a la agenda bilateral” de ambos países, sin embajadores desde 2010, aunque con una inusual representación diplomática. La ausencia de información y el hermetismo arreciaron la sospecha de que los sobrinos de Flores estaban más cerca de su liberación.

La cuenta atrás

Hace dos semanas, EE UU amenazó con endurecer las sanciones si Maduro continuaba sin dar muestras de cumplimiento de los acuerdos alcanzados en las reuniones en Caracas. Enfocados a restaurar las relaciones bilaterales, y se refirió, concretamente, al compromiso de retomar el diálogo con la oposición en México, suspendido hace casi un año por decisión del chavismo.

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Maduro respondió que “las amenazas se pierden en el fondo del mar del desprecio” y que EE UU nunca volverá a ser un “imperio dominante”, puesto que “ha llegado el tiempo de los pueblos, de la paz, de la colaboración”. Y el “pueblo” ganó. Biden liberó a los sobrinos de Flores y Venezuela excarceló a siete estadounidenses sin lazos consanguíneos.

¿Y el diálogo?

De las amenazas de dos semanas atrás, Biden y Maduro pasaron, en tiempo récord, al intercambio de liberaciones. Y aunque, en términos absolutos, parece un partido ganado por EE UU por siete a dos, Flores de Freitas y Campo Flores son mucho más que familiares lejanos para el matrimonio presidencial, que ha buscado la excarcelación de todas las formas posibles desde hace años.

Pero las liberaciones abren varias incógnitas: ¿Se aproxima el reinicio del diálogo para compensar el desequilibrio? ¿Cederá Maduro ante el ultimátum de Biden? ¿Será la liberación de los sobrinos de Cilia Flores una cesión especial para que el régimen acepte volver a negociar con la oposición? La duda está sobre la mesa y el mandatario norteamericano no admitirá más “tácticas dilatorias”.

Con información de EFE.

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