• Economistas consultados explican que las condiciones de la economía no permiten avizorar una estabilización del tipo de cambio. Proyectan que el dólar seguirá siendo una presencia incómoda para el régimen, pero indispensable frente a la debacle del bolívar. Foto: EFE

El mega apagón de marzo de 2019 terminó por dar rienda suelta al uso del dólar “criminal”, como lo calificaba Nicolás Maduro, y que como un secreto a voces ya circulaba silente en la economía. En la actualidad, no hay venezolano que no ponga el ojo a diario en el destino de esta divisa y que se alarme con la imparable tendencia al alza, que supone un deterioro, sin tregua, de su mermado poder adquisitivo.

Los preocupantes pronósticos que se manejan sobre el precio del dólar para el cierre de 2021 evidencian la inestabilidad que se espera en el mercado cambiario. Los escenarios oscilan entre proyecciones mínimas de alrededor de 10 millones y máximas que alcanzan 17 millones de bolívares por dólar en diciembre.

Estos números indican que la variación del precio del dólar en el mercado paralelo podría oscilar, en términos interanuales, entre 873% y 1.554% en 2021. Y aunque son cifras que pueden resultar alarmantes, no se parecen a los incrementos de 7.708% en 2019 y 2.395% en 2020.

En realidad, el mercado cambiario es una verdadera caja negra, de la cual el único dato que se conoce es el precio. Para tener una idea clara de por qué se producen las fluctuaciones, a veces erráticas, no se dispone de datos claves, como las cantidades negociadas o los montos del circulante en divisas en la economía.

Extraoficialmente, economistas sostienen que en Venezuela circulan actualmente alrededor de 2.300 millones de dólares. Es una cifra ínfima si se compara con el ingreso petrolero bruto obtenido por PDVSA entre 2008 a 2012, que llegó a promedios históricos de más de 100.000 millones de dólares anuales.

Probablemente, al término de 2021, el total de dólares depositados en la banca alcanzaría a más de 70% del total de las captaciones. Asdrúbal Oliveros, socio director de Ecoanalítica, dijo a El Diario que la estimación de la consultora apunta que, igualmente, 71% de las transacciones en la economía se realizará en moneda extranjera al final del año.

El único referente más o menos claro del tamaño del mercado cambiario proviene de la banca. Fuentes del sector consultadas por El Diario precisan que en las mesas cambiarias se compran y se venden entre 90 y 110 millones de dólares al mes.

Todos estos números revelan, en términos muy concretos, el deterioro casi absoluto del bolívar como moneda. No obstante, el régimen mantiene una política expansiva de la emisión de dinero devaluado para financiar el gasto público y a empresas públicas no financieras, básicamente a PDVSA, cuyo funcionamiento operativo depende de los recursos que recibe del Banco Central de Venezuela (BCV).

Esta práctica mantiene encendida a la hiperinflación en el país, mientras el salario de los venezolanos se pulveriza en términos de segundos; de hecho, la pandemia de covid-19 terminó, en buena medida, por acelerar la emisión de dinero. De manera que el circulante (dinero en poder de la gente) llegó al monto récord de 1.488 billones de bolívares, al corte semanal del 21 de mayo.

Sin embargo, expresada en dólares oficiales, la liquidez monetaria se ubica en 489 millones de dólares, una cifra que equivale a 56% de los depósitos bancarios en divisas y apenas 21,3% del total de divisas que, se estima, circulan en Venezuela. Una muestra palmaria de la pérdida de valor del bolívar.

¿Por qué el dólar es y será imparable?

El economista y exministro Víctor Álvarez, en declaraciones a El Diario, resume los elementos del problema. “Es previsible que las tasas de cambio, tanto la oficial como la paralela, sigan subiendo sin límites; en primer lugar, por la escasez de divisas. Hay que recordar que las exportaciones petroleras aportaban 96% de las divisas que entraban al país. Ya sabemos cuál es la situación de la industria petrolera en la actualidad. El país pasó de producir poco más de 3.300.000 de barriles diarios a menos de 500.000. Y los precios no son los mismos, y eso nos marca una situación de escasez de divisas”.

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Oliveros, en declaraciones a El Diario, coincide con Álvarez, pero añade un elemento coyuntural relevante al análisis: la próxima megaelección regional y local de noviembre que, en su opinión, será el factor determinante para saber si el dólar subirá de manera contenida o podría dispararse en el tercer y cuarto trimestre del año.

Históricamente, durante los periodos electorales, el gasto público se incrementa aceleradamente. Pero hay que ver si existen los incentivos para que el régimen de Nicolás Maduro vaya en esa línea ante una oposición política dividida y unas perspectivas de abstención elevadas; aunque este es un factor que podría cambiar.

¿Y qué está haciendo el BCV?

Asdrúbal Oliveros, socio director de Ecoanalítica, explica que, ante la precariedad financiera del gobierno, el BCV tiene solo tres herramientas para hacer política cambiaria: controlar la emisión de dinero circulante, mantener restringido el encaje legal bancario e inyectar divisas en efectivo a las mesas cambiarias del sistema bancario.

El Ejecutivo, durante el primer trimestre de 2020, inició una política de restricción en la emisión de dinero circulante, pero la llegada del covid-19 al país puso presión sobre el gasto. Obligó a incrementar la periodicidad de los subsidios, entre otras erogaciones, e impactó duramente a la tributación interna, por menores entradas por IVA e Impuesto sobre la Renta.

Por otra parte, la autoridad monetaria mantiene un coeficiente de encaje legal bancario de 85%. Lo que significa que los bancos deben congelar, en sus cuentas en el BCV, 85 bolívares de cada 100 que reciben en depósitos.

Básicamente, el encaje legal lo que hace es retener liquidez a la banca. Por lo tanto, la deja sin recursos suficientes para el otorgamiento de créditos. Una limitación que atenta contra el crecimiento de la economía, pero que disminuye el volumen de bolívares disponibles. Lo que en teoría debe reducir la inflación, indicó el economista César Aristimuño, especialista en el sector bancario.

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Además, con el encaje legal el régimen le quita recursos al crédito productivo para desviarlos a bonos y subsidios. Y también deja sin efectivo a la población que requiere bolívares para el pago de servicios como el transporte público, coinciden analistas consultados.

Las intervenciones cambiarias se producen cuando el BCV decide vender a los bancos divisas en efectivo. Las cuales deben ser colocadas en el mercado por los bancos en un plazo perentorio que establece la autoridad emisora.

En promedio, la consultora Aristimuño Herrera & Asociados estimó que el BCV inyecta a la banca alrededor de 75 millones de dólares mensuales, lo que sugiere que el mercado bancario puede ser más grande de lo que parece; sin embargo, en el último trimestre, esta estrategia se intensificó con agresivas inyecciones de hasta 100 millones de dólares al mes.

“Estas inyecciones, en función de su tamaño y regularidad, afectan al precio del dólar,. Tenemos un mercado muy sensible y atomizado que tiende a sobrerreaccionar ante cualquier cambio. Es una política reactiva, porque no viene acompañada de otras medidas más de fondo”, explica Asdrúbal Oliveros.

Casi que cada economista calcula su propio tipo de cambio de equilibrio, que es un indicador teórico de cuál debería ser el precio de la divisa si su valor evolucionara de manera directamente proporcional a la marcha de la inflación.

En este momento, ese valor supera los 4 millones de bolívares por dólar. Lo que deja margen para que el mercado suba. Pero el régimen, a través del BCV, insiste en mantener un tipo de cambio apreciado, por debajo del que debería ser su precio real.

Este juego del Ejecutivo sirve para contener el avance de los precios en bolívares, especialmente en ciertos rubros básicos, como alimentos y medicinas.

Para Asdrúbal Oliveros, esta apreciación “tiene sentido para el gobierno, porque funciona como una estrategia antiinflacionaria. Ya que hace que el producto importado sea más barato que el local y que ese incremento del tipo de cambio y la devaluación no se trasladen a los precios, lo que contiene un poco la inflación”.

Por lo pronto, es lo único que tiene a la mano, dice el economista. “La inflación, aunque es equivalente a la mitad del año pasado. Sigue siendo extremadamente elevada para los estándares internacionales, e incluso para los estándares históricos de Venezuela. Esta respuesta sigue siendo limitada y, por supuesto, no tiene ningún efecto en la recuperación del poder de compra”, concluye.

Víctor Álvarez expresó a El Diario una opinión diferente: “la apreciación del tipo de cambio no tiene mucho sentido. Porque hace que se abaraten las importaciones, las cuales, de paso, se están haciendo sin aranceles. Eso frena la producción nacional, le hace daño al aparato productivo interno”.

Hay un efecto contradictorio que se ejerce en la formación de precios, porque con una mano se frena el avance de los precios con las importaciones baratas, pero con la otra se desquicia la inflación con un incremento constante de la emisión monetaria. Lo cierto es que en los mercados de consumo siguen presentándose problemas de escasez. El efecto neto sobre los precios es negativo, porque la presión que se ejerce con la emisión monetaria es mayor”, añade de forma concluyente.

El bolívar no desaparecerá, pero no estará solo

Los economistas consultados coinciden en que es muy difícil, al menos en un plazo mediano, que el régimen logre recuperar la antigua solidez del bolívar. Si no fuera por razones políticas e ideológicas que imponen mantener la circulación de la histórica moneda venezolana, los expertos creen que desaparecería como un dinosaurio en medio de la digitalización de la economía.

Nuevo billete de Bs. 200 mil que se incorpora al Cono Monetario vigente
Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

En consecuencia, el escenario monetario más probable para Venezuela es un entorno multimoneda, donde el bolívar sea un actor más con algunas ventajas institucionales.

“Es importante y no descabellado que, en un entorno con un manejo responsable y diferente de la política económica, el Estado tenga una moneda propia. Independientemente del nombre, pero la dolarización no va a desaparecer, lo que va a ocurrir es que vamos a un entorno multimoneda”, sostiene Asdrúbal Oliveros.

Álvarez, por su parte, sostiene que: “la dolarización de facto va a continuar y el porcentaje será cada vez mayor, porque el circulante en dólares está aumentando progresivamente. En consecuencia, las empresas no pueden seguir guardando esas divisas en sus cajas fuertes, o las personas debajo de sus colchones. Esa dolarización transaccional va a presionar para que se produzca una dolarización financiera parcial. Para permitir que ese torrente de dólares pueda ser utilizado por la banca para el financiamiento de la producción y el consumo”.

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