• El equipo de El Diario conversó con los directores de dos organizaciones no gubernamentales venezolanas que continúan la lucha contra las violaciones de los derechos en medio de una pandemia que ha conmocionado al mundo

Venezuela atraviesa una crisis humanitaria compleja desde hace varios años, que ha sido reconocida y denunciada por la alta comisionada de los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet. En este escenario se han hecho comunes las violaciones de derechos fundamentales, por lo que varias organizaciones no gubernamentales (ONG) han asumido la defensa de los grupos más vulnerables. 

Con la llegada del Covid-19 al país y las medidas de cuarentena establecidas por el régimen de Nicolás Maduro, las organizaciones han enfrentado mayores dificultades en sus labores. Sin embargo, su lucha no se ha detenido. 

Gabriela Buada es la directora y fundadora de Calidoscopio Humano, una ONG que desde 2018 se ha dedicado a la defensa de los derechos de poblaciones vulnerables, mujeres, comunidad LGBT, privados de libertad y personas con condiciones crónicas de salud.

Desde el inicio de la cuarentena, Buada y su equipo se han replanteado sus métodos de trabajo para poder seguir ayudando a quienes los necesitan. 

El trabajo ha aumentado y a la par hemos tratado de superar algunas adversidades como la falta de electricidad y conexión a Internet. También seguimos haciendo monitoreos en comunidades populares y mercados para ver cómo está la seguridad y la gestión policial”, dijo Buada en una entrevista para El Diario.

Actualmente la organización hace monitoreos de derechos humanos en sectores como Catia, 23 de Enero, San Martín, La Vega y Petare en Caracas, debido a que sus colaboradores viven cerca de esos lugares y además allí hay comunidades de escasos recursos. 

“Otra cosa que estamos evaluando es cómo se están abasteciendo las personas, especialmente en estos sectores populares. No es lo mismo estar en cuarentena y ganar sueldo mínimo que cumplirla con un ingreso en dólares. Entonces muchas personas en estos sectores necesitan salir a diario para poder comer”, explicó la también periodista. 

De hecho en uno de los recorridos que realizó Buada por Catia entrevistó a un vendedor informal de bolígrafos, de 70 años aproximadamente. Ella le advirtió que si sabía el riesgo al que se exponía en las calles con el coronavirus de Wuhan. Sin embargo, el comerciante respondió que “eso” todavía no le ha dado, pero que sí tenía era hambre porque había pasado dos días sin comer. 

Cuando fue decretada la extensión de la cuarentena en Venezuela por 30 días más, el equipo de Caleidoscopio Humano se quedó sin kits de protección, por lo que limitó sus salidas a la calle y buscó alternativas como recurrir a los chats vecinales, de periodistas y de fundaciones para obtener información sobre violaciones de derechos humanos, pero sin arriesgarse al contagio por Covid-19.

También han compartido el correo electrónico de la organización en las redes sociales para poder recibir las denuncias por esa vía. 

Una de las irregularidades con las que las organizaciones se han encontrado es la estigmatización y discriminación de grupos sociales. Esto ha ocurrido tanto en las redes sociales como desde los discursos políticos. 

La directora de Caleidoscopio Humano explicó que en Caracas ha ocurrido particularmente con los habitantes del este y el oeste de la ciudad. 

Se han viralizado videos de multitudes comprando en Catia y allí hacen comentarios como ‘En Catia nos van a contagiar a todos’ o ‘nos vamos a morir por su culpa’, cuando la realidad es que allá van muchas personas de otras partes de la ciudad porque los precios son más económicos. Algo parecido sucede con el discurso oficial que señala que casi todos los contagios de Covid-19 son personas de estrato alto, con capacidad de viajar y que viven en el este”, señaló.

Organizaciones que ayudan durante la pandemia

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– Provea: difusión y defensa de derechos humanos

– Convite: defensa de los derechos de las personas mayores

– Prepara Familia: acompañamiento a familias en las unidades pediátricas de los hospitales

– Codhez: promoción, defensa y formación en materia de derechos humanos en Zulia

– Cecodap: defensa de los derechos de los niños venezolanos

– Foro Penal Venezolano: defensa y asesoría legal a personas detenidas, presas o afectadas por motivos políticos

– Aconvida: donación de medicamentos y difusión de servicios públicos de personas con cáncer

– Amigos trasplantados: visibilización de los derechos de las personas trasplantadas en Carabobo

– Avesa: defensa de los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres

– La Movida Positiva: donación de alimentos y medicinas a niños y ancianos en Barquisimeto

– Arepita Feliz: donación de alimentos e insumos a pacientes y personal médico de Carabobo

– Acción Solidaria: donación de medicamentos a pacientes crónicos

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Buscar todas las alternativas 

Rigoberto Lobo, director de la organización de Promoción, Educación y Defensa de los Derechos Humanos (Promedehum) en Mérida, explicó a El Diario que durante estos días sus compañeros han evitado salir y que la inauguración de su sede, que estaba programada para el 1° de abril, fue pospuesta.

De las ocho personas que trabajan con la organización, solo tres tienen la posibilidad de continuar sus labores, debido a los problemas de electricidad e Internet.

Rigoberto, como director y fundador, es uno de lo que no ha limitado sus actividades. Él trabaja desde casa y ha tenido que optar por alternativas para sortear las fallas eléctricas como comprar baterías recargables para su computadora y el internet. También tiene bombillos que se cargan y se pueden usar cuando no hay energía en la ciudad. 

Las fallas eléctricas y la escasez de gasolina forman parte de la cotidianidad de los merideños desde hace tiempo, pero durante el primer mes de cuarentena se intensificó. Ahora no hay suministro de combustible en el sector y además de los cortes eléctricos de hasta 12 horas. También hay bajones de energía que afectan a las telecomunicaciones

Es por este motivo que Promedehum realiza un monitoreo eléctrico en el que publican cuáles zonas del estado han pasado más tiempo sin energía. 

El último reporte —asegura Rigoberto— tardó un poco más de los normal en salir porque incluyeron nuevos sectores. Acotó que quienes les daban la información a veces la enviaban por mensaje de texto o por llamadas de teléfonos locales en lugar de hacerlo por WhatsApp como sucedía antes. 

Antes del anuncio de los primeros casos de coronavirus de Wuhan en el país, la organización realizaba unos programas de formación en comunidades rurales. Esta es otra actividad que han tenido que modificar durante la cuarentena. 

“Eran talleres presenciales de cinco días y ahora los estamos transformando a distancia, pero no online, porque no hay Internet en las zonas. No podemos enviar un video tutorial para que lo descarguen. Estamos reconstruyendo los procesos de formación a distancia sin depender de conectividad, eso implica cambios de presupuesto, porque tenemos que entregarle memorias a las personas con todo el material”, detalló el defensor.

Además de su labor informativa y educativa también han continuado con las denuncias y el seguimiento de casos de violaciones de derechos humanos. 

En el contexto de la cuarentena Promedehum ha seguido los casos de ciudadanos que fueron detenidos mientras circulaban por la ciudad de Mérida en bicicleta, los cuales fueron liberados pero obligados a pagar una multa y sus bicicletas nunca fueron devueltas. 

“Estas personas llevaban medicamentos y alimentos y circulaban dentro del horario permitido. En la ciudad se puede transitar de 6:00 am a 2:00 pm y estas detenciones ocurrieron en la mañana”, indicó. 

El activista aseguró que las medidas de restricción aplicadas por los funcionarios militares y policiales también tienen sus incongruencias, porque durante el horario de circulación todas las esquinas están llenas de oficiales, que detienen autos, motos y bicicletas, pero después de las 2:00 pm la ciudad queda desolada. 

Otro caso que han acompañado es el de los pacientes en diálisis y trasplantados, que no pueden trasladarse para cumplir con sus tratamientos ante la falta de gasolina y de transportes seguros. 

Publicamos un comunicado hace tres semanas y denunciamos la falta de un transporte que les garantice la llegada a sus tratamientos, con las condiciones mínimas de salubridad, porque ellos son pacientes inmunodeprimidos que son más vulnerables a una infección que la mayoría”, agregó.

La organización tiene un programa de radio llamado Derechos Al Aire en el que se difunden temas de derechos humanos. Sin embargo, ante la situación que vive el país el formato del espacio radial cambió y está enfocado en el Covid-19. Allí invitan a voceros de otras ONG y especialistas que hablan de la pandemia, la cuarentena y la enfermedad desde sus experticias. 

El éxito de estas y muchas otras organizaciones del país ha estado de la mano con el trabajo en red. Las ONG han actuado unidas en varias ocasiones y han demostrado que la pandemia no será la excepción, porque aunque no puedan estar juntas presencialmente se mantienen en comunicación constante para garantizar la defensa de los derechos en todas las instancias posibles. 

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