• La consultora política Carmen Beatriz Fernández considera que la oposición venezolana está en su peor momento y enfrenta el dilema de participar o no en las elecciones parlamentarias que convocará el nuevo árbitro electoral este año

Las recientes decisiones tomadas por los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) afín al régimen de Nicolás Maduro, como la imposición de rectores del CNE y la intervención y cambio en la directiva de Acción Democrática (AD), parecen profundizar la crisis institucional en Venezuela y aleja la posibilidad de concertar procesos comiciales creíbles como mecanismo de conjurar la crisis política.

Sobre el tema, El Diario entrevistó a la consultora política y analista de temas electorales Carmen Beatriz Fernández. Consideró que los movimientos del TSJ oficialista “son muy graves y lo que ha pasado pone un obstáculo más a la posibilidad de una solución para Venezuela o a la opción de una normalización o de un dibujo de un sendero que recupere algunas formas de la democracia”.

Foto cortesía

¿El régimen de Maduro se seguirá afianzando en el poder bajo el esquema de artilugios legales?

— Lo ocurrido (acciones del TSJ) es muy serio y empeora las cosas. Sin embargo, no necesariamente es sorprendente porque nosotros hemos visto un patrón terrible en el propio Nicolás Maduro y en los propios actores claves de la nomenclatura del régimen, donde existe una tendencia a conducirnos hacia el caos, esa huida hacia adelante ante cualquier crisis política seria.

¿Se cierran las rendijas para que se produzca un cambio político en Venezuela por la vía electoral?

Cada vez que Maduro está en una situación comprometida o en una donde se active una rendija de esperanza o normalización democrática, ha sido muy consecuente en cerrar esa rendija y brincar esas crisis políticas en una huida hacia adelante que empeora la situación para el país en primer lugar, y para la oposición en segundo lugar; pero también para el propio Maduro y el chavismo. Ante cada posibilidad de mejoría clara o negociación, Maduro se atrinchera muy fuertemente y lo hemos visto en repetidas ocasiones, tras la derrota de las parlamentarias en el año 2015, en las protestas de 2017. Se pedía el referéndum revocatorio y Maduro brincó hacia la asamblea constituyente. Pasó lo mismo en las negociaciones de República Dominicana en donde se adelantaron las elecciones presidenciales de 2018.

En las negociaciones propiciadas por Noruega se estaba a punto de llegar a un acuerdo que mirase a la democratización. Maduro se levantó de la mesa. Ahora, cuando había esta rendija de oportunidad hacia la normalización de la institucionalización democrática, un trabajo que adelantaba la Asamblea Nacional, esa rendija la cierra Maduro y el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). El nombramiento del nuevo CNE evidentemente es un hecho más, es un tropiezo más hacia un mundo de dificultades como si fueran pocas las que tiene el país.

¿Qué credibilidad podría tener este nuevo CNE ante el país?

La credibilidad que tiene el nuevo árbitro electoral es mínima, porque tiene un origen bastardo; un origen que parte de la propia ilegitimidad y la falta de las formas políticas y de la institucionalidad adecuada. No lo está eligiendo quien debió hacerlo (la Asamblea Nacional), y no solo eso, sino que lo elige un TSJ que es ilegítimo en su mismo origen. Eso también irá reforzándose dependiendo de lo que haga la oposición y esta tiene no solo el dilema de participar o no, sino también por qué participa o por qué deja de participar.

¿Qué dilema se presenta a la oposición nucleada en el G-4 (AD, un Nuevo Tiempo, Voluntad Popular y Primero Justicia)? ¿Participar o no en las elecciones parlamentarias que convocará el CNE oficialista?

No hay condiciones electorales para participar. Y no las va a haber. No cabe duda de que la oposición está en su peor momento, el país está en su peor momento, incluso se podría decir que Maduro y el chavismo están en su peor momento. En Venezuela se instaló hace tiempo un quinquenio largo, una dinámica de perder-perder donde cada día es peor que el anterior y es la dinámica de Maduro, una dinámica tremendamente trágica, y ante los dilemas de la oposición son todos muy malos, están en unos dilemas donde se dibujan varios escenarios posibles y todos son malos, lo que obliga a escoger escenarios sub- óptimos.

Además, hay una particularidad prosigue Fernández, directora de la consultora DataStrategia y a mi juicio una de las peores cosas que hizo el chavismo, uno de los peores pecados de Maduro y su gobierno ha sido convertir el problema venezolano en uno que no es de los venezolanos, sino uno que alcanza una dimensión geopolítica global. Entonces la solución de los problemas venezolanos dejó de ser de los actores locales; son de fuerzas multinacionales.

Eso es tremendo porque hace que el cuerpo político, la clase política, deje de confiar en sus propios recursos para encontrar las soluciones; es decir, el hecho de que tú tengas tus esperanzas puestas en la comunidad internacional o en una intervención multinacional comandada por los Estados Unidos, que es una de las aspiraciones de un sector de la oposición, hace que tú te alienes del proceso, es decir, sientes que tus esfuerzos no tienen que ver con el resultado que exista. Es decir, eres impotente ante una dinámica que escapa de lo que son estrictamente tus esfuerzos. Por eso hay otro sector de la oposición que quiere hacer política, ansía volver a la normalización de la acción política dentro de las fronteras venezolanas”.

¿Está descartada la participación de los partidos del G-4 en las elecciones parlamentarias que seguramente convocará el nuevo CNE oficialista?

— El G-4 tiene el deber de actuar en conjunto en esa decisión de si participa o no y explicar muy claramente por qué lo hace. Si decides participar nunca va a ser porque decidiste que existían las condiciones electorales, porque estas no van a estar, pero puedes decidir participar porque esto puede permitirte hacer activismo político que de otra forma no lo harías. Esto tendrían que explicarlo muy bien, no solo a la nación y al electorado venezolano, sino a sus acompañantes y socios internacionales.

Estados Unidos tiene una postura radical con la imposición de sanciones y la Unión Europea apuesta por el diálogo y la concertación política…

— Sí, la postura europea en la comunidad internacional, a diferencia de la norteamericana, apuesta a esa reconducción de la política y la democratización de Venezuela empleando mucho y haciendo actores protagónicos a los venezolanos; a diferencia de la norteamericana y la de Rusia y China, en la que creo que los venezolanos son más convidados de piedra.

¿En este contexto, Estados Unidos ampliará y profundizará las sanciones a actores políticos venezolanos?

— Aparentemente sí vienen más sanciones y pareciera que lo que ocurre con el empresario colombiano Alex Saab (detenido en Cabo Verde y solicitado por EE UU) es una muestra de esto; el clima puede endurecerse. La situación puede ser más complicada para la nomenclatura del chavismo. Sus finanzas serán más estranguladas y al final lo que recuerda esta situación es a las ciudades medievales cuando se sitiaban a los señores feudales en sus castillos, se iban cercando y limitando todas las posibilidades de suministro de alimentos y agua hasta que por esa presión el señor feudal cedía. Esa analogía es potente, es muy cruda y dura porque las sanciones tienen ese efecto, si cercan al señor feudal, pero en el intento se van llevando por delante a muchos inocentes y en esa situación estamos.

Cuba es parte del problema ¿puede ser parte de la solución o al destrabamiento de la crisis política que sacude a Venezuela?

— El punto de Cuba es muy importante porque siendo como es tan relevante no se le ha concedido tanta importancia, porque al final tenemos un conflicto geopolítico de escala planetaria y global, donde están vinculados actores políticos muy importantes. Están los Estados Unidos en primer lugar, pero también figuran Rusia, Irán, China, y la Comunidad Europea. Tenemos ese mega conflicto con Venezuela como epicentro y al final quien tiene la llave más importante para destrancar el juego es una islita que uno podría calificar como insignificante y es impresionante que hayamos llegado a esta situación. Uno de los errores que ha cometido no solo la oposición venezolana, sino los aliados de la comunidad internacional es subestimar o no conceder la importancia que tiene el rol de los actores cubanos.

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