• Quienes por distintas razones optan por una dieta estricta, basada en vegetales y hortalizas, confiesan que invierten en un mercado, sin proteína de origen animal, 300 dólares en promedio mensual 

Al menos desde los últimos cinco años, la alimentación de los venezolanos se ha visto severamente comprometida por el déficit del poder adquisitivo. Además de la escasez de algunos alimentos por la contracción de la producción nacional y los estragos de la economía actual. 

Hasta finales del año 2020 la Canasta Alimentaria en Venezuela representaba un costo de aproximadamente 204,59 dólares al tipo de cambio promedio del Banco Central de Venezuela (BCV), en diciembre.

Con un sueldo mínimo que no llega a los dos dólares, se hace cada vez más frecuente reducir las porciones de proteína en el plato, o incluso las comidas al día. En mercados populares se encuentra el cartón de huevos (30 unidades) en al menos dos dólares; un kilo de carne cuesta más de cuatro dólares y el de pescado vale 6 dólares, en promedio. 

Foto cortesía

Hay quienes, incluso, por la misma situación, han suprimido por completo, casi de forma obligada por el bolsillo, dichas proteínas. Incluyendo el pollo. 

Por el contrario, también existe un grupo de venezolanos que, de forma voluntaria, han decidido suprimir los alimentos de origen animal y alinearse al veganismo. Esto por razones morales, éticas, o por el mero compromiso de mantener lo que consideran una dieta más sana.

Actualmente, según cifras que maneja Nixa Martínez, presidenta del Colegio de Nutricionistas de Venezuela, se estima que la población venezolana dedicada al veganismo supera el 10%.

“El número de personas venezolanas veganas está aumentando cada día y lo hace por la misma situación económica y por las limitantes que ahora tiene en comparación con lo que comía antes”, asegura Martínez.

¿Qué es ser vegano?

El término vegano proviene del inglés vegan, y se acuñó en 1944, cuando el activista Donald Watson cofundó en Inglaterra The Vegan Society (La Sociedad Vegana), en referencia a vegetarianos que no ingerían ni derivados lácteos ni huevos. A través de los años han surgido categorías que se distinguen unas de otras. Pero en líneas generales, los veganos son quienes no consumen ningún alimento proveniente de los animales e incluso no visten o usan productos que hayan sido elaborados con materiales de origen animal. 

Las fuentes principales de alimentos de un vegano son las frutas, los vegetales, los granos y cereales, las legumbres y los frutos secos. En ese sentido, tanto especialistas como veganos, coinciden en que se trata de una dieta, paradójicamente, más costosa que una dieta tradicional. 

El veganismo en Venezuela es totalmente cuesta arriba por el tipo de educación que existe en el país, ya que a la mayoría de la gente le gusta la comida que tiene carne. No es una dieta basada solamente en vegetales o basada en vegetales con granos. El otro inconveniente es que la comida vegana, e inclusive la vegetariana, se estila a un target un poco más alto de quienes perciben un sueldo mínimo”, señala para El Diario Manuel Davoin, de 36 años de edad, quien en 2016 inició un emprendimiento de comida vegana en Caracas.

En su caso, según explica, primero fue vegetariano (es decir, comía huevos y derivados lácteos pese a que no comía alimentos derivados de origen animal) y luego pasó a una dieta más estricta, al convertirse en vegano durante cinco años. Un accidente que tuvo  con su bicicleta le dejó sin memoria reciente y le obligó a alterar sus hábitos.

Foto cortesía

“Para ser vegano debes comer comida al día, preparada al momento. Todo debe estar fresco al 100%. Porque necesitas los mejores nutrientes y las mejores herramientas con la comida y con la bebida. Al ser vegano necesitas dedicarle un gran porcentaje de tu tiempo a la cocina. Eso ya no es habitual a mi estilo y ritmo de vida. Sin embargo, ahorita tengo una dieta basada en vegetales y carnes en un porcentaje 60/40”, precisa.

La nutricionista Rosisella Puglisi explica para El Diario que “el origen real del veganismo se basa en las religiones hinduistas y la creencia religiosa de que algunos animales son sagrados porque son Dios, y por la creencia de que sus seres queridos difuntos reencarnan en animales que pudieran estar comiendo. En Venezuela, como en los países occidentales, es más por la tendencia y la moda; no por religión, otros por la protección animal”, advierte la licenciada.

Para Puglisi, en el caso de Venezuela, el veganismo se introdujo en el momento que aumentaron algunas modas hinduistas. A su juicio, “los más propensos a seguir esas dietas son venezolanos que realizan prácticas de yogas, meditaciones, new age, reiki, etc”. 

¿Más barato?

Los hábitos alimenticios del venezolano, en pequeña o gran medida, han cambiado. Con ellos también los precios de los productos que, casi de forma diaria, fluctúan como consecuencia de una acelerada hiperinflación.

La mayoría de recetas veganas utilizan alimentos como leche de almendras (que en el mercado venezolano se consigue en aproximadamente $3), harina de almendras (20$), pasta sin gluten ($3), queso de cabra o mozarella libre de lácteos ($4 cada 100 gramos, aproximadamente), quinoa ($18 la presentación de dos kilos), aceite de oliva ($15 en promedio), y frutos secos que oscilan entre $5 y $10, según la cantidad de gramos.

Vegetales como champiñones que, por ejemplo, en Colombia se adquieren a un costo de unos dos dólares aproximadamente, en Caracas se consiguen, en el mercado de Quinta Crespo, cinco veces más costosos: $10 el kilo.

Ser vegano en Venezuela es bastante cuesta arriba. Lamentándolo mucho, los alimentos son más costosos que los tradicionales, bien sea por el bajo nivel adquisitivo o porque, además, la mayoría de los productos son importados”, resalta la doctora Martínez.
Foto: EFE

En ello coincide Natasha Carreño, quien aunque no se considera vegana asegura que sí apuesta por mantener una alimentación sana.

“Soy de las que toma algunos elementos de la dieta vegana para incluirlos dentro de mi alimentación, como por ejemplo priorizar verduras y hortalizas. En un mercado que incluya todos los alimentos de mi rutina alimenticia, variada la compra, puedo invertir entre 250 y 350 dólares, aproximadamente. Incluyendo algunos productos, vegetales y hortalizas y sin incluir mayores proteínas”, explica para El Diario.

“Actualmente creo que no hay opciones para comer saludablemente en Venezuela, sobre todo por el costo y la disponibilidad de los alimentos. Aunque la oferta ha crecido en los últimos años siguen siendo muy caros, comparados con los precios de afuera.  La alternativa que recientemente utilicé para adquirir productos saludables es mandarlos a traer por mi cuenta desde el exterior porque de esa forma he notado que es mucho más económico y que así yo puedo elegir realmente lo que quiero y lo que necesito. El ahorro no es mucho. Pero la ventaja es que sí puedo elegir los alimentos y no me limito a la oferta que puedan tener aquí ciertos bodegones o algunos supermercados”, agrega. 

La oferta

Aunque en el país la oferta de restaurantes netamente veganos es reducida, en redes sociales, y bajo la modalidad del reparto a domicilio, las opciones de dulces y platos veganos es un poco más variada. Incluso cada vez va cobrando un poco más de espacio físico en algunos anaqueles y bodegones.

Foto cortesía

Así, poco a poco se divisan algunos helados elaborados con leche de almendras y leche de coco como los de la Heladería Vegan Fruit; y algunas recetas sin ingredientes de origen animal ni lácteos ni trigo ni huevos, como los que ofrece la marca Como pa´mi; o, inclusive, la variedad de quesos y yogurts orgánicos que ofrece Mereketé.

No obstante, tanto la doctora Martínez como Puglissi advierten que, pese a que el veganismo ofrece ventajas como un consumo menor de colesterol y una mejor función renal y hepática, su estricta dieta crea carencias de vitamina b12,  hierro, ácido fólico, provocando anemia ferropénica, así como también contribuye a la pérdida de masa magra. En ese sentido, explican, es recomendable complementar la nutrición con vitaminas y suplementos.

Advierten, además, que no es recomendable inculcar esta práctica en los niños.

“Las personas adultas cuando toman este tipo de medidas o cambian su ritmo de vida no les afecta tanto; ya tienen sus reservas en el organismo. Pero los niños sí nos preocupan porque se están formando y si les hacemos este tipo de limitación se ven afectados en su desarrollo y crecimiento”, sentencia Martínez.

Noticias relacionadas