• Andrés Caleca sostiene que la forma de actuar de la nueva directiva del ente electoral representa un retroceso respecto al proceder en 1997 cuando presidió el organismo

“Un desastre absoluto”, con estas palabras Andrés Caleca, expresidente del Consejo Nacional Electoral (CNE) se refiere a la actuación de los nuevos rectores del organismo, luego de transcurrido un mes de su nombramiento.

Explica que desde el primer momento la gestión de la nueva directiva electoral ha estado plagada de errores, comenzando por su propia designación, que fue realizada por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), afín al régimen de Nicolás Maduro, y no por la Asamblea Nacional (AN).

Asegura que no existe razón alguna para la postura asumida por el TSJ pues el Parlamento ya había iniciado el proceso para la selección de los nuevos miembros de la directiva del CNE. 

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La razón por la cual la Constitución establece que el CNE debe ser nombrado por la AN con las dos terceras partes de sus integrantes es porque se requiere el más amplio consenso social y político para la designación del árbitro». Andrés Caleca

Caleca indica que esta forma de actuar representa un franco retroceso en el proceso de selección de la directiva de cuando presidió el CNE en 1997. Recuerda que tanto él como el resto de los integrantes del organismo fueron escogidos con el aval de las dos terceras partes del entonces Congreso de la República, tal y como lo establecía la recién promulgada Ley Orgánica del Sufragio.

Explica que durante su gestión en el CNE, el presidente del poder Electoral era seleccionado mediante una votación realizada por los propios rectores principales. Otro aspecto que destaca es la condición independiente de sus miembros pues tal y como establece la Constitución, los mismos deben ser figuras carentes de cualquier tipo de militancia política. Esto con el fin de garantizar su imparcialidad en la toma de decisiones.

“Entendiendo por independientes de toda militancia política que no hubiesen militado políticamente en ninguna organización por lo menos en los últimos siete años de su vida pública”, detalla.

Afirma que anteriormente los partidos políticos contaban con representación permanente en el ente electoral, la cual tenía derecho a voz durante las reuniones llevadas a cabo en el organismo.

“Por si fuera poco había un set de prensa permanente en el CNE, donde la información se daba de inmediato, al salir de cualquier reunión. El presidente o el vicepresidente del Consejo salían a informar lo que se había tratado”, agrega.

Lamenta que esa forma de trabajar haya sido pisoteada y dejada de lado por el chavismo durante los últimos 20 años, en su afán de convertir el CNE en un organismo que les beneficie. 

Comenta que la segunda decisión asumida por la nueva directiva fue la de fijar un cronograma electoral —con el 6 de diciembre como fecha para la realización de elecciones parlamentarias— actuación que contraría los principios de la propia Carta Magna.

Una muestra de este proceder fueron las circunstancias que rodearon la adquisición de máquinas electorales de la empresa Smartmatic. Asegura que hasta el momento se desconoce la inversión de la nación para su compra.

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En términos administrativos el CNE hasta el sol de hoy, se ha convertido en una caja negra al servicio del régimen”, sentencia.

Cascarón vacío

Llevar a cabo unas elecciones como las que fueron convocadas por el nuevo CNE para el 6 de diciembre requieren un andamiaje institucional y una capacidad operativa que —a juicio de Caleca— no existe en la actualidad.

Indica que anteriormente existía un proceso natural mediante el cual el personal con mayor tiempo de permanencia en la institución se encargaba de formar a quienes debían relevarlos con el paso del tiempo. Sin embargo, dicha cadena se rompió debido a que los trabajadores con experiencia paulatinamente fueron jubilados o despedidos y quienes ingresaban al CNE y estaban llamados a ser sus reemplazos solo lo hacían por estar a favor del régimen.

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El chavismo se ha encargado durante estos últimos 20 años de desmantelar el personal altamente calificado que existía en el poder electoral. Ya no existe la burocracia que se había formado en la institución y que sabía cómo funcionaba el CNE”. Andrés Caleca

Apunta que de cara a los comicios la única forma de recuperar parte de ese personal calificado sería llamando a los trabajadores que fueron jubilados de forma prematura o despedidos para que ellos “en tiempo record” formen a nuevos funcionarios.

No obstante, asegura que los menos de 150 días que restan para que se materialicen las elecciones son un tiempo insuficiente para que estos pueden aprender los procesos internos del organismo.

Falta de tiempo

Otro proceso para el cual sostiene que no existe tiempo suficiente es el inherente a las actividades contenidas en el cronograma electoral, que entre otras cosas incluye la inscripción de nuevos votantes y la actualización de datos.

“Todo eso hay que hacerlo, supuestamente, en 15 días según el cronograma que aprobaron los nuevos rectores. Eso es absurdo y no lo van a poder hacer”, dice de forma enfática.

Caleca señala que la opción ideal para crear confianza en la población sería la de crear un nuevo registro electoral, sin embargo ello requeriría de al menos dos o tres años. Pese a esto sostiene que en el futuro esto tendrá que hacerse para depurar la data que existe actualmente y poder saber con exactitud cuántas personas están habilitadas para votar.

Explica que el motivo por el cual es imperativa la depuración es debido al aumento desproporcionado en el registro desde que llegó el chavismo al poder. Dice que en 1997 la cifra de personas habilitadas para votar era de 13.000.000, número que en el transcurso de poco más de dos décadas se elevó a 24.000.000.

Afirma que esos números no se corresponden con la realidad pues el propio Instituto Nacional de Estadística (INE) asegura que el censo en el país es de 30.000.000 de personas. Ello implicaría que los habilitados para votar representan más de las dos terceras partes de la población situación que solo ocurre en los países desarrollados y no se corresponde con la realidad de Latinoamérica.

Aunado a la falta de tiempo para llevar a cabo este proceso antes del 6 de diciembre, se encuentra la problemática de la falta de equipos automatizados para realizar la elección. Recuerda que en el incendio ocurrido en el mes de marzo en los galpones del CNE ubicados en Filas de Mariche se destruyó gran parte de la maquinaria electoral.

Indica que según las propias declaraciones de la entonces presidente del CNE, Tibisay Lucena, de las 42.000 máquinas con las que contaba el organismo tan solo se pudieron rescatar unas 520, cantidad insuficiente para realizar cualquier tipo de elección.

Con el objetivo de solventar este déficit de equipos el vicepresidente del CNE, Rafael Simón Jiménez, aseguró que esperan el arribo al país de 15.000 máquinas de votación. Este procedimiento plantea una serie de interrogantes según Caleca, tales como: ¿Cuál es el costo de los equipos? ¿Cuándo se realizó un proceso de licitación? ¿Cuál es el nombre del fabricante de las máquinas?, entre muchas otras.

Incluso en el caso de que los equipos llegasen al país a tiempo y su software pasara las auditorias pertinentes, estos serían insuficientes para realizar la elección parlamentaria tomando como referencia la realizada en el año 2015.

“15.000 máquinas alcanzan escasamente para emplear una máquina por centro de votación. No una máquina por mesa electoral, porque hay 33.000 mesas electorales”, comenta.

Añade que dicha compra tampoco permitiría tener un parque de máquinas de reserva tal y como se ha venido realizando en las anteriores elecciones para solventar cualquier eventualidad.

Otra opción es realizar la votación de forma manual, escenario que ha sido descartado por el CNE según palabras de su vicepresidente. Caleca plantea que debido a lo complejo de realizar una elección parlamentaria esta alternativa sería incluso más complicada.

“Son por lo menos 300 elecciones distintas que van a  haber en el territorio nacional, para poder elegir a los 277 representantes que estos rectores dijeron que hay que elegir”, señala.

De producirse unas elecciones similares a las realizadas en 2015 donde se emplearon casi 33.000 mesas electorales, serían necesario un personal electoral cercano a las 100.000 personas el cual tendría que ser entrenado situación que a su juicio es poco factible que logre concretarse. 

Coronavirus

A toda esta serie de trabas que dificultan la realización del proceso electoral se suma un factor incluso más complejo que hasta hace pocos meses no podía ser pronosticado como lo es la pandemia generada por el covid-19.

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Estos cinco meses de acuerdo a todas las previsiones de los científicos sociales y naturales es el lapso donde el coronavirus va a llegar a su pico en Venezuela. De acuerdo a la forma como se ha venido desarrollando el contagio”. Andrés Caleca

Dice que en esas condiciones movilizar a las casi 100.000 personas que se requerirían para realizar las elecciones serían un acto de irresponsabilidad sin precedentes. Afirma que ello podría acarrear un alto riesgo de contagio incrementando así la cantidad de casos en el país que a este sábado 10 de julio es de 8.803.

Considera que a menos que desde el régimen se opte por hacer una “mamarrachada” como las elecciones de la asamblea nacional constituyente en la que no hubo testigos y los centros de votación fueron unificados, estas no podrán realizarse.

“No será posible hacer unas elecciones mínimamente confiables que le sirvan al país para algo”, asevera.

Cree que por todos estos motivos no es viable realizar un proceso electoral tal y como fue convocado por la nueva directiva del CNE pues no solamente se carece de los recursos para realizarlo, sino que de llegar a producirse se pondría en riesgo la vida de miles de venezolanos.

Es por ello que no descarta que previo a la fecha de los comicios, o incluso el propio día, se anuncie la suspensión de los mismos. Afirma que de concretarse, este sería el mejor escenario pues en caso contrario se produciría una “chapuza” que de la que ni siquiera el régimen podría beneficiarse.

Cinco meses restan para las elecciones parlamentarias y en este momento son más las incógnitas que las certezas sobre la realización del proceso.

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