• Alrededor de 250 personas esperan volver a Chile desde hace ocho meses. La cuarentena por el coronavirus no les ha permitido el retorno

El plan de Leonard era permanecer tres meses en Venezuela, reencontrarse con su familia, su ciudad, recargar energías y luego volver a Chile, el país que eligió como su hogar desde 2017. Todo marchaba de acuerdo con lo estipulado, pero el 12 de marzo se anunció la suspensión de vuelos internacionales y él pasó a ser parte de los varados por la pandemia del covid-19. Su caso es particular, quedó atrapado en su propio país. 

Leonard Escorcia nació en Maracaibo, estado Zulia. De su terruño salió hace tres años. Agobiado por la crisis económica, empacó maletas y llegó a Chile, donde ha logrado la estabilidad que Venezuela nunca le dio. El 15 de diciembre de 2019 viajó de regreso para pasar un tiempo con sus familiares, pero no imaginó que el viaje que inicialmente era breve se extendería, hasta ahora, a ocho meses. 

Su caso no es el único, en la actualidad son más de 250 personas, entre venezolanos y chilenos, que esperan volver al país austral. La cancillería venezolana no les ha brindado solución, pero sí lo ha intentado hacer Eduardo Pool, cónsul adjunto de Chile en Venezuela. Hasta ahora las gestiones no han tenido el efecto deseado para todos.

En abril y julio de este año salieron dos vuelos humanitarios de regreso a Chile, en los que viajaron solo aquellos que tenían los pasajes con Copa Airlines. El resto -alrededor de 250 personas- se quedó, y sigue a la espera. 

Grupos de WhatsApp, cartas y consulado

Los 250 varados han hecho de todo para regresar. El teléfono de Leonard nunca deja de sonar, tiene más de cinco grupos de WhatsApp en los que las personas afectadas tratan de organizar los próximos pasos seguir para volver al que ahora consideran su hogar. Mientras esperan, como en el caso de Escorcia, han tenido que intentar reconocer un país que es muy distinto al que recordaban. 

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Cuando regresé vi a mi ciudad (Maracaibo) abandonada, triste y destruida. Es una realidad muy diferente a la que había cuando me fui”, confiesa Leonard en entrevista para El Diario.

En el proceso de reconocer la ciudad en la que creció, la mente del joven zuliano no ha parado de maquinar qué otras medidas tomar para viajar. En marzo, cuando se enteró de la suspensión, se comunicó con Latam que fue la aerolínea con la que viajó en diciembre pasado , pero no pudieron brindarle ayuda porque no prestan servicio en Venezuela. 

“Latam no opera en Venezuela, cuando viajé me traslade desde Colombia a Venezuela vía terrestre. Mi vuelo de retorno era el 24 de marzo saliendo desde Barranquilla, con conexión a Bogotá y luego Santiago”, comenta el joven, al recordar aquella ruta que no pudo cumplir. 

Otra opción que ya intentó todo el grupo que sigue en Venezuela es enviar cartas a varias aerolíneas (Conviasa, Estelar, Copa Airlines, etc.) para solicitar que abran un vuelo charter. Tampoco han recibido respuestas positivas. 

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Foto cortesía

Hasta ahora la carta más efectiva ha sido el contacto con el cónsul, quien los mantiene al tanto de los avances y sobre qué otras opciones trabajar. 

Leonard sigue esperando hallar un modo para volver. A Venezuela trajo ahorros pero le ha tocado “estirarlos” durante estos meses. No sabe cuánto más pueda hacerlo.

Varados a contra reloj 

El temor de que se venzan las prórrogas de pasaporte ha impulsado a muchos varados venezolanos a utilizar las trochas para salir del país, pagando sumas que oscilan entre 300 y 400 dólares. Optan por todo lo que pueda salvarlos de quedarse atrapados a merced del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime) y su lento sistema de atención. 

El organismo de identificación no ha trabajado desde el inicio de la cuarentena en el mes de marzo. El director general del Saime, Gustavo Vizcaíno, informó que en la página web se pueden tramitar los documentos requeridos pero los ciudadanos han denunciado que los servicios en la página no prestan un servicio óptimo y los trámites no avanzan.

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Foto cortesía

Leonard afirma que por dicha situación muchos se arriesgaron a salir por pasos ilegales pese a los peligros sanitarios que esto conlleva; otros como Manuel García siguen buscando opciones. 

El joven de 28 años de edad es venezolano y llegó al país a principios de marzo, solo contemplaba quedarse dos semanas, pero el covid-19 no lo permitió. García emigró hace seis años a Chile, es residente definitivo de ese país que adoptó como suyo y al que ahora no ha podido volver. 

En estos meses a Manuel le ha tocado vivir en varias residencias, de amigos y de algunos familiares. Su trabajo en Chile ha podido mantenerse gracias al teletrabajo, aunque confiesa que dada las fallas con la conexión a Internet en Venezuela, cumplir con sus labores ha sido un reto. 

“Humo blanco” en Maiquetía

Recientemente, las autoridades del Aeropuerto Internacional “Simón Bolívar” de Maiquetía comenzaron a acondicionar las áreas comunes del terminal con el protocolo sanitario requerido por la pandemia del covid-19.

El anuncio fue hecho en la cuenta de Twitter del aeropuerto y desató las dudas sobre una posible reapertura de los aeropuertos del país a partir del 12 de septiembre de este año, fecha en la que expira la suspensión de los vuelos establecida por el Instituto Nacional de Aeronáutica Civil (INAC).

Sin embargo, aún existe la posibilidad de que este decreto se extienda por un mes más, debido a que los contagios por covid-19 se siguen incrementando.

El otro panorama

En el exterior el drama de los venezolanos varados es igual o peor. Recientemente, un grupo que está en República Dominicana desde marzo decidió pernoctar en las instalaciones del Aeropuerto Internacional Las Américas (Santo Domingo) hasta que les permitan abordar un avión de regreso a su país. 

En Argentina hay alrededor de 300 venezolanos varados, mientras en Chile la cifra es de 600, en este caso muchos están en albergues pues no han podido costear su permanencia en el país austral. 

No solo en la región hay venezolanos a la espera de vuelos, en España 700 venezolanos piden que los dejen regresar a su país. Anteriormente eran más pero el 21 de julio un vuelo de repatriación viajó a Venezuela con 340 personas a bordo.

Algunos venezolanos quieren regresar, otros irse. Todos esperan la reapertura de vuelos comerciales para retomar la vida que pausaron desde marzo. 

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