• Cada día hay mayor interés por producir prendas atemporales, únicas y de calidad. El ecodiseño no es una tendencia, sino un estilo que llegó para quedarse

La moda sustentable no es una tendencia ni una imposición de la industria. Es una necesidad de crear piezas con conciencia, adaptadas a las necesidades de la gente y con alto sentido de preservación ambiental.

Atrás quedaron las colecciones en serie, casi semanales, que hacían los grandes almacenes distribuidores de prendas de vestir y que se conoce como Fast Fashion

Un mayor volumen de producción genera altísimos niveles de contaminación, porque obliga a las cadenas a generar mercancía por grandes lotes; lo que requiere cada vez más personas dedicadas a la fabricación de vestidos, jeans y camisas en condiciones de trabajo deplorables.

El cambio de paradigma en la industria, el uso de materiales reciclados y la restauración de prendas para darles segunda oportunidad son solo algunos de los elementos de un movimiento social que a diario consigue más seguidores. No solo entre los compradores, sino también entre los diseñadores.

Los modistas ven en la llamada moda ecológica o Slow Fashion una oportunidad para impulsar la creatividad a través de piezas hechas con prendas usadas. Así, vestidos, chaquetas de jeans o faldas se transforman en crop tops, blusas o en cualquier nuevo elemento trabajado por el diseñador y su equipo.

Planificación estratégica

La también llamada moda saludable se fundamenta en el uso de los tejidos y diseños atemporales, que permitan al cliente usarlos por muchos años. Sin caer en la provocación de la compra compulsiva de vestuario que luego vaya a parar a la cesta de basura.

Contrario a lo que muchos puedan pensar, quien se dedique a esta actividad también tiene que adaptar su taller de costura y capacitar al personal para que haga uso correcto de los elementos a transformar. 

Cada pieza es única, porque otro de los elementos diferenciadores del ecodiseño es que no produce de forma masiva, de manera que quien opte por él no verá su prenda en ninguna tienda. 

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En Venezuela, el movimiento de moda sostenible tiene exponentes. Aunque la crisis contribuyó con su rápido ascenso debido a los altos costos de la ropa nueva, también hay personas que entregan piezas que tenían guardadas por años en el clóset o que pertenecieron a un familiar y lo adaptan a un nuevo elemento.

La diseñadora de modas y directora creativa de la marca Sanoja, Diana Sanoja, desarrolló su pasión por la costura cuando era una niña y tuvo en su madre a la mejor maestra. 

Creció con el sonido de la máquina de coser, ese que la llevó a dedicarse al mundo del fashion cuando apenas era una estudiante del Instituto Universitario Monseñor de Talavera, en Maracaibo, estado Zulia.

Se declara apasionada de la moda sustentable por los beneficios que trae para la sociedad. “Para producir unos jeans se necesitan entre 7.000 y 10.000 litros de agua. Este movimiento ya empezó a despertar a la gente y ahora es común que pregunten sobre el origen de la prenda, materiales y cómo se confeccionó”, detalló Sanoja para El Diario.

Precisó que la Organización de Naciones Unidas (ONU) firmó un acuerdo con las grandes casas de moda del mundo para que, en 2050, las marcas sean 100% sustentables.

Apuntó que el periodo de cuarentena sirvió para que las casas Dior y Dolce & Gabbana, entre otras, diseñaran colecciones a partir de textiles empleados en temporadas pasadas.

Yo no le veo contras a esta práctica. Me parece que las marcas que no renueven su concepto van a comenzar a desaparecer”, agregó.

Con respecto a la moda local, detalló que en Venezuela es un reto por la calidad de algunos textiles. Sin embargo, los modistas asumieron esta etapa para adentrarse en la elaboración de nuevos patrones, identificar el proceso y conocer el sistema de producción hasta llegar a la creación de las piezas.

“No considero que trabajar con moda sustentable pueda ser calificado como trabajo informal. Esto no es improvisado, tenemos años de estudio, pero además hay dos aspectos importantes: requiere más tiempo y más inversión creativa”, apuntó Sanoja.

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La especialista en elaboración de chaquetas de jeans recomendó no comprar por impulso, sino desde la necesidad real. 

“Invierte en piezas que no vayas a conseguir en ninguna otra parte. Lo bonito de la moda ecológica es que las personas traen consigo prendas que pertenecieron a familiares y eso le da un valor emocional agregado”, indicó.

La adolescente que restaura vestuario

La joven Alexandra Hevia era estudiante de quinto año de bachillerato en el liceo Carlos Soublette, en Caracas, cuando se decretó la cuarentena por los primeros casos de coronavirus en el país.

Su madre, dedicada a la costura, elaboró tapabocas como un emprendimiento y así garantizar sustento en el hogar. Anteriormente, ya había confeccionado pañales de tela, cuando existía la escasez de estos productos en los anaqueles venezolanos.

La joven, que cumplió 17 años de edad el 4 de noviembre, le colaboraba, mientras aprendía trucos con la máquina de coser. Un día se le ocurrió rediseñar una prenda usada y así empezó un negocio que le arrojó buenos frutos.

Le agarré el gusto a la máquina, a imaginarme prendas. Desarrollé habilidades y mis amigos empezaron a recomendarme después de transformarles sus piezas. Empecé en un grupo de Facebook llamado ‘Todo a un dólar’ y a partir de allí empecé a tener nuevos clientes”, recordó para El Diario.

Precisó que lo más pedidos son los crop tops. “No tengo patrones. Le tomo las medidas a las clientas y analizo la estructura de la prenda a transformar. Estoy muy feliz porque esto me ha servido como apoyo económico”, expresó.

Confesó que desea estudiar Psicología, pero mientras llega ese momento, se inscribirá en un curso de costura. “La moda sustentable es una gran oportunidad para muchos, se le puede sacar provecho”, concluyó.

“Hay que pensar en la calidad y durabilidad de la prenda”

La periodista y asesora de moda Melissa Zavala es una referente en cuanto a buen vestir e incorporación de piezas que resalten la figura, el color de piel y la personalidad de sus clientes.

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Es defensora de la moda lenta, como prefiere llamarla, porque resalta el estilo personal de cada cliente. Agregó que más que seguir tendencias, la gente debe pensar en la calidad y durabilidad de las piezas.

“Comprar de forma consciente es lo mejor. Como asesora de modas me gusta  trabajar bajo las premisas de optimizar y maximizar las características personales, con prendas favorecedoras. Mientras más lenta sea la moda, mejor”, detalló para El Diario.

Subrayó que el mundo del fashion genera niveles preocupantes de esclavitud. “En Vietnam, Bangladesh, por mencionar dos países, 70% de las mujeres que trabajan en talleres son sometidas a maltrato y explotación. Con largas jornadas de trabajo por un dólar diario”, dijo.

Sobre el impacto en el medio ambiente, Zavala enfatizó que muchas prendas en desuso terminan en el mar. “Por ejemplo, en Europa, los habitantes de los países de ese continente suelen consumir mariscos y otros productos del mar. Según estudios recientes, una  persona ingiere al menos 11.000 micropartículas de plástico al año”, resaltó.

Zavala, quien dicta la certificación internacional Moda consciente, destacó que otra manera de preservar el ambiente está en el lavado de la ropa. “Usar detergente líquido y no en polvo, emplear suavizantes, lavar a baja temperaturas, evitar el uso de secadoras y no comprar ropa de materiales sintéticos”.

Cambiar la forma de vestir requiere tiempo y conocimientos; pero los interesados pueden hacerlo con una simple iniciativa: revisar la etiqueta del producto, constatar el tipo de tela, procedencia de la prenda y evaluar si servirá o no para estar varios años en el armario.

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