• La medida permitiría evadir las sanciones impuestas por Estados Unidos que impiden a Pdvsa comprar combustible en el extranjero para el consumo interno del país

Venezuela vive, desde hace al menos seis años, un problema de escasez de gasolina cuya explicación puede resultar complicada debido a que pese a contar con las mayores reservas de petróleo del planeta, sus ciudadanos deben hacer malabares para conseguir combustible.

Esta problemática ha llegado a su punto más álgido este mes de abril, pues a la disminución de la producción petrolera —y por ende de la capacidad refinadora de crudo—, se suman otros dos factores como lo son la pandemia de Covid-19 y la negativa de los principales productores del mundo de vender gasolina a Petróleos de Venezuela (Pdvsa) debido a las sanciones impuestas por Estados Unidos.

Ante esta situación, diversos expertos han planteado la posibilidad de que el régimen de Nicolás Maduro intente eludir las sanciones —que dificultan tanto la exportación como la importación de petróleo y sus derivados— al poner en manos privadas la adquisición, traslado, y distribución del combustible que se necesita en el país.

Rafael Quiroz, experto petrolero y profesor universitario, considera que una medida de este tipo si bien serviría para disminuir la escasez de combustible que sufre el país, tan solo sería una solución de carácter coyuntural. 

Argumenta que de esta manera no se atacarían los factores estructurales que han conducido a Venezuela a depender de las importaciones para poder satisfacer el consumo interno.

El economista comenta para El Diario que intentar solucionar los problemas energéticos que existen en Venezuela a través de las importaciones es un error, pues el foco del gobierno debería ser el de reactivar la industria para que se pueda producir todo el petróleo necesario para su refinamiento.

Señala que existen al menos dos vías por las cuales podría llevarse a cabo dicha privatización como lo pueden ser el denominado “modelo bodegón” o a través de la creación de franquicias de estaciones de servicio.

Mediante la primera modalidad podrían producirse una serie de incentivos, al igual que ocurre en los bodegones, tales como la eliminación de impuestos, aranceles y trámites aduaneros. En el segundo caso, y que considera más factible, es la otorgación de estaciones de servicio bajo el formato de franquicias, de forma similar a como opera Citgo, la filial de Pdvsa en Estados Unidos.

Quiroz apunta que de optarse por cualquiera de estos modelos de privatización sería imprescindible ajustar los precios de la gasolina al nivel de los estándares internacionales, es decir, aproximadamente 50 centavos de dólar por litro. Esto permitiría cubrir los costos de transporte y distribución, además de permitir un margen de ganancia.

Ningún empresario privado va a traer gasolina para regalarla o venderla a precios que le generen pérdida, eso sería una locura” Rafael Quiroz

De acuerdo con el economista, el hecho de que los precios de la gasolina en el país se equiparen al de otras naciones serviría para terminar con la política de subsidio aplicada por el gobierno desde hace años, la cual ha ocasionado pérdidas mil millonarias para la nación. 

El aumento del precio también permitiría crear conciencia en la población acerca del valor real del combustible.

Anclados al pasado. El último aumento del precio de la gasolina fue aprobado en el año 2016 por Nicolás Maduro.

“Pdvsa no puede seguir regalando gasolina. El año pasado este subsidio nos costó más de 10.000 millones de dólares, adicionalmente de una pérdida por costo de oportunidad de casi 16.000 millones de dólares”, comenta el economista.

Quiroz apunta que el actual problema de escasez de combustible en el país obedece a que solo se están produciendo 60.000 de los 180.000 barriles diarios (b/d) de gasolina que se necesitan para surtir las 1.575 estaciones de servicio que existen y así garantizar el consumo interno. 

Detalla que para el área metropolitana de Caracas se destina poco más de la mitad de lo producido con casi 35.000 barriles, mientras que otra parte es enviada a Petrocaribe debido a acuerdos suscritos en el año 2000.

Si no tenemos gasolina para nosotros, ¿cómo vamos a estar enviándole a otros países? Eso es una incongruencia”, expresa.

Para el experto, la actual producción de gasolina es cuando menos dramática, pues los 60.000 b/d que se están refinando actualmente, representan menos de 10% de la capacidad instalada en el país la cual es de 1.300.000 b/d.

Mercado negro. Debido a la escasez, un litro de gasolina puede llegar a costar hasta 2 dólares en Venezuela.

Quiroz es tajante al afirmar que si bien las sanciones han tenido un impacto significativo en la producción tanto de petróleo como de combustible, sería una mentira —tal y como se hace ver desde el régimen— señalar que las medidas asumidas por la administración de Donald Trump son las causantes de la precaria situación en la que se encuentra la industria petrolera venezolana. 

Explica que la caída de la producción que se ha registrado en el país inició en el año 2004, mientras que las sanciones han estado en efecto desde hace tan solo 15 meses. 

Canibalización

Con el objetivo de recuperar parte de la producción que se ha perdido durante los últimos años —entre otras cosas por falta de inversión en las refinerías y erradas políticas en materia petrolera— se tiene previsto la reactivación del complejo refinador de El Palito, ubicado en el estado Carabobo.

Dicho complejo, que estaba paralizado desde finales del año 2019, está en capacidad de refinar hasta 145.000 b/d de combustible, lo que sumado a los 60.000 que se producen actualmente, permitiría cubrir la demanda nacional.

Para su puesta en marcha Quiroz comenta que en Pdvsa se ha optado por la “canibalización” de piezas provenientes del desmantelamiento de unidades de otras refinerías. Uno de los motivos de esta decisión es la imposibilidad de importar, debido a las sanciones que pesan sobre Pdvsa, los repuestos requeridos por la industria los cuales son producidos en Estados Unidos, Inglaterra y Alemania.

“Han recurrido a la canibalización de repuestos de la refinería de Punta Cardón y de Amuay, que son las más averiadas para intentar volver a poner en funcionamiento la refinería de El Palito”, comenta.

Detalla que la reactivación del complejo refinador, que está previsto que inicie este fin de semana, será de forma progresiva, por lo que en una primera instancia la producción podría ubicarse entre 80.000 y 100.000 barriles diarios. Paulatinamente esa cifra debería incrementarse hasta los 145.000 b/d.

“Esto podría ayudar a solventar hasta cierto punto la escasez de gasolina que sufren los venezolanos hoy en día”, comenta Quiroz.

Una práctica con consecuencias a futuro

La canibalización de piezas es una táctica utilizada desde hace años por el régimen para la obtención de repuestos, muestra de ello son los sistemas de transporte urbano como el Metro de Caracas o los autobuses Yutong comprados a China.

Una de las consecuencias de la utilización de esta metodología es la creación de cementerios de unidades con piezas faltantes. De repetirse esto en la industria petrolera, algunas de las principales refinerías del país se transformaran en simples esqueletos metálicos cuya reactivación a futuro será aún más complicada y costosa para el Estado venezolano.

Privatizar las importaciones de combustible podría significar el poner punto final a los problemas de escasez de combustible en el país. No obstante, también implicaría aceptar el aumento de los precios de la gasolina, una medida que casi todos los gobiernos desde 1989 han intentado evitar por temor a que se produzcan protestas similares a las registradas durante el Caracazo donde murieron, según algunas estimaciones, casi 3.000 personas.

Noticias relacionadas