• Luego de su renuncia al Consejo Nacional Electoral (CNE) impuesto por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) del régimen de Nicolás Maduro, el ahora exrector conversó en exclusiva con El Diario para analizar las razones del abandono del cargo, su experiencia como vicepresidente del ente electoral, y su futuro como posible parlamentario

Dos meses. Solo eso duró en el cargo de vicepresidente del Consejo Nacional Electoral (CNE), Rafael Simón Jiménez, luego de anunciar su renuncia este jueves 6 de agosto. El motivo de su salida del ente electoral, dice, es porque no concordaba con su “condición de actor político”. Por ello afirma que volverá a la “lucha”, casi un eufemismo para lo que presumen otros actores políticos sobre sus intenciones: ser candidato a diputado de la Asamblea Nacional (AN) en las elecciones convocadas por el régimen de Nicolás Maduro para el 6 de diciembre. Pero sobre esa posibilidad, comenta en exclusiva para El Diario, todavía no recibe propuestas para hacerlo, pero tampoco le parecería incorrecto.

De su paso por el CNE no se arrepiente, pues asegura que logró lo que ningún otro rector opositor: representación. De las decisiones electorales ya responsabiliza al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) del régimen de Nicolás Maduro. De todas maneras, las defiende; argumenta que en la Cuarta República era igual, y que las reformas se hicieron para hacerlo más plural. En su discurso parece hilar entre una contradicción que le plantean sus detractores. Dice conocer el funcionamiento del chavismo, pero sostiene que las garantías para el reconocimiento de resultados se consiguen en el camino.

Ahora los rumores sobre su reemplazo apuntan hacia un nombre: Leonardo Morales. Sobre él, aunque afirma no saber si será su sustituto, dice tener “el mejor concepto”.

Leonardo Morales | Foto: cortesía.

—¿Cuáles fueron los argumentos que presentó ante el TSJ -adepto al régimen de Nicolás Maduro- para renunciar a su cargo de rector del CNE?

—El argumento fundamental es que en mi condición de actor político y mis posiciones tan claras frente al proceso político venezolano y particularmente a la tragedia que estamos viviendo en Venezuela, de alguna manera habían entrado en contradicción con la ecuanimidad, con la imparcialidad que debe guardar un rector del Consejo Nacional Electoral. Y que mis declaraciones, desde el mismo momento en el que me juramenté ante el TSJ, habían causado el rechazo algunas veces en el gobierno (de Maduro), otras veces en sectores de la oposición, y que yo frente a esa disyuntiva de convertirme en un factor permanente de conflicto, prefería asumir lo que ha sido mi papel fundamental a lo largo de toda mi carrera política, que ya pasa de 50 años, que es el de luchador político, luchador social, opinador, historiador. Es decir, asumir la lucha de calle, la lucha de opinión.

—¿Alguna vez le reclamaron por alguna opinión que emitió? Si es así, ¿por cuál?

—Es que el conflicto venezolano, la polarización, no da treguas, porque todos los días tú estás sometido a una serie de temas frente a los cuales tienes que fijar posición. Te pongo un tema: el de la intervención de los partidos políticos, la judicialización; frente a eso, tienes que fijar postura. Te pongo otro tema: las declaraciones del general (Vladimir) Padrino López sobre que en Venezuela no va a haber alternabilidad y que no volverán al poder, tú tienes que fijar posición. El conflicto político venezolano es tan polarizado y escalado, que a uno, por lo menos a mí, que he sido actor político durante toda mi vida, me cuesta mucho asumir posiciones eclécticas

—No hace esta intervención a los principales políticos de oposición que el país pierda bases democráticas y, en consecuencia, también esas elecciones del 6 de diciembre?

—Yo creo que esto es una pelea democrática, es una lucha democrática. Nos estamos enfrentando a un adversario que no oculta sus deseos de hegemonía, de continuismo en el poder. El balón está del lado de la oposición y qué actitud vas a sumir tú frente a eso. Si la actitud de abstenerte, desmovilizarte, la actitud de no hacer nada, o la actitud de luchar, movilizándote, confrontando, convocando, exigiendo. Ese es el debate de fondo que está planteado en Venezuela para la oposición: qué hacer frente a un gobierno y frente a un régimen como el que tenemos. Entonces ahí evidentemente hay posiciones divergentes.

El balón está del lado de la oposición y qué actitud vas a sumir tú frente a eso»

Yo particularmente creo que el activismo, la movilización, que las elecciones y el voto son instrumentos que no se pueden dejar a un lado y creo que lo peor de eso es que esa reflexión la hicimos en 2005. Ese año nos abstuvimos y lo que se ganó fue que el gobierno avanzara a zancadas en el control institucional, jurídico, que le dio mayor base a su hegemonía. Yo creo que reincidir en ese error -utilizando la frase famosa de Talleyrand, el canciller de Napoleón-, más que un crimen, es una estupidez. Es una cosa que no tiene ningún sentido. Yo creo que es preferible confrontar en la calle, en el activismo social, electoralmente. Pero movilizándose, no absteniéndose. Me parece un error garrafal, no porque yo lo diga, sino porque ya se cometió en 2005 y el resultado fue trágico.

—Usted hace la comparación con las elecciones de 2005, pero en ese año, por mencionar algo, no estaba la intervención de partidos políticos por parte del TSJ, que fue el que nombró a las directivas.

—Pero es que tú tienes que luchar en las condiciones de adversidad que tú sabes. El tema es que el gobierno tiene en el G4 una oposición que le conviene. ¿Qué quiere el G4? Que la gente se abstenga. ¿Qué quiere el gobierno? Que la gente se abstenga. Es decir, fíjate tú cómo se retroalimentan incluso en el tiempo. El martes o el lunes, el G4 anuncia 27 partidos –que por cierto, de los 27 no hacen la mitad de uno de lo que existieron en Venezuela con fortaleza- llaman a la abstención. Al día siguiente, Maduro da una rueda de prensa abusando de los medios de comunicación porque sabe que la reacción es la misma, incentivar en el elector la desconfianza, la desmovilización, el desconcierto, y que la gente se quede de brazos cruzados. El gobierno sabe que si la gente vota, va a pasar lo mismo que pasó en 2015. Dos adversarios que parecieran estar en las antípodas, terminan coincidiendo en el mismo interés.

—¿Pero qué garantías tiene usted de que el régimen de Maduro respetará el resultado y que no hagan lo mismo a la Asamblea Nacional vigente, que la declararon en desacato y posteriormente le quitaron las potestades con la creación de la asamblea nacional constituyente?

—Mira, te repito, es parte de una lucha democrática. Nosotros estamos enfrentando a un adversario que lo conocemos, que sabemos cuáles son sus propósitos, cuál es su actuación. El tema es qué hacemos frente a eso. Si la actitud es desmovilizarse o abstenerse, o luchar, concurrir y activarse. El debate es…

—¿Pero esa lucha no es en vano si no hay garantías?

—Bueno, pero las garantías tú las vas obteniendo en el camino. ¿Es que en 2015 cuando ganamos había garantías? Eso es otro mito, otro embuste que han inventado. El gobierno hizo de todo, cambió los circuitos, cambió diputados de los circuitos opositores, migró votantes. Hizo todo lo que pudo hacer. ¿Y por qué ganamos, porque había garantías? Ganamos porque fuimos unidos, porque había un solo mensaje, porque había una sola tarjeta, y construimos una sola tarjeta electoral. Yo creo que el drama de la oposición venezolana está resumido en 2005 o 2015.

—Volviendo a su renuncia, ¿no presumía usted antes de asumir el cargo que su rol no admitía opiniones o posturas políticas? ¿Por qué entonces aceptó el cargo?

—Porque creí que podía haber espacio para una mayor tolerancia desde el punto de vista de mi actuación política. El tema es que los rectores que ha habido aquí por parte de la oposición a lo largo de estos 20 años, es que han cumplido un rol discreto, yo no sé si han hecho una buena labor, seguramente la han hecho, pero desde un punto discreto de no opinar políticamente, de no fijar posiciones. Yo eso no lo puedo hacer porque eso va contra mis principios y contra lo que yo he sido toda mi vida, que es un luchador desde que tenía 10 años de edad. Entonces yo pensé que era compatible una posición de opinión con el rol que yo sé que tiene que tener un rector. Ahora, lo que dificulta es la polarización y que el único político, el único mediático, con posición en el CNE, soy yo. Todos los demás vienen de otras actividades.

Rectores del CNE juramentados por el TSJ adepto al régimen de Nicolás Maduro. Foto: ACN

—¿Se arrepiente de haber aceptado el cargo?

—No, en lo absoluto. Yo me arrepiento de muy pocas cosas en mi vida, y las medito muy bien y más en la etapa que estoy ahora que es la etapa de la absoluta madurez. Yo creo que cumplí una misión, te repito.

Yo creo que hice lo que ningún rector de oposición había hecho, que es asumir la condición de rector de oposición con claridad, expresar opiniones políticas meridianamente, defender el espacio de la oposición. Pero creo, repito, que ahora puedo ser más útil en la lucha social, en la lucha política, democrática y electoral.

—Se ha dicho que el suyo era un cargo simbólico, y en una entrevista para El Diario, dijo usted que “la persona hace el cargo y no el cargo a la persona”. ¿Se dio usted cuenta que su cargo sí era simbólico? ¿Realmente tuvo usted peso en las decisiones del CNE?

—Mira, todo el mundo sabe cómo está conformado el CNE. Todo el mundo sabe que somos dos rectores de la oposición, y tres rectores del gobierno. Entonces no es eso. Eso es un hecho, como se dice ahora, público, notorio y comunicacional. Hubo una serie de aspectos en los que afortunadamente logramos consenso en el cronograma electoral, y hubo otras en las que nuestras posiciones no fueron mayoritarias, yo eso lo entiendo, porque desde un principio sabía que tenía esa correlación de fuerzas. Hay tres rectores, muy respetables y todo lo que tú quieras, que tienen una posición a favor del gobierno del oficialismo y dos rectores que representamos a la oposición.

—¿Se postulará usted a diputado de la Asamblea Nacional?

—Yo eso no lo tengo como una meta inmediata ni eso es ninguna motivación para yo haber dejado el Consejo Nacional Electoral, entre otras cosas, porque también he sido parlamentario. Yo he dicho, hablando en el argot del beisbol, que yo he bateado la escalera en representación parlamentaria. He sido concejal, diputado regional, diputado nacional y rector del Parlamento Latinoamericano. De manera que eso no me quita el sueño. Y, además, uno no se postula, uno tiene que encontrar postulante y hasta ahora nadie me ha planteado a mí dirimir una postulación. En el momento que eso suceda, yo lo consideraré.

Y, además, uno no se postula, uno tiene que encontrar postulante y hasta ahora nadie me ha planteado a mí dirimir una postulación»

—¿No le parecería incorrecto ser candidato a diputado, luego de pasar por la rectoría? El sistema electoral que usted aprobó le garantizaría ser diputado si encabeza la lista de estado Miranda en una alianza de partidos de la mesa de diálogo, por ejemplo. Hay quienes pueden pensar que fue premeditado.

—Yo, por cierto, no entiendo de dónde salió esa versión. Me contentaría si fuese verdad, pero no sé de dónde salió porque nadie ha planteado eso de que yo encabece la lista del estado Miranda…

—En un caso eventual.

—Bueno, no me parecería porque en el pasado, incluso en la cuarta república que algunos reivindican como el dechado de todas las virtudes, incluso los representantes de partidos era a su vez diputados en el Consejo Nacional Electoral. Yo no lo veo como nada absolutamente pecaminoso, porque ¿cuál sería la ventaja? Ese sistema electoral, por cierto, no lo elaboró el CNE, lo elaboró la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia, la 068.

—Carlos Vecchio, embajador del gobierno interino en Estados Unidos, hizo la siguiente declaración en Twitter: “Cuando pensábamos que habíamos visto todo, estamos a punto de ver algo más: un ‘rector del CNE’  ‘candidato’ a ‘diputado’. Ni Tibisay pues”. ¿Qué opinión le merecen estas palabras?

—Que es un farsante, que es un mentiroso. Qué opinión me puede merecer.

—El expresidente del CNE, Andrés Caleca, dijo: “48 diputados de una circunscripción nacional que no existe ni en la Constitución ni en las Leyes. 48 diputados por los que nadie vota, sino que los elige el CNE con un algoritmo que nadie conoce. Los recordaremos como los ‘diputados golilla’. Vergüenza les debería dar”.

—No pueden haber diputados golilla, los diputados tienen que sacar votos, no hay golilla. Los únicos diputados que son golilla son los de las FARC en Colombia, que llegaron al Congreso por el tratado de paz, sin votos. Todos los diputados tienen que sacar votos. ¿Cuál es la golilla?

—Explíquenos cuáles fueron los criterios técnicos y legales que se usaron para definir la lista nacional de 48 diputados.

—Esa es una decisión que está contenida en la sentencia 068, esa no es una decisión del CNE sino del TSJ. Los criterios, entiendo, son matématicos-políticos, igual que en la cuarta república existían diputados adicionales que con pocos votos eran electos miembros de la cámara. La idea es que pueda haber un parlamento mucho más plural, mucho más diverso, con representación de minorías.

—Usted, y representantes de la denominada mesa de diálogo, afirmaban que la nueva estructura del CNE garantizaba más equilibrio. ¿No se perdió eso con su salida del ente electoral?

—Yo creo que el TSJ está obligado a designar el sustituto mío aquí. Yo creo, y eso no puedo afirmarlo porque no tengo conocimiento de eso, pero pienso que dentro del mismo criterio que inspiró el nombramiento de este CNE con dos rectores de la oposición, debe mantenerse ese equilibrio. Es mi idea, no sé si interpreto la voluntad de los magistrados, con la que no tengo absolutamente nada que ver. Pero creo que el rector que me sustituya debe ser un rector identificado con la oposición.

(…) pienso que dentro del mismo criterio que inspiró el nombramiento de este CNE con dos rectores de la oposición, debe mantenerse ese equilibrio».

—Se dice que Leonardo Morales será quien lo reemplace, y no Juan Carlos Delpino, quien era su suplente. ¿Qué opinión le merecería este hecho, en caso de que elijan al señor Morales, y qué opina usted de él?

—Mira, yo no estoy seguro de que al señor Morales lo vayan a elegir, pero yo lo conozco desde hace muchísimos años porque fuimos juntos militantes del MAS por mucho tiempo. Tengo de él el mejor concepto y, además, es funcionario del CNE, incluso jubilado desde hace muchísimos años y que conoce el CNE incluso mucho mejor que yo.

—¿No cree que de cara al electorado, luego de todos estos hechos, las elecciones del 6 de diciembre pierdan credibilidad?

—El venezolano no tiene otra opción. El venezolano de a pie, el opositor, que está sufriendo, no tiene otra opción. No todo el mundo tiene la suerte que tiene Vecchio de vivir de los reales del exilio venezolano, esquilmados a la empresa petrolera en el exterior. El venezolano de a pie no tiene esa suerte ni siquiera para comprar un saco de harina de maíz.

—Según un estudio de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), solo 35% conoce la existencia de la mesa de diálogo, la instancia que acordó cambiar el sistema electoral. ¿Qué le ha faltado para imponerse o darse a conocer? ¿Actores políticos con credibilidad?

—Yo no sé de dónde han inventado -Eugenio Martínez, que es otro que escribe con una propiedad de estos temas-, que yo soy asesor de la mesa de diálogo. No lo soy, y no soy cercano ni militante de ninguno de los partidos que están en la mesa. Soy amigo de todos. Soy amigo de Felipe Mujica, porque militamos juntos 35 años en el MAS, soy amigo de Timoteo Zambrano porque es mi hermano querido del alma, soy amigo de Claudio Fermín porque su papá y mi papá fueron como hermanos. Al único que no conocía era a (Javier) Bertucci y es un gran amigo. Henri Falcón es un gran amigo. Pero yo no soy asesor. Él tuvo el atrevimiento de decir que yo había asesorado a la mesa de diálogo. Yo no soy, ni he participado, ni tengo nada que ver. Sí creo que ha cumplido un papel importante en tratar de desmontar el conflicto político venezolano.

¿Qué le dejó su paso por el CNE y cómo se ve el organismo desde dentro?

—Yo tuve, y eso lo he reconocido porque soy un hombre de una sola palabra, la mejor relación con las rectores y con el rector Gutiérrez. Yo soy un político que considera que lo cortés no quita lo valiente y además soy un caballero. Hemos tenido grandes coincidencias y grandes diferencias, pero el trato ha sido cordial, ameno. El canibalismo, la violencia, el odio, hay que desterrarlo de la política venezolana porque nos ha hecho demasiado daño y la idea es que podamos a ser una Venezuela de diálogo. En cuanto al funcionamiento interno, no tengo absolutamente ninguna objeción. Mis objeciones políticas son con los factores de poder, en este caso con el gobierno, con el G4 y con el guaidosismo, por decirlo de alguna manera. 

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